EVANGELIO DE SAN LUCAS

Contenidos

  1. 1 CAPITULO 1.
    1. 1.1 Prólogo
    2. 1.2 Anuncio del nacimiento de Juan el Bautista
    3. 1.3 Anuncio del nacimiento de Jesús
    4. 1.4 María visita a Isabel
    5. 1.5 Nacimiento de Juan el Bautista
  2. 2 CAPITULO 2.
    1. 2.1 Nacimiento de Jesús
    2. 2.2 Circuncisión y presentación
    3. 2.3 Bendición de Simeón
    4. 2.4 Alabanza de Ana
    5. 2.5 De vuelta a Nazaret
    6. 2.6 El niño Jesús en el Templo
  3. 3 CAPITULO 3.
    1. 3.1 Juan el Bautista
    2. 3.2 Encarcelamiento de Juan el Bautista
    3. 3.3 Bautismo de Jesús
    4. 3.4 Genealogía de Jesús
  4. 4 CAPITULO 4.
    1. 4.1 Jesús puesto a prueba
    2. 4.2 En Galilea
    3. 4.3 En la sinagoga de Nazaret
    4. 4.4 El endemoniado de Cafarnaún
    5. 4.5 Sanaciones
    6. 4.6 La predicación de Jesús
  5. 5 CAPITULO 5.
    1. 5.1 Llama a los primeros discípulos
    2. 5.2 Sana a un leproso
    3. 5.3 Sana a un paralítico
    4. 5.4 Llama a Leví:comparte la mesa con pecadores
    5. 5.5 Sobre el ayuno
    6. 5.6 El sábado
  6. 6 CAPITULO 6.
    1. 6.1 El hombre de la mano paralizada
    2. 6.2 Los doce apóstoles
    3. 6.3 La muchedumbre sigue a Jesús
    4. 6.4 Sermón del llano: dichosos y desdichados
    5. 6.5 Amor a los enemigos
    6. 6.6 Ciego, guía de ciegos
    7. 6.7 El árbol y sus frutos – roca y arena
  7. 7 CAPITULO 7.
    1. 7.1 Sanación del sirviente de un centurión
    2. 7.2 Resucita al hijo de una viuda
    3. 7.3 Sobre Juan el Bautista
    4. 7.4 Niños caprichosos
    5. 7.5 Perdona a la pecadora
  8. 8 CAPITULO 8.
    1. 8.1 Mujeres que siguen a Jesús
    2. 8.2 Parábola del sembrador
    3. 8.3 La luz de la lámpara
    4. 8.4 La madre y los hermanos de Jesús
    5. 8.5 La tempestad calmada
    6. 8.6 El endemoniado de Gerasa
    7. 8.7 Dos sanaciones de mujeres
  9. 9 CAPITULO 9.
    1. 9.1 Misión de los doce apóstoles
    2. 9.2 El interés de Herodes
    3. 9.3 Da de comer a cinco mil
    4. 9.4 Confesión de Pedro
    5. 9.5 Primer anunciode la pasión y resurrección
    6. 9.6 Transfiguración de Jesús
    7. 9.7 El niño epiléptico
    8. 9.8 Segundo anunciode la pasión y resurrección
    9. 9.9 Instrucción comunitaria
    10. 9.10 Seguimiento
  10. 10 CAPITULO 10.
    1. 10.1 Misión de los setenta y dos
    2. 10.2 Recrimina a las ciudades de Galilea
    3. 10.3 El Padre y el Hijo
    4. 10.4 El buen samaritano
    5. 10.5 Marta y María
  11. 11 CAPITULO 11.
    1. 11.1 La oración: el Padrenuestro
    2. 11.2 Jesús y Belcebú
    3. 11.3 La señal de Jonás
    4. 11.4 Tu fuente de luz
    5. 11.5 Invectiva contra los fariseos y los doctores de la Ley
  12. 12 CAPITULO 12.
    1. 12.1 Contra la hipocresía
    2. 12.2 No teman
    3. 12.3 Confesar a Jesús
    4. 12.4 Contra la codicia
    5. 12.5 Confianza en Dios
    6. 12.6 Sobre el poseer
    7. 12.7 Vigilancia
    8. 12.8 La alternativa de Jesús
    9. 12.9 Las señales del tiempo
    10. 12.10 Llegar a acuerdos
  13. 13 CAPITULO 13.
    1. 13.1 Exhortación al arrepentimiento
    2. 13.2 La higuera sin higos
    3. 13.3 Sana a una mujer encorvada
    4. 13.4 Parábolas de la semilla de mostaza y la levadura
    5. 13.5 La puerta estrecha
    6. 13.6 Lamentación por Jerusalén
  14. 14 CAPITULO 14.
    1. 14.1 Sanación de un hidrópico
    2. 14.2 Los primeros puestos
    3. 14.3 Parábola de los invitados al banquete
    4. 14.4 El discípulo
  15. 15 CAPITULO 15.
    1. 15.1 La oveja perdida
    2. 15.2 La moneda perdida
    3. 15.3 El hijo pródigo
  16. 16 CAPITULO 16.
    1. 16.1 Parábola del administrador
    2. 16.2 El uso del dinero
    3. 16.3 El rico y Lázaro
  17. 17 CAPITULO 17.
    1. 17.1 El deber del discípulo
    2. 17.2 Sanación de diez leprosos
    3. 17.3 La llegada del reino de Dios
  18. 18 CAPITULO 18.
    1. 18.1 Parábola del juez y la viuda
    2. 18.2 El fariseo y el recaudador de impuestos
    3. 18.3 Bendice a unos niños
    4. 18.4 El joven rico
    5. 18.5 Tercer anunciode la pasión y resurrección
    6. 18.6 El ciego de Jericó
  19. 19 CAPITULO 19.
    1. 19.1 Jesús y Zaqueo
    2. 19.2 Parábola de los sirvientes
    3. 19.3 Entrada triunfal en Jerusalén
    4. 19.4 Lamentación por Jerusalén
    5. 19.5 Purifica el Templo
  20. 20 CAPITULO 20.
    1. 20.1 La autoridad de Jesús
    2. 20.2 Los viñadores malvados
    3. 20.3 El tributo al César
    4. 20.4 Sobre la resurrección
    5. 20.5 El Mesías y David
    6. 20.6 Invectiva contra los letrados
  21. 21 CAPITULO 21.
    1. 21.1 La ofrenda de la viuda
    2. 21.2 Discurso escatológico: destrucción del templo
    3. 21.3 La gran tribulación
    4. 21.4 La parusía
  22. 22 CAPITULO 22.
    1. 22.1 Complot para matar a Jesús
    2. 22.2 Pascua y Eucaristía
    3. 22.3 Contra la ambición
    4. 22.4 Anuncia la negación de Pedro
    5. 22.5 Negaciones de Pedro
  23. 23 CAPITULO 23.
    1. 23.1 Jesús ante Pilato
    2. 23.2 Jesús ante Herodes
    3. 23.3 Condenado a muerte
    4. 23.4 Muerte de Jesús
    5. 23.5 Sepultura de Jesús
  24. 24 CAPITULO 24.
    1. 24.1 Resurrección de Jesús
    2. 24.2 Camino de Emaús
    3. 24.3 Aparición a los discípulos

Contexto histórico. La obra de Lucas nos sitúa en la segunda generación cristiana. Los cristianos se van asentando y expandiendo cada vez más dentro del mundo romano, aunque son vistos frecuentemente con recelo y sospecha. Urge, pues, presentar el ideal cristiano como un ideal apto e inofensivo para la sociedad romana, como una práctica religiosa que puede subvertir el mundo no con la violencia de las armas ni de las guerras, sino con la fuerza del Espíritu que ya está actuando y que va convirtiendo muchos corazones al Señor Jesús. Por otro lado, en la medida que se radicaliza la ruptura entre la Iglesia cristiana y la Sinagoga judía, va surgiendo en las comunidades cristianas cierto rechazo a la historia de salvación precedente, y es necesario resaltar que une el cristianismo con el judaísmo. Este es, quizás, el contexto en que Lucas escribe su evangelio.

Destinatarios. Por los datos que nos brinda el evangelio, se trataría de una comunidad de cristianos mayoritariamente de origen pagano y geográficamente distante de Palestina. Ella estaría llamada a ser testigo del plan liberador de Dios en el mundo, plan liberador que difiere en todo al plan del imperio, pues no se basa en las armas, sino en el poder de Dios que actúa en la Iglesia. Plan que ya estaba presente en la historia a través de los profetas del Antiguo Testamento y que ahora por medio del Espíritu de Jesús se va realizando en la Iglesia, nuevo pueblo de Dios. 

Autor, fecha y lugar de composición. La tradición lo ha titulado «según san Lucas», dando así su autoría al «médico querido» de Pablo (Col 4,14), que también aparece en Flm 24. En cuanto a la fecha de su composición, el autor tiene noticia de la destrucción de Jerusalén (año 70), pero no de la persecución de Domiciano (año 90-95), y también parece vivir el rechazo oficial de la sinagoga a los cristianos (entre el año 85 y 90); por eso muchos biblistas sugieren como fecha probable la década de los 80. En cuanto al lugar de su composición hay mucha conjetura. La tradición habla tanto de Cesarea, Alejandría como del sur de Grecia, entre otros lugares.

Un evangelio que forma parte de una gran obra singular. A pesar de su fuerte dependencia de Marcos y del hipotético documento Q, Lucas presenta un evangelio muy peculiar que le distingue notablemente de los demás.
Parte de un plan más amplio. Constituye la primera parte de una obra mayor que continúa con los Hechos de los Apóstoles, y ocupa una posición intermedia en el gran arco de la historia de la salvación, que  comprende: el tiempo de las promesas del Antiguo Testamento; el tiempo de Jesús, realización de las promesas del Antiguo Testamento; y el tiempo de la Iglesia, el tiempo de la acción del Espíritu Santo. La conexión entre estos «tres tiempos» de la historia de la salvación es esencial para conocer la misión de Jesús tal como nos la presenta Lucas en su evangelio. Los personajes de la infancia, especialmente Simeón, encarnan esa tensión entre el pasado y el momento culminante que ha llegado. No menos importante es la continuación de la obra de Jesús: la expansión de la Iglesia. Como el Antiguo Testamento profetiza y prefigura a Jesús, así Jesús profetiza y prefigura la misión de los apóstoles. Los forma a su lado, los instruye, los previene, les da su Espíritu. Después, al contar sus «Hechos», Lucas se complace en establecer paralelos, en ver en esos pioneros de la primera evangelización el modelo de Jesús que sigue presente y actuando en su Iglesia y en el mundo.
Visión histórica. Lucas se presenta como un historiador al mejor estilo griego: cuidadoso en consultar sus fuentes y exponer los hechos. Sabe recoger y ordenar los datos de los acontecimientos que le interesa narrar. Sin dejar de proclamar la fe, intenta hacer una obra de historiador. Entrelaza su relato con fechas de la historiografía secular, colocando así la misión de Jesús en el amplio marco de los acontecimientos del imperio. En su evangelio una comunidad de creyentes, autónoma y consolidada vuelve la mirada hacia sus orígenes, hacia la vida de Jesús, desde sus inicios hasta su ascensión al cielo. Y a la vez, una comunidad, sanada ya de aguardar una parusía inminente, toma conciencia de su ser y de su vocación histórica en el seno de la ordenación política y cultural de su tiempo. 

Jerusalén. Es el centro geográfico y teológico de su obra. Allí comienza y concluye el itinerario de Jesús. De allí arranca la evangelización, en alas del Espíritu, hasta el confín del mundo.

Jesús, movido por el Espíritu, anuncia la liberación. Los «tres tiempos» de la historia de la salvación se mueven en Lucas a impulso del Espíritu Santo. Es Él el que inspira y guía a los profetas y las profetisas del Antiguo Testamento hasta sus dos últimos representantes, Simeón y Ana (2,25-38). Es Él el que desciende plena y definitivamente sobre Jesús de Nazaret (3,21s). Y es Él el que, siendo ya el Espíritu del resucitado, inaugura el tiempo de la Iglesia en Pentecostés, llevando la palabra de vida y liberación del Evangelio hasta los confines del mundo y hasta el final de los tiempos. El tema dominante de su evangelio arranca de la escena programática en la que Jesús, movido por el Espíritu, da inicio a su ministerio: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres… la libertad a los cautivos… a los oprimidos… para proclamar el año de gracia del Señor» (4,18s). Después vendrá el viaje ascencional hacia Jerusalén (9,51), que llevará a Jesús junto a sus discípulos hacia la cruz, hacia el cielo. 
Por el camino va derramando la misericordia y el perdón, acogiendo a los pecadores, buscando a los extraviados y ayudando a los pobres y necesitados. Su predicación se abre a los paganos –incluso procura dejar bien parados a varios personajes romanos–, a la vez que registra una creciente oposición de las autoridades judías. Las mujeres, minusvaloradas y despreciadas en su cultura, desempeñan un papel sobresaliente en su ministerio. Como fruto de la liberación, va dejando tras de sí una estela de gozo y de alegría. El Espíritu comienza a actuar, preparando su acción dominante en los Hechos.    
Con otra escena programática cierra Lucas su evangelio: Jesús resucitado, en viaje hacia Emaús, propone la clave pascual del cumplimiento de la profecía y la sella con una eucaristía (24,13-35).
   
Sinopsis. Empieza con una doble introducción, notable por su construcción en bloques paralelos: infancia de Juan y de Jesús (1s). Continúa con el bautismo y las tentaciones (3,1–4,13). El ministerio en Galilea se abre con la fuerza del Espíritu (4,14) y se cierra con el poder del nombre de Jesús actuando más allá del círculo de sus discípulos (9,49s). Sigue el gran viaje a Jerusalén como cuadro narrativo (9,51–19,28) y concluye toda la obra en esta ciudad: confrontación, pasión, muerte, resurrección y ascensión (19,29–24,53).


CAPITULO 1.

Prólogo

(cfr. Hch 1,1-5)

1  1 Ya que muchos emprendieron la tarea de relatar los sucesos que nos han acontecido, 2 tal como nos lo transmitieron los primeros testigos presenciales y servidores de la palabra, 3 también yo he pensado, ilustre Teófilo, escribirte todo por orden y exactamente, comenzando desde el principio; 4 así comprenderás con certeza las enseñanzas que has recibido.

Anuncio del nacimiento de Juan el Bautista


5 En tiempo de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías; su mujer era descendiente de Aarón y se llamaba Isabel. 6 Los dos eran rectos a los ojos de Dios y vivían irreprochablemente de acuerdo con los mandatos y preceptos del Señor. 7 No tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos eran de edad avanzada.
8 Una vez que, con los de su grupo, oficiaba ante Dios, 9 según el ritual sacerdotal, le tocó entrar en el santuario para ofrecer incienso. 10 Mientras todo el pueblo quedaba fuera orando durante la ofrenda del incienso, 11 se le apareció un ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. 12 Al verlo, Zacarías se asustó y quedó desconcertado. 13 El ángel le dijo:
–No temas, Zacarías, que tu petición ha sido escuchada, y tu mujer Isabel te dará un hijo, a quien llamarás Juan. 14 Te llenará de gozo y alegría y muchos se alegrarán de su nacimiento. 15 Será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor. Estará lleno de Espíritu Santo desde el vientre materno 16 y convertirá a muchos israelitas al Señor su Dios. 17 Irá por delante, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos, a los rebeldes con la sabiduría de los honrados; así preparará para el Señor un pueblo bien dispuesto.
18 Zacarías respondió al ángel:
–¿Qué garantía me das de eso? Porque yo soy anciano y mi mujer de edad avanzada.
19 Le replicó el ángel:
–Yo soy Gabriel, que sirvo a Dios en su presencia: me ha enviado a hablarte, a darte esta Buena Noticia. 20 Pero mira, quedarás mudo y sin poder hablar hasta que eso se cumpla, por no haber creído mis palabras que se cumplirán a su debido tiempo.
21 El pueblo aguardaba a Zacarías y se extrañaba de que se demorase en el santuario. 22 Cuando salió, no podía hablar, y ellos adivinaron que había tenido una visión en el santuario. Él les hacía señas y seguía mudo.
23 Cuando terminó el tiempo de su servicio, volvió a casa.
24 Algún tiempo después concibió Isabel su mujer, y se quedó escondida cinco meses, en ese tiempo pensaba:
25 –Así me ha tratado el Señor cuando dispuso que terminara mi humillación pública.

