Sábado 18 de Marzo de 2017. San Cirilo de Jerusalén

Lucas. 15.1-13. 11b-32. 

Todos los que cobraban impuestos para Roma y otra gente de mala fama se acercaban a Jesús, para oírlo. Los fariseos y los maestros de la ley lo criticaban por esto, diciendo:
—Este recibe a los pecadores y come con ellos.
Entonces Jesús les dijo esta parábola:
“Un hombre tenía dos hijos, y el más joven le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte  de la herencia que me toca.’ Entonces el padre repartió  los bienes entre ellos. Pocos días después el hijo menor vendió su parte de la propiedad, y con ese dinero se fue lejos, a otro país, donde todo lo derrochó llevando una vida desenfrenada. Pero cuando ya se lo había gastado todo, hubo una gran escasez  de comida en aquel país, y él comenzó a pasar hambre. Fue a pedir trabajo a un hombre  del lugar, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Y tenía ganas de llenarse con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Al fin se puso a pensar: ‘¡Cuántos trabajadores  en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras yo aquí  me muero de hambre! Regresaré a casa de mi padre, y le diré: Padre mío, he pecado contra  Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo; trátame como a uno de tus trabajadores.’ Así que se puso en camino y regresó a la casa de su padre.   “Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió  compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: ‘Padre mío, he pecado contra  Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo.’ Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Saquen pronto la mejor  ropa y vístanlo; pónganle también un anillo  en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el becerro más gordo y mátenlo. ¡Vamos a celebrar esto con un banquete! Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.’ Comenzaron la fiesta.
“Entre tanto, el hijo mayor estaba en el  campo. Cuando regresó y llegó cerca de la casa, oyó la  música y el baile. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué  pasaba. El criado le dijo: ‘Es que su hermano ha vuelto; y su padre ha mandado matar el becerro más gordo, porque lo recobró sano y salvo.’ Pero tanto se enojó el hermano  mayor, que no quería entrar, así que su padre tuvo que salir  a rogarle que lo hiciera. Le dijo a su padre: ‘Tú sabes cuántos años te he servido, sin  desobedecerte nunca, y jamás me has dado ni siquiera  un cabrito para tener una comida con mis amigos. En cambio, ahora llega este hijo tuyo, que ha malgastado  tu dinero con prostitutas, y matas para él el becerro  más gordo.’
“El padre le contestó:  ‘Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo  lo que tengo es tuyo. Pero había que celebrar esto con un banquete y alegrarnos,  porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se  había perdido y lo hemos encontrado.’ ”
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Tantas veces hemos leído y meditado esta parábola … En esta ocasión nos ponemos en el lugar del hijo mayor …  En nuestra vida, … ¿cuándo nos hemos sentido como el hijo mayor? … ¿en qué situaciones no entendemos que el Señor sea tan generoso con los que han pecado tanto? … ¿Quiénes son en nuestra vida como el hijo menor? … ¿Qué sentimos por ellos? … ¿Qué nos diría a nosotros Jesús ante estos sentimientos? … ¿Estamos  dispuestos a compartir la mesa con quienes aparecen como pecadores?