EVANGELIO DE SAN JUAN



El más puro y radical de los evangelios. También el originalísimo libro de Juan es un evangelio. Y si Evangelio es proclamar la fe en Jesús para provocar la fe del oyente, éste es el más puro y radical. Si en el Antiguo Testamento la existencia humana se decidía frente a la ley de Dios (cfr. Dt 29), en Juan ésta se decide frente a Jesús: por Él o contra Él, fe o incredulidad.

Jesús, camino que conduce al Padre. La persona de Jesús ocupa el centro del mensaje de Juan. Su estilo descriptivo es intencionadamente realista, quizás como reacción contra los que negaban la realidad humana del Hijo de Dios –docetismo–. Juan nos lleva a «ver y palpar» a su protagonista. Pero su realismo es simbólico, cargado de sentido, que la fe descubre y la contemplación asimila. El evangelista se propone desvelar el misterio de Jesús como camino para descubrir el rostro de Dios. Si en Marcos Jesús se revela como Hijo de Dios a partir del bautismo, y en Mateo y Lucas a partir de su concepción, Juan se remonta a su preexistencia en el seno de la Trinidad. Desde allí, desciende y entra en la historia humana con la misión primaria de revelar al Padre. 

El camino de Jesús. Para captar el alcance de la misión histórica del Jesús que nos presenta Juan, hay que sumergirse en el mundo simbólico de las Escrituras: luz, tinieblas, agua, vino, boda, camino, paloma, palabra. O en sus personajes: Abrahán, Moisés, Jacob-Israel, la mujer infiel de Os 2, David, la esposa del Cantar de los Cantares, mencionados explícitamente o aludidos en filigrana para quien sepa adivinarlos. Pero, por encima de todo, resuena en su evangelio el «Yo soy» del Dios del Antiguo Testamento, que Jesús se apropia reiteradamente.   
Juan utiliza sus materiales y sus recursos con libertad y dominio. Su patria es la Escritura, que hace presente en unas cuantas citas formales –lejos de la abundancia de Mateo–, en frases alusivas que se adaptan a otra situación, en un tejido sutil de símbolos apenas insinuados, como invitando a un juego de enigmas y desafíos. Sobre este trasfondo, Juan hace emerger con dramatismo la progresiva revelación del misterio de la persona de Jesús, luz y vida de los hombres, hasta su «hora» suprema en que se manifestará con toda su grandeza. Simultáneamente, junto a la adhesión de fe, titubeante a veces, de unos pocos seguidores, surge y crece en intensidad la incredulidad que provoca esta revelación. La luz y las tinieblas se ven así confrontadas hasta esa «hora», la muerte, en la que la aparente victoria de las tinieblas se desvanece ante la luz gloriosa de la resurrección. Entonces, Padre e Hijo, por medio del Espíritu, abren su intimidad a la contemplación del creyente. 

Destinatarios. La comunidad de Juan muestra conocer familiarmente el Antiguo Testamento y el judaísmo. Pero está separada de él, no por cuestiones de observancia, sino por la fe en Jesús. Es una comunidad preparada ya para caminar en la historia entre dificultades y persecuciones esperando la definitiva venida del Señor, de la que ya participa en esperanza por la experiencia mística y por la acción del Espíritu. El evangelista deja entrever a unos cristianos y cristianas que viven la presencia de Jesús en los sacramentos: el bautismo en el diálogo con Nicodemo y los símbolos del agua (3); la eucaristía en el milagro y discurso de los panes (6,1-58) y en el lavatorio de los pies –acto humilde de solidaridad ejemplar– (13,1-17); el perdón de los pecados en el don del Espíritu, después de la resurrección (20,22s). Pero los destinatarios de Juan son los hombres y las mujeres de todos los tiempos para quienes Jesús se hizo hombre a fin de revelarles el verdadero rostro de Dios. O como lo dice el mismo evangelista al final de su narración: estas señales «quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él» (20,31). 

Autor, fecha y lugar de composición. Una tradición antigua ha identificado al autor con el apóstol Juan. Hoy día es muy difícil mantener esta opinión. La mayoría de los biblistas atribuye el evangelio a un discípulo suyo de la segunda generación. Por su familiaridad con el Antiguo Testamento y el sabor semítico de su prosa, debió ser judío. En cuanto a la fecha de su composición se propone la última década del s. I; y respecto al lugar, Éfeso.

Plan del evangelio: la «hora» de Jesús. Es esta «hora» la que aglutina y estructura todo el evangelio de Juan, marcando el ritmo de la vida de Jesús como un movimiento de descenso y de retorno. 
El evangelista comienza con un prólogo (1,1-18) en que presenta a su protagonista, la Palabra eterna de Dios, que desciende a la historia humana haciéndose carne en Jesús de Nazaret con la misión de revelar a los hombres el misterio salvador de Dios. Esta «misión» es su «hora».
A este prólogo sigue la primera parte de la obra, el llamado «libro de los signos» (2–12), que describe el comienzo de la misión de Jesús. A través de siete milagros a los que el evangelista llama «signos» y otros relatos va apareciendo la novedad radical de su presencia en medio de los hombres: el vino de la nueva alianza (2,1-11); el nuevo templo de su cuerpo sacrificado (2,13-22); el nuevo renacer (3,1-21); el agua viva (4,1-42); el pan de vida (6,35); la luz del mundo (8,12), la resurrección y la vida (11,25).   
A continuación viene la segunda parte de la obra, el llamado «libro de la pasión o de la gloria» (13–21). Ante la inminencia de su «hora», provocada por la hostilidad creciente de sus enemigos, Jesús prepara el acontecimiento con el gesto de lavar los pies a sus discípulos (13,1-11), gesto preñado de significado: purificación bautismal, eucaristía, anuncio simbólico de la humillación en la pasión. Luego realiza una gran despedida a los suyos en la última cena (13,12–17,26) en la que retoma y ahonda los principales temas de su predicación. Por fin, el cumplimiento de su «hora» y el retorno al Padre a través de la pasión, muerte y resurrección (18–21).

CAPITULO 1.

Prólogo
1  1 Al principio existía la Palabra
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
2 Ella existía al principio junto a Dios.
3 Todo existió por medio de ella,
   y sin ella nada existió de cuanto existe.
4 En ella estaba la vida,
   y la vida era la luz de los hombres;
5 la luz brilló en las tinieblas,
   y las tinieblas no la comprendieron.
6 –Apareció un hombre enviado por Dios, llamado Juan, 7 que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él.
8 Él no era la luz, sino un testigo de la luz.
9 La luz verdadera 
   que ilumina a todo hombre
   estaba viniendo al mundo.
10 En el mundo estaba, 
   el mundo existió por ella,
   y el mundo no la reconoció.
11 Vino a los suyos,
   y los suyos no la recibieron.
12 Pero a los que la recibieron,
   a los que creen en ella,
   los hizo capaces de ser hijos de Dios:
13 ellos no han nacido de la sangre
   ni del deseo de la carne,
   ni del deseo del hombre, 
   sino que fueron engendrados por Dios.
14 La Palabra se hizo carne 
   y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos contemplado su gloria,
   gloria que recibe del Padre como Hijo único,
   lleno de gracia y verdad.
15 Juan grita dando testimonio de él: Éste es aquél del que yo decía: El que viene detrás de mí, es más importante que yo, porque existía antes que yo.
16 De su plenitud hemos recibido todos: 
   gracia tras gracia.
17 Porque la ley se promulgó 
   por medio de Moisés,
   pero la gracia y la verdad 
   se realizaron por Jesús el Mesías.
18 Nadie ha visto jamás a Dios; 
   el Hijo único, Dios,
   que estaba al lado del Padre. 
   Él nos lo dio a conocer.

Testimonio de Juan el Bautista
(cfr. Mt 3,1-12; Mc 1,1-8; Lc 3,1-18)

19 Éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos [le] enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle quién era. 20 Él confesó y no negó; confesó que no era el Mesías.
21 Le preguntaron:
–Entonces, ¿eres Elías?
Respondió:
–No lo soy.
–¿Eres el profeta?
Respondió:
–No.
22 Le dijeron:
–¿Quién eres? Tenemos que llevar una respuesta a quienes nos enviaron; ¿qué dices de ti?
23 Respondió:
–Yo soy la voz
del que grita en el desierto: 
Enderecen el camino del Señor, 
según dice el profeta Isaías.
24 Algunos de los enviados eran fariseos 25 y volvieron a preguntarle:
–Si no eres el Mesías ni Elías ni el profeta, ¿por qué bautizas?
26 Juan les respondió:
–Yo bautizo con agua. Entre ustedes hay alguien a quien no conocen, 27 que viene detrás de mí; y [yo] no soy digno de soltarle la correa de su sandalia.
28 Esto sucedía en Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba.

(cfr. Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21s)

29 Al día siguiente Juan vio acercarse a Jesús y dijo:
–Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 De él yo dije: Detrás de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo. 31 Yo no lo conocía, pero vine a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel.
32 Juan dio este testimonio:
–Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él. 33 Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquél sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. 34 Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.

Los primeros discípulos
(cfr. Mt 4,18-22; Mc 1,16-20; Lc 5,1-11)

35 Al día siguiente estaba Juan con dos de sus discípulos. 36 Viendo pasar a Jesús, dice:
–Ahí está el Cordero de Dios.
37 Los discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. 38 Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les dice:
–¿Qué buscan?
Respondieron:
–Rabí –que significa maestro,– ¿dónde vives?
39 Les dice:
–Vengan y vean.
Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran las cuatro de la tarde. 
40 Uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús era Andrés, hermano de Simón Pedro. 41 Andrés encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
–Hemos encontrado al Mesías –que traducido significa Cristo–.
42 Y lo condujo a Jesús. Jesús lo miró y dijo:
–Tú eres Simón, hijo de Juan; te llamarás Cefas –que significa Pedro–.
43 Al día siguiente Jesús decidió partir para Galilea, encuentra a Felipe y le dice:
–Sígueme.
44 Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe encuentra a Natanael y le dice:
–Hemos encontrado al que describen Moisés en la ley y los profetas: Jesús, hijo de José, el de Nazaret.
46 Responde Natanael:
–¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?
Le dice Felipe:
–Ven y verás.
47 Viendo Jesús acercarse a Natanael, le dice:
–Ahí tienen un israelita de verdad, sin falsedad.
48 Le pregunta Natanael:
–¿De qué me conoces?
Jesús le contestó:
–Antes de que te llamara Felipe, te vi bajo la higuera.
49 Respondió Natanael:
–Maestro, tú eres el Hijo de Dios, el rey de Israel.
50 Jesús le contestó:
–¿Crees porque te dije que te vi bajo la higuera? Cosas más grandes que éstas verás.
51 Y añadió:
–Les aseguro que verán el cielo abierto y los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre.

CAPITULO 2.