Anuncio del nacimiento de Jesús


26 El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27 a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. 28 Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo:
–Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
29 Al oírlo, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué clase de saludo era aquél.
30 El ángel le dijo:
–No temas, María, que gozas del favor de Dios. 31 Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. 32 Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33 para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reino no tenga fin.
34 María respondió al ángel:
–¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre?
35 El ángel le respondió:
–El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. 36 Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. 37 Pues nada es imposible para Dios.
38 Respondió María:
–Yo soy la sirvienta del Señor: que se cumpla en mí tu palabra.
El ángel la dejó y se fue.

María visita a Isabel


39 Entonces María se levantó y se dirigió apresuradamente a la serranía, a un pueblo de Judea. 40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre; Isabel, llena de Espíritu Santo, 42 exclamó con voz fuerte:
–Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. 43 ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44 Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura dio un salto de gozo en mi vientre. 45 ¡Dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció.

46 María dijo:
Mi alma canta la grandeza del Señor,
47 mi espíritu festeja a Dios mi salvador,
48 porque se ha fijado en la humildad de su sirvienta
   y en adelante me felicitarán todas las generaciones.
49 Porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí,
   su nombre es santo.
50 Su misericordia con sus fieles se extiende
   de generación en generación.
51 Despliega la fuerza de su brazo,
   dispersa a los soberbios en sus planes,
52 derriba del trono a los poderosos
   y eleva a los humildes,
53 colma de bienes a los hambrientos
   y despide vacíos a los ricos.
54 Socorre a Israel, su siervo,
   recordando la lealtad,
55 prometida a nuestros antepasados,
   en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.
56 María se quedó con ella tres meses y después se volvió a casa.

Nacimiento de Juan el Bautista


57 Cuando a Isabel se le cumplió el tiempo del parto, dio a luz un hijo. 58 Los vecinos y parientes, al enterarse de que el Señor la había tratado con tanta misericordia, se alegraron con ella. 59 Al octavo día fueron a circuncidarlo y querían llamarlo como su padre, Zacarías. 60 Pero la madre intervino:
–No; se tiene que llamar Juan.
61 Le decían que nadie en la parentela llevaba ese nombre. 62 Preguntaron por señas al padre qué nombre quería darle. 63 Pidió una pizarra y escribió: Su nombre es Juan.
Todos se asombraron. 64 En ese instante se le soltó la boca y la lengua y se puso a hablar bendiciendo a Dios. 65 Todos los vecinos quedaron asombrados; lo sucedido se contó por toda la serranía de Judea 66 y los que lo oían reflexionaban diciéndose:
–¿Qué va a ser este niño?
Porque la mano del Señor lo acompañaba. 67 Su padre Zacarías, lleno de Espíritu Santo, profetizó:
68 Bendito el Señor, Dios de Israel,
   porque se ha ocupado de rescatar a su pueblo.
69 Nos ha dado un poderoso Salvador
   en la Casa de David, su siervo,
70 como había prometido desde antiguo
   por boca de sus santos profetas:
71 para salvarnos de nuestros enemigos,
   y del poder de cuantos nos odian,
72 manifestando su bondad a nuestros padres
   y recordando su alianza sagrada,
73 lo que juró a nuestro padre Abrahán,
   que nos concedería,
74 ya liberados del poder enemigo,
   lo sirvamos sin temor en su presencia,
75 con santidad y justicia toda la vida.
76 Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
   porque caminarás delante del Señor,
   preparándole el camino;
77 anunciando a su pueblo la salvación
   por el perdón de los pecados.
78 Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
   nos visitará desde lo alto un amanecer
79 que ilumina a los que habitan en tinieblas
   y en sombras de muerte,
   que endereza nuestros pasos
   por un camino de paz.
80 El niño crecía, se fortalecía espiritualmente y vivió en el desierto hasta el día en que se presentó a Israel.

CAPITULO 2.

Nacimiento de Jesús

(cfr. Mt 1,18–2,12)

2  1 Por entonces se promulgó un decreto del emperador Augusto que ordenaba a todo el mundo inscribirse en un censo. 2 Éste fue el primer censo, realizado siendo Quirino gobernador de Siria. 3 Acudían todos a inscribirse, cada uno en su ciudad. 4 José subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a la Ciudad de David en Judea, llamada Belén –pues pertenecía a la Casa y familia de David–, 5 a inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. 6 Estando ellos allí, le llegó la hora del parto 7 y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada.
8 Había unos pastores en la zona que cuidaban por turnos los rebaños a la intemperie. 9 Un ángel del Señor se les presentó. La gloria del Señor los cercó de resplandor y ellos sintieron un gran temor. 10 El ángel les dijo:
–No teman. Miren, les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo: 11 Hoy les ha nacido en la Ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor. 12 Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
13 Al ángel, en ese momento, se le juntó otra gran cantidad de ángeles, que alababan a Dios diciendo:
14 –¡Gloria a Dios en lo alto
y en la tierra paz 
a los hombres amados por él!
15 Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se decían:
–Crucemos hacia Belén, a ver lo que ha sucedido y nos ha comunicado el Señor.
16 Fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, les contaron lo que les habían dicho del niño. 18 Y todos los que lo oyeron se asombraban de lo que contaban los pastores. 19 Pero María conservaba y meditaba todo en su corazón. 20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto; tal como se lo habían anunciado.

Circuncisión y presentación


21 Al octavo día, al tiempo de circuncidarlo, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de que fuera concebido.
22 Y, cuando llegó el día de su purificación, 23 de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor; 24 además ofrecieron el sacrificio que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.

Bendición de Simeón


25 Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo. 26 Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. 27 Conducido, por el mismo Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con él lo mandado en la ley, 28 Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
29 –Ahora, Señor, según tu palabra, 
puedes dejar que tu sirviente muera en paz 
30 porque mis ojos han visto a tu Salvador, 
31 que has dispuesto
ante todos los pueblos 
32 como luz para iluminar a los paganos 
y como gloria de tu pueblo Israel. 
33 El padre y la madre estaban admirados de lo que decía acerca del niño. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, la madre:
–Mira, este niño está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será signo de contradicción y así se manifestarán claramente los pensamientos de todos. 35 En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón.

Alabanza de Ana


36 Estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad avanzada, casada en su juventud había vivido con su marido siete años, 37 desde entonces había permanecido viuda y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo noche y día con oraciones y ayunos. 38 Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la liberación de Jerusalén.

De vuelta a Nazaret


39 Cumplidos todos los preceptos de la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y el favor de Dios lo acompañaba.

El niño Jesús en el Templo


41 Para la fiesta de Pascua iban sus padres todos los años a Jerusalén. 42 Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según costumbre. 43 Al terminar ésta, mientras ellos se volvían, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo supieran. 44 Pensando que iba en la caravana, hicieron un día de camino y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos. 45 Al no encontrarlo, regresaron a buscarlo a Jerusalén. 46 Luego de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 47 Y todos los que lo oían estaban maravillados ante su inteligencia y sus respuestas. 48 Al verlo, se quedaron desconcertados, y su madre le dijo:
–Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.
49 Él replicó:
–¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo estar en los asuntos de mi Padre?
50 Ellos no entendieron lo que les dijo. 51 Regresó con ellos, fue a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. 52 Jesús crecía en [el] saber, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.

CAPITULO 3.

Juan el Bautista

(Mt 3,1-12; Mc 1,1-8; cfr. Jn 1,19-28)

3  1 El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, tetrarca de Galilea Herodes, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítida, y Lisanio tetrarca de Abilene, 2 bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, la Palabra del Señor se dirigió a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3 Juan recorrió toda [la] región del río Jordán predicando un bautismo de arrepentimiento para perdón de los pecados, 4 como está escrito en el libro del profeta Isaías:
Una voz grita en el desierto: 
Preparen el camino al Señor, 
enderecen sus senderos. 
5 Todo barranco se rellenará, 
montes y colinas se aplanarán, 
lo torcido se enderezará 
y lo disparejo será nivelado 
6 y todo mortal
verá la salvación de Dios.
7 A la multitud que había salido a que la bautizara le decía:
–¡Raza de víboras! ¿Quién les ha enseñado a escapar de la condena que llega? 8 Muestren frutos de un sincero arrepentimiento y no se conformen con decir: Nuestro padre es Abrahán; pues yo les digo que de estas piedras puede sacar Dios hijos para Abrahán. 9 El hacha ya está apoyada en la raíz del árbol: árbol que no produzca frutos buenos será cortado y arrojado al fuego.
10 Entonces le preguntaba la multitud:
–¿Qué debemos hacer?
11 Les respondía:
–El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; otro tanto el que tenga comida.
12 Fueron también algunos recaudadores de impuestos a bautizarse y le preguntaban:
–Maestro, ¿qué debemos hacer?
13 Él les contestó:
–No exijan más de lo que está ordenado.
14 También los soldados le preguntaban:
–Y nosotros, ¿qué debemos hacer?
Les contestó:
–No maltraten ni denuncien a nadie y conténtense con su sueldo.
15 Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban por dentro si Juan no sería el Mesías, 16 Juan se dirigió a todos:
–Yo los bautizo con agua; pero viene uno con más autoridad que yo, y yo no soy digno para soltarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. 17 Ya empuña la horquilla para limpiar su cosecha y reunir el trigo en el granero, y quemará la paja en un fuego que no se apaga.
18 Con otras muchas palabras anunciaba al pueblo la Buena Noticia.

Encarcelamiento de Juan el Bautista

(Mt 14,3-5; Mc 6,17-20)

19 El tetrarca Herodes, a quien Juan le había echado en cara el que conviviera con su cuñada Herodías, además, de otros crímenes cometidos, 20 llegó al colmo, metiendo a Juan en la cárcel. 

Bautismo de Jesús


(Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; cfr. Jn 1,29-34)


21 Todo el pueblo se bautizaba y también Jesús se bautizó; y mientras oraba, se abrió el cielo, 22 bajó sobre él el Espíritu Santo en forma de paloma y se oyó una voz del cielo:
–Tú eres mi hijo querido, mi predilecto.

Genealogía de Jesús

(cfr. Mt 1,1-17)

23 Cuando Jesús empezó su ministerio tenía treinta años y pasaba por hijo de José, que era hijo de Elí, 24 Elí hijo de Matat, Matat hijo de Leví, Leví hijo de Melquí, Melquí hijo de Janay, Janay hijo de José, 25 José hijo de Matatías, Matatías hijo de Amós, Amós hijo de Nahún, Nahún hijo de Esli, Esli hijo de Nagay, 26 Nagay hijo de Maat, Maat hijo de Matatías, Matatías hijo de Semeín, Semeín hijo de Josec, Josec hijo de Jodá, 27 Jodá hijo de Joanán, Joanán hijo de Resá, Resá hijo de Zorobabel, Zorobabel hijo de Salatiel, Salatiel hijo de Nerí, 28 Nerí hijo de Melquí, Melquí hijo de Adí, Adí hijo de Cosán, Cosán hijo de Elmadán, Elmadán hijo de Er, 29 Er hijo de Jesús, Jesús hijo de Eliezer, Eliezer hijo de Jorín, Jorín hijo de Matat, Matat hijo de Leví, 30 Leví hijo de Simeón, Simeón hijo de Judá, Judá hijo de José, José hijo de Joná, Joná hijo de Eliacín, 31 Eliacín hijo de Meleá, Meleá hijo de Mená, Mená hijo de Matatá, Matatá hijo de Natán, Natán hijo de David, 32 David hijo de Jesé, Jesé hijo de Jobed, Jobed hijo de Booz, Booz hijo de Salá, Salá hijo de Naasón, 33 Naasón hijo de Aminadab, Aminadab hijo de Admín, Admín hijo de Arní, Arní hijo de Esrón, Esrón hijo de Fares, Fares hijo de Judá, 34 Judá hijo de Jacob, Jacob hijo de Isaac, Isaac hijo de Abrahán, Abrahán hijo de Tara, Tara hijo de Nacor, 35 Nacor hijo de Saruc, Saruc hijo de Ragau, Ragau hijo de Fálec, Fálec hijo de Eber, Eber hijo de Salá, 36 Salá hijo de Cainán, Cainán hijo de Arfaxad, Arfaxad hijo de Sem, Sem hijo de Noé, Noé hijo de Lamec, 37 Lamec hijo de Matusalén, Matusalén hijo de Henoc, Henoc hijo de Jarec, Jarec hijo de Maleel, Maleel hijo de Cainán, 38 Cainán hijo de Enós, Enós hijo de Set, Set hijo de Adán, Adán hijo de Dios.

CAPITULO 4.

Jesús puesto a prueba

(Mt 4,1-11; Mc 1,12s)

4  1 Jesús, lleno de Espíritu Santo, se alejó del Jordán y se dejó llevar por el Espíritu al desierto, 2 donde permaneció cuarenta días, siendo tentado por el Diablo. En ese tiempo no comió nada, y al final sintió hambre. 3 El Diablo le dijo:
–Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.
4 Le respondió Jesús:
–Está escrito:
No sólo de pan vive el hombre.
5 Después lo llevó a un lugar muy alto y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. 6 El Diablo le dijo:
–Te daré todo ese poder y su gloria, porque a mí me lo han dado y lo doy a quien quiero. 7 Por tanto, si te postras ante mí, todo será tuyo.
8 Le replicó Jesús:
–Está escrito:
 Al Señor tu Dios adorarás, 
a él solo darás culto.
9 Entonces lo condujo a Jerusalén, lo colocó en la parte más alta del templo y le dijo:
–Si eres Hijo de Dios, tírate abajo desde aquí, 10 porque está escrito:
Ha dado órdenes 
a sus ángeles para que te cuiden 
11 y te llevarán en sus manos, 
para que tu pie
no tropiece en la piedra.
12 Le respondió Jesús:
–Está dicho:
No pondrás a prueba
al Señor, tu Dios.
13 Concluida la tentación, el Diablo se alejó de él hasta otra ocasión.

En Galilea

(Mt 4,12.17; Mc 1,14s)

14 Impulsado por el Espíritu, Jesús volvió a Galilea, y su fama se extendió por toda la región. 15 Enseñaba en sus sinagogas, y era respetado por todos.

En la sinagoga de Nazaret

(Mt 13,53-58; Mc 6,1-6)
16 Fue a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró un sábado en la sinagoga y se puso en pie para hacer la lectura. 17 Le entregaron el libro del profeta Isaías. Lo abrió y encontró el texto que dice:
18 El Espíritu del Señor está sobre mí, 
porque él me ha ungido 
para que dé
la Buena Noticia a los pobres; 
me ha enviado a anunciar 
la libertad a los cautivos 
y la vista a los ciegos, 
para poner en libertad a los oprimidos, 
19 para proclamar
el año de gracia del Señor.
20 Lo cerró, se lo entregó al ayudante y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. 21 Él empezó diciéndoles:
–Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura.
22 Todos lo aprobaban, y estaban admirados por aquellas palabras de gracia que salían de su boca. Y decían:
–Pero, ¿no es éste el hijo de José?
23 Él les contestó:
–Seguro que me dirán aquel refrán: médico, sánate a ti mismo. Lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún, hazlo aquí, en tu ciudad.
24 Y añadió:
–Les aseguro que ningún profeta es aceptado en su patria. 25 Ciertamente, les digo que había muchas viudas en Israel en tiempo de Elías, cuando el cielo estuvo cerrado tres años y medio y hubo una gran carestía en todo el país. 26 A ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta en Sidonia. 27 Muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno fue sanado, sino Naamán el sirio.
28 Al oírlo, todos en la sinagoga se indignaron. 29 Levantándose, lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad, con intención de despeñarlo. 30 Pero él, abriéndose paso entre ellos, se alejó.

El endemoniado de Cafarnaún

(Mc 1,21-28)

31 Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. 32 Estaban asombrados de su enseñanza porque hablaba con autoridad.
33 Había en la sinagoga un hombre poseído por el espíritu de un demonio inmundo, que se puso a gritar:
34 –¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: ¡el Consagrado de Dios!
35 Jesús le increpó diciendo:
–¡Calla y sal de él!
El demonio lo arrojó al medio y salió de él sin hacerle daño.
36 Se quedaron todos desconcertados y comentaban entre sí:
–¿Qué significa esto? Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.
37 Su fama se difundió por toda la región.

