Familia

EL AMOR Y LA MISERICORDIA EN LA FAMILIA

En esta página se ponen a disposición material utilizado en retiros y encuentros en torno a este tema.
Pueden bajar directamente: 
  • el ppt con las presentaciones usadas
  • el pdf que contienen el material condensado de las diapositivas.
En estas páginas encontrarán los textos que les servirań de apoyo para trabajar el material

El Amor de Dios.

Desde siempre la humanidad se ha preguntado por el origen de la vida, desde donde venimos y hacia donde vamos. Para qué existimos.
San Ignacio de Loyola ubica al comienzo de los Ejercicios Espirituales este tema como fundamental antes de avanzar en ordenar la vida.
Cuando decantamos la búsqueda y sobrepasamos las capacidades intelectuales limitadas que tenemos se nos abre el camino de la fe. Cuando humildemente reconocemos que hasta allí llegan nuestras posibilidades humanas, se abre el ilimitado camino de la fe. Y aparece la divinidad. Comienza a brillar la luz infinita de Dios en nuestra vida. 
San Alberto Hurtado sj tenía una explicación breve, directa y sencilla para explicar y responder a la pregunta que distintas corrientes filosóficas se han hecho por siglos. ¿Porqué está el hombre en el mundo? Para nosotros desde nuestra fe, la respuesta es simple: "El hombre está en el mundo poqrue alguien lo amó: Dios"
Así de simple, así de directo.
Y prosigue el padre Hurtado respondiendo a otra pregunta clásica: ¿Para qué estamos?: "El hombre existe para amar y ser amado"
O sea, nuestra existencia se juega con otros, a quienes estamos llamados a amar y recibir amor.
Entonces, en esta obra maravilosa de la existencia hay tres importantes actores: Dios, nosotros y los otros, quienes me rodean.
La acción comienza con Dios amándonos. El toma la iniciativa. El nos ama primero. Sin motivos, sin razones, simplemente nos ama y nos crea por amor.
Dios es por definición infinito, sin principio ni fin, sin tamaño ni tiempo. Nada lo abarca, pues si algo lo cubriera, lo midiera o lo acotara dejaría de ser Dios. Cuando ese Dios infinito nos ama, lo hace a su medida: infinitamente. Y lo hace siempre. Nosotros siempre estamos recibiendo el amor de Dios, puede que en algún momento no le prestemos atención, pero su amor es incondicional, siempre.

Para reflexionar: 
¿Cuándo en nuestra vida concreta hemos sentido el amor de Dios? ... ¿en qué situación? ... ¿quiénes participaban en esa situación? ... ¿qué sentimos ante ese amor? ... ¿cómo se ha manifiestado ese amor? ... ¿cuándo creo que Dios no me amaba?  (texto sugerido para esta situación "huellas en la arena")

Nuestra respuesta

Ante ese amor infinito que recibimos del Señor, nos ocurre como dice el refrán "Amor con amor se paga".
Y nos nace en un momento de oración, de retiro o jornada que le decimos a Dios "Yo también te amo". Es que es natural que si recibimos amor lo retribuyamos. Dios no nos ama para que le amemos, pero en la práctica es así y si reconocemos a Dios como lo más importante de la existencia, nuestra vida se construye entonces en un vivir amando a Dios. De allí que el inicio d elos Ejercicios de Ignacio esté profundamente ligado a este principio: Existimos porque Dios nos amó y vivimos para amar a Dios. El tema es cómo ...

Para reflexionar:
¿De qué forma podría demostrar mi amor por Dios? ... ¿Cómo le demuestro al Señor que lo amo intensamente? ... ¿Qué acciones son pruebas de mi respuesta de amor a Dios?

La voluntad de Dios
Ante nuestra declaración de amor al Señor, recibimos una provocación. Dios nos pregunta directamente: ¿me amas? igual que Pedro (Juan 21, xx-xx) le respondemos, por cierto, tu sabes que te quiero ... Y es en este 

(En construcción ... )


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