La boda de Caná

2  1 Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea; allí estaba la madre de Jesús. 2 También Jesús y sus discípulos estaban invitados a la boda. 3 Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dice:
–No tienen vino.
4 Jesús le responde:
–¿Qué quieres de mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora.
5 La madre dice a los que servían:
–Hagan lo que él les diga.
6 Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, con una capacidad de setenta a cien litros cada una. 7 Jesús les dice:
–Llenen de agua las tinajas.
Las llenaron hasta el borde. 8 Les dice:
–Ahora saquen un poco y llévenle al encargado del banquete para que lo pruebe.
Se lo llevaron. 9 Cuando el encargado del banquete probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde procedía, aunque los servidores que habían sacado el agua lo sabían, se dirige al novio 10 y le dice:
–Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los convidados están algo bebidos, saca el peor. Tú, en cambio has guardado hasta ahora el vino mejor.
11 En Caná de Galilea hizo Jesús esta primera señal, manifestó su gloria y creyeron en él los discípulos. 12 Después, bajó a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y discípulos, y se detuvo allí varios días.

Purifica el templo
(cfr. Mt 21,12-17; Mc 11,15-19; Lc 19,45-48)

13 Como se acercaba la Pascua judía, Jesús subió a Jerusalén. 14 Encontró en el recinto del templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero sentados. 15 Se hizo un látigo de cuerdas y expulsó a todos del templo, ovejas y bueyes; esparció las monedas de los que cambiaban dinero y volcó las mesas; 16 a los que vendían palomas les dijo:
–Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado.
17 Los discípulos se acordaron de aquel texto: El celo por tu casa me devora. 18 Los judíos le dijeron:
–¿Qué señal nos presentas para actuar de ese modo?
19 Jesús les contestó:
–Derriben este santuario y en tres días lo reconstruiré.
20 Los judíos dijeron:
–Cuarenta y seis años ha llevado la construcción de este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
21 Pero él se refería al santuario de su cuerpo. 22 Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos recordaron que había dicho eso y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús.
23 Estando en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en él al ver las señales que hacía. 24 Pero Jesús no se confiaba de ellos porque los conocía a todos; 25 no necesitaba informes de nadie, porque él sabía lo que hay en el interior del hombre.

CAPITULO 3.

Jesús y Nicodemo

3  1 Había un hombre del partido fariseo, llamado Nicodemo, una autoridad entre los judíos. 2 Fue a visitarlo de noche y le dijo:
–Maestro, sabemos que vienes de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él.
3 Jesús le respondió:
–Te aseguro que, si uno no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
4 Le responde Nicodemo:
–¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Podrá entrar de nuevo en el vientre materno para nacer?
5 Le contestó Jesús:
–Te aseguro que, si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 De la carne nace carne, del Espíritu nace espíritu. 7 No te extrañes si te he dicho que hay que nacer de nuevo. 8 El viento sopla hacia donde quiere: oyes su rumor, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así sucede con el que ha nacido del Espíritu.
9 Le respondió Nicodemo:
–¿Cómo puede suceder esto?
10 Jesús le respondió:
–Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? 11 Te lo aseguro: nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12 Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? 13 Nadie ha subido al cielo si no es el que bajó del cielo: el Hijo del Hombre. 14 Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre, 15 para que quien crea en él tenga vida eterna. 16 Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. 18 El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios. 19 El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Y es que sus acciones eran malas. 20 Quien obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para que no delate sus acciones. 21 En cambio el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz para que se vea claramente que todo lo hace de acuerdo con la voluntad de Dios.

Jesús y Juan el Bautista

22 Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a Judea; allí se quedó con ellos y se puso a bautizar. 23 También Juan bautizaba, en Ainón, cerca de Salín, donde había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba. 24 Todavía no habían metido a Juan en la cárcel. 25 Surgió una discusión de los discípulos de Juan con un judío a propósito de las purificaciones. 26 Buscaron a Juan y le dijeron:
–Maestro, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, del que diste testimonio, está bautizando, y todo el mundo acude a él.
27 Respondió Juan:
–No puede un hombre recibir nada si no se lo concede del cielo. 28 Ustedes son testigos de que dije: Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado por delante de él. 29 Quien se lleva a la novia es el novio. El amigo del novio que está escuchando se alegra de oír la voz del novio. Por eso mi gozo es perfecto. 30 Él debe crecer y yo disminuir.

Enviado de Dios

31 Quien viene de arriba está por encima de todos. Quien viene de la tierra es terreno y habla de cosas terrenas. Quien viene del cielo [está por encima de todos]. 32 Él atestigua lo que ha visto y oído, y nadie acepta su testimonio. 33 Quien acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. 34 El enviado de Dios habla de las cosas divinas, porque Dios le da el Espíritu sin medida. 35 El Padre ama al Hijo y todo lo pone en sus manos. 36 Quien cree en el Hijo tiene vida eterna. Quien no cree al Hijo, no verá la vida, porque lleva encima la ira de Dios.

CAPITULO 4.

Jesús y la samaritana

4  1 Los fariseos se enteraron de que Jesús tenía más discípulos y bautizaba más que Juan; 2 si bien eran sus discípulos los que bautizaban, no él personalmente. Cuando Jesús lo supo, 3 abandonó Judea y se dirigió de nuevo a Galilea. 4 Tenía que atravesar Samaría. 5 Llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. 6 Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó tranquilamente junto al pozo. Era mediodía. 7 Una mujer de Samaría llegó a sacar agua.
Jesús le dice:
–Dame de beber.
8 Los discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. 9 Le responde la samaritana:
–¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Los judíos no se tratan con los samaritanos. 10 Jesús le contestó:
–Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.
11 Le dice [la mujer]:
–Señor, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo, ¿dónde vas a conseguir agua viva? 12 ¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebían él, sus hijos y sus rebaños?
13 Le contestó Jesús:
–El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; 14 quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna.
15 Le dice la mujer:
–Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed y no tenga que venir acá a sacarla.
16 Le dice:
–Ve, llama a tu marido y vuelve acá.
17 Le contestó la mujer:
–No tengo marido.
Le dice Jesús:
–Tienes razón al decir que no tienes marido; 18 porque has tenido cinco hombres, y el que tienes ahora tampoco es tu marido. En eso has dicho la verdad.
19 Le dice la mujer:
–Señor, veo que eres profeta. 20 Nuestros padres daban culto en este monte; ustedes en cambio dicen que es en Jerusalén donde hay que dar culto.
21 Le dice Jesús:
–Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén se dará culto al Padre. 22 Ustedes dan culto a lo que no conocen, nosotros damos culto a lo que conocemos; porque la salvación procede de los judíos. 23 Pero llega la hora, ya ha llegado, en que los que dan culto auténtico adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque esos son los adoradores que busca el Padre. 24 Dios es Espíritu y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad.
25 Le dice la mujer:
–Sé que vendrá el Mesías –es decir, Cristo–. Cuando él venga, nos lo explicará todo.
26 Jesús le dice:
–Yo soy, el que habla contigo.
27 En esto llegaron sus discípulos y se maravillaron de verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó qué buscaba o por qué hablaba con ella. 28 La mujer dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a los vecinos:
29 –Vengan a ver un hombre que me ha contado todo lo que yo hice: ¿no será el Mesías?
30 Ellos salieron del pueblo y acudieron a él. 31 Entretanto los discípulos le rogaban:
–Come Maestro.
32 Él les dijo:
–Yo tengo un alimento que ustedes no conocen.
33 Los discípulos comentaban:
–¿Le habrá traído alguien de comer?
34 Jesús les dice:
–Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y concluir su obra. 35 ¿No dicen ustedes que faltan cuatro meses para la cosecha? Pero yo les digo: levanten los ojos y observen los campos que ya están madurando para la cosecha. 36 El segador ya está recibiendo su salario y cosechando fruto para la vida eterna; así lo celebran sembrador y segador. 37 De ese modo se cumple el refrán: uno siembra y otro cosecha. 38 Yo los he enviado a cosechar donde no han trabajado. Otros han trabajado y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos.
39 En aquel pueblo muchos creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: Me ha dicho todo lo que hice. 40 Los samaritanos acudieron a él y le rogaban que se quedara con ellos. Se quedó allí dos días, 41 y muchos más creyeron en él, a causa de su palabra; 42 y le decían a la mujer:
–Ya no creemos por lo que nos has contado, porque nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es realmente el salvador del mundo.
43 Pasados los dos días se trasladó de allí a Galilea. 44 Jesús mismo había declarado que un profeta no recibe honores en su patria. 45 Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien porque habían visto todo lo que hizo en Jerusalén durante las fiestas; ya que también ellos habían estado allá.

Sana al hijo del funcionario
(cfr. Mt 8,5-13; Lc 7,1-10)

46 Fue de nuevo a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún. 47 Al oír que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a visitarlo y le suplicaba que bajase a sanar a su hijo moribundo. 48 Jesús le dijo:
–Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen.
49 Le dice el funcionario real:
–Señor, baja antes de que muera mi muchacho.
50 Jesús le dice:
–Regresa tranquilo, que tu hijo sigue vivo.
El hombre creyó lo que le decía Jesús y se puso en camino. 51 Iba ya bajando, cuando sus sirvientes le salieron al encuentro para anunciarle que su muchacho estaba sano. 52 Les preguntó a qué hora se había puesto bien, y le dijeron que el día anterior a la una se le había pasado la fiebre. 53 Comprobó el padre que era la hora en que Jesús le había dicho que su hijo seguía vivo. Y creyó en él con toda su familia. 54 Ésta fue la segunda señal que hizo Jesús cuando se trasladó de Judea a Galilea.

CAPITULO 5.

Sana al enfermo de la piscina
(cfr. Mt 9,1-8; Mc 2,1-12; Lc 5,17-26)

5  1 Pasado algún tiempo, celebraban los judíos una fiesta, y Jesús subió a Jerusalén. 2 Hay en Jerusalén, junto a la puerta de los Rebaños, una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. 3 Yacía en ellos una multitud de enfermos, ciegos, cojos y lisiados, que aguardaban a que se removiese el agua. 4 [[De vez en cuando bajaba el ángel del Señor a la piscina y agitaba el agua, y el primero que se metía apenas agitada el agua, se sanaba de cualquier enfermedad que padeciese.]] 5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 6 Jesús lo vio acostado y, sabiendo que llevaba así mucho tiempo, le dice:
–¿Quieres sanarte?
7 Le contestó el enfermo:
–Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando yo voy, otro se ha metido antes.
8 Le dice Jesús:
–Levántate, toma tu camilla y camina.
9 Al instante aquel hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar. Pero aquel día era sábado; 10 por lo cual los judíos dijeron al que se había sanado:
–Hoy es sábado, no puedes transportar tu camilla.
11 Les contestó:
–El que me sanó me dijo que tomara mi camilla y caminara.
12 Le preguntaron:
–¿Quién te dijo que la tomaras y caminaras?
13 Pero el hombre sanado lo ignoraba, porque Jesús se había retirado de aquel lugar tan concurrido.
14 Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
–Mira que has sanado. No vuelvas a pecar, no te vaya a suceder algo peor.
15 El hombre fue y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. 16 Por ese motivo perseguían los judíos a Jesús, por hacer tales cosas en sábado. 17 Pero [Jesús] les dijo:
–Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo.
18 Por eso los judíos tenían aún más deseos de matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino además llamaba Padre suyo a Dios, igualándose a Él.