Sanaciones

(Mt 8,14-16; Mc 1,29-34)

38 Salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Pedro estaba con fiebre muy alta y le suplicaban que hiciera algo por ella. 39 Él se inclinó sobre ella, increpó a la fiebre y se le pasó. Inmediatamente se levantó y se puso a servirles.
40 Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban. Él ponía las manos sobre cada uno y los sanaba. 41 De muchos salían demonios gritando: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Él los increpaba y no los dejaba hablar, pues sabían que era el Mesías.

La predicación de Jesús

(Mc 1,35-39)

42 Por la mañana salió y se dirigió a un lugar despoblado. La multitud lo anduvo buscando, y cuando lo alcanzaron, lo retenían para que no se fuese. 43 Pero él les dijo:
–También a las demás ciudades tengo que llevarles la Buena Noticia del reino de Dios, porque para eso he sido enviado.
44 Y predicaba en las sinagogas de Judea.

CAPITULO 5.

Llama a los primeros discípulos

(Mt 4,18-22; Mc 1,16-20; cfr. Jn 1,35-51)

5  1 La gente se agolpaba junto a él para escuchar la Palabra de Dios, mientras él estaba a la orilla del lago de Genesaret.
2 Vio dos barcas junto a la orilla, los pescadores se habían bajado y estaban lavando las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, la de Simón, le pidió que se apartase un poco de tierra. Se sentó y se puso a enseñar a la multitud desde la barca. 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
–Navega lago adentro y echa las redes para pescar.
5 Le replicó Simón:
–Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos sacado nada; pero, ya que lo dices, echaré las redes.
6 Lo hicieron y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes. 7 Hicieron señas a los socios de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Llegaron y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. 
8 Al verlo, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús y dijo:
–¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!
9 Ya que el temor se había apoderado de él y de todos sus compañeros por la cantidad de peces que habían pescado. 10 Lo mismo sucedía a Juan y Santiago, que eran socios de Simón. Jesús dijo a Simón:
–No temas, en adelante serás pescador de hombres.
11 Entonces, amarrando las barcas, lo dejaron todo y le siguieron.

Sana a un leproso

(Mt 8,1-4; Mc 1,40-45)

12 Mientras Jesús se encontraba en un pueblo se presentó un leproso; el cual, viendo a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicaba:
–Señor, si quieres, puedes sanarme.
13 Extendió la mano y le tocó, diciendo:
–Lo quiero, queda sano.
Al instante se le fue la lepra. 14 Y Jesús le ordenó:
–No se lo digas a nadie. Ve a presentarte al sacerdote y, para que le conste, lleva la ofrenda de tu sanación establecida por Moisés.
15 Su fama se difundía, de suerte que una gran multitud acudía a escucharlo y a sanarse de sus enfermedades. 16 Pero él se retiraba a lugares solitarios a orar.

Sana a un paralítico

(Mt 9,1-8; Mc 2,1-12; cfr. Jn 5,1-18)

17 Un día estaba enseñando y entre los asistentes había unos fariseos y doctores de la ley llegados de los pueblos de Galilea y Judea y también de Jerusalén. Él poseía fuerza del Señor para sanar.
18 Unos hombres, que llevaban en una camilla a un paralítico, intentaban meterlo y colocarlo delante de Jesús. 19 Como no encontraban por donde meterlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, haciendo un hueco entre las baldosas, lo descolgaron con la camilla poniéndolo en medio, delante de Jesús.
20 Viendo su fe, le dijo:
–Hombre, tus pecados te son perdonados.
21 Los fariseos y los letrados se pusieron a discurrir:
–¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién, fuera de Dios, puede perdonar pecados?
22 Jesús, leyendo sus pensamientos, les respondió:
23 –¿Qué es más fácil? ¿Decir: se te perdonan los pecados, o decir: levántate y camina? 24 Pero para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados –dijo al paralítico–, yo te digo: levántate, carga con tu camilla y vuelve a tu casa.
25 Al instante se levantó delante de todos, cargó con lo que había sido su camilla, y se fue a su casa dando gloria a Dios. 26 El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios; sobrecogidos decían:
–Hoy hemos visto cosas increíbles.

Llama a Leví:
comparte la mesa con pecadores

(Mt 9,9-13; Mc 2,13-17)

27 Al salir vio a un recaudador de impuestos, llamado Leví, sentado junto a la mesa de recaudación de los impuestos. Le dijo:
–Sígueme.
28 Dejándolo todo, se levantó y le siguió.
29 Leví le ofreció un gran banquete en su casa. Había un gran número de recaudadores de impuestos y otras personas sentados a la mesa con ellos. 30 Los fariseos y letrados murmuraban y preguntaban a los discípulos:
–¿Cómo es que comen y beben con recaudadores de impuestos y pecadores?
31 Jesús les replicó:
–No tienen necesidad del médico los que tienen buena salud, sino los enfermos. 32 No vine a llamar a justos, sino a pecadores para que se arrepientan.

Sobre el ayuno

(Mt 9,14-17; Mc 2,18-22)

33 Ellos le dijeron:
–Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen sus oraciones, y lo mismo hacen los discípulos de los fariseos; en cambio los tuyos comen y beben.
34 Jesús les contestó:
–¿Pueden los invitados a la boda hacer ayuno mientras el novio está con ellos? 35 Llegará un día en que el novio les será quitado, y aquel día ayunarán.
36 Y les propuso una comparación:
–Nadie corta un trozo de un vestido nuevo para remendar uno viejo. Porque sería arruinar el nuevo, y el trozo nuevo no quedará bien con el vestido viejo. 37 Nadie echa vino nuevo en odres viejos; pues el vino nuevo reventaría los odres, se derramaría y los odres se echarían a perder. 38 El vino nuevo se ha de echar en odres nuevos. 39 Nadie que ha bebido el vino viejo quiere vino nuevo; porque dice: el añejo es mejor.

El sábado

(Mt 12,1-8; Mc 2,23-28)

6  1 Un sábado en que atravesaba unos campos de trigo, sus discípulos arrancaban espigas, las frotaban con las manos y comían el grano. 2 Unos fariseos les dijeron:
–¿Por qué hacen en sábado una cosa prohibida?
3 Jesús les contestó:
–¿No han leído lo que hizo David con sus compañeros cuando estaban hambrientos? 4 Entró en la casa de Dios, tomó los panes consagrados, que pueden comer sólo los sacerdotes, comió y los compartió con sus compañeros.
5 Y añadió:
–El Hijo del Hombre es Señor del sábado.

CAPITULO 6.

El hombre de la mano paralizada

(Mt 12,9-14; Mc 3,1-6)

6 Otro sábado entró en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. 7 Los letrados y los fariseos lo espiaban para ver si sanaba en sábado, para tener algo de qué acusarlo. 8 Él, leyendo sus pensamientos, dijo al hombre de la mano paralizada:
–Levántate y ponte de pie en medio.
Él se puso en pie. 9 Después se dirigió a ellos:
–Yo les pregunto qué está permitido en sábado: ¿Hacer el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?
10 Después, dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre:
–Extiende la mano.
Lo hizo y la mano quedó sana. 11 Ellos se pusieron furiosos y discutían qué hacer con Jesús.

Los doce apóstoles

(Mt 10,1-4; Mc 3,13-19; cfr. Hch 1,13)

12 Por aquel tiempo subió a una montaña a orar y se pasó la noche orando a Dios. 13 Cuando se hizo de día, llamó a los discípulos, eligió entre ellos a doce y los llamó apóstoles: 14 Simón, a quien llamó Pedro; Andrés, su hermano; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; 15 Mateo y Tomás; Santiago hijo de Alfeo y Simón el rebelde; 16 Judas hijo de Santiago y Judas Iscariote, el traidor.

La muchedumbre sigue a Jesús

(Mt 4,23-25; Mc 3,7-12)

17 Bajó con ellos y se detuvo en un llano. Había un gran número de discípulos y un gran gentío del pueblo, venidos de toda Judea, de Jerusalén, de la costa de Tiro y Sidón, 18 para escucharlo y sanarse de sus enfermedades. Los atormentados por espíritus inmundos quedaban sanos, 19 y toda la gente intentaba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.

Sermón del llano: dichosos y desdichados

(Mt 5,1-12)

20 Dirigiendo la mirada a los discípulos, les decía:
–Felices los pobres,
porque el reino de Dios les pertenece.
21 Felices los que ahora pasan hambre, 
porque serán saciados.
Felices los que ahora lloran,
porque reirán.
22 Felices cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y desprecien su nombre a causa del Hijo del Hombre. 23 Alégrense y llénense de gozo, porque el premio en el cielo es abundante. Del mismo modo los padres de ellos trataron a los profetas.
24 Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, 
porque ya tienen su consuelo!;
25 ¡ay de ustedes,
los que ahora están saciados!,
porque pasarán hambre; 
¡ay de los que ahora ríen!,
porque llorarán y harán duelo; 
26 ¡ay de ustedes cuando todos los alaben! Del mismo modo los padres de ellos trataron a los falsos profetas.

Amor a los enemigos

(Mt 5,38-48)

27 A ustedes que me escuchan yo les digo: 
Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; 28 bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian. 29 Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra, al que te quite el manto no le niegues la túnica; 30 da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames. 
31 Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. 32 Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos. 33 Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. 34 Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan para recobrar otro tanto.
35 Por el contrario amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados.
36 Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. 37 No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. 38 Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos.

Ciego, guía de ciegos

(Mt 7,3-5)

39 Y añadió una comparación:
–¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en un hoyo?
40 El discípulo no es más que el maestro; cuando haya sido instruido, será como su maestro.
41 ¿Por qué te fijas en la pelusa que está en el ojo de tu hermano y no miras la viga que hay en el tuyo? 42 ¿Cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacarte la pelusa de tu ojo, cuando no ves la viga del tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver claramente para sacar la pelusa del ojo de tu hermano.

El árbol y sus frutos – roca y arena

(Mt 7,16-27)

43 No hay árbol sano que dé fruto podrido, ni árbol podrido que dé fruto sano. 44 Cada árbol se reconoce por sus frutos. No se cosechan higos de los cardos ni se vendimian uvas de los espinos.
45 El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro bueno del corazón; el malo saca lo malo de la maldad. Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
46 ¿Por qué me llaman: ¡Señor, Señor!, si no hacen lo que les digo?
47 Les voy a explicar a quién se parece el que acude a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica.
48 Se parece a uno que iba a construir una casa: cavó, ahondó y colocó un cimiento sobre la roca. Vino una crecida, el caudal se precipitó contra la casa, pero no pudo sacudirla porque estaba bien construida.
49 En cambio, el que escucha y no las pone en práctica se parece a uno que construyó la casa sobre la arena, sin cimiento. Se precipitó el caudal y la casa se derrumbó. Y fue una ruina colosal.

CAPITULO 7.

Sanación del sirviente de un centurión

(Mt 8,5-13; cfr. Jn 4,46-54)

7  1 Cuando concluyó su discurso al pueblo, entró en Cafarnaún. 2 Un centurión tenía un sirviente a quien estimaba mucho, que estaba enfermo, a punto de morir. 3 Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos judíos notables a pedirle que fuese a sanar a su sirviente. 4 Se presentaron a Jesús y le rogaban insistentemente, alegando que se merecía ese favor:
5 –Ama a nuestra nación y él mismo nos ha construido la sinagoga.
6 Jesús fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
–Señor, no te molestes; no soy digno de que entres bajo mi techo. 7 Por eso yo tampoco me consideré digno de acercarme a ti. Pronuncia una palabra y mi muchacho quedará sano. 8 Porque también yo tengo un superior y soldados a mis órdenes. Si le digo a éste que vaya, va; al otro que venga, viene; a mi sirviente que haga esto, y lo hace.
9 Al oírlo, Jesús se admiró y volviéndose dijo a la gente que le seguía:
–Una fe semejante no la he encontrado ni en Israel.
10 Cuando los enviados volvieron a casa, encontraron sano al sirviente.

Resucita al hijo de una viuda


11 A continuación se dirigió a una ciudad llamada Naín, acompañado de los discípulos y de un gran gentío. 12 Justo cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a un muerto, hijo único de una viuda; la acompañaba un grupo considerable de vecinos.
13 Al verla, el Señor sintió compasión y le dijo:
–No llores.
14 Se acercó, tocó el féretro, y los portadores se detuvieron.
Entonces dijo:
–Muchacho, yo te lo ordeno, levántate.
15 El muerto se incorporó y empezó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.
16 Todos quedaron sobrecogidos y daban gloria a Dios diciendo:
–Un gran profeta ha surgido entre nosotros; Dios se ha ocupado de su pueblo. 17 La noticia de lo que había hecho se divulgó por toda la región y por Judea.

Sobre Juan el Bautista

(Mt 11,2-15)

18 Los discípulos de Juan le informaron de todos estos sucesos. Juan llamó a dos de ellos 19 y los envió al Señor a preguntarle:
–¿Eres tú el que había de venir o tenemos que esperar a otro?
20 Los hombres se le presentaron y le dijeron:
–Juan el Bautista nos ha enviado a preguntarte si eres tú el que había de venir o si tenemos que esperar a otro.
21 En ese momento Jesús sanó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus; y devolvió la vista a muchos ciegos.
22 Después les respondió:
–Vayan a informar a Juan de lo que han visto y oído: los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Noticia. 23 Y dichoso el que no tropieza por mi causa.
24 Cuando se fueron los mensajeros de Juan, se puso a hablar de él a la multitud:
–¿Qué salieron a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 25 ¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre elegantemente vestido? Miren, los que visten con elegancia y disfrutan de comodidades habitan en palacios reales. 26 Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Les digo que sí, y más que profeta. 27 A éste se refiere lo que está escrito: 
Mira, yo envío por delante 
a mi mensajero 
para que te prepare el camino. 
28 Les digo que entre los nacidos de mujer ninguno es mayor que Juan. Y, sin embargo, el último en el reino de Dios es mayor que él.
29 Todo el pueblo que escuchó y hasta los recaudadores de impuestos, dieron la razón a Dios aceptando el bautismo de Juan; 30 en cambio, los fariseos y los doctores de la ley rechazaron lo que Dios quería de ellos, al no dejarse bautizar por él.

Niños caprichosos

(Mt 11,16-19)

31 ¿Con qué compararé a los hombres de esta generación? ¿A qué se parecen? 32 Son como niños sentados en la plaza, que se dicen entre ellos: 
Hemos tocado la flauta 
y no bailaron, 
hemos entonado cantos fúnebres 
y no lloraron.
33 Vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y dicen: está endemoniado.
34 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: miren qué comilón y bebedor, amigo de recaudadores de impuestos y pecadores. 35 Pero la Sabiduría ha sido reconocida por sus discípulos.

Perdona a la pecadora

(cfr. Mt 26,6-13; Mc 14,3-9; Jn 12,1-8)

36 Un fariseo lo invitó a comer. Jesús entró en casa del fariseo y se sentó a la mesa. 37 En esto, una mujer, pecadora pública, enterada de que estaba a la mesa en casa del fariseo, acudió con un frasco de perfume de mirra, 38 se colocó detrás, a sus pies, y llorando se puso a bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con la mirra. 39 Al verlo, el fariseo que lo había invitado, pensó: Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer lo está tocando: una pecadora.
40 Jesús tomó la palabra y le dijo:
–Simón, tengo algo que decirte.
Contestó:
–Dilo, maestro.
41 Le dijo:
–Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y otro cincuenta. 42 Como no podían pagar, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de los dos lo amará más?
43 Contestó Simón:
–Supongo que aquél a quien más le perdonó.
Le replicó:
–Has juzgado correctamente.
44 Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón:
–¿Ves esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para lavarme los pies; ella me los ha bañado en lágrimas y los ha secado con su cabello. 45 Tú no me diste el beso de saludo; desde que entré, ella no ha cesado de besarme los pies. 46 Tú no me ungiste la cabeza con perfume; ella me ha ungido los pies con mirra. 47 Por eso te digo que se le han perdonado numerosos pecados, por el mucho amor que demostró. Pero al que se le perdona poco, poco amor demuestra.
48 Y a ella le dijo:
–Tus pecados te son perdonados.
49 Los invitados empezaron a decirse:
–¿Quién es éste que hasta perdona pecados?
50 Él dijo a la mujer:
–Tu fe te ha salvado. Vete en paz.

CAPITULO 8.

Mujeres que siguen a Jesús


8  1 A continuación fue recorriendo ciudades y pueblos proclamando la Buena Noticia del reino de Dios. 2 Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que había sanado de espíritus inmundos y de enfermedades: María Magdalena, de la que habían salido siete demonios; 3 Juana, mujer de Cusa, mayordomo de Herodes; Susana y otras muchas, que los atendían con sus bienes.

