Domingo 2 de Julio de 2017. 13° del Tiempo Ordinario
Mateo 10. 37-42

37 El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. 38 El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. 39 El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
40 El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió. 41 El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. 42 Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa".
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¿Cómo es mi amor por el Señor? … ¿Hay algo o alguien que se le pueda comparar? … Si cuando amamos a nuestro prójimo lo hacemos por amor a Dios porque son su hijos queridos, entonces todo lo que hacemos por nuestros padres y por nuestros hijos es por amor a Dios. No amarlos, no ayudarles, no servirles es dejar de amar a Dios. Recordemos cuando la acción de ese amor se ha transformado  en sacrificio, ¿cuántas veces nos cuesta amarles? … ¿cuándo nos ha ocurrido? … ¿con quienes? … Esas veces podrían ser cruces que tomemos para seguir a Jesús. El lo hizo por nosotros. Le pedimos ayuda hoy para aumentar nuestro espíritu solidario, especialmente con los más necesitados y con mayor motivo con los más cercanos a nosotros. El Señor confía en que nosotros estaremos con ellos, aunque a veces lo sintamos como pesadas cruces.