GRUPOS DE JESÚS


1. Objetivo y rasgos

•    Volver juntos a Jesús, el Cristo

Nuestro objetivo principal en los Grupos de Jesús es vivir juntos un proceso de conversión individual y grupal a Jesús ahondando de manera sencilla en lo esencial del Evangelio. Queremos hacer juntos un recorrido para conocer mejor a Jesús y enraizar nuestra vida con más verdad en su persona, su mensaje y su proyecto de hacer un mundo más humano. Estos grupos nacen de la convicción de que Jesús responde también hoy a las preguntas, los problemas y las necesidades más profundas de las personas.

•    Reunidos en el nombre de Jesús


La primera experiencia que se vive en estos grupos se alimenta de esta promesa de Jesús: "Donde dos o tres se reunen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Por eso, los grupos se reúnen en nombre de Jesús. Él los convoca y alienta. Él ocupa el centro. Estos grupos son de Jesús. No tienen otro nombre ni protector. No se encuadran en la espiritualidad particular de ningún movimiento ni asociación religiosa. Son espacios de libertad, abiertos a quienes quieren vivir la experiencia de volver a Jesús "recuperando la frescura original del Evangelio" escuchado desde las inquietudes, problemas, sufrimientos y esperanzas de las mujeres y los hombres de hoy.

•    En un clima de amistad fraterna


Hacer juntos este recorrido buscando a Jesús es una experiencia renovadora que se vive en un clima de amistad fraterna. Algunos ya nos conocíamos, otros no. Aquí nos sentimos todos atraídos por Jesús. Nadie está por encima de nadie. Nadie es superior a los demás. En el grupo convivimos mujeres y hombres, creyentes convencidos y personas en búsqueda, laicos y presbíteros... Poco a poco, el Evangelio va despertando en nosotros la comunicación y el diálogo, la confianza mutua y la alegría.

•    Espacio de conversión a Jesucristo

Estos grupos de Jesús no pretenden sustituir a otros grupos pastorales, procesos catequéticos, catecumenados o realidades semejantes que tienen sus propios objetivos y métodos. Los que tomamos parte en estos grupos nos movemos en otro plano: nos reunimos para vivir un proceso de conversión a Jesús, que tiene un recorrido de cuatro a cinco años. Durante este tiempo, si somos cristianos comprometidos en algún campo, seguimos trabajando donde ya estamos. En los Grupos de Jesús encontramos el clima apropiado para dejarnos transformar por el Evangelio y para recuperar o reavivar nuestra identidad de discípulos y seguidores de Jesús.

•    Al servicio del proyecto humanizador del Padre


A lo largo de nuestro recorrido en estos Grupos de Jesús iremos descubriendo que no es posible seguir a Jesús sin identificarnos con el proyecto del reino de Dios que constituye la pasión que animó su vida entera: hacer un mundo más justo, más digno y más dichosos para todos, empezando por los últimos. Por eso, en estos grupos nos sentimos llamados a "buscar el reino de Dios y su justicia". Esta pasión por un mundo más humano, tal como lo quiere Dios, va marcando poco a poco nuestro estilo de vivir tanto en medio de la sociedad como el interior de la Iglesia.

•    Construyendo la Iglesia de Cristo

Estos grupos no nacen para vivir encerrados en sí mismos, pensando solo en sus problemas o hablando solo de sus cosas. Desde el comienzo, se sitúan en el horizonte del reino de Dios y en el seno de la Iglesia. Más en concreto, los Grupos de Jesús viven y crecen con la voluntad de contribuir a impulsar en el interior de la Iglesia una conversión radical a Jesucristo. Por eso, nos esforzamos por contribuir con nuestra propia conversión a construir una Iglesia más fiel a Cristo:  una Iglesia más sencilla, fraterna y acogedora; una Iglesia samaritana, compasiva, "amiga de pecadores"; una Iglesia donde la mujer ocupe el lugar querido por Jesús; una Iglesia que nos lleve a Jesús y nos enseñe a confiar en el Padre. Una Iglesia de corazón grande en la que cada mañana nos pongamos a trabajar por el reino, sabiendo que Dios ha hecho salir su sol sobre buenos y malos.



2. Puesta en marcha del Grupo

•    Primeros pasos

Para tomar parte activa en estos Grupos de Jesús no se requiere una preparación especial. Basta que un grupo de personas quieran hacer la experiencia de escuchar juntos el Evangelio para volver a Jesús. No es necesario que sean practicantes. Pueden hacer el recorrido creyentes convencidos, poco creyentes, e, incluso, personas que andan buscando y se sienten atraidas por Jesús. Él está en el corazón de todos despertando nuestra fe o el deseo de una vida más digna. Lo pueden acoger los cristianos convencidos y los no practicantes; los sencillos y los ignorantes; los que se sienten perdidos y los que viven sin esperanza. Jesús es para todos.


•    El moderador

Para poner en marcha un Grupo de Jesús no es necesaria la presencia de un presbítero o de una religiosa. Pero sí es necesario que alguien dirija y anime discrestamente el grupo. No es necesario que sepa más que nadie. El grupo no se reune para escucharle a él o a ella, sino para escuchar a Jesús que nos habla desde el Evangelio. La misión del moderador es convocar a los miembros, asegurar que todos tomen parte dialogando amistosamente, con respeto mutuo y de manera positiva, que se escuche el Evangelio y se cree clima de oración y de conversión a Jesús