Parábola del sembrador

(Mt 13,1-23; Mc 4,1-20)

4 Se reunió un gran gentío y se añadían los que iban acudiendo de una ciudad tras otra. Entonces les propuso una parábola:
5 –Salió el sembrador a sembrar la semilla. Al sembrar, unas semillas cayeron junto al camino; las pisaron y las aves del cielo se las comieron. 6 Otras cayeron sobre piedras; brotaron y se secaron por falta de humedad. 7 Otras cayeron entre espinos, y al crecer los espinos con ellas, las ahogaron. 8 Otras cayeron en tierra fértil y dieron fruto al ciento por uno.
Dicho esto, exclamó:
–El que tenga oídos que escuche.
9 Los discípulos le preguntaron el sentido de la parábola, 10 y él les respondió:
–A ustedes se les concede conocer los secretos del reino de Dios; pero a los demás se les habla en parábolas:
Para que viendo, no vean, 
y escuchando, no comprendan.
11 El sentido de la parábola es el siguiente:
La semilla es la Palabra de Dios. 12 Lo que cayó junto al camino son los que escuchan; pero enseguida viene el Diablo y les arranca del corazón la palabra, para que no crean y se salven.
13 Lo que cayó entre piedras son los que al escuchar acogen con gozo la palabra, pero no echan raíces; ésos creen por un tiempo, pero al llegar la prueba se echan atrás.
14 Lo que cayó entre espinos son los que escuchan; pero con las preocupaciones, la riqueza y los placeres de la vida se van ahogando y no maduran.
15 Lo que cae en tierra fértil son los que escuchan la palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen y dan fruto gracias a su perseverancia.

La luz de la lámpara

(Mt 5,15; Mc 4,21)

16 Nadie enciende una lámpara y la encubre o la mete debajo de la cama, sino que la coloca en el candelero para que los que entran vean la luz.

(Mt 10,26; Mc 4,22)

17 No hay nada encubierto que no se descubra algún día, ni nada escondido que no se divulgue y se manifieste.

(Mt 13,12; 25;29; Mc 4,25)

18 Presten atención y oigan bien: porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aun lo que parece tener.

La madre y los hermanos de Jesús

(Mt 12,46-50; Mc 3,31-35)

19 Se le presentaron su madre y sus hermanos, pero no lograban acercarse por el gentío. 20 Le avisaron:
–Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.
21 Él les replicó:
–Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.

La tempestad calmada

(Mt 8,23-27; Mc 4,35-41)

22 Uno de aquellos días subió él a una barca con los discípulos y les dijo:
–Vamos a cruzar a la otra orilla del lago.
Zarparon 23 y, mientras navegaban, él se quedó dormido. Se precipitó un temporal sobre el lago, la barca se llenaba de agua y peligraban. 24 Entonces fueron a despertarlo y le dijeron:
–¡Maestro, que nos hundimos!
Él se despertó e increpó al viento y al oleaje; el lago se apaciguó y sobrevino la calma.
25 Les dijo:
–¿Dónde está la fe de ustedes?
Ellos llenos de temor y admiración se decían:
–¿Quién es éste que da órdenes al viento y al agua, y le obedecen?

El endemoniado de Gerasa

(Mt 8,28-34; Mc 5,1-20)

26 Navegaron hasta el territorio de los gerasenos, que queda enfrente de Galilea.
27 Al desembarcar, le salió al encuentro un hombre de la ciudad, que estaba endemoniado. Llevaba bastante tiempo sin ponerse una túnica y no vivía en una casa, sino en los sepulcros. 28 Al ver a Jesús, dio un grito, se echó ante él y dijo gritando:
–¿Qué tienes conmigo, Hijo del Dios Altísimo?, te suplico que no me atormentes.
29 Es que Jesús estaba mandando al espíritu inmundo salir de aquel hombre; ya que muchas veces se apoderaba de él; y aunque lo ataban con cadenas y grillos, rompía las cadenas y el demonio lo empujaba a lugares despoblados.
30 Jesús le preguntó:
–¿Cómo te llamas?
Contestó:
–Legión, porque habían entrado en él muchos demonios.
31 Éstos le rogaban que no los mandase ir al abismo. 32 Había allí una piara numerosa de cerdos pastando en el monte. Los demonios le suplicaron a Jesús que les permitiese entrar en los cerdos. Él se lo concedió; 33 y los demonios, saliendo del hombre, se metieron en los cerdos. La piara, entonces, se abalanzó por un acantilado al lago y se ahogó.
34 Al ver lo sucedido, los pastores escaparon y lo contaron en la ciudad y en los campos. 35 Los vecinos salieron a ver lo sucedido y, llegando adonde estaba Jesús, encontraron al hombre del que habían salido los demonios, vestido y sentado, a los pies de Jesús y en su sano juicio. Y se asustaron. 36 Los que lo habían visto les contaron cómo se había librado el endemoniado.
37 Entonces todos los vecinos de la región de los gerasenos le rogaron a Jesús que se marchase; porque estaban muy atemorizados. Jesús se embarcó de vuelta. 38 El hombre del que habían salido los demonios pidió quedarse con él. Pero Jesús lo despidió diciendo:
39 –Vuelve a tu casa y cuenta lo que te ha hecho Dios.
Él fue por toda la ciudad proclamando lo que había hecho Jesús.

Dos sanaciones de mujeres

(Mt 9,18-26; Mc 5,21-43)

40 Cuando volvió Jesús, lo recibió la gente, porque todos lo estaban esperando.
41 En esto se acercó un hombre, llamado Jairo, jefe de la sinagoga; cayendo a los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa, 42 porque su hija única, de doce años, estaba muriéndose. Mientras caminaba, la multitud lo apretujaba.
43 Una mujer que llevaba doce años padeciendo hemorragias, [que había gastado en médicos su entera fortuna] y que nadie le había podido sanar, 44 se le acercó por detrás y le tocó el borde de su manto. Al instante se le cortó la hemorragia.
45 Jesús preguntó:
–¿Quién me ha tocado?
Y, como todos lo negaban, Pedro dijo:
–Maestro, la multitud te cerca y te apretuja.
46 Pero Jesús replicó:
–Alguien me ha tocado, yo he sentido que una fuerza salía de mí.
47 Viéndose descubierta, la mujer se acercó temblando, se postró ante él y explicó delante de todos por qué lo había tocado y cómo se había mejorado inmediatamente. 48 Jesús le dijo:
–Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz.
49 Aún estaba hablando, cuando llega uno de la casa del jefe de la sinagoga y le anuncia:
–Tu hija ha muerto, no molestes más al Maestro.
50 Lo oyó Jesús y respondió:
–No temas; basta que creas y se salvará.
51 Cuando llegó a la casa no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan, Santiago y los padres de la muchacha. 52 Todos lloraban haciendo duelo por ella.
Pero él dijo:
–No lloren, que no está muerta, sino dormida.
53 Se reían de él, porque sabían que estaba muerta. 54 Pero él, tomándola de la mano, le ordenó:
–Muchacha, levántate.
55 Le volvió el aliento y enseguida se puso de pie. Jesús mandó que le dieran de comer.
56 Sus padres quedaron sobrecogidos de admiración y él les encargó que no contaran a nadie lo sucedido.

CAPITULO 9.

Misión de los doce apóstoles

(Mt 10,5-15; Mc 6,7-13)

9  1 Convocó a los Doce y les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades. 2 Y los envió a proclamar el reino de Dios y a sanar [enfermos]. 3 Les dijo:
–No lleven nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero, ni dos túnicas. 4 En la casa en que entren permanezcan hasta que se vayan. 5 Si no los reciben, al salir de la ciudad sacudan el polvo de los pies como prueba contra ellos.
6 Cuando salieron, recorrieron los pueblos anunciando la Buena Noticia y sanando enfermos por todas partes.

El interés de Herodes

(Mt 14,1s; Mc 6,14-16)

7 Herodes se enteró de todo lo sucedido y estaba desconcertado; porque unos decían que era Juan resucitado de entre los muertos, 8 otros que era Elías aparecido, otros que había surgido un profeta de los antiguos. 9 Herodes comentaba:
–A Juan yo lo hice decapitar. ¿Quién será éste de quien oigo tales cosas?
Y deseaba verlo.

Da de comer a cinco mil

(Mt 14,13-22; Mc 6,30-45; cfr. Jn 6,1-15)

10 Los apóstoles volvieron y le contaron todo lo que habían hecho. Él los tomó aparte y se retiró por su cuenta a una ciudad llamada Betsaida.
11 Pero la multitud se enteró y le siguió.
Él los recibió y les hablaba del reino de Dios y sanaba a los que lo necesitaban.
12 Como caía la tarde, los Doce se acercaron a decirle:
–Despide a la gente para que vayan a los pueblos y campos de los alrededores y busquen hospedaje y comida; porque aquí estamos en un lugar despoblado.
13 Les contestó:
–Denle ustedes de comer.
Ellos contestaron:
–No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros a comprar comida para toda esa gente. 14 –Los varones eran unos cinco mil–. Él dijo a los discípulos:
–Háganlos sentar en grupos de cincuenta.
15 Así lo hicieron y se sentaron todos. 16 Entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la vista al cielo, los bendijo, los partió y se los fue dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. 17 Comieron todos y quedaron satisfechos, y recogieron los trozos sobrantes en doce canastas.

Confesión de Pedro

(Mt 16,13-20; Mc 8,27-30; cfr. Jn 6,67-71)

18 Estando él una vez orando a solas, se le acercaron los discípulos y él los interrogó:
–¿Quién dice la multitud que soy yo?
19 Contestaron:
–Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha surgido un profeta de los antiguos.
20 Les preguntó:
–Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?
Respondió Pedro:
–Tú eres el Mesías de Dios.
21 Él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Primer anuncio
de la pasión y resurrección

(Mt 16,21-28; Mc 8,31–9,1)

22 Y añadió:
–El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, tiene que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
23 Y a todos les decía:
–El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame. 24 El que quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí la salvará. 25 ¿De que le vale al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se malogra él? 
26 Si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria, la de su Padre y de los santos ángeles. 
27 Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no sufrirán la muerte antes de ver el reino de Dios.

Transfiguración de Jesús

(Mt 17,1-9; Mc 9,2-10)

28 Ocho días después de estos discursos, tomó a Pedro, Juan y Santiago y subió a una montaña a orar. 29 Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y su ropa resplandecía de blancura. 30 De pronto dos hombres hablaban con él: eran Moisés y Elías, 31 que aparecieron gloriosos y comentaban la partida de Jesús que se iba a consumar en Jerusalén. 32 Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño. Al despertar, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. 33 Cuando éstos se retiraron, dijo Pedro a Jesús:
–Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a armar tres carpas: una para ti, una para Moisés y una para Elías –no sabía lo que decía–. 
34 Apenas lo dijo, vino una nube que les hizo sombra. Al entrar en la nube, se asustaron. 35 Y se escuchó una voz que decía desde la nube:
–Éste es mi Hijo elegido. Escúchenlo.
36 Al escucharse la voz, se encontraba Jesús solo. Ellos guardaron silencio y por entonces no contaron a nadie lo que habían visto.

El niño epiléptico

(Mt 17,14-18; Mc 9,14-27)

37 El día siguiente, al bajar ellos de la montaña, les salió al encuentro un gran gentío. 38 Un hombre del gentío gritó:
–Maestro, te ruego que te fijes en mi hijo, que es único. 39 Un espíritu lo agarra, de repente grita, lo retuerce, lo hace echar espuma por la boca y a duras penas se aparta dejándolo molido. 40 He pedido a tus discípulos que lo expulsen y no han sido capaces.
41 Jesús contestó:
–¡Qué generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? Trae acá a tu hijo.
42 El muchacho se estaba acercando cuando el demonio lo tiró al suelo y lo retorció. Jesús increpó al espíritu inmundo, sanó al muchacho y se lo entregó a su padre.
43 Y todos se maravillaron de la grandeza de Dios.
Como todos se admiraban de lo que hacía, dijo a sus discípulos:

Segundo anuncio
de la pasión y resurrección

(Mt 17,22s; Mc 9,30-32)

44 –Presten atención a estas palabras: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de hombres.
45 Pero ellos no entendían este asunto; su sentido les resultaba encubierto; pero no se atrevían a hacerle preguntas respecto a esto.

Instrucción comunitaria

(Mt 18,1-5; Mc 9,33-37)

46 Surgió una discusión entre ellos sobre quién era el más grande.
47 Jesús, sabiendo lo que pensaban, acercó un niño, lo colocó junto a sí 48 y les dijo:
–Quien recibe a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y quien me recibe a mí recibe al que me envió. El más pequeño de todos ustedes, ése es el mayor.

(Mc 9,38-40)

49 Juan le dijo:
–Maestro, vimos a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo, porque no sigue con nosotros. 50 Jesús respondió:
–No se lo impidan. Quien no está contra ustedes está con ustedes.
Camino de Jerusalén
51 Cuando se iba cumpliendo el tiempo de que se lo llevaran al cielo, emprendió decidido el viaje hacia Jerusalén, 52 y envió por delante unos mensajeros. Ellos fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle alojamiento. 53 Pero éstos no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. 54 Al ver esto, Juan y Santiago, sus discípulos, dijeron:
–Señor, ¿quieres que mandemos que caiga un rayo del cielo y acabe con ellos?
55 Él se volvió y los reprendió. 56 Y se fueron a otro pueblo.

Seguimiento

(Mt 8,19-22)

57 Mientras iban de camino, uno le dijo:
–Te seguiré adonde vayas.
58 Jesús le contestó:
–Los zorros tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
59 A otro le dijo:
–Sígueme.
Le contestó:
–[Señor], déjame primero ir a enterrar a mi padre.
60 Le dijo:
–Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el reino de Dios.
61 Otro le dijo:
–Te seguiré, Señor, pero primero déjame despedirme de mi familia.
62 Jesús [le] dijo:
–El que ha puesto la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reino de Dios.

CAPITULO 10.

Misión de los setenta y dos


10  1 Después de esto designó el Señor a otros setenta [y dos] y los envió por delante, de dos [en dos], a todas las ciudades y lugares adonde pensaba ir.

(Mt 9,37s)

2 Les decía:
–La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha.

(Mt 10,9-16; Mc 6,8-11)

3 Vayan, que yo los envío como ovejas entre lobos. 4 No lleven bolsa ni alforja ni sandalias. Por el camino no saluden a nadie. 5 Cuando entren en una casa, digan primero: Paz a esta casa. 6 Si hay allí alguno digno de paz, la paz descansará sobre él. De lo contrario, la paz regresará a ustedes. 7 Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que haya; porque el trabajador tiene derecho a su salario. No vayan de casa en casa. 8 Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan. 9 Sanen a los enfermos que haya y digan a la gente: El reino de Dios ha llegado a ustedes. 10 Si entran en una ciudad y no los reciben, salgan a las calles y digan: 11 Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies lo sacudimos y se lo devolvemos. Con todo, sepan que ha llegado el reino de Dios. 12 Les digo que aquel día la suerte de Sodoma será menos rigurosa que la de aquella ciudad.

Recrimina a las ciudades de Galilea

(Mt 11,20-24)

13 ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y Sidón, hace tiempo habrían hecho penitencia vistiéndose humildemente y sentándose sobre cenizas. 14 Y así, el juicio será más llevadero para Tiro y Sidón que para ustedes. 
15 Y tú, Cafarnaún, ¿pretendes encumbrarte hasta el cielo? Pues caerás hasta el abismo.
16 Y dijo a sus discípulos:
–El que a ustedes escucha a mí me escucha; el que a ustedes desprecia a mí me desprecia; y quien a mí me desprecia, desprecia al que me envió.
Vuelven los setenta y dos
17 Volvieron los setenta [y dos] muy contentos y dijeron:
–Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían.
18 Les contestó:
–Estaba viendo a Satanás caer como un rayo del cielo. 19 Miren, les he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada los dañará. 20 Con todo, no se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo.

El Padre y el Hijo

(Mt 11,25-27; 13,16s)

21 En aquella ocasión, con el júbilo del Espíritu Santo, dijo:
–¡Te alabo, Padre, Señor de cielo y tierra, porque, ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla! Sí, Padre, ésa ha sido tu elección. 22 Todo me lo ha encomendado mi Padre: nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo.
23 Volviéndose aparte a los discípulos, les dijo:
–¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven! 24 Les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; escuchar lo que ustedes escuchan, y no lo escucharon.

