Martes 14 de agosto de 2018. San Maximiliano María Kolbe
Mateo 18, 1-5. 10-14

1 En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?". 2 Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos 3 y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. 4 Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. 5 El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo. 10 Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.11 .  12 ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? 13 Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. 14 De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.
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Traigamos a la memoria algún niño(a) cercano ... hijo ... hermano  ... sobrino ... nieto ... amigo ... Contemplemos su rostro, ... sus gestos ... su vida pequeñita.  ¿Qué sentimientos nos provoca?  ¿Qué tiene ese niño(a) que nos provoca ese sentimiento?    Nos imaginamos ante nuestro Padre Dios ... El contemplándonos ... ¿Qué necesitamos cambiar para ser como ese niño(a)? ... ¿Qué tienen los niños que debamos copiar? …  Nos quedamos un rato regaloneando con el Padre Dios, … como un niño con su Padre.   Gracias Señor.