Miércoles 26  de Abril de 2017. San Marcelino y Cleto

Juan 3. 16-21.

“Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
“El que cree en el Hijo de Dios, no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios. Los que no creen, ya han sido condenados, pues, como hacían cosas malas, cuando la luz vino al mundo prefirieron la oscuridad a la luz. Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se acercan a ella para que no se descubra lo que están haciendo. Pero los que viven de acuerdo con la verdad, se acercan a la luz para que se vea que todo lo hacen de acuerdo con la voluntad de Dios.”
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Meditemos sobre este texto. ¿qué sentimos ante el amor de un Padre que nos quiere tanto que nos envía a Jesús, su Hijo,  para que creamos en la vida eterna? … Meditemos  sobre esta imagen de Jesús que es más abogado nuestro que juez. ... ¿qué sentimos? … Repasemos lo  que hacemos por la vida, nuestras  obras, las buenas y las malas. Las que son luminosas y las que son tenebrosas. Le presentamos hoy  al Señor nuestras obras, ... nuestra  vida dedicada a extender el Reino. Le pedimos ser parte de su equipo.... le pedimos poder identificar nuestra acciones  como hechas por Dios. …  Repasémoslas  nuevamente… ¿Están iluminadas por el evangelio? … ¿Cómo se da eso? … ¿cómo podemos probar que nuestra vida es manifestación de la Buena Noticia de Jesús?