El buen samaritano

(Mt 22,34-40; Mc 12,28-34)

25 En esto un doctor de la ley se levantó y, para ponerlo a prueba, le preguntó:
–Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
26 Jesús le contestó:
–¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué es lo que lees?
27 Respondió:
–Amarás al Señor tu Dios 
con todo tu corazón, 
con toda tu alma, 
con todas tus fuerzas, 
con toda tu mente, y 
al prójimo como a ti mismo.
28 Le respondió:
–Has respondido correctamente: obra así y vivirás.
29 Él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:
–¿Y quién es mi prójimo?
30 Jesús le contestó:
–Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó. Tropezó con unos asaltantes que lo desnudaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. 31 Coincidió que bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, pasó de largo. 32 Lo mismo un levita, llegó al lugar, lo vio y pasó de largo. 33 Un samaritano que iba de camino llegó adonde estaba, lo vio y se compadeció. 34 Le echó aceite y vino en las heridas y se las vendó. Después, montándolo en su cabalgadura, lo condujo a una posada y lo cuidó. 35 Al día siguiente sacó dos monedas, se las dio al dueño de la posada y le encargó: Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta. 36 ¿Quién de los tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los asaltantes?
37 Contestó:
–El que lo trató con misericordia.
Y Jesús le dijo:
–Ve y haz tú lo mismo.

Marta y María


38 Yendo de camino, entró Jesús en un pueblo. Una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. 39 Tenía una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras; 40 Marta ocupada en los quehaceres de la casa dijo a Jesús:
–Maestro, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en los quehaceres? Dile que me ayude.
41 El Señor le respondió:
–Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas, 42 cuando una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y no se la quitarán.

CAPITULO 11.

La oración: el Padrenuestro

(Mt 6,9-15)

11  1 Una vez estaba en un lugar orando. Cuando terminó, uno de los discípulos le pidió:
–Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos.
2 Jesús les contestó:
–Cuando oren, digan:
Padre, 
santificado sea tu nombre, 
venga tu reino; 
3 el pan nuestro de cada día 
danos hoy; 
4 perdona nuestros pecados 
como también 
nosotros perdonamos 
a todos los que nos ofenden; 
no nos dejes caer en la tentación.
5 Y les añadió:
–Supongamos que uno tiene un amigo que acude a él a media noche y le pide: Amigo, préstame tres panes, 6 que ha llegado de viaje un amigo mío y no tengo qué ofrecerle. 7 El otro desde dentro le responde: No me vengas con molestias; estamos acostados yo y mis niños; no puedo levantarme a dártelo. 8 Les digo que, si no se levanta a dárselo por amistad, se levantará a darle cuanto necesita para que deje de molestarlo. 

(Mt 7,7-11)

9 Y yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, 10 porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre. 11 ¿Qué padre entre ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? O, si le pide pescado, ¿le dará en vez de pescado una culebra? 12 O, si pide un huevo, ¿le dará un escorpión? 13 Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!

Jesús y Belcebú

(Mt 12,22-30; Mc 3,20-27)

14 Estaba echando un demonio [que era] mudo. Cuando salió el demonio, habló el mudo; y la multitud se admiró. 15 Pero algunos dijeron:
–Expulsa los demonios con el poder de Belcebú, jefe de los demonios.
16 Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo.
17 Él, leyendo sus pensamientos, les dijo:
–Un reino dividido internamente va a la ruina y se derrumba casa tras casa. 18 Si Satanás está dividido internamente, ¿cómo se mantendrá su reino? Porque ustedes dicen que yo expulso los demonios con el poder de Belcebú. 19 Si yo expulso los demonios con el poder de Belcebú, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso ellos los juzgarán. 20 Pero si [yo] expulso los demonios con el dedo de Dios, es que ha llegado a ustedes el reino de Dios. 21 Mientras un hombre fuerte y armado guarda su casa, todo lo que posee está seguro. 22 Pero si llega uno más fuerte y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte sus bienes. 23 El que no está conmigo está contra mí. El que no recoge conmigo desparrama. 

(Mt 12,43-48)

24 Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, recorre lugares áridos buscando descanso, y no lo encuentra. [Entonces] dice: Volveré a mi casa, de donde salí. 25 Al volver, la encuentra barrida y arreglada. 26 Entonces va, toma consigo otros siete espíritus peores que él, y se meten a habitar allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el comienzo.
27 Cuando decía esto, una mujer de la multitud alzó la voz y dijo:
–¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!
28 Él replicó:
–¡Dichosos, más bien, los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!

La señal de Jonás

(Mt 12,38-42; Mc 8,12)

29 La multitud se aglomeraba y él se puso a decirles:
–Esta generación es malvada: reclama una señal, y no se le concederá más señal que la de Jonás. 30 Como Jonás fue una señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del Hombre para esta generación. 31 El día del juicio la reina del sur se alzará contra esta generación y la condenará; porque ella vino del extremo de la tierra para escuchar el saber de Salomón, y aquí hay alguien mayor que Salomón. 32 El día del juicio los ninivitas se alzarán contra esta generación y la condenarán; porque ellos se arrepintieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien mayor que Jonás.

Tu fuente de luz

(Mt 5,15; Mc 4,21)

33 No se enciende una lámpara para tenerla escondida [o bajo un cajón], sino que se pone en el candelero para que los que entran vean la luz.

(Mt 6,22s)

34 La lámpara del cuerpo es el ojo: si tu ojo está sano, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero si está enfermo, también tu cuerpo está lleno de oscuridad. 35 Procura que la luz que hay en ti no se oscurezca. 36 Si el cuerpo entero está en la luz, sin nada de sombra, tendrá tanta luz, como cuando una lámpara te ilumina con su resplandor.

Invectiva contra los fariseos y los doctores de la Ley

(Mt 23,1-36; Mc 12,38-40)

37 Mientras hablaba, un fariseo lo invitó a comer en su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa.
38 El fariseo, que lo vio, se extrañó que no se lavase antes de comer. 39 Pero el Señor le dijo:
–Ustedes los fariseos limpian por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de robos y malicia. 40 ¡Insensatos! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? 41 Den, más bien, como limosna lo que tienen y todo será puro.
42 ¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de verduras y descuidan la justicia y el amor de Dios! Eso es lo que hay que observar sin descuidar lo otro.
43 ¡Ay de ustedes, fariseos que buscan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos por la calle!
44 ¡Ay de ustedes, porque son como sepulcros sin señalar, que los hombres pisan sin darse cuenta!
45 Un doctor de la ley tomó la palabra y le contestó:
–Maestro, al decir eso, nos ofendes.
46 Jesús contestó:
–¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, que imponen a los hombres cargas insoportables pero ustedes ni siquiera mueven un dedo para llevarlas!
47 ¡Ay de ustedes que construyen mausoleos a los profetas a quienes sus propios padres han asesinado!
48 Así se convierten en testigos y cómplices de lo que hicieron sus padres; porque ellos los mataron y ustedes construyen los mausoleos.
49 Por eso dice la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los matarán y perseguirán.
50 Así se pedirá cuenta a esta generación de toda la sangre de profetas derramada desde la creación del mundo: 51 desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, asesinado entre el altar y el santuario, sí, les aseguro que a esta generación, se le pedirán cuentas de todo esto.
52 ¡Ay de ustedes doctores de la ley, que se han quedado con la llave del saber: ustedes no han entrado y se lo impiden a los que quieren entrar!
53 Cuando salió de allí, los letrados y los fariseos se pusieron a atacarlo violentamente y a hacerle preguntas malintencionadas. 54 Le acosaban para ver si lo atrapaban en alguna palabra salida de su boca.

CAPITULO 12.

Contra la hipocresía

(Mt 16,6; Mc 8,15)

12  1 Entre tanto, miles de personas se agolpaban pisándose unos a otros. Él se dirigió primero a los discípulos:
–Cuídense de la levadura –o sea de la hipocresía– de los fariseos. 

(Mt 10,26s)

2 Nada hay encubierto que no se descubra, nada oculto que no se divulgue. 3 Porque lo que digan de noche se escuchará en pleno día; lo que digan al oído en el sótano se proclamará desde las azoteas.

No teman

(Mt 10,28-31)

4 A ustedes mis amigos les digo que no teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. 5 Yo les indicaré a quién deben temer: teman al que después de matar tiene poder para arrojar al infierno.
Sí, les repito, teman a ése. 6 ¿No se venden cinco gorriones por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. 7 En cuanto a ustedes hasta los pelos de su cabeza están todos contados. No tengan miedo, que ustedes valen más que muchos gorriones.

Confesar a Jesús

(Mt 10,32s)

8 Les aseguro que a quien me reconozca abiertamente ante los hombres, el Hijo del Hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. 9 Pero a quien me niegue ante los hombres, lo negará ante los ángeles de Dios. 10 Al que diga una palabra contra el Hijo del Hombre se le perdonará; al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
11 Cuando los conduzcan a las sinagogas, ante los jefes o autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir; 12 el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que hay que decir.

Contra la codicia


13 Uno de la gente dijo:
–Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo.
14 Jesús le respondió:
–Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre ustedes?
15 Y les dijo:
–¡Estén atentos y cuídense de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes!
16 Y les propuso una parábola:
–Las tierras de un hombre dieron una gran cosecha. 17 Él se dijo: ¿qué haré, que no tengo dónde guardar toda la cosecha?
18 Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes. 19 Después me diré: Querido amigo, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come y bebe, disfruta.
20 Pero Dios le dijo: ¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será?
21 Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios.

Confianza en Dios

(Mt 6,25-33)

22 A [sus] discípulos les dijo:
–Por eso les digo que no anden angustiados por la comida para conservar la vida o por la ropa para cubrir el cuerpo. 23 La vida vale más que la comida y el cuerpo más que la ropa. 24 Miren a los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen graneros ni despensas, y Dios los alimenta. Cuánto más valen ustedes que las aves. 25 ¿Quién de ustedes puede, por mucho que se inquiete, prolongar su vida un poco? 26 Si no tienen poder en lo más pequeño, ¿por qué se preocupan de lo demás?
27 Miren cómo crecen los lirios, sin trabajar ni hilar. Les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. 28 Pues si a la hierba del campo, que hoy crece y mañana la echan al horno, Dios la viste así, ¡cuánto más a ustedes, hombres de poca fe!
29 No anden buscando qué comer o qué beber; no se angustien. 30 Todo eso son cosas que busca la gente del mundo. En cuanto a ustedes el Padre sabe que las necesitan.
31 Basta que busquen su reino y lo demás lo recibirán por añadidura.

Sobre el poseer

(Mt 6,19-21)

32 No temas, pequeño rebaño, que el Padre de ustedes ha decidido darles el reino. 33 Vendan sus bienes y den limosna. Consigan bolsas que no se rompan, un tesoro inagotable en el cielo, donde los ladrones no llegan ni los roe la polilla. 34 Porque donde está el tesoro de ustedes, allí también estará su corazón.

Vigilancia

(cfr. Mt 25,1-13)

35 Tengan la ropa puesta y las lámparas encendidas. 36 Sean como aquellos que esperan que el amo vuelva de una boda, para abrirle en cuanto llegue y llame. 37 Dichosos los sirvientes a quienes el amo, al llegar, los encuentre despiertos: les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentarse a la mesa y les irá sirviendo. 38 Y si llega a media noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. 39 Entiendan bien esto, si el dueño de casa supiera a qué hora iba a llegar el ladrón, no le dejaría abrir un boquete en su casa. 40 Ustedes también estén preparados, porque cuando menos lo piensen llegará el Hijo del Hombre.

(Mt 24,45-51; cfr. Mc 13,33-37)

41 Pedro le preguntó:
–Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?
42 El Señor contestó:
–¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su personal, para que les reparta las raciones de comida a su tiempo? 43 Dichoso aquel sirviente a quien su señor, al llegar, lo encuentre actuando así. 44 Les aseguro que le encomendará administrar todos sus bienes.
45 Pero si aquel sirviente, pensando que su señor tarda en llegar, se pone a pegar a los muchachos y muchachas, a comer y beber y emborracharse, 46 llegará el señor de aquel sirviente el día y la hora menos esperados lo castigará y lo tratará como a los traidores.
47 Aquel sirviente que, conociendo la voluntad de su señor, no prepara las cosas ni cumple lo mandado, recibirá un castigo severo; 48 pero aquel que sin saberlo, cometa acciones dignas de castigo, será castigado con menos severidad.
A quien mucho se le dio mucho se le pedirá; a quien mucho se le confió mucho más se le exigirá.

La alternativa de Jesús

(Mt 10,34-36)

49 Vine a traer fuego a la tierra, y, ¡cómo desearía que ya estuviera ardiendo!
50 Tengo que pasar por un bautismo, y que angustia siento hasta que esto se haya cumplido.
51 ¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? No he venido a traer la paz sino la división.
52 En adelante en una familia de cinco habrá división: tres contra dos, dos contra tres.
53 Se opondrán padre a hijo e hijo a padre, madre a hija e hija a madre, suegra a nuera y nuera a suegra. 

Las señales del tiempo

(Mt 16,2)

54 A la multitud le dijo:
–Cuando ven levantarse una nube en oriente, enseguida dicen que lloverá y así sucede. 55 Cuando sopla el viento sur, dicen que hará calor, y así sucede. 56 ¡Hipócritas! Saben interpretar el aspecto de la tierra y el cielo, ¿cómo entonces no saben interpretar el momento presente? 

Llegar a acuerdos

(Mt 5,25s)

57 ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo? 58 Cuando acudas con tu rival al juez, procura lograr un arreglo con él mientras vas de camino; no sea que te arrastre hasta el juez, el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel. 59 Te digo que no saldrás de allí hasta haber pagado el último centavo.

CAPITULO 13.

Exhortación al arrepentimiento


13  1 En aquella ocasión se presentaron algunos a informarle acerca de unos galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.
2 Él contestó:
–¿Piensan que aquellos galileos, sufrieron todo eso porque eran más pecadores que los demás galileos? 3 Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten, acabarán como ellos. 4 ¿O creen que aquellos dieciocho sobre los cuales se derrumbó la torre de Siloé y los mató, eran más culpables que el resto de los habitantes de Jerusalén? 5 Les digo que no; y si ustedes no se arrepienten acabarán como ellos.

La higuera sin higos


6 Y les propuso la siguiente parábola:
–Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.
7 Dijo al viñador:
–Hace tres años que vengo a buscar fruta en esta higuera y nunca encuentro nada. Córtala, que encima está malgastando la tierra.
8 Él le contestó:
–Señor, déjala todavía este año; cavaré alrededor, la abonaré, a ver si da fruto. 9 Si no, el año que viene la cortarás.

Sana a una mujer encorvada


10 Un sábado estaba enseñando en una sinagoga, 11 cuando se presentó una mujer que llevaba dieciocho años padeciendo de un espíritu. Andaba encorvada, sin poder enderezarse completamente.
12 Jesús, al verla, la llamó y le dijo:
–Mujer, quedas libre de tu enfermedad.
13 Le impuso las manos y al punto se enderezó y daba gloria a Dios.
14 El jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había sanado en sábado, intervino para decir a la gente:
–Hay seis días en que se debe trabajar: Vengan a hacerse sanar esos días y no en sábado.
15 El Señor le respondió:
–¡Hipócritas! Cualquiera de ustedes, aunque sea sábado, ¿no suelta al buey o al asno del pesebre para llevarlo a beber? 16 Y a esta hija de Abrahán, a quién Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarle las ataduras en sábado?
17 Cuando decía esto, sus adversarios se sentían confundidos, mientras que la gente se alegraba de las maravillas que realizaba.

Parábolas de la semilla de mostaza y la levadura

(Mt 13,31s; Mc 4,30-32)

18 Les decía:
–¿A qué se parece el reino de Dios? ¿A qué lo compararé?
19 Se parece a una semilla de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; crece, se hace un arbusto y las aves anidan en sus ramas.

(Mt 13,33)

20 Añadió:
–¿A qué compararé el reino de Dios?
21 Se parece a la levadura que una mujer toma y mezcla con tres medidas de masa, hasta que todo fermenta.

