Martes 12 de junio de 2018. San Onofre
Mateo 5, 13-16

13 Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
 14 Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. 15 Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. 16 Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

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Pensemos en aquellas personas a quienes hemos ayudado. En aquellas pequeñas o grandes obras donde hemos participado y hemos sido luz para otro. En los rostros de quienes algunas veces nos han dicho: “¡gracias!”. …  Pensemos en cómo esas obras pueden multiplicarse si entusiasmamos a otros. … Reflexionemos sobre los frutos de esas buenas acciones si fuéramos muchos. … ¿Qué sentimos? … ¿Cómo contagiar? … ¿Cómo dar a conocer con humildad lo que puede ser más luz, más Reino construido? … ¿Cómo hacer que estas obras más extendidas sean más gloria del Padre?