Miércoles 11  de Abril de 2018. San Estanislao

Juan 3. 16-21. 

16 Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. 19 En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. 21 En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios".

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Meditemos sobre este texto. ¿qué sentimos ante el amor de un Padre que nos quiere tanto que nos envía a Jesús, su Hijo,  para que creamos en la vida eterna? … Meditemos  sobre esta imagen de Jesús que es más abogado nuestro que juez. ... ¿qué sentimos? … Repasemos lo  que hacemos por la vida, nuestras  obras, las buenas y las malas. Las que son luminosas y las que son tenebrosas. Le presentamos hoy  al Señor nuestras obras, ... nuestra  vida dedicada a extender el Reino. Le pedimos ser parte de su equipo.... le pedimos poder identificar nuestra acciones  como hechas por Dios. …  Repasémoslas  nuevamente… ¿Están iluminadas por el evangelio? … ¿Cómo se da eso? … ¿cómo podemos probar que nuestra vida es manifestación de la Buena Noticia de Jesús?