La puerta estrecha

(Mt 7,13s.21-23; 8,11s)

22 Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos mientras se dirigía a Jerusalén. 23 Uno le preguntó:
–Señor, ¿son pocos los que se salvan?
Les contestó:
24 –Procuren entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. 25 Apenas se levante el dueño de casa y cierre la puerta, ustedes desde afuera se pondrán a golpear diciendo: Señor, ábrenos. Él les contestará: No sé de dónde son ustedes. 26 Entonces dirán: Hemos comido y bebido contigo, en nuestras calles enseñaste. 27 Él responderá: les digo que no sé de dónde son ustedes. Apártense de mí, malhechores. 28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando vean a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras ustedes sean expulsados. 29 Vendrán de oriente y occidente, del norte y el sur, y se sentarán a la mesa en el reino del Señor. 30 Porque, hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

Lamentación por Jerusalén

(Mt 23,37-39)

31 En aquel momento se acercaron unos fariseos a decirle:
–Sal y retírate de aquí, porque Herodes intenta matarte.
32 Jesús les contestó:
–Vayan a decir a ese zorro: mira, hoy y mañana expulso demonios y realizo sanaciones; pasado mañana terminaré. 33 Con todo, hoy y mañana y pasado tengo que seguir mi viaje, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén. 34 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los enviados, cuántas veces quise reunir a tus hijos como la gallina reúne a los pollitos bajo sus alas; y tú no quisiste! 35 Por eso, la casa de ustedes quedará desierta. Les digo que no me verán hasta [el momento] en que digan: Bendito el que viene en nombre del Señor.

CAPITULO 14.

Sanación de un hidrópico


14  1 Un sábado que entró a comer en casa de un jefe de fariseos, ellos lo vigilaban. 2 Se le puso delante un hidrópico. 3 Jesús tomó la palabra y preguntó a los doctores de la ley y fariseos:
–¿Está permitido sanar en sábado o no?
4 Ellos callaron.
Jesús tomó al enfermo, lo sanó y lo despidió. 5 Después les dijo:
–Supongamos que a uno de ustedes se le cae un hijo o un buey a un pozo: ¿acaso no lo sacará enseguida, por más que sea sábado?
6 Y ellos no supieron qué responderle.

Los primeros puestos


7 Observando cómo elegían los puestos de honor, dijo a los invitados la siguiente parábola:
8 –Cuando alguien te invite a una boda, no ocupes el primer puesto; no sea que haya otro invitado más importante que tú 9 y el que los invitó a los dos vaya a decirte que le cedas el puesto al otro. Entonces, lleno de vergüenza, tendrás que ocupar el último puesto. 10 Cuando te inviten, ve y ocupa el último puesto. Así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, acércate más. Y quedarás honrado en presencia de todos los invitados. 11 Porque quien se engrandece será humillado, y quien se humilla será engrandecido.
12 Al que lo había invitado le dijo:
–Cuando ofrezcas una comida o una cena, no invites a tus amigos o hermanos o parientes o a los vecinos ricos; porque ellos a su vez te invitarán y quedarás pagado. 13 Cuando des un banquete, invita a pobres, mancos, cojos y ciegos. 14 Dichoso tú, porque ellos no pueden pagarte; pero te pagarán cuando resuciten los justos.

Parábola de los invitados al banquete

(Mt 22,1-10)

15 Uno de los invitados, al oírlo, dijo:
–¡Dichoso el que se siente al banquete del reino de Dios!
16 Jesús le contestó:
–Un hombre daba un gran banquete, al que invitó a muchos. 17 Hacia la hora del banquete envió a su sirviente a decir a los invitados: Vengan, ya todo está preparado. 18 Pero todos, uno tras otro se fueron disculpando.
El primero dijo: He comprado un terreno y tengo que ir a examinarlo; te ruego me disculpes.
19 El segundo dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego me disculpes.
20 El tercero dijo: Me acabo de casar y no puedo ir.
21 El sirviente volvió a informar al dueño de casa.
Éste, irritado, dijo al sirviente: Sal rápido a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a pobres, mancos, ciegos y cojos.
22 Regresó el sirviente y le dijo: Señor, se ha hecho lo que ordenabas y todavía sobra lugar.
23 El señor dijo al sirviente: Ve a los caminos y veredas y oblígalos a entrar hasta que se llene la casa. 24 Porque les digo que ninguno de aquellos invitados probará mi banquete.

El discípulo

(Mt 10,37s)

25 Le seguía una gran multitud. Él se volvió y les dijo:
26 –Si alguien viene a mí y no me ama más que a su padre y su madre, a su mujer y sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo.
28 Si uno de ustedes pretende construir una torre, ¿no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? 29 No suceda que, habiendo echado los cimientos y no pudiendo completarla, todos los que miran se pongan a burlarse de él 30 diciendo: éste empezó a construir y no puede concluir.
31 Si un rey va a enfrentarse en batalla contra otro, ¿no se sienta primero a deliberar si podrá resistir con diez mil al que viene a atacarlo con veinte mil?
32 Si no puede, cuando el otro todavía está lejos, le envía una delegación a pedir la paz.
33 Lo mismo cualquiera de ustedes: quien no renuncie a sus bienes no puede ser mi discípulo.

(Mt 5,13; Mc 9,50)

34 Buena es la sal; pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? 35 Ya no sirve ni para el campo ni para abono; hay que tirarla. El que tenga oídos para oír que escuche.

CAPITULO 15.

La oveja perdida

(Mt 18,12-14)

15  1 Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a escuchar.
2 Los fariseos y los doctores murmuraban:
–Éste recibe a pecadores y come con ellos.
3 Él les contestó con la siguiente parábola:
4 –Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va a buscar la extraviada hasta encontrarla? 5 Al encontrarla, se la echa a los hombros contento, 6 se va a casa, llama a amigos y vecinos y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la oveja perdida.
7 Les digo que, de la misma manera habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepienta que por noventa y nueve justos que no necesiten arrepentirse.

La moneda perdida


8 Si una mujer tiene diez monedas y pierde una, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca con mucho cuidado hasta encontrarla? 9 Al encontrarla, llama a las amigas y vecinas y les dice: Alégrense conmigo, porque encontré la moneda perdida.
10 Les digo que lo mismo se alegrarán los ángeles de Dios por un pecador que se arrepienta.

El hijo pródigo


11 Añadió:
–Un hombre tenía dos hijos. 12 El menor dijo al padre: Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde. Él les repartió los bienes.
13 A los pocos días el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo una vida desordenada. 14 Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad. 15 Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a cuidar cerdos. 16 Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. 17 Entonces recapacitando pensó: A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre. 18 Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido; 19 ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros.
20 Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó.
21 El hijo le dijo:
–Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo.
22 Pero el padre dijo a sus sirvientes:
–Enseguida, traigan el mejor vestido y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. 23 Traigan el ternero engordado y mátenlo. Celebremos un banquete. 24 Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. Y empezaron la fiesta.
25 El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas 26 y llamó a uno de los sirvientes para informarse de lo que pasaba.
27 Le contestó:
–Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo.
28 Irritado, se negaba a entrar.
Su padre salió a rogarle que entrara. 
29 Pero él le respondió:
–Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. 30 Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero engordado.
31 Le contestó:
–Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. 32 Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado.

CAPITULO 16.

Parábola del administrador


16  1 A los discípulos les decía:
–Un hombre rico tenía un administrador. Le llegaron quejas de que estaba derrochando sus bienes. 2 Lo llamó y le dijo:
–¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuentas de tu administración, porque ya no podrás seguir en tu puesto.
3 El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el dueño me quita mi puesto? Para cavar no tengo fuerzas, pedir limosna me da vergüenza. 4 Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me despidan, alguno me reciba en su casa.
5 Fue llamando uno por uno a los deudores de su señor y dijo al primero:
–¿Cuánto debes a mi señor?
6 Contestó:
–Cien barriles de aceite.
Le dijo:
–Toma el recibo, siéntate enseguida y escribe cincuenta.
7 Al segundo le dijo:
–Y tú, ¿cuánto debes? 
Contestó:
–Cuatrocientos quintales de trigo.
Le dice:
–Toma tu recibo y escribe trescientos.
8 El dueño alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado.
Porque los hijos de este mundo son más astutos con sus semejantes que los hijos de la luz.

El uso del dinero


9 Y yo les digo que con el dinero sucio se ganen amigos, de modo que, cuando se acabe, ellos los reciban en la morada eterna.
10 El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho.
11 Si con el dinero sucio no han sido de confianza, ¿quién les confiará el legítimo?
12 Si con lo ajeno no han sido de confianza, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?
13 Un empleado no puede estar al servicio de dos señores: porque odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No pueden estar al servicio de Dios y del dinero.

La Ley y la Buena Noticia

14 Los fariseos, que eran muy amigos del dinero, oían todo esto y se burlaban de él.
15 Él les dijo:
–Ustedes pasan por justos ante los hombres, pero Dios los conoce por dentro. Porque lo que los hombres tienen por grande Dios lo aborrece.
16 La ley y los profetas duraron hasta Juan. A partir de entonces se anuncia la Buena Noticia del reino de Dios y todos tienen que esforzarse para entrar en él.
17 Es más fácil que el cielo y tierra dejen de existir que deje de cumplirse una sola letra de la ley.
18 Quien se divorcia de su mujer y se casa con otra comete adulterio; quien se casa con una mujer divorciada comete adulterio.

El rico y Lázaro


19 Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y todos los días hacía espléndidos banquetes.
20 Echado a la puerta del rico había un pobre cubierto de llagas llamado Lázaro, 21 que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle las heridas.
22 Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahán. Murió también el rico y lo sepultaron.
23 Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Abrahán y a Lázaro a su lado.
24 Lo llamó y le dijo:
–Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas.
25 Respondió Abrahán:
–Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro por su parte desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado. 26 Además, entre ustedes y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta ustedes ni pasar desde allí hasta nosotros.
27 Insistió el rico:
–Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre, 28 donde tengo cinco hermanos; que les advierta no sea que también ellos vengan a parar a este lugar de tormentos.
29 Le dice Abrahán:
–Tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen.
30 Respondió: 
–No, padre Abrahán; si un muerto los visita, se arrepentirán.
31 Le dijo:
–Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso.

CAPITULO 17.

Instrucciones a los discípulos
(Mt 18,6s.21s; Mc 9,42)

17  1 A sus discípulos les dijo:
–Es inevitable que haya escándalos; pero, ¡ay del que los provoca! 2 Más le valdría que le ataran en el cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
3 Estén en guardia: si tu hermano peca, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo. 4 Si siete veces al día te ofende y siete veces vuelve a ti diciendo que se arrepiente, perdónalo.
5 Los apóstoles dijeron al Señor:
–Auméntanos la fe.
6 El Señor dijo:
–Si tuvieran fe como una semilla de mostaza, dirían a [esta] morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar, y les obedecería.

El deber del discípulo


7 Supongamos que uno de ustedes tiene un sirviente arando o cuidando los animales, cuando éste vuelva del campo, ¿le dirá que pase en seguida y se ponga a la mesa? 8 No le dirá más bien: prepárame de comer, ponte el delantal y sírveme mientras como y bebo, después comerás y beberás tú. 9 ¿Tendrá aquel señor que agradecer al sirviente que haya hecho lo mandado? 10 Así también ustedes: cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: Somos simples sirvientes, solamente hemos cumplido nuestro deber.

Sanación de diez leprosos


11 Yendo él de camino hacia Jerusalén, atravesaba Galilea y Samaría. 12 Al entrar en un pueblo, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon a cierta distancia 13 y alzando la voz, dijeron:
–Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros.
14 Al verlos, les dijo:
–Vayan a presentarse a los sacerdotes.
Mientras iban, quedaron sanos.
15 Uno de ellos, viéndose sano, volvió glorificando a Dios en voz alta, 16 y cayó a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Era samaritano.
17 Jesús tomó la palabra y dijo:
–¿No recobraron la salud los diez? 18 ¿Ninguno volvió a dar gloria a Dios, sino este extranjero?
19 Y le dijo:
–Ponte de pié y vete, tu fe te ha salvado.

La llegada del reino de Dios

(Mt 24,23-28.37-41)

20 Los fariseos le preguntaron cuándo iba a llegar el reino de Dios y él les respondió:
–La llegada del reino de Dios no está sujeta a cálculos; 21 ni dirán: míralo aquí, míralo allí. Pues está entre ustedes.
22 Después dijo a los discípulos:
–Llegarán días en que ustedes desearán ver uno de los días del Hijo del Hombre y no lo verán. 23 Si les dicen: Míralo aquí, míralo allá, no vayan ni les sigan.
24 Porque así como el relámpago brilla desde un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del Hombre [cuando llegue su día]. 25 Pero primero tiene que padecer mucho y ser rechazado por esta generación.
26 Lo que sucedió en tiempo de Noé sucederá en tiempo del Hijo del Hombre: 27 comían, bebían, se casaban, hasta que Noé entró en el arca, vino el diluvio y acabó con todos.
28 O como sucedió en tiempo de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban. 29 Pero, cuando Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.
30 Así será el día en que se revele el Hijo del Hombre. 31 Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en la casa, no baje a buscarlas; lo mismo, si uno está en el campo, no vuelva atrás. 32 Acuérdense de la mujer de Lot.
33 Quien trate de conservar la vida la perderá, pero quien la pierda la conservará. 34 Les aseguro: esa noche estarán dos en una cama: a uno lo arrebatarán, al otro lo dejarán; 35 habrá dos mujeres moliendo juntas: a una la arrebatarán, a la otra la dejarán. 36 [[Estarán dos en el campo: a uno lo arrebatarán, al otro lo dejarán.]]
37 Le preguntaron:
–¿Dónde, Señor?
Jesús les contestó:
–Donde está el cadáver se reúnen los buitres.

CAPITULO 18.

Parábola del juez y la viuda


18  1 Para inculcarles que hace falta orar siempre sin cansarse, les contó una parábola:
2 –Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. 3 Había en la misma ciudad una viuda que acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi rival.
4 Por un tiempo se negó, pero más tarde se dijo: Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, 5 como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, así no seguirá molestándome.
6 El Señor añadió:
–Fíjense en lo que dice el juez injusto; 7 y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos si claman a él día y noche? ¿Los hará esperar?
8 Les digo que inmediatemante les hará justicia.
Sólo que, cuando llegue el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?

El fariseo y el recaudador de impuestos


9 Por algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, les contó esta parábola:
10 –Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, el otro recaudador de impuestos.
11 El fariseo, de pie, oraba así en voz baja:
–Oh Dios, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres, ladrones, injustos, adúlteros, o como ese recaudador de impuestos. 12 Ayuno dos veces por semana y doy la décima parte de cuanto poseo.
13 El recaudador de impuestos, de pie y a distancia, ni siquiera alzaba los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo:
–Oh Dios, ten piedad de este pecador.
14 Les digo que éste volvió a casa absuelto y el otro no. Porque quien se alaba será humillado y quien se humilla será alabado.

Bendice a unos niños

(Mt 19,13-15; Mc 10,13-16)

15 Le acercaron también unos niños para que los bendijera. Los discípulos al verlo les reprendían.
16 Pero Jesús los llamó diciendo:
–Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el reino de Dios pertenece a los que son como ellos. 17 Les aseguro que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

El joven rico

(Mt 19,16-30; Mc 10,17-31)

18 Uno de los jefes le preguntó:
–Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
19 Jesús le contestó:
–¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno fuera de Dios. 20 Conoces los mandamientos: 
no cometerás adulterio, no matarás, 
no robarás, no darás falso testimonio, 
honra a tu padre y a tu madre.
21 Le contestó:
–Todo esto lo he cumplido desde la adolescencia.
22 Al oírlo, Jesús le dijo:
–Una cosa te falta, vende cuanto tienes, repártelo a los pobres y tendrás un tesoro en [el] cielo; después sígueme.
23 Al oírlo, se puso muy triste, porque era muy rico.
24 Al verlo [ponerse muy triste,] Jesús dijo:
–Difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas. 25 Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios.
26 Los que lo oían dijeron:
–Entonces, ¿quién podrá salvarse?
27 Él contestó:
–Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.
28 Entonces Pedro dijo:
–Mira, nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido.
29 Les contestó:
–Les aseguro que nadie que haya dejado casa o mujer o hermanos o parientes o hijos por el reino de Dios 30 dejará de recibir mucho más en esta vida y en la edad futura recibirá la vida eterna.