Autoridad de Jesús

19 Jesús tomó la palabra y les dijo:
–Les aseguro:
El Hijo no hace nada por su cuenta
  si no se lo ve hacer al Padre.
Lo que aquél hace lo hace igualmente el Hijo.
20 Porque el Padre ama al Hijo
  y le muestra todo lo que hace;
  y le mostrará obras más grandes aún
  para que ustedes queden maravillados.
21 Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida,
  del mismo modo el Hijo da vida a los que él quiere.
22 El Padre no juzga a nadie
  sino que encomienda al Hijo la tarea de juzgar,
23 para que todos honren al Hijo
  como honran al Padre.
Quien no honra al Hijo
  no honra al Padre que lo envió.
24 Les aseguro que quien oye mi palabra
  y cree en aquel que me ha enviado
  tiene vida eterna y no es sometido a juicio,
  sino que ha pasado de la muerte a la vida.
25 Les aseguro que se acerca la hora, ya ha llegado,
  en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios,
  y los que la oigan vivirán.
26 Así como el Padre posee vida en sí,
  del mismo modo hace que el Hijo posea vida en sí;
27 y, puesto que es el Hijo del Hombre,
  le ha confiado el poder de juzgar.
28 No se extrañen de esto:
  llega la hora en que todos los que están en el sepulcro oirán su voz:
29 los que hicieron el bien resucitarán para vivir,
  los que hicieron el mal resucitarán para ser juzgados.
30 Yo no puedo hacer nada por mi cuenta;
  juzgo por lo que oigo, y mi sentencia es justa,
  porque no pretendo hacer mi voluntad,
  sino la voluntad del que me envió.

El testimonio de Jesús

31 Si yo diera testimonio de mí mismo,
  mi testimonio no sería válido.
32 Otro atestigua a mi favor,
  y yo sé que su testimonio a mi favor es verdadero.
33 Ustedes enviaron una delegación a Juan
  y él dio testimonio de la verdad.
34 Y, aunque yo no me apoyo en testimonio humano,
  digo esto para la salvación de ustedes.
35 Él era una lámpara que ardía y alumbraba,
  y ustedes quisieron disfrutar un rato de su luz.
36 Yo tengo un testimonio más valioso que el de Juan:
  las obras que mi Padre me encargó hacer y que yo hago
  atestiguan de mí que el Padre me ha enviado.
37 También el Padre que me envió da testimonio de mí.
Ustedes nunca han escuchado su voz, ni han visto su rostro,
38 y su palabra no permanece en ustedes,
  porque al que él envió no le creen.
39 Estudian la Escritura pensando que encierra vida eterna,
  porque ella da testimonio de mí;
40 pero ustedes no quieren venir a mí para tener vida.
41 Yo no recibo honores de los hombres;
42 además yo sé que ustedes no poseen el amor de Dios.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me reciben;
  si otro viniera en nombre propio, lo recibirían.
44 ¿Cómo pueden creer,
  si viven pendientes del honor que se dan unos a otros,
  en lugar de buscar el honor que sólo viene de Dios?
45 No piensen que seré yo el que los acuse ante el Padre;
  los acusará Moisés, en quien confían.
46 Porque si creyeran a Moisés, también creerían en mí,
  ya que él escribió acerca de mí.
47 Y si no creen lo que él escribió,
  ¿cómo creerán en mis palabras?

CAPITULO 6.

Da de comer a cinco mil
(cfr. Mt 14,13-22; Mc 6,30-45; Lc 9,10-17)

6  1 Después de esto pasó Jesús a la otra orilla del lago de Galilea –el Tiberíades–. 2 Le seguía un gran gentío, porque veían las señales que hacía con los enfermos. 3 Jesús se retiró a un monte y allí se sentó con sus discípulos. 4 Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Levantando la vista y viendo el gentío que acudía a él, Jesús dice a Felipe:
–¿Dónde compraremos pan para darles de comer? 6 Lo decía para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. 
7 Felipe le contestó:
–Doscientas monedas de pan no bastarían para que a cada uno le tocase un pedazo.
8 Uno de los discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dice:
9 –Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es eso para tantos?
10 Jesús dijo:
–Hagan que la gente se siente.
Había hierba abundante en el lugar. Se sentaron. Los hombres eran cinco mil. 11 Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias y los repartió a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados: dándoles todo lo que quisieron. 12 Cuando quedaron satisfechos, dice Jesús a los discípulos:
–Recojan las sobras para que no se desaproveche nada.
13 Las recogieron y, con los trozos de los cinco panes de cebada que habían sobrado a los comensales, llenaron doce canastas. 14 Cuando la gente vio la señal que había hecho, dijeron:
–Éste es el profeta que había de venir al mundo.
15 Jesús, conociendo que pensaban venir para llevárselo y proclamarlo rey, se retiró de nuevo al monte, él solo.

Camina sobre el agua
(cfr. Mt 14,23-33; Mc 6,46-52)

16 Al atardecer los discípulos bajaron hasta el lago. 17 Subieron a la barca y atravesaron el lago hacia Cafarnaún. Había oscurecido y Jesús no los había alcanzado aún. 18 Soplaba un fuerte viento y el lago se encrespaba. 19 Cuando habían remado unos cinco o seis kilómetros, ven a Jesús que se acercaba al barco caminando sobre el agua, y se asustaron. 20 Él les dice:
–Yo soy, no teman.
21 Quisieron subirlo a bordo, y enseguida la barca tocó tierra, en el lugar al que se dirigían.
El pan de vida
22 A la mañana siguiente la gente que se había quedado en la otra orilla vio que allí no había más que un bote, siendo así que los discípulos se habían ido solos y Jesús no se había ido con ellos. 23 Desde Tiberíades llegaron otras barcas y atracaron cerca del lugar donde el Señor dio gracias y ellos comieron el pan. 24 Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron en los botes y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. 25 Lo encontraron a la otra orilla del lago y le preguntaron:
–Maestro, ¿cuándo llegaste aquí?
26 Jesús les respondió:
–Les aseguro que no me buscan por las señales que han visto, sino porque se han hartado de pan. 27 Trabajen no por un alimento que perece, sino por un alimento que dura y da vida eterna; el que les dará el Hijo del Hombre. En él Dios Padre ha puesto su sello.
28 Le preguntaron:
–¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?
29 Jesús les contestó:
–La obra de Dios consiste en que ustedes crean en aquél que Él envió.
30 Le dijeron:
–¿Qué señal haces para que veamos y creamos? ¿En qué trabajas? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito:
Les dio a comer pan del cielo.
32 Les respondió Jesús:
–Les aseguro, no fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. 33 El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
34 Le dijeron:
–Señor, danos siempre de ese pan.
35 Jesús les contestó:
–Yo soy el pan de la vida: el que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed. 36 Pero ya les he dicho: ustedes [me] han visto y sin embargo no creen. 37 Los que el Padre me ha confiado vendrán a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera; 38 porque no bajé del cielo para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39 Y ésta es la voluntad del que me envió, que no pierda a ninguno de los que me confió, sino que los resucite [en] el último día. 40 Porque ésta es la voluntad de mi Padre, que todo el que contempla al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré [en] el último día.
El que está junto al Padre
41 Los judíos murmuraban porque había dicho que era el pan bajado del cielo; 42 y decían:
–¿No es éste Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice que ha bajado del cielo?
43 Jesús les dijo:
–No murmuren entre ustedes. 44 Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré el último día. 45 Los profetas han escrito que todos serán discípulos de Dios. Quien escucha al Padre y aprende vendrá a mí. 46 No es que alguien haya visto al Padre, sino el que está junto al Padre; ése ha visto al Padre. 47 Les aseguro que quien cree tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de la vida. 49 Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron. 50 Éste es el pan que baja del cielo, para que quien coma de él no muera. 

(cfr. Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,14-20; 1 Cor 11,23-25)

51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne.
52 Los judíos se pusieron a discutir:
–¿Cómo puede éste darnos de comer [su] carne?
53 Les contestó Jesús:
–Les aseguro que si no comen la carne y beben la sangre del Hijo del Hombre, no tendrán vida en ustedes. 54 Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. 55 Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. 56 Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57 Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. 58 Éste es el pan bajado del cielo y no es como el que comieron sus padres, y murieron. Quien come este pan vivirá siempre.
59 Esto dijo enseñando en la sinagoga de Cafarnaún.

Quejas de los discípulos

60 Muchos de los discípulos que lo oyeron comentaban:
–Este discurso es bien duro: ¿quién podrá escucharlo?
61 Jesús, conociendo por dentro que los discípulos murmuraban, les dijo:
–¿Esto los escandaliza? 62 ¿Qué será cuando vean al Hijo del Hombre subir a donde estaba antes? 63 El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida. 64 Pero hay algunos de ustedes que no creen. Desde el comienzo sabía Jesús quiénes no creían y quién lo iba a traicionar. 65 Y añadió:
–Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede.
66 Desde entonces muchos de sus discípulos lo abandonaron y ya no andaban con él.

Palabras de vida
(cfr. Mt 16,13-20; Mc 8,27-30; Lc 9,18-21)

67 Así que Jesús dijo a los Doce:
–¿También ustedes quieren abandonarme?
68 Simón Pedro le contestó:
–Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Consagrado de Dios.
70 Jesús les respondió:
–¿No soy yo, acaso, el que los eligió a ustedes, los Doce? Sin embargo uno de ustedes es un diablo. 71 Lo decía por Judas Iscariote, uno de los Doce, que lo iba a entregar.

CAPITULO 7.