Tercer anuncio
de la pasión y resurrección

(Mt 20,17-19; Mc 10,32-34)

31 Llevándose aparte a los Doce, les dijo:
–Miren, estamos subiendo a Jerusalén y se cumplirá en el Hijo del Hombre todo lo que escribieron los profetas: 32 será entregado a los paganos: se burlarán de él, lo insultarán, lo escupirán, 33 lo azotarán y lo matarán; y al tercer día resucitará.
34 Ellos no entendieron nada, el asunto les resultaba oscuro y no comprendían lo que decía.

El ciego de Jericó

(Mt 20,29-34; Mc 10,46-52)

35 Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. 36 Al oír que pasaba la gente, preguntó qué sucedía. 37 Le dijeron que pasaba Jesús de Nazaret. 38 Él gritó:
–¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!
39 Los que iban delante lo reprendían para que callase. Pero él gritaba más fuerte:
–Hijo de David, ten piedad de mí.
40 Jesús se detuvo y mandó que se lo acercasen. Cuando lo tuvo cerca, le preguntó:
41 –¿Qué quieres que te haga?
Contestó:
–Señor, que recobre la vista.
42 Jesús le dijo:
–Recobra la vista, tu fe te ha salvado.
43 Al instante recobró la vista y le seguía glorificando a Dios; y el pueblo, al verlo, alababa a Dios.

CAPITULO 19.

Jesús y Zaqueo


19  1 Entró en Jericó y atravesó la ciudad, 2 allí vivía un hombre llamado Zaqueo, jefe de recaudadores de impuestos y muy rico, 3 intentaba ver quién era Jesús; pero a causa del gentío, no lo conseguía, porque era bajo de estatura. 4 Se adelantó de una carrera y se subió a un árbol para verlo, pues iba a pasar por allí. 5 Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista y le dijo:
–Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa.
6 Bajó rápidamente y lo recibió muy contento. 7 Al verlo, murmuraban todos porque entraba a hospedarse en casa de un pecador. 8 Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor:
–Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y a quien haya defraudado le devolveré cuatro veces más.
9 Jesús le dijo:
–Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también él es hijo de Abrahán. 10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo perdido.

Parábola de los sirvientes

(Mt 25,14-30)

11 Como la gente lo escuchaba, añadió una parábola; porque estaban cerca de Jerusalén y ellos creían que el reino de Dios se iba a revelar de un momento a otro. 12 Él les dijo:
–Un hombre noble se fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver. 13 Llamó a diez sirvientes suyos, les entregó cien monedas de plata y les encargó: Háganlas producir hasta que yo vuelva.
14 Sus compatriotas, que lo odiaban, enviaron tras él una comisión encargada de decir: No queremos que ése sea nuestro rey.
15 Volvió una vez nombrado rey y llamó a los sirvientes a quienes había entregado el dinero para ver cómo había negociado cada uno.
16 Se presentó el primero y dijo: Señor, tu dinero ha producido diez veces más. 17 Le respondió: Muy bien, sirviente diligente; por haber sido fiel en lo poco, administrarás diez ciudades.
18 Se presentó el segundo y dijo: Señor, tu dinero ha producido cinco veces más. 19 Le respondió: Pues tú administrarás cinco ciudades.
20 Se presentó el tercero y dijo: Aquí tienes tu dinero, que he guardado en un pañuelo. 21 Te tenía miedo porque eres riguroso: retiras lo que no has depositado, y cosechas lo que no has sembrado.
22 Él le respondió: Por tu boca te condeno, sirviente indigno. Sabías que soy riguroso, que retiro lo que no he depositado y cosecho lo que no he sembrado. 23 ¿Por qué no pusiste mi dinero en un banco, para que, al volver yo, lo cobrara con los intereses?
24 Después ordenó a los presentes: Quítenle el dinero y dénselo al que consiguió diez veces más. 25 Le respondieron: Señor, ya tiene diez veces más. 26 Yo les digo que a quien tiene se le dará y a quien no tiene se le quitará aun lo que tiene.
27 En cuanto a esos enemigos, que no querían que fuera su rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia. 
28 Dicho esto, siguió adelante, subiendo hacia Jerusalén.

Entrada triunfal en Jerusalén

(Mt 21,1-11; Mc 11,1-11; cfr. Jn 12,12-19)

29 Cuando se acercaban a Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, envió a dos discípulos 30 diciéndoles:
–Vayan al pueblo de enfrente; al entrar, encontrarán un burrito atado, que nadie ha montado hasta ahora. Desátenlo y tráiganlo. 31 Si alguien les pregunta para qué lo desatan, díganle que el Señor lo necesita.
32 Fueron los enviados y lo encontraron como les había dicho. 33 Mientras lo desataban, los dueños les dijeron:
–¿Por qué desatan el burrito?
34 Contestaron:
–Porque el Señor lo necesita.
35 Se lo llevaron a Jesús, echaron sus mantos sobre el burrito y lo hicieron montar.
36 Mientras avanzaba, la gente alfombraba con sus mantos el camino.
37 Cuando se acercaban a la cuesta del monte de los Olivos, los discípulos en masa y llenos de alegría se pusieron a alabar en voz alta a Dios por todos los milagros que habían presenciado. 38 Y decían:
–Bendito sea el rey 
que viene en nombre del Señor. 
Paz en el cielo, gloria al Altísimo.
39 Algunos fariseos de entre la gente le dijeron:
–Maestro, reprende a tus discípulos.
40 Pero él respondió:
–Yo les digo que, si éstos callan, gritarán las piedras.

Lamentación por Jerusalén


41 Al acercarse y divisar la ciudad, dijo llorando por ella:
42 –Ojalá tú también reconocieras hoy lo que conduce a la paz. Pero eso ahora está oculto a tus ojos. 43 Te llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán y te cercarán por todas partes. 44 Te derribarán por tierra a ti y a tus hijos dentro de ti, y no te dejarán piedra sobre piedra; porque no reconociste el momento en que fuiste visitada por Dios.

Purifica el Templo

(Mt 21,12-17; Mc 11,15-19; cfr. Jn 2,13-16)

45 Después entró en el templo y se puso a echar a los mercaderes 46 diciéndoles:
–Está escrito que mi casa es casa de oración y ustedes la han convertido en cueva de asaltantes.
47 A diario enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los letrados y los jefes del pueblo intentaban matarlo; 48 pero no encontraban cómo hacerlo, porque todo el pueblo estaba pendiente de sus palabras.

CAPITULO 20.

La autoridad de Jesús

(Mt 21,23-27; Mc 11,27-33)

20  1 Un día que estaba enseñando en el templo y anunciando la Buena Noticia al pueblo, se presentaron los sumos sacerdotes y los letrados con los ancianos 2 y le dijeron:
–¿Con qué autoridad haces eso? ¿Quién te ha dado esa autoridad?
3 Jesús les respondió:
–Yo a mi vez les haré una pregunta para que me respondan. 4 El bautismo de Juan, ¿procedía del cielo o de los hombres?
5 Ellos discutían entre sí: Si decimos que del cielo, nos dirá que por qué no le creímos; 6 si decimos que de los hombres, el pueblo entero nos apedreará, porque están convencidos de que Juan era profeta. 7 Por eso le contestaron que no sabían de dónde procedía.
8 Y Jesús les replicó:
–Yo tampoco les digo con qué autoridad lo hago.

Los viñadores malvados

(Mt 21,33-46; Mc 12,1-12)

9 Al pueblo le contó la siguiente parábola:
–Un hombre plantó una viña, se la arrendó a unos viñadores y se ausentó por bastante tiempo. 10 A su debido tiempo envió un sirviente a los viñadores para que le entregasen la parte de la cosecha que le correspondía. Pero los viñadores lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. 11 Envió otro sirviente. Pero ellos lo apalearon, lo insultaron y lo despidieron con las manos vacías. 12 Envió un tercero, y ellos lo dejaron malherido. 13 Entonces dijo el dueño de la viña: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo predilecto; quizás a él lo respeten. 14 Pero los viñadores, al verlo, deliberaban entre ellos: Es el heredero; vamos a matarlo para quedarnos con la finca. 15 Lo echaron fuera de la viña y lo mataron.
Ahora bien, ¿qué hará con ellos el dueño de la viña? 16 Irá, terminará con aquellos viñadores y entregará la viña a otros.
Al oírlo, dijeron:
–¡Dios nos libre!
17 Él, mirándolos fijamente, les dijo:
–Entonces, qué significa eso que está escrito: 
La piedra
que desecharon los arquitectos 
es ahora la piedra angular. 
18 Quien tropiece con esa piedra se estrellará, a quien le caiga encima lo aplastará.
19 Los letrados y sumos sacerdotes intentaron detenerlo en aquel momento, porque habían comprendido que la parábola iba dirigida a ellos; pero temieron al pueblo.

El tributo al César

(Mt 22,15-22; Mc 12,13-17)

20 Así que ellos comenzaron a acecharlo y le enviaron unos espías, que fingían ser gente de bien, para atraparlo en sus palabras y poderlo entregar a la autoridad y jurisdicción del gobernador. 21 Le preguntaron:
–Maestro, nos consta que hablas y enseñas rectamente, que no eres parcial, sino que enseñas sinceramente el camino de Dios. 22 ¿Tenemos que pagar impuestos al César o no?
23 Adivinando su mala intención, les dijo:
24 –Muéstrenme una moneda. ¿De quién lleva la imagen y la inscripción?
Le contestan:
–Del César.
25 Y él les dijo:
–Entonces den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
26 Y no lograron atraparlo en sus palabras delante del pueblo; al contrario, admirados de la respuesta, se callaron.

Sobre la resurrección

(Mt 22,23-33; Mc 12,18-27)

27 Se acercaron entonces unos saduceos, los que niegan la resurrección, y le preguntaron:
28 –Maestro, Moisés nos ordenó que si un hombre casado muere sin hijos, su hermano se case con la viuda, para dar descendencia al hermano difunto. 29 Ahora bien, eran siete hermanos. El primero se casó y murió sin dejar hijos. 30 Lo mismo el segundo 31 y el tercero se casaron con ella; igual los siete, que murieron sin dejar hijos. 32 Después murió la mujer. 33 Cuando resuciten, ¿de quién será esposa la mujer? Porque los siete fueron maridos suyos.
34 Jesús les respondió:
–Los que viven en este mundo toman marido o mujer. 35 Pero los que sean dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no tomarán marido ni mujer; 36 porque ya no pueden morir y son como ángeles; y, habiendo resucitado, son hijos de Dios.
37 Y que los muertos resucitan lo indica también Moisés, en lo de la zarza, cuando llama al Señor Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob. 38 No es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.
39 Intervinieron algunos letrados y le dijeron:
–Maestro, qué bien has hablado.
40 Y no se atrevieron a hacerle más preguntas.

El Mesías y David

(Mt 22,41-46; Mc 12,35-37)

41 Entonces él les dijo:
–¿Cómo dicen que el Mesías es Hijo de David? 42 Porque el mismo David dice en el libro de los Salmos: 
Dijo el Señor a mi Señor: 
Siéntate a mi derecha, 
43 hasta que ponga a tus enemigos 
debajo de tus pies.
44 Si David lo llama Señor, ¿cómo puede ser su hijo?

Invectiva contra los letrados

(Mc 12,38-40)

45 En presencia de todo el pueblo dijo a [sus] discípulos:
46 –Cuídense de los letrados, que gustan de pasear con largas vestiduras, aman los saludos por la calle y los primeros puestos en sinagogas y banquetes; 47 que devoran las fortunas de las viudas con pretexto de largas oraciones. Ellos serán juzgados con mayor severidad.

CAPITULO 21.

La ofrenda de la viuda

(Mc 12,41-44)

21  1 Levantando la vista observó a unos ricos que depositaban sus donativos en el arca del templo. 2 Observó también, a una viuda pobre que ponía unas moneditas; 3 dijo:
–Les aseguro que esa pobre viuda ha puesto más que todos. 4 Porque todos ésos han depositado donativos de lo que les sobraba; pero ella en su pobreza, ha puesto cuanto tenía para vivir.

Discurso escatológico: destrucción del templo

(Mt 24,1-14; Mc 13,1-13)

5 A unos que elogiaban las hermosas piedras del templo y la belleza de su ornamentación les dijo:
6 –Llegará un día en que todo lo que ustedes contemplan será derribado sin dejar piedra sobre piedra.
7 Le preguntaron:
–Maestro, ¿cuándo sucederá eso y cuál es la señal de que está para suceder?
8 Respondió:
–¡Cuidado, no se dejen engañar! Porque muchos se presentarán en mi nombre diciendo: Yo soy; ha llegado la hora. No vayan tras ellos. 9 Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, no se asusten. Primero ha de suceder todo eso; pero el fin no llega en seguida.
10 Entonces les dijo:
–Se alzará pueblo contra pueblo, reino contra reino; 11 habrá grandes terremotos, en diversas regiones habrá hambres y pestes, y en el cielo señales grandes y terribles.
12 Pero antes de todo eso los detendrán, los perseguirán, los llevarán a las sinagogas y las cárceles, los conducirán ante reyes y magistrados a causa de mi nombre, 13 y así tendrán la oportunidad de dar testimonio de mí. 14 Háganse el propósito de no preparar su defensa; 15 yo les daré una elocuencia y una prudencia que ningún adversario podrá resistir ni refutar. 
16 Hasta sus padres y hermanos, parientes y amigos los entregarán y algunos de ustedes serán ajusticiados; 17 y todos los odiarán a causa de mi nombre. 18 Sin embargo no se perderá ni un pelo de su cabeza. 19 Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

La gran tribulación

(Mt 24,15-21; Mc 13,14-19)

20 Cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que está cercana su destrucción.
21 Entonces los que estén en Judea escapen a los montes; los que estén dentro de la ciudad salgan al campo; los que estén en el campo no vuelvan a la ciudad. 22 Porque es el día de la venganza, cuando se cumplirá todo lo que está escrito.
23 ¡Ay de las embarazadas y de las que tengan niños de pecho aquel día! Sobre el país vendrá una gran desgracia y sobre este pueblo soplará la ira de Dios. 24 Caerán a filo de espada y serán llevados prisioneros a todos los países.
Jerusalén será pisoteada por paganos, hasta que la época de los paganos se termine.

La parusía

(Mt 24,29-35; Mc 13,24-26)

25 Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas. En la tierra se angustiarán los pueblos, desconcertados por el estruendo del mar y del oleaje. 26 Los hombres desfallecerán de miedo, aguardando lo que le va a suceder al mundo; porque hasta las fuerzas del universo se tambalearán.
27 Entonces verán al Hijo del Hombre que llega en una nube con gran poder y gloria. 28 Cuando comience a suceder todo eso, enderécense y levanten la cabeza, porque ha llegado el día de su liberación.
29 Y les añadió una parábola:
–Observen la higuera y los demás árboles: 30 cuando echan brotes, se dan cuenta de que el verano está cerca. 31 Igual ustedes, cuando vean que sucede eso, sepan que se acerca el reino de Dios. 32 Les aseguro que no pasará esta generación antes de que suceda todo eso. 33 Cielo y tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.
Vigilancia y oración
34 Presten atención, no se dejen aturdir con el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que aquel día no los sorprenda de repente, 35 porque caerá como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Estén despiertos y oren incesantemente, pidiendo poder escapar de cuanto va a suceder, así podrán presentarse seguros ante el Hijo del Hombre.
37 De día enseñaba en el templo; de noche salía y se quedaba en el monte de los Olivos. 38 Y todo el pueblo madrugaba para escucharlo en el templo.

CAPITULO 22.

Complot para matar a Jesús

(Mt 26,1-5; Mc 14,1s; cfr. Jn 11,47-57)

22  1 Se acercaba la fiesta de los Ázimos, llamada Pascua. 2 Los sumos sacerdotes y los letrados buscaban una forma de terminar con él, pero temían al pueblo.
(Mt 26,14-16; Mc 14,10s)
3 Satanás entró en Judas, por sobrenombre Iscariote, uno de los Doce; 4 quien acudió a discutir con los sumos sacerdotes y los guardias un modo de entregarlo. 5 Se alegraron y se comprometieron a darle dinero. 6 Él aceptó y andaba buscando una ocasión para entregárselo, lejos de la gente.

Pascua y Eucaristía

(Mt 26,17-19; Mc 14,12-16)

7 Llegó el día de los Ázimos, cuando había que sacrificar la víctima pascual. 8 Jesús envió a Pedro y a Juan encargándoles:
–Vayan a preparar lo necesario para que celebremos la cena de Pascua.
9 Le dijeron:
–¿Dónde quieres que te la preparemos?
10 Él les respondió:
–Cuando entren en la ciudad, les saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa donde entre 11 y digan al dueño de casa: el Maestro manda preguntarte, que dónde está la sala en la que comerá la cena de Pascua con sus discípulos. 12 Él les mostrará un salón grande y amueblado en el piso superior; preparen allí lo necesario.
13 Fueron, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

(Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; 
cfr. Jn 6,51-59; 1 Cor 11,23-25)

14 Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles 15 y les dijo:
–Cuánto he deseado comer con ustedes esta Pascua antes de mi pasión. 16 Les aseguro que no volveré a comerla hasta que alcance su cumplimiento en el reino de Dios.
17 Y tomando la copa, dio gracias y dijo:
–Tomen y compártanla entre ustedes. 18 Les digo que en adelante no beberé del fruto de la vid hasta que no llegue el reino de Dios.
19 Tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo:
–Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.
20 Igualmente tomó la copa después de cenar y dijo:
–Ésta es la copa de la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes.

(Mt 26,20-25; Mc 14,17-21; cfr. Jn 13,21-30)
 
21 Pero, ¡cuidado!, que la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. 22 El Hijo del Hombre sigue el camino que se le ha fijado; pero, ¡ay de aquél que lo entrega!
23 Ellos comenzaron a preguntarse entre sí quién de ellos era el que iba a entregarlo.

Contra la ambición

(Mt 20,24-28; Mc 10,41-45)

24 Luego surgió una disputa sobre quién de ellos se consideraba el más importante.
25 Jesús les dijo:
–Los reyes de los paganos los tienen sometidos y los que imponen su autoridad se hacen llamar benefactores. 26 Ustedes no sean así; al contrario, el más importante entre ustedes compórtese como si fuera el último y el que manda como el que sirve. 27 ¿Quién es mayor? ¿El que está a la mesa o el que sirve? ¿No lo es, acaso, el que está a la mesa? Pero yo estoy en medio de ustedes como quien sirve.
28 Ustedes son los que han permanecido conmigo en las pruebas, 29 por eso les encomiendo el reino como mi Padre me lo encomendó: 30 para que coman y beban, a mi mesa, en mi reino, y se sienten en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Anuncia la negación de Pedro

(Mt 26,31-35; Mc 14,27-31; cfr. Jn 13,36-38)

31 –Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos como se hace con el trigo. 32 Pero yo he rezado por ti para que no falle tu fe. Y tú, una vez convertido, fortalece a tus hermanos. 33 Pedro le respondió:
–Señor, yo estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte.
34 Le respondió Jesús:
–Te digo, Pedro, que hoy antes que cante el gallo habrás negado tres veces que me conoces.
35 Y les dijo:
–Cuando los envié sin bolsa ni alforja ni sandalias, ¿les faltó algo?
Contestaron:
–Nada.
36 Les dijo:
–Pero ahora quien tenga bolsa lleve también alforja, quien no la tiene, venda el manto y compre una espada. 37 Les digo que se ha de cumplir en mí lo escrito: fue tenido por malhechor. Todo lo que se refiere a mí toca a su fin.
38 Le dijeron:
–Señor, aquí hay dos espadas.
Les contestó:
–Basta ya.

Oración en el huerto
(Mt 26,36-46; Mc 14,32-42)

39 Salió y se dirigió según costumbre al monte de los Olivos y le siguieron los discípulos. 40 Al llegar al lugar, les dijo:
–Oren para no caer en la tentación.
41 Se apartó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, se arrodilló y oraba:
42 –Padre, si quieres, aparta de mí esta copa. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
43 [[Se le apareció un ángel del cielo que le dio fuerzas. 44 Y, en medio de la angustia, oraba más intensamente. Le corría el sudor como gotas de sangre cayendo al suelo.]] 45 Se levantó de la oración, se acercó a sus discípulos y los encontró dormidos de tristeza; 46 y les dijo:
–¿Por qué están dormidos? Levántense y oren para no sucumbir en la tentación.

Arresto de Jesús
(Mt 26,47-56; Mc 14,43-52; cfr. Jn 18,2-12)

47 Todavía estaba hablando, cuando llegó un gentío. El llamado Judas, uno de los Doce, se les adelantó, se acercó a Jesús y le besó. 48 Jesús le dijo:
–Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?
49 Viendo lo que iba a pasar, los que estaban con él dijeron:
–Señor, ¿usamos la espada?
50 Uno de ellos dio un tajo al empleado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. 51 Jesús le dijo:
–Ya basta.
Y tocándole la oreja, lo sanó. 52 Después dijo Jesús a los sumos sacerdotes, guardias del templo y ancianos que habían venido a arrestarlo:
–¿Como si se tratara de un asaltante, han salido armados de espadas y palos? 53 Diariamente estaba con ustedes en el templo y no me detuvieron. Pero ésta es la hora de ustedes, ahora son las tinieblas las que dominan.

Negaciones de Pedro

(Mt 26,57s.69-75; Mc 14,53s.66-72; 
cfr. Jn 18,12-18.25-27)

54 Lo arrestaron, lo condujeron y lo metieron en casa del sumo sacerdote.
Pedro le seguía a distancia. 55 Habían encendido fuego en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos.
56 Una sirvienta lo vio sentado junto al fuego, lo miró fijamente y dijo:
–También éste estaba con él.
57 Pedro lo negó diciendo:
–No lo conozco, mujer.
58 Poco después otro lo vio y dijo:
–También tú eres uno de ellos.
Pedro respondió:
–No lo soy, hombre.
59 Como una hora más tarde otro insistía:
–Realmente éste estaba con él, además, también es galileo.
60 Pedro contestó:
–No sé lo que dices, hombre.
En ese momento, cuando aún estaba hablando, cantó el gallo. 61 El Señor se volvió y miró a Pedro; éste recordó lo que le había dicho el Señor: Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces. 62 Salió afuera y lloró amargamente.

Jesús ante el Consejo
(Mt 26,57-68; Mc 14,53-65; cfr. Jn 18,19-24)

63 Los que lo habían arrestado se burlaban de él y lo golpeaban. 64 Tapándole los ojos le decían:
–Adivina quién te ha pegado.
65 Y le decían otras muchas injurias.
66 Al hacerse de día se reunieron los ancianos del pueblo, los sumos sacerdotes y letrados, lo condujeron ante el Consejo 67 y le dijeron:
–Dinos si tú eres el Mesías.
Les respondió:
–Si se lo digo, no me creerán, 68 y si pregunto, no me responderán. 69 Pero en adelante el Hijo del Hombre estará sentado a la derecha de la Majestad de Dios.
70 Dijeron todos:
–Entonces, ¿eres tú el Hijo de Dios?
Contestó:
–Tienen razón: Yo soy.
71 Ellos dijeron:
–¿Qué falta nos hacen los testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca.

CAPITULO 23.

Jesús ante Pilato

(Mt 27,1.11-14; Mc 15,1-5; cfr. Jn 18,28-38)

23  1 Después se levantó toda la asamblea y, lo condujeron ante Pilato 2 y empezaron la acusación:
–Hemos encontrado a éste incitando a la rebelión a nuestra nación, oponiéndose a que paguen tributo al César y declarándose Mesías rey.
3 Pilato le preguntó:
–¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le respondió:
–Tú lo dices.
4 Pero Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud:
–No encuentro culpa alguna en este hombre.
5 Ellos insistían: Está alborotando a todo el pueblo enseñando por toda Judea; empezó en Galilea y ha llegado hasta aquí.
6 Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo; 7 y, al saber que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, que se encontraba por entonces en Jerusalén.

Jesús ante Herodes


8 Herodes se alegró mucho de ver a Jesús. Hacía tiempo que tenía ganas de verlo, por lo que oía de él, y esperaba verlo hacer algún milagro. 9 Le hizo muchas preguntas, pero él no le respondió. 10 Los sumos sacerdotes y los letrados estaban allí, insistiendo en sus acusaciones. 
11 Herodes con sus soldados lo trataron con desprecio y burlas, y echándole encima un manto espléndido, lo envió de vuelta a Pilato.
12 Aquel día Herodes y Pilato que hasta entonces habían estado enemistados, establecieron buenas relaciones.

Condenado a muerte

(Mt 27,15-26; Mc 15,6-15; cfr. Jn 18,39–19,16)

13 Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y 14 les dijo:
–Me han traído a éste acusándolo de agitar al pueblo. Miren, lo interrogué personalmente delante de ustedes y no encuentro en este hombre ninguna culpa de las que lo acusan. 15 Tampoco Herodes lo encontró culpable ya que me lo ha mandado de vuelta, como ven no ha cometido nada que merezca la muerte. 16 Le daré un castigo y lo dejaré libre.
17 [[Por la fiesta tenía que soltarles a un preso.]] 18 Pero ellos se pusieron a gritar:
–¡Que muera este hombre! Déjanos libre a Barrabás.
19 –Barrabás estaba preso por un homicidio cometido en un disturbio en la ciudad.
20 Pilato, que quería dejar libre a Jesús, les dirigió de nuevo la palabra; 21 pero ellos seguían gritando:
–¡Crucifícalo, crucifícalo!
22 Por tercera vez les habló:
–Pero, ¿qué delito ha cometido este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Le impondré un castigo y lo dejaré libre.
23 Pero ellos insistían a gritos pidiendo que lo crucificara; y el griterío se hacía cada vez más violento. 24 Entonces Pilato decretó que se hiciera lo que el pueblo pedía. 25 Dejó libre al que pedían, que estaba preso por motín y homicidio, y entregó a Jesús al capricho de ellos.

Muerte de Jesús

(Mt 27,32-56; Mc 15,21-41; cfr. Jn 19,17-30)

26 Cuando lo conducían, agarraron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevara detrás de Jesús. 27 Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres llorando y lamentándose por él. 28 Jesús se volvió y les dijo:
–Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. 29 Porque llegará un día en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, los vientres que no concibieron, los pechos que no amamantaron!
30 Entonces se pondrán a decir a los montes: Caigan sobre nosotros; y a las colinas: Sepúltennos. 31 Porque si así tratan al árbol verde, ¿qué no harán con el seco?
32 Conducían con él a otros dos malhechores para ejecutarlos. 33 Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, los crucificaron a él y a los malhechores: uno a la derecha y otro a la izquierda. 34 [[Jesús dijo:
–Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.]]
Después se repartieron su ropa sorteándola entre ellos. 35 El pueblo estaba mirando y los jefes se burlaban de él diciendo:
–Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si es el Mesías, el predilecto de Dios.
36 También los soldados se burlaban de él. Se acercaban a ofrecerle vinagre 37 y le decían:
–Si eres el rey de los judíos, sálvate.
38 Encima de él había una inscripción que decía: Éste es el rey de los judíos.
39 Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
–¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros.
40 Pero el otro lo reprendió diciendo:
–¿No tienes temor de Dios, tú, que sufres la misma pena? 41 Lo nuestro es justo, recibimos la paga de nuestros delitos; pero él, en cambio, no ha cometido ningún crimen.
42 Y añadió:
–Jesús, cuando llegues a tu reino acuérdate de mí.
43 Jesús le contestó:
–Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.
44 Era mediodía; se ocultó el sol y todo el territorio quedó en tinieblas hasta media tarde. 45 El velo del santuario se rasgó por el medio.
46 Jesús gritó con voz fuerte:
–Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu.
Dicho esto, expiró. 47 Al ver lo que sucedía, el centurión glorificó a Dios diciendo:
–Realmente este hombre era inocente.
48 Toda la multitud que se había congregado para el espectáculo, al ver lo sucedido, se volvía dándose golpes de pecho. 49 Sus conocidos se mantenían a distancia, y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea lo observaban todo.

Sepultura de Jesús

(Mt 27,57-61: Mc 15,42-47; cfr. Jn 19,38-42)

50 Había un hombre llamado José, natural de Arimatea, ciudad de Judea. Pertenecía al Consejo, era justo y honrado 51 y no había consentido en la decisión de los otros ni en su ejecución, y esperaba el reino de Dios. 52 Acudió a Pilato y le pidió el cadáver de Jesús. 53 Lo descolgó, lo envolvió en una sábana y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca, en el que todavía no habían enterrado a nadie. 54 Era el día de la preparación y estaba por comenzar el sábado. 55 Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás para observar el sepulcro y cómo habían puesto el cadáver. 56 Se volvieron, prepararon aromas y ungüentos, pero el sábado guardaron el descanso ordenado por la ley.

CAPITULO 24.

Resurrección de Jesús

(Mt 28,1-10; Mc 16,1-8; cfr. Jn 20,1-10)

24  1 El primer día de la semana, de madrugada, fueron al sepulcro llevando los perfumes preparados. 2 Encontraron corrida la piedra del sepulcro, 3 entraron, pero no encontraron el cadáver de Jesús. 4 Estaban desconcertadas por el hecho, cuando se les presentaron dos personajes con vestidos brillantes. 5 Como las mujeres, llenas de temor, miraban al suelo, ellos les dijeron:
–¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? 6 No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea: 7 El Hijo del Hombre tiene que ser entregado a los pecadores y será crucificado; y al tercer día resucitará.
8 Ellas entonces recordaron sus palabras, 9 se volvieron del sepulcro y contaron todo a los Once y a todos los demás. 10 Eran María Magdalena, Juana y María de Santiago. Ellas y las demás se lo contaron a los apóstoles. 11 Pero ellos tomaron el relato de las mujeres por una fantasía y no les creyeron. 12 Pedro, en cambio, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Se asomó y sólo vio las sábanas; así que volvió a casa extrañado por lo ocurrido.

Camino de Emaús

(cfr. Mc 16,12s)

13 Aquel mismo día, dos de ellos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, que está a unos diez kilómetros de Jerusalén. 14 En el camino conversaban sobre todo lo sucedido. 15 Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. 16 Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo. 17 Él les preguntó:
–¿De qué van conversando por el camino?
Ellos se detuvieron con rostro afligido, 18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le dijo:
–¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que desconoce lo que ha sucedido allí estos días?
19 Jesús preguntó:
–¿Qué cosa?
Le contestaron:
–Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. 20 Los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 21 ¡Nosotros esperábamos que él sería el liberador de Israel!, pero ya hace tres días que sucedió todo esto. 22 Es verdad que unas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado; ellas fueron de madrugada al sepulcro, 23 y al no encontrar el cadáver, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles asegurándoles que él está vivo. 24 También algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como habían contado las mujeres; pero a él no lo vieron.
25 Jesús les dijo:
–¡Qué duros de entendimiento!, ¡cómo  les cuesta creer lo que dijeron los profetas! 26 ¿No tenía que padecer eso el Mesías para entrar en su gloria?
27 Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que en toda la Escritura se refería a él.
28 Se acercaban al pueblo adonde se dirigían, y él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le insistieron:
–Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día se acaba.
Entró para quedarse con ellos; 30 y, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. 31 Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 32 Se dijeron uno al otro:
–¿No sentíamos arder nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura?
33 Se levantaron al instante, volvieron a Jerusalén y encontraron a los Once con los demás compañeros, 34 que afirmaban:
–Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.
35 Ellos por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Aparición a los discípulos

(cfr. Mt 28,16-20; Mc 16,14-20; Jn 20,19-23; Hch 1,7s)

36 Estaban hablando de esto, cuando se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:
–La paz esté con ustedes.
37 Espantados y temblando de miedo, pensaban que era un fantasma.
38 Pero él les dijo:
–¿Por qué se asustan tanto? ¿Por qué tantas dudas? 39 Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean, un fantasma no tiene carne y hueso, como ven que yo tengo.
40 Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 41 Era tal el gozo y el asombro que no acababan de creer, entonces les dijo:
–¿Tienen aquí algo de comer?
42 Le ofrecieron un trozo de pescado asado. 43 Lo tomó y lo comió en su presencia. 44 Después les dijo:
–Esto es lo que les decía cuando todavía estaba con ustedes: que tenía que cumplirse en mí todo lo escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
45 Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran la Escritura. 46 Y añadió:
–Así está escrito: que el Mesías tenía que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día; 47 que en su nombre se predicaría penitencia y perdón de pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalén. 48 Ustedes son testigos de todo esto. 49 Yo les enviaré lo que el Padre prometió. Por eso quédense en la ciudad hasta que sean revestidos con la fuerza que viene desde el cielo.
50 Después los condujo [fuera,] hacia Betania y, alzando las manos, los bendijo.
51 Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
52 Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén muy contentos. 53 Y pasaban el tiempo en el templo bendiciendo a Dios.