En la fiesta de las Chozas

7  1 Algún tiempo después recorría Jesús la Galilea, y no quería recorrer la Judea porque los judíos intentaban darle muerte. 2 Se acercaba la fiesta judía de las Chozas, 3 y sus hermanos le dijeron:
–Trasládate de aquí a Judea para que también tus discípulos vean las obras que realizas. 4 Porque cuando uno quiere hacerse conocer no actúa a escondidas. Ya que haces tales cosas, date a conocer al mundo.
5 Efectivamente ni sus propios parientes creían en él. 6 Jesús les dice:
–Aún no ha llegado mi hora, mientras que para ustedes cualquier tiempo es bueno. 7 El mundo no tiene por qué odiarlos a ustedes; a mí me odia porque le echo en cara que sus acciones son malas. 8 Suban ustedes a la fiesta, que yo no subo a esta fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido.
9 Después de decir esto, se quedó en Galilea.
10 Cuando ya habían subido sus parientes a la fiesta, subió también él, no en público, sino a escondidas. 11 Durante la fiesta lo buscaban los judíos y preguntaban:
–¿Dónde está ése?
12 Entre la multitud se murmuraba mucho de él. Unos decían que era bueno; otros que no, que engañaba a la gente. 13 Pero nadie hablaba en público de él por miedo a los judíos.
14 A mediados de la semana de la fiesta subió Jesús al templo a enseñar. 15 Los judíos comentaban sorprendidos:
–¿Cómo tiene ése tal cultura si no tiene instrucción?
16 Jesús les contestó:
–Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió. 17 Si uno está dispuesto a cumplir la voluntad de aquél, podrá distinguir si mi enseñanza procede de Dios o me la invento yo. 18 El que habla por cuenta propia busca su gloria; pero el que busca la gloria del que lo envió, ése dice la verdad y no procede con injusticia. 19 ¿No fue Moisés quien les dio la ley? Pero ninguno de ustedes la cumple. ¿Por qué entonces intentan matarme?
20 Respondió la gente:
–Estás endemoniado, ¿quién intenta matarte?
21 Jesús les contestó:
–Por una obra que realicé todos están maravillados. 22 Como Moisés les mandó practicar el rito de la circuncisión –no es que proceda de Moisés, sino de los patriarcas–, ustedes circuncidan al hombre aunque sea en sábado. 23 Ahora bien, si se circuncida a un hombre en sábado para no quebrantar la ley de Moisés, ¿por qué ustedes se enojan conmigo porque he sanado por completo a un hombre en sábado? 24 No juzguen según las apariencias, sino conforme a la justicia.
25 Algunos de Jerusalén comentaban:
–¿No es éste el que intentaban matar? 26 Resulta que habla públicamente y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido realmente las autoridades que éste es el Mesías? 27 Sólo que de éste sabemos de dónde viene; cuando venga el Mesías nadie sabrá de dónde viene.
28 Entonces Jesús, que enseñaba en el templo, exclamó:
–A mí me conocen y saben de dónde vengo. Yo no vengo por mi cuenta, sino que me envió el que dice la verdad. Ustedes no lo conocen; 29 yo lo conozco porque vengo de él y él me envió.
30 Intentaron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque no había llegado su hora. 31 Muchos de la gente creyeron en él, y decían:
–Cuando venga el Mesías, ¿hará más señales que éste?
Ordenan detenerlo
32 Se enteraron los fariseos de los comentarios de la gente. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos enviaron guardias para detenerlo.
33 Pero Jesús dijo:
–Poco tiempo estaré aún con ustedes; después volveré al que me envió. 34 Me buscarán y no me encontrarán, porque donde yo voy, ustedes no podrán ir.
35 Los judíos comentaban entre sí:
–¿Dónde piensa ir éste para que no lo encontremos? ¿Pensará ir a reunirse con los judíos dispersos entre los paganos, para ir a enseñarles? 36 ¿Qué significa esa frase: Me buscarán y no [me] encontrarán, porque donde yo voy, ustedes no podrán ir?

Quien tenga sed, venga a mí

37 El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó:
–Quien tenga sed venga a mí; y beba 38 quien crea en mí. Así dice la Escritura: De sus entrañas brotarán ríos de agua viva. 39 Se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él. El Espíritu todavía no había sido dado, porque Jesús aún no había sido glorificado. 40 Algunos de la gente, al oír estas palabras, decían:
–Éste es realmente el profeta.
41 Otros decían:
–Éste es el Mesías.
Otros preguntaban:
–¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? 42 ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de David?
43 La gente estaba dividida a causa de él. 44 Algunos intentaban arrestarlo, pero nadie se atrevió a hacerlo. 45 Cuando los guardias volvieron, los sumos sacerdotes y los fariseos les preguntaron:
–¿Por qué no lo han traído?
46 Ellos contestaron:
–Jamás hombre alguno habló como habla este hombre.
47 Replicaron los fariseos:
–¿También ustedes se han dejado engañar? 48 ¿Quién de los jefes o de los fariseos ha creído en él? 49 Sólo esa maldita gente, que no conoce la ley.
50 Nicodemo, uno de ellos, que había acudido a Jesús en otra ocasión, les dijo:
51 –¿Acaso nuestra ley condena a alguien sin haberlo escuchado antes para saber lo que hizo?
52 Le contestaron:
–¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.
53 [[Y cada uno se marchó por su lado.

CAPITULO 8.

Perdona a la adúltera

8  1 Jesús se dirigió al monte de los Olivos. 2 Por la mañana volvió al templo. Todo el mundo acudía a él y, sentado, los instruía. 3 Los letrados y fariseos le presentaron una mujer sorprendida en adulterio, la colocaron en el centro, 4 y le dijeron:
–Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. 5 La ley de Moisés ordena que mujeres como ésta sean apedreadas; tú, ¿qué dices?
6 Decían esto para ponerlo a prueba, para tener de qué acusarlo. Jesús se agachó y con el dedo se puso a escribir en el suelo. 7 Como insistían en sus preguntas, se incorporó y les dijo:
–El que no tenga pecado, tire la primera piedra.
8 De nuevo se agachó y seguía escribiendo en el suelo. 9 Los oyentes se fueron retirando uno a uno, empezando por los más ancianos hasta el último. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí en el centro. 10 Jesús se incorporó y le dijo:
–Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?
11 Ella contestó:
–Nadie, señor.
Jesús le dijo:
–Tampoco yo te condeno. Ve y en adelante no peques más.]]

Jesús, luz del mundo

12 De nuevo les habló Jesús:
–Yo soy la luz del mundo, quien me siga no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
13 Le dijeron los fariseos:
–Tú das testimonio a tu favor: tu testimonio no es válido.
14 Jesús les contestó:
–Aunque doy testimonio a mi favor, mi testimonio es válido, porque sé de dónde vengo y adónde voy; en cambio ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy. 15 Ustedes juzgan según criterios humanos, yo no juzgo a nadie. 16 Y si juzgase, mi juicio sería válido, porque no juzgo yo solo, sino con el Padre que me envió. 17 Y en la ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. 18 Yo soy testigo en mi causa y es testigo también el Padre que me envió.
19 Le preguntaron:
–¿Dónde está tu padre?
Jesús contestó:
–Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre. Si me conocieran a mí, conocerían a mi Padre.
20 Estas palabras las pronunció junto al lugar del tesoro, cuando enseñaba en el templo. Nadie lo detuvo, porque no había llegado su hora.

Yo me voy

21 En otra ocasión les dijo:
–Yo me voy, ustedes me buscarán y morirán en su pecado. A donde yo voy ustedes no pueden venir.
22 Comentaron los judíos:
–¿Será que se piensa matar y por eso dice que no podemos ir a donde él va?
23 Les dijo:
–Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto; ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. 24 Yo les dije que morirían por sus pecados. Si no creen que Yo soy, morirán por sus pecados.
25 Le preguntaron: 
–¿Tú quién eres?
Jesús les contestó:
–Esto es lo que les estoy diciendo desde el principio. 26 Tengo mucho que decir y juzgar de ustedes. Pero el que me envió dice la verdad, y lo que escuché de él es lo que digo al mundo.
27 No comprendieron que se refería al Padre. 28 Jesús añadió:
–Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, comprenderán que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como mi Padre me enseñó. 29 El que me envió está conmigo y no me deja solo, porque yo hago siempre lo que le agrada.
30 Por estas palabras muchos creyeron en él.

La verdad libera

31 A los judíos que habían creído en él Jesús les dijo:
–Si se mantienen fieles a mi palabra, serán realmente discípulos míos, 32 conocerán la verdad y la verdad los hará libres.
33 Le contestaron:
–Somos descendientes de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Por qué dices que seremos libres?
34 Jesús les contestó:
–Les aseguro que quien peca es esclavo; 35 y el esclavo no permanece siempre en la casa, mientras que el hijo permanece siempre. 36 Por tanto, si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. 37 Yo se que ustedes son descendientes de Abrahán; pero tratan de matarme porque no aceptan mi palabra. 38 Yo digo lo que he visto junto a mi Padre; ustedes hacen lo que han oído a su padre.

El padre de ustedes

39 Le contestaron:
–Nuestro padre es Abrahán.
Replicó Jesús:
–Si fueran hijos de Abrahán, harían las obras de Abrahán. 40 Pero ahora intentan matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Eso no lo hacía Abrahán. 41 Pero ustedes obran como su padre.
[Entonces] le responden:
–Nosotros no somos hijos bastardos; tenemos un solo padre, que es Dios.
42 Jesús les replicó:
–Si Dios fuera su padre, ustedes me amarían, porque yo vine de parte de Dios y aquí estoy. No vine por mi cuenta, sino que él me envió. 43 ¿Por qué no entienden mi lenguaje? Porque no son capaces de escuchar mi palabra. 44 El padre de ustedes es el Diablo y ustedes quieren cumplir los deseos de su padre. Él era homicida desde el principio; no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando dice mentiras, habla su lenguaje, porque es mentiroso y padre de la mentira. 45 Pero a mí no me creen, porque les digo la verdad. 46 ¿Quién de ustedes probará que tengo pecado? Si les digo la verdad, ¿por qué no me creen? 47 El que viene de Dios escucha las palabras de Dios. Por eso ustedes no escuchan, porque no son de Dios.

Antes que Abrahán

48 Le contestaron los judíos:
–¿No tenemos razón al decir que eres samaritano y estás endemoniado?
49 Jesús contestó:
–No estoy endemoniado, sino que honro a mi Padre y ustedes me deshonran a mí. 50 Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga. 51 Les aseguro que quien cumpla mi palabra no sufrirá jamás la muerte.
52 [Entonces] le dijeron los judíos:
–Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abrahán murió, lo mismo los profetas, y tú dices que quien cumpla tu palabra no sufrirá jamás la muerte. 53 ¿Por quién te tienes?
54 Contestó Jesús:
–Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, el mismo que ustedes llaman nuestro Dios, 55 aunque no lo conocen. Yo en cambio lo conozco. Si dijera que no lo conozco, sería mentiroso como ustedes. Pero lo conozco y cumplo su palabra. 56 Abrahán, el padre de ustedes disfrutaba esperando ver mi día: lo vio y se llenó de alegría.
57 Le replicaron los judíos:
–No has cumplido cincuenta años, ¿y has conocido a Abrahán?
58 Jesús les dijo:
–Les aseguro, antes de que existiera Abrahán, existo yo.
59 Recogieron piedras para apedrearlo; pero Jesús se escondió y salió del templo.

CAPITULO 9.

Sana a un ciego

9  1 Al pasar vio un hombre ciego de nacimiento. 2 Los discípulos le preguntaron:
–Maestro, ¿quién pecó para que naciera ciego? ¿Él o sus padres?
3 Jesús contestó:
–Ni él pecó ni sus padres; ha sucedido así para que se muestre en él la obra de Dios. 4 Mientras es de día, tienen que trabajar en las obras del que me envió. Llegará la noche, cuando nadie puede trabajar. 5 Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
6 Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva, se lo puso en los ojos 7 y le dijo:
–Ve a lavarte a la piscina de Siloé –que significa enviado–.
Fue, se lavó y al regresar ya veía. 8 Los vecinos y los que antes lo habían visto pidiendo limosna comentaban:
–¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?
9 Unos decían:
–Es él.
Otros decían:
–No es, sino que se le parece.
Él respondía:
–Soy yo.
10 Así que le preguntaron:
–¿Cómo [pues] se te abrieron los ojos?
11 Contestó:
–Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo que fuera a lavarme a la fuente de Siloé. Fui, me lavé y recobré la vista.
12 Le preguntaron:
–¿Dónde está él?
Responde:
–No sé.
13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14 Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. 15 Los fariseos le preguntaron otra vez cómo había recobrado la vista.
Les respondió:
–Me aplicó barro a los ojos, me lavé, y ahora veo.
16 Algunos fariseos le dijeron:
–Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no observa el sábado.
Otros decían:
–¿Cómo puede un pecador hacer tales milagros?
Y estaban divididos. 17 Preguntaron de nuevo al ciego:
–Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?
Contestó:
–Que es profeta.
18 Los judíos no terminaban de creer que había sido ciego y había recobrado la vista; así que llamaron a los padres del que había recobrado la vista 19 y les preguntaron:
–¿Es éste su hijo, el que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?
20 Contestaron sus padres:
–Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; 21 pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él, que es mayor de edad y puede dar razón de sí.
22 Sus padres dijeron esto por temor a los judíos; porque los judíos ya habían decidido que quien lo confesara como Mesías sería expulsado de la sinagoga. 23 Por eso dijeron los padres que tenía edad y que le preguntaran a él. 24 Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron:
–Da gloria a Dios. A nosotros nos consta que aquél es un pecador.
25 Les contestó:
–Si es pecador, no lo sé; de una cosa estoy seguro, que yo era ciego y ahora veo.
26 Le preguntaron de nuevo:
–¿Cómo te abrió los ojos?
27 Les contestó:
–Ya se lo dije y no me creyeron; ¿para qué quieren oírlo de nuevo? ¿No será que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?
28 Lo insultaron diciendo:
–¡Tú serás discípulo de ese hombre nosotros somos discípulos de Moisés! 29 Sabemos que Dios le habló a Moisés; en cuanto a ése, no sabemos de dónde viene.
30 Les respondió:
–Eso es lo extraño, que ustedes no saben de dónde viene y a mí me abrió los ojos. 31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que escucha al que es piadoso y cumple su voluntad. 32 Jamás se oyó contar que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. 33 Si ese hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada.
34 Le contestaron:
–Tú naciste lleno de pecado, ¿y quieres darnos lecciones?
Y lo expulsaron.
35 Oyó Jesús que lo habían expulsado y, cuando lo encontró, le dijo:
–¿Crees en el Hijo del Hombre?
36 Contestó:
–¿Quién es, Señor, para que crea en él?
37 Jesús le dijo:
–Lo has visto: es el que está hablando contigo.
38 Respondió:
–Creo, Señor.
Y se postró ante él. 
39 Jesús dijo:
–He venido a este mundo para un juicio, para que los ciegos vean y los que vean queden ciegos.
40 Algunos fariseos que se encontraban con él preguntaron:
–Y nosotros, ¿estamos ciegos?
41 Les respondió Jesús:
–Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero, como dicen que ven, su pecado permanece.

CAPITULO 10.

El buen pastor

10  1 Les aseguro: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante. 2 El que entra por la puerta es el pastor del rebaño. 3 El cuidador le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca. 4 Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas le siguen; porque reconocen su voz. 5 A un extraño no le siguen, sino que escapan de él, porque no reconocen la voz de los extraños.
6 Ésta es la parábola que Jesús les propuso, pero ellos no entendieron a qué se refería. 7 Entonces, les habló otra vez:
–Les aseguro que yo soy la puerta del rebaño. 8 Todos los que vinieron [antes de mí] eran ladrones y asaltantes; pero las ovejas no los escucharon. 9 Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos. 10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia. 11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. 12 El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, escapa abandonando las ovejas, y el lobo las arrebata y dispersa. 13 Como es asalariado no le importan las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor: conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, 15 como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y doy la vida por las ovejas. 16 Tengo otras ovejas que no pertenecen a este corral; a ésas tengo que guiarlas para que escuchen mi voz y se forme un solo rebaño con un solo pastor. 17 Por eso me ama el Padre, porque doy la vida, para después recobrarla. 18 Nadie me la quita, yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y para después recobrarla. Éste es el encargo que he recibido del Padre.
19 Estas palabras provocaron una nueva división entre los judíos. 20 Muchos decían:
–Está endemoniado y loco, ¿por qué lo escuchan?
21 Otros decían:
–Esas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede un endemoniado abrir los ojos a los ciegos?

La fiesta de la Dedicación

22 Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación y era invierno. 23 Jesús paseaba en el templo, en el pórtico de Salomón.
24 Lo rodearon los judíos y le preguntaron:
–¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo claramente.
25 Jesús les contestó:
–Ya se lo dije y no creen. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí. 26 Pero ustedes no creen porque no son de mis ovejas. 27 Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen; 28 yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrancará de mi mano. 29 Mi Padre que me las ha dado es más que todos y nadie puede arrancar nada de las manos de mi Padre. 30 El Padre y yo somos uno.
31 Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
32 Jesús les dijo:
–Por encargo del Padre les hice ver muchas obras buenas: ¿por cuál de ellas me apedrean?
33 Le contestaron los judíos:
–Por ninguna obra buena te apedreamos, sino por la blasfemia, porque siendo hombre te haces Dios.
34 Jesús les contestó:
–¿No está escrito en la ley de ustedes: Yo les digo: son dioses? 35 Si la ley llama dioses a aquéllos a quienes se dirigió la Palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar, 36 ¿cómo dicen: Tú blasfemas al que el Padre consagró y envió al mundo, porque dijo que es Hijo de Dios? 37 Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. 38 Pero si las hago, crean en las obras aunque no me crean a mí, así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre.
39 [Entonces] intentaron arrestarlo de nuevo, pero él se les escapó de las manos. 40 Pasó de nuevo a la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba en otro tiempo, y se quedó allí. 41 Acudieron muchos a él y decían:
–Aunque Juan no hizo señal alguna, todo lo que dijo de éste era verdad.
42 Y allí, muchos creyeron en él.

CAPITULO 11.

Resucita a Lázaro

11  1 Había un enfermo llamado Lázaro, de Betania, el pueblo de María y su hermana Marta. 2 María era la que había ungido al Señor con perfumes y le había secado los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro estaba enfermo. 3 Las hermanas le enviaron un mensaje:
–Señor, tu amigo está enfermo.
4 Al oírlo, Jesús comentó:
–Esta enfermedad no ha de terminar en la muerte; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
5 Jesús era amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro. 6 Sin embargo cuando oyó que estaba enfermo, prolongó su estadía dos días en el lugar. 7 Después dice a los discípulos:
–Vamos a volver a Judea.
8 Le dicen los discípulos:
–Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y quieres volver allá?
9 Jesús les contestó:
–¿No tiene el día doce horas? Quien camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 quien camina de noche tropieza, porque no tiene luz.
11 Dicho esto, añadió:
–Nuestro amigo Lázaro está dormido; voy a despertarlo.
12 Contestaron los discípulos:
–Señor, si está dormido, sanará.
13 Pero Jesús se refería a su muerte, mientras que ellos creyeron que se refería al sueño. 14 Entonces Jesús les dijo abiertamente:
–Lázaro ha muerto. 15 Y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Vayamos a verlo.
16 Tomás –que significa mellizo– dijo a los demás discípulos:
–Vamos también nosotros a morir con él.
17 Cuando Jesús llegó, encontró que llevaba cuatro días en el sepulcro. 18 Betania queda cerca de Jerusalén, a unos tres kilómetros. 19 Muchos judíos habían ido a visitar a Marta y María para darles el pésame por la muerte de su hermano. 20 Cuando Marta oyó que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. 21 Marta dijo a Jesús:
–Si hubieras estado aquí, Señor, mi hermano no habría muerto. 22 Pero yo sé que lo que pidas, Dios te lo concederá.
23 Le dice Jesús:
–Tu hermano resucitará.
24 Le dice Marta:
–Sé que resucitará en la resurrección del último día.
25 Jesús le contestó:
–Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; 26 y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees?
27 Le contestó:
–Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo.
28 Dicho esto, se fue, llamó en privado a su hermana María y le dijo:
–El Maestro está aquí y te llama.
29 Al oírlo, se levantó rápidamente y se dirigió hacia él. 30 Jesús no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde lo encontró Marta. 31 Los judíos que estaban con ella en la casa consolándola, al ver que María se levantaba de repente y salía, fueron detrás de ella, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. 32 Cuando María llegó a donde estaba Jesús, al verlo, cayó a sus pies y le dijo:
–Si hubieras estado aquí, Señor, mi hermano no habría muerto.
33 Jesús al ver llorar a María y también a los judíos que la acompañaban, se estremeció por dentro 34 y dijo muy conmovido:
–¿Dónde lo han puesto?
Le dicen:
–Ven, Señor, y lo verás.
35 Jesús se echó a llorar. 36 Los judíos comentaban:
–¡Cómo lo quería!
37 Pero algunos decían:
–El que abrió los ojos al ciego, ¿no pudo impedir que éste muriera?
38 Jesús, estremeciéndose de nuevo, se dirigió al sepulcro. Era una caverna con una piedra adelante. 39 Jesús dice:
–Retiren la piedra.
Le dice Marta, la hermana del difunto:
–Señor, huele mal, ya lleva cuatro días muerto.
40 Le contesta Jesús:
–¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios?
41 Retiraron la piedra. Jesús alzó la vista al cielo y dijo:
–Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. 42 Yo se que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me enviaste.
43 Dicho esto, gritó con fuerte voz:
–Lázaro, sal afuera.
44 Salió el muerto con los pies y las manos sujetos con vendas y el rostro envuelto en un sudario.
Jesús les dijo:
–Desátenlo para que pueda caminar.
45 Muchos judíos que habían ido a visitar a María y vieron lo que hizo creyeron en él. 46 Pero algunos fueron y contaron a los fariseos lo que había hecho Jesús.

(cfr. Mt 26,1-5; Mc 14,1s; Lc 22,1s)

47 Los sumos sacerdotes y los fariseos reunieron entonces el Consejo y dijeron:
–¿Qué hacemos? Este hombre está haciendo muchos milagros. 48 Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, entonces vendrán los romanos y nos destruirán el santuario y la nación.
49 Uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
–No entienden nada. 50 ¿No ven que es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que muera toda la nación?
51 No lo dijo por cuenta propia, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús moriría por la nación. 52 Y no sólo por la nación, sino para reunir en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos. 53 Así, a partir de aquel día, resolvieron darle muerte. 54 Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se marchó a una región próxima al desierto, a un pueblo llamado Efraín, y se quedó allí con los discípulos.
55 Se acercaba la Pascua judía y muchos subían del campo a Jerusalén para purificarse antes de la fiesta. 56 Buscaban a Jesús y, de pie en el templo, comentaban entre sí:
–¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta o no?
57 Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes para que quien conociese su paradero lo denunciase, de modo que pudieran arrestarlo.

CAPITULO 12.

Unción en Betania
(cfr. Mt 26,6-13; Mc 14,3-9; Lc 7,36-50)

12  1 Seis días antes de la Pascua Jesús fue a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. 2 Le ofrecieron un banquete. Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. 3 María tomó una libra de perfume de nardo puro, muy costoso, ungió con él los pies a Jesús y se los enjugó con los cabellos. La casa se llenó del olor del perfume. 4 Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo iba a entregar, dijo:
5 –¿Por qué no han vendido ese perfume en trescientas monedas para repartirlas a los pobres?
6 Lo decía no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón; y, como llevaba la bolsa, robaba de lo que ponían en ella. 7 Jesús contestó:
–Déjala que lo guarde para el día de mi sepultura. 8 A los pobres los tendrán siempre entre ustedes, pero a mí no siempre me tendrán.
9 Un gran gentío de judíos supo que estaba allí y acudieron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. 10 Los sumos sacerdotes habían decidido dar muerte también a Lázaro, 11 porque por su causa muchos judíos iban y creían en Jesús.

Entrada triunfal en Jerusalén
(cfr. Mt 21,1-11; Mc 11,1-11; Lc 19,29-40)

12 Al día siguiente, un gran gentío que había llegado para la fiesta, al saber que Jesús se dirigía a Jerusalén, 13 tomaron ramas de palma y salieron a su encuentro gritando:
–¡Hosana,
bendito el que viene 
en nombre del Señor, 
el rey de Israel!
14 Jesús encontró un burrito y montó en él. Como está escrito: 
15 No temas, joven Sión: 
mira que llega tu rey cabalgando 
una cría de asno. 
16 Esto no lo entendieron los discípulos en aquel momento. Pero, cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que todo lo que le había sucedido era lo que estaba escrito acerca de él.
17 La gente que había asistido cuando llamó a Lázaro y lo resucitó de entre los muertos contaba el hecho. 18 Por eso la gente salió a su encuentro, porque se enteraron de la señal que había realizado. 19 En cambio, los fariseos comentaban entre sí:
–Ya ven que así no vamos a conseguir nada; todo el mundo se va con él.

Los griegos y Jesús

20 Había unos griegos que habían subido para los cultos de la fiesta. 21 Se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron:
–Señor, queremos ver a Jesús.
22 Felipe va y se lo dice a Andrés; Felipe y Andrés van y se lo dicen a Jesús.
23 Jesús les contesta:
–Ha llegado la hora de que el Hijo del Hombre sea glorificado. 24 Les aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 25 El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. 26 El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor; si uno me sirve, lo honrará el Padre. 27 Ahora mi espíritu está agitado, y, ¿qué voy a decir? ¿Que mi Padre me libre de este trance? No; que para eso he llegado a este trance. 28 Padre, da gloria a tu Nombre.
Vino una voz del cielo:
–Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré.
29 La gente que estaba escuchando decía:
–Ha sido un trueno.
Otros decían:
–Le ha hablado un ángel.
30 Jesús respondió:
–Esa voz no ha sonado por mí, sino por ustedes. 31 Ahora comienza el juicio de este mundo y el príncipe de este mundo será expulsado. 32 Cuando yo sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.
33 Lo decía indicando de qué muerte iba a morir.
34 La gente le contestó:
–Hemos oído en la ley que el Mesías permanecerá para siempre; ¿cómo dices tú que el Hijo del Hombre tiene que ser levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre?
35 Jesús les dijo:
–La luz está todavía entre ustedes, pero por poco tiempo. Caminen mientras tengan luz, para que no los sorprendan las tinieblas. Quien camina a oscuras no sabe adónde va. 36 Mientras tengan luz, crean en la luz y serán hijos de la luz.
Así habló Jesús; después se apartó de ellos y se escondió.
37 A pesar de las muchas señales que había realizado en su presencia no creían en él. 38 Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: 
Señor, ¿quién creyó nuestro anuncio? 
¿A quién se reveló
el poder del Señor? 
39 Así que no podían creer, como dice también Isaías: 
40 Él ha cegado sus ojos, 
y ha endurecido su mente: 
para que sus ojos no vean 
y su mente no entienda, 
para que no se conviertan, 
de modo que yo los sane.
41 Eso dijo Isaías porque vio su gloria y habló de él. 
42 Con todo, muchos creyeron en él, aún entre los jefes; pero por miedo a los fariseos no lo decían, para que no los expulsaran de la sinagoga. 43 Prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios.
44 Jesús exclamó:
–El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió; 45 y el que me ve, ve al que me envió. 46 Yo soy la luz y he venido al mundo, para que quien crea en mí no se quede a oscuras. 47 Al que escucha mis palabras y no las cumple yo no lo juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo. 48 Quien me desprecia y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he dicho lo juzgará el último día. 49 Porque yo no hablé por mi cuenta; el Padre que me envió me encarga lo que debo decir y hablar. 50 Y sé que su encargo es vida eterna. Lo que digo lo digo como me lo ha dicho el Padre.

CAPITULO 13.

Lava los pies a los discípulos

13  1 Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, después de haber amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 2 Durante la cena, cuando el Diablo había sugerido a Judas Iscariote que lo entregara, 3 sabiendo que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, 4 se levanta de la mesa, se quita el manto, y tomando una toalla, se la ató a la cintura. 5 Después echa agua en un recipiente y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba en la cintura. 6 Llegó a Simón Pedro, el cual le dice:
–Señor, ¿tú me vas a lavar los pies?
7 Jesús respondió:
–Lo que yo hago no lo entiendes ahora, más tarde lo entenderás.
8 Replica Pedro:
–No me lavarás los pies jamás.
Le respondió Jesús:
–Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.
9 Le dice Simón Pedro:
–Señor, si es así, no sólo los pies, sino las manos y la cabeza.
10 Le responde Jesús:
–El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos.
11 Conocía al que lo iba a entregar y por eso dijo que no todos estaban limpios.
12 Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo:
–¿Comprenden lo que acabo de hacer? 13 Ustedes me llaman maestro y señor, y dicen bien. 14 Pero si yo, que soy maestro y señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. 15 Les he dado ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. 16 Les aseguro que el sirviente no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. 17 Serán felices si, sabiendo estas cosas las cumplen. 18 No hablo de todos ustedes, porque sé a quiénes he elegido. Pero se ha de cumplir aquello de la Escritura: 
El que compartía mi pan 
se levantó contra mí. 
19 Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy. 20 Les aseguro: quien reciba al que yo envíe me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe al que me envió.

Anuncia la traición
(cfr. Mt 26,20-25; Mc 14,17-21; Lc 22,21-23)

21 Dicho esto, Jesús se estremeció por dentro y declaró:
–Les aseguro que uno de ustedes me entregará.
22 Los discípulos se miraban unos a otros sin saber por quién lo decía.
23 Uno de los discípulos, el más amigo de Jesús, estaba reclinado a su derecha. 24 Simón Pedro le hace un gesto y le dice:
–Averigua a quién se refiere.
25 Él se inclinó hacia el costado de Jesús y le dijo:
–Señor, ¿quién es?
26 Le responde Jesús:
–Aquél a quien le dé un trozo de pan remojado.
Remojó el pan, lo tomó y se lo dio a Judas el de Simón Iscariote. 27 Detrás del bocado Satanás entró en él. Jesús le dice:
–Lo que tienes que hacer hazlo pronto.
28 Ninguno de los comensales comprendió por qué lo decía. 29 Algunos pensaron que, como Judas tenía la bolsa, Jesús le había encargado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. 30 Y enseguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Era de noche.

La gloria de Jesús

31 Cuando salió, dijo Jesús:
–Ahora ha sido glorificado el Hijo del Hombre y Dios ha sido glorificado por él. 32 [Si Dios ha sido glorificado por él,] también Dios lo glorificará por sí, y lo hará pronto. 33 Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes; me buscarán y, como dije a los judíos también lo digo ahora, a donde yo voy ustedes no pueden venir. 34 Les doy un mandamiento nuevo, que se amen unos a otros como yo los he amado: ámense así unos a otros. 35 En eso conocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros.

(cfr. Mt 26,30-35; Mc 14,26-31; Lc 22,31-34)

36 [Le] dice Simón Pedro:
–Señor, ¿adónde vas?
Le respondió Jesús:
–A donde yo voy no puedes seguirme por ahora, me seguirás más tarde.
37 Le dice Pedro:
–Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti.
38 Le contesta Jesús:
–¿Que darás la vida por mí? Te aseguro que antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.

CAPITULO 14.

Jesús, camino hacia el Padre

14  1 No se inquieten. Crean en Dios y crean en mí. 2 En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho, porque voy a prepararles un lugar.
3 Cuando haya ido y les tenga preparado un lugar, volveré para llevarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. 4 Ya conocen el camino para ir a donde [yo] voy.
5 Le dice Tomás:
–Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos conocer el camino?
6 Le dice Jesús:
–Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie va al Padre si no es por mí.
7 Si me conocieran a mí, conocerían también al Padre.
En realidad, ya lo conocen y lo han visto.
8 Le dice Felipe:
–Señor, enséñanos al Padre y nos basta.
9 Le responde Jesús:
–Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y todavía no me conocen? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre: ¿cómo pides que te enseñe al Padre? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo no las digo por mi cuenta; el Padre que está en mí es el que hace las obras. 11 Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí; si no, créanlo por las mismas obras. 12 Les aseguro: quien cree en mí hará las obras que yo hago, e incluso otras mayores, porque yo voy al Padre; 13 y yo haré todo lo que pidan en mi nombre, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre. 14 Si ustedes piden algo en mi nombre, yo lo haré.

Promesa del Espíritu

15 Si me aman, cumplirán mis mandamientos; 16 y yo pediré al Padre que les envíe otro Defensor que esté siempre con ustedes: 17 el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. 18 No los dejo huérfanos, volveré a visitarlos. 19 Dentro de poco el mundo ya no me verá; ustedes, en cambio, me verán, porque yo vivo y ustedes vivirán. 20 Aquel día comprenderán que yo estoy en el Padre y ustedes en mí y yo en ustedes. 21 Quien recibe y cumple mis mandamientos, ése sí que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.
22 Le dice Judas –no el Iscariote–:
–Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?
23 Jesús le contestó:
–Si alguien me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él. 24 Quien no me ama no cumple mis palabras, y la palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. 25 Les he dicho esto mientras estoy con ustedes. 26 El Defensor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que [yo] les he dicho. 27 La paz les dejo, les doy mi paz, y no como la da el mundo. No se inquieten ni se acobarden. 28 Oyeron que les dije que me voy y volveré a visitarlos. Si me amaran, se alegrarían de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. 29 Les he dicho esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean. 30 Ya no hablaré mucho con ustedes, porque está llegando el príncipe del mundo. No tiene poder sobre mí, 31 pero el mundo tiene que saber que yo amo al Padre y hago lo que el Padre me encargó. ¡Levántense! Vámonos de aquí.

CAPITULO 15.

La vid verdadera

15  1 Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. 2 Él corta los sarmientos que en mí no dan fruto; los que dan fruto los poda, para que den aún más.
3 Ustedes ya están limpios por la palabra que les he anunciado.
4 Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
5 Yo soy la vid, ustedes los sarmientos: quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada.
6 Si uno no permanece en mí, lo tirarán afuera como el sarmiento y se secará: los toman, los echan al fuego y se queman.
7 Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pedirán lo que quieran y lo obtendrán.
8 Mi Padre será glorificado si dan fruto abundante y son mis discípulos.
9 Como el Padre me amó así yo los he amado: permanezcan en mi amor. 10 Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
11 Les he dicho esto para que participen de mi alegría y sean plenamente felices.
12 Éste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. 13 Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos. 14 Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. 15 Ya no los llamo sirvientes, porque el sirviente no sabe lo que hace su señor. A ustedes los he llamado amigos porque les he dado a conocer todo lo que escuché a mi Padre. 16 No me eligieron ustedes a mí; yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, un fruto que permanezca; así, lo que pidan al Padre en mi nombre él se lo concederá. 17 Esto es lo que les mando, que se amen unos a otros.

El odio del mundo

18 Si el mundo los odia, sepan que primero me odió a mí.
19 Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya.
Pero, como no son del mundo, sino que yo los elegí sacándolos del mundo, por eso el mundo los odia.
20 Recuerden lo que les dije: Un sirviente no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán; si cumplieron mi palabra, también cumplirán la de ustedes.
21 Los tratarán así a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.
22 Si no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado.
23 Quien me odia a mí odia al Padre.
24 Si no hubiera hecho ante ellos obras que ningún otro hizo, no tendrían pecado.
Pero ahora, aunque las han visto, nos odian a mí y a mi Padre.
25 Así se cumple lo escrito en la ley acerca de ellos: me odiaron sin causa.

Me odiarán sin razón

26 Cuando venga el Defensor que yo les enviaré de parte del Padre, él dará testimonio de mí;
27 y ustedes también darán testimonio, porque han estado conmigo desde el principio.

CAPITULO 16.

16  1 Les he dicho todo esto para que no fallen. 2 Los expulsarán de la sinagoga. Incluso más, llegará un tiempo en que el que los mate pensará que está dando culto a Dios.
3 Y eso lo harán porque no conocen al Padre ni a mí.
4 Esto se lo digo para que, cuando llegue su momento, se acuerden que ya se lo había dicho.
No les dije estas cosas desde el principio porque yo estaba con ustedes.
5 Ahora me vuelvo al que me envió y nadie me pregunta adónde voy.

La obra del Espíritu

6 Lo que les he dicho los ha llenado de tristeza; 7 pero les digo la verdad: les conviene que yo me vaya. Si no me voy, no vendrá a ustedes el Defensor, pero si me voy, lo enviaré a ustedes. 8 Cuando él venga, convencerá al mundo de un pecado, de una justicia, y de una sentencia:
9 el pecado, que no han creído en mí;
10 la justicia, que yo voy al Padre y no me verán más;
11 la sentencia, que el príncipe de este mundo ya ha sido condenado.
12 Muchas cosas me quedan por decirles, pero ahora no pueden comprenderlas.
13 Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena. Porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará el futuro.
14 Él me dará gloria porque recibirá de lo mío y se lo explicará a ustedes.
15 Todo lo que tiene el Padre es mío, por eso les dije que recibirá de lo mío y se lo explicará a ustedes.

Alegría tras la pena

16 Dentro de poco ya no me verán, y poco después me volverán a ver.
17 Los discípulos comentaban entre sí:
–¿Qué es lo que dice? Dentro de poco ya no me verán, y poco después me volverán a ver; y qué significa eso de: Voy al Padre.
18 Decían:
–¿A qué poco se refiere? No entendemos lo que dice.
19 Jesús comprendió que querían preguntarle y les dijo:
–Ustedes discuten entre sí qué significan mis palabras: dentro de poco ya no me verán y poco después me volverán a ver.
20 Les aseguro que ustedes llorarán y se lamentarán mientras el mundo se divierte; estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.
21 Cuando una mujer va a dar a luz, está triste, porque le llega su hora. Pero, cuando ha dado a luz a la criatura, no se acuerda de la angustia, por la alegría que siente de haber traído un hombre al mundo.
22 Así ustedes ahora están tristes; pero los volveré a visitar y se llenarán de alegría, y nadie les quitará su alegría. 23 Aquel día no me preguntarán nada.
Les aseguro que todo lo que pidan a mi Padre, él se lo concederá en mi nombre.
24 Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre; pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.
25 Les he dicho esto en parábolas; pero llega la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré claramente de mi Padre.
26 Aquel día pedirán en mi nombre, y no será necesario que yo pida al Padre por ustedes, 27 ya que el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que yo vine de parte de Dios. 28 Salí del Padre y he venido al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre.
29 Le dicen los discípulos:
–Ahora sí que hablas claramente, sin usar parábolas. 30 Ahora sabemos que lo sabes todo y que no hace falta que nadie te pregunte; por eso creemos que vienes de Dios.
31 Jesús les contestó:
–¿Ahora creen? 32 Miren, llega la hora, ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo. Pero yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
33 Les he dicho esto para que gracias a mí tengan paz.
En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo.

CAPITULO 17.

Oración sacerdotal de Jesús

17  1 Así habló Jesús. Después, levantando la vista al cielo, dijo:
–Padre, ha llegado la hora: da gloria a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria; 2 ya que le has dado autoridad sobre todos los hombres para que dé vida eterna a cuantos le has confiado. 3 En esto consiste la vida eterna: en conocerte a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesús el Mesías. 4 Yo te he dado gloria en la tierra cumpliendo la tarea que me encargaste hacer. 5 Ahora tú, Padre, dame gloria junto a ti, la gloria que tenía junto a ti, antes de que hubiera mundo. 
6 He manifestado tu nombre a los hombres que separaste del mundo para confiármelos: eran tuyos y me los confiaste y han cumplido tus palabras. 7 Ahora comprenden que todo lo que me confiaste procede de ti. 8 Las palabras que tú me comunicaste yo se las comuniqué; ellos las recibieron y comprendieron realmente que vine de tu parte, y han creído que tú me enviaste.
9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has confiado, pues son tuyos. 10 Todo lo mío es tuyo y lo tuyo es mío: en ellos se revela mi gloria. 11 Ya no estoy en el mundo, mientras que ellos están en el mundo; yo voy hacia ti, Padre Santo, cuida en tu nombre, a los que me diste, para que sean uno como nosotros. 12 Mientras estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste; los custodié, y no se perdió ninguno de ellos; excepto el destinado a la perdición, para cumplimiento de la Escritura. 13 Ahora voy hacia ti; y les digo esto mientras estoy en el mundo para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
14 Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió, porque no son del mundo, igual que yo no soy del mundo. 15 No pido que los saques del mundo, sino que los libres del Maligno. 16 No son del mundo, igual que yo no soy del mundo.
17 Conságralos con la verdad: tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, yo los envié al mundo. 19 Por ellos me consagro, para que queden consagrados con la verdad. 20 No sólo ruego por ellos, sino también por los que han de creer en mí por medio de sus palabras.
21 Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
22 Yo les di la gloria que tú me diste para que sean uno como lo somos nosotros.
23 Yo en ellos y tú en mí, para que sean plenamente uno; para que el mundo conozca que tú me enviaste y los amaste como me amaste a mí.
24 Padre, quiero que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy; para que contemplen mi gloria; la que me diste, porque me amaste antes de la creación del mundo.
25 Padre justo, el mundo no te ha conocido; yo te he conocido y éstos han conocido que tú me enviaste.
26 Les di a conocer tu nombre y se lo daré a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo en ellos.

CAPITULO 18.

Arresto de Jesús
(cfr. Mt 26,47-56; Mc 14,43-52; Lc 22,47-53)

18  1 Dicho esto, salió Jesús con los discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto; allá entró él con sus discípulos. 2 Judas, el traidor, conocía el lugar, porque Jesús muchas veces se había reunido allí con sus discípulos. 3 Entonces Judas tomó un destacamento y algunos empleados de los sumos sacerdotes y los fariseos, y se dirigió allá con antorchas, linternas y armas.
4 Jesús, sabiendo todo lo que le iba a pasar, se adelantó y les dice:
–¿A quién buscan?
5 Le respondieron:
–A Jesús, el Nazareno.
Les dice:
–Yo soy.
También Judas, el traidor, estaba con ellos. 6 Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron al suelo.
7 Les preguntó de nuevo:
–¿A quién buscan?
Le respondieron:
–A Jesús, el Nazareno.
8 Contestó Jesús:
–Ya les dije que yo soy, pero, si me buscan a mí, dejen ir a éstos.
9 Así se cumplió lo que había dicho: No he perdido ninguno de los que me has confiado.
10 Simón Pedro, que iba armado de espada, la desenvainó, dio un tajo al sirviente del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. El sirviente se llamaba Malco.
11 Jesús dijo a Pedro:
–Envaina la espada: ¿Acaso no beberé la copa que me ha ofrecido mi Padre?
12 El destacamento, el comandante y los agentes de los judíos arrestaron a Jesús, lo ataron 13 y se lo llevaron primero a Anás que era suegro de Caifás, el sumo sacerdote de aquel año.

Ante Caifás
(cfr. Mt 26,57-68; Mc 14,53-65; Lc 22,54s.63-71)

Negaciones de Pedro
(cfr. Mt 26,69-75; Mc 14,66-72; Lc 22,56-62)

14 Caifás era el mismo que había dicho a los judíos, que era mejor para ellos que un solo hombre muriese por el pueblo.
15 Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Como ese discípulo era conocido del sumo sacerdote, entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, 16 mientras Pedro se quedaba afuera, en la puerta.
Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y ésta dejó entrar a Pedro.
17 La sirvienta de la portería dice a Pedro:
–¿No eres tú también discípulo de ese hombre?
Contesta él:
–No lo soy.
18 Como hacía frío, los sirvientes y los guardias habían encendido fuego y se calentaban. Pedro estaba con ellos protegiéndose del frío.
19 El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza.
20 Jesús le contestó:
–Yo he hablado públicamente al mundo; siempre enseñé en sinagogas o en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. 21 ¿Por qué me interrogas? Interroga a los que me han oído hablar, que ellos saben lo que les dije.
22 Apenas Jesús dijo aquello, uno de los guardias presentes le dio una bofetada y le dijo:
–¿Así respondes al sumo sacerdote?
23 Jesús contestó:
–Si he hablado mal, demuéstrame la maldad; pero si he hablado bien, ¿por qué me golpeas?
24 Anás lo envió atado al sumo sacerdote Caifás.
25 Simón Pedro seguía junto al fuego. Le preguntan:
–¿No eres tú también discípulo suyo?
Él lo negó:
–No lo soy.
26 Uno de los sirvientes del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro había cortado la oreja, insistió:
–¿Acaso no te vi yo con él en el huerto?
27 Pedro volvió a negarlo y en ese momento cantó el gallo.

Jesús ante Pilato
(cfr. Mt 27,1s.11-14; Mc 15,1-5; Lc 23,1-5)

28 Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era temprano. Ellos no entraron en el pretorio para evitar contaminarse y poder comer la Pascua. 29 Pilato salió afuera, a donde estaban, y les preguntó:
–¿De qué acusan a este hombre? 
30 Le contestaron:
–Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.
31 Les replicó Pilato:
–Entonces, tómenlo y júzguenlo según la legislación de ustedes.
Los judíos le dijeron:
–No nos está permitido dar muerte a nadie.
32 Así se cumplió lo que Jesús había dicho sobre la manera en que tendría que morir. 33 Entró de nuevo Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:
–¿Eres tú el rey de los judíos?
34 Jesús respondió:
–¿Eso lo preguntas por tu cuenta o porque te lo han dicho otros de mí?
35 Pilato respondió:
–¡Ni que yo fuera judío! Tu nación y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
36 Contestó Jesús:
–Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis soldados habrían peleado para que no me entregaran a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
37 Le dijo Pilato:
–Entonces, ¿tú eres rey?
Jesús contestó:
–Tú lo dices. Yo soy rey: para eso he nacido, para eso he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Quien está de parte de la verdad escucha mi voz.
38 Le dice Pilato:
–¿Qué es la verdad?

Condena a muerte
(cfr. Mt 27,15-31; Mc 15,6-20; Lc 23,13-25)

Dicho esto, salió de nuevo a donde estaban los judíos y les dijo:
–No encuentro en él culpa alguna. 39 Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a un preso durante la fiesta de la Pascua. ¿Quieren que suelte al rey de los judíos?
40 Volvieron a gritar:
–A ése no, suelta a Barrabás.
Barrabás era un asaltante.

CAPITULO 19.

19  1 Entonces Pilato se hizo cargo de Jesús y lo mandó azotar. 2 Los soldados entrelazaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; lo revistieron con un manto rojo, 3 y acercándose a él le decían:
–¡Salud, rey de los judíos!
Y le pegaban en la cara. 4 Salió otra vez Pilato afuera y les dijo:
–Miren, lo saco afuera para que sepan que no encuentro en él culpa alguna.
5 Salió Jesús afuera, con la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dice:
–Aquí tienen al hombre.
6 Cuando los sumos sacerdotes y los policías del templo lo vieron, gritaron:
–¡Crucifícalo, crucifícalo!
Les dice Pilato:
–Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, que yo no encuentro en él ningún motivo de condena.
7 Le replicaron los judíos:
–Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir, porque se ha hecho pasar por hijo de Dios.
8 Cuando Pilato oyó aquellas palabras, se asustó mucho. 9 Entró en el pretorio y dice de nuevo a Jesús:
–¿De dónde eres?
Jesús no le dio respuesta. 10 Le dice Pilato:
–¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?
11 [Le] contestó Jesús:
–No tendrías poder contra mí si no te lo hubiera dado el cielo. Por eso el que me entrega es más culpable.
12 A partir de entonces, Pilato procuraba soltarlo, mientras los judíos gritaban:
–Si sueltas a ése, no eres amigo del César. El que se hace rey va contra el César.
13 Al oír aquello, Pilato sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gábbata. 14 Era la víspera de Pascua, al mediodía. Dice a los judíos:
–Ahí tienen a su rey.
15 Ellos gritaron:
–¡Afuera, afuera, crucifícalo!
Les dice Pilato:
–¿Voy a crucificar a su rey?
Los sumos sacerdotes contestaron:
–No tenemos más rey que el César.
16 Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

Muerte de Jesús
(cfr. Mt 27,32-56; Mc 15,21-41; Lc 23,26-49)

Se lo llevaron; 17 y Jesús salió cargando él mismo con la cruz, hacia un lugar llamado La Calavera, en hebreo Gólgota. 18 Allí lo crucificaron con otros dos: uno a cada lado y en medio Jesús. 19 Pilato había hecho escribir un letrero y clavarlo en la cruz. El escrito decía: Jesús el Nazareno, rey de los Judíos.
20 Muchos judíos leyeron el letrero, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad. Además, el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego. 21 Los sumos sacerdotes dijeron a Pilato:
–No escribas: Rey de los judíos, sino: Éste ha dicho: Soy rey de los judíos.
22 Pilato contestó:
–Lo escrito, escrito está.
23 Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada soldado; tomaron también la túnica. Era una túnica sin costuras, tejida de arriba abajo, de una pieza. 24 Así que se dijeron:
–No la rasguemos; vamos a sortearla, para ver a quien le toca.
Así se cumplió lo escrito: Se repartieron mi ropa y se sortearon mi túnica. Es lo que hicieron los soldados.
25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. 26 Jesús, viendo a su madre y al lado al discípulo amado, dice a su madre:
–Mujer, ahí tienes a tu hijo.
27 Después dice al discípulo:
–Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.
28 Después, sabiendo que todo había terminado, para que se cumpliese la Escritura, Jesús dijo:
–Tengo sed.
29 Había allí un jarro lleno de vinagre. Empaparon una esponja en vinagre, la sujetaron a una caña y se la acercaron a la boca. 30 Jesús tomó el vinagre y dijo:
–Todo se ha cumplido.
Dobló la cabeza y entregó el espíritu.
31 Era la víspera del sábado, el más solemne de todos; los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos para que no quedaran en la cruz durante el sábado.
32 Fueron los soldados y quebraron las piernas a los dos crucificados con él. 33 Al llegar a Jesús, viendo que estaba muerto, no le quebraron las piernas; 34 sino que un soldado le abrió el costado con una lanza. En seguida brotó sangre y agua.
35 El que lo vio lo atestigua y su testimonio es verdadero; él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. 
36 Esto sucedió de modo que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un hueso; 37 y otro pasaje de la Escritura dice: Mirarán al que ellos mismos atravesaron.

Sepultura de Jesús
(cfr. Mt 27,57-61; Mc 15,42-47; Lc 23,50-56)

38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús, por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato para llevarse el cadáver de Jesús. Pilato se lo concedió.
Él fue y se llevó el cadáver. 39 Fue también Nicodemo, el que lo había visitado en una ocasión de noche, llevando cien libras de una mezcla de mirra y áloe.
40 Tomaron el cadáver de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos.
41 En el lugar donde había sido crucificado había un huerto y en él un sepulcro nuevo, en el que nadie había sido sepultado. 42 Como era la víspera de la fiesta judía y como el sepulcro estaba cerca, colocaron allí a Jesús.

CAPITULO 20.

Resurrección de Jesús
(cfr. Mt 28,1-10; Mc 16,1-8; Lc 24,1-12)

20  1 El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro.
2 Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice:
–Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
3 Salió Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5 Inclinándose vio las sábanas en el suelo, pero no entró.
6 Después llegó Simón Pedro, que le seguía y entró en el sepulcro. Observó los lienzos en el suelo 7 y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con los lienzos, sino enrollado en lugar aparte.
8 Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 9 Todavía no habían entendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. 10 Los discípulos se volvieron a casa.

Se aparece a María Magdalena
(cfr. Mc 16,9-11)

11 María estaba afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro 12 y ve dos ángeles vestidos de blanco, sentados: uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había estado el cadáver de Jesús. 13 Le dicen:
–Mujer, ¿por qué lloras?
María responde:
–Porque se han llevado a mi señor y no sé dónde lo han puesto.
14 Al decir esto, se dio media vuelta y ve a Jesús de pie; pero no lo reconoció.
15 Jesús le dice:
–Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, creyendo que era el jardinero, le dice:
–Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.
16 Jesús le dice:
–¡María!
Ella se vuelve y le dice en hebreo:
–Rabbuni –que significa maestro–.
17 Le dice Jesús:
–Déjame, que todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre, el Padre de ustedes, a mi Dios, el Dios de ustedes.
18 María Magdalena fue a anunciar a los discípulos:
–He visto al Señor y me ha dicho esto.

Aparición a los discípulos
(cfr. Mt 28,16-20; Mc 16,14-20)

19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos.
Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice:
–La paz esté con ustedes.
20 Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. 21 Jesús repitió:
–La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes.
22 Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:
–Reciban el Espíritu Santo. 23 A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos.
24 Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
25 Los otros discípulos le decían:
–Hemos visto al Señor.
Él replicó:
–Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré.
26 A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos.
Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo:
–La paz esté con ustedes.
27 Después dice a Tomás:
–Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.
28 Le contestó Tomás:
–Señor mío y Dios mío.
29 Le dice Jesús:
–Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto.
30 Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están relatadas en este libro. 31 Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.

CAPITULO 21.

Aparición junto al lago

21  1 Después Jesús se apareció de nuevo a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se apareció así: 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos. 3 Les dice Simón Pedro:
–Voy a pescar.
Le responden:
–Nosotros también vamos.
Salieron, y subieron a la barca; pero aquella noche no pescaron nada. 4 Al amanecer Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no reconocieron que era Jesús. 5 Les dice Jesús:
–Muchachos, ¿tienen algo de comer?
Ellos contestaron:
–No.
6 Les dijo:
–Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán.
Tiraron la red y era tanta la abundancia de peces que no podían arrastrarla. 7 El discípulo amado de Jesús dice a Pedro:
–Es el Señor.
Al oír Pedro que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. 8 Los demás discípulos se acercaron en el bote, arrastrando la red con los peces, porque no estaban lejos de la orilla, apenas unos cien metros. 9 Cuando saltaron a tierra, ven unas brasas preparadas y encima pescado y pan. 10 Les dice Jesús:
–Traigan algo de lo que acaban de pescar.
11 Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, la red no se rompió. 12 Les dice Jesús:
–Vengan a comer.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor. 13 Jesús se acercó, tomó pan y se lo repartió e hizo lo mismo con el pescado. 14 Ésta fue la tercera aparición de Jesús, ya resucitado, a sus discípulos.
15 Cuando terminaron de comer, dice Jesús a Simón Pedro:
–Simón hijo de Juan, ¿me quieres más que éstos?
Él le responde:
–Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
–Apacienta mis corderos.
16 Le pregunta por segunda vez:
–Simón hijo de Juan, ¿me quieres?
Él le responde:
–Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
–Apacienta mis ovejas.
17 Por tercera vez le pregunta:
–Simón hijo de Juan, ¿me quieres?
Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le dijo:
–Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.
Jesús le dice:
–Apacienta mis ovejas. 18 Te lo aseguro, cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te atará y te llevará a donde no quieras.
19 Lo decía indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Después de hablar así, añadió:
–Sígueme.
20 Pedro se volvió y vio que le seguía el discípulo amado de Jesús, el que se había apoyado sobre su costado durante la cena y le había preguntado quién era el traidor.
21 Viéndolo, Pedro pregunta a Jesús:
–Señor, y de éste, ¿qué?
22 Le responde Jesús:
–Si quiero que se quede hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme.
23 Así se corrió el rumor entre los discípulos de que aquel discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: Si quiero que se quede hasta que yo vuelva [a ti qué].
24 Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y lo ha escrito; y nos consta que su testimonio es verdadero.
25 Quedan otras muchas cosas que hizo Jesús. Si quisiéramos escribirlas una por una, pienso que los libros escritos no cabrían en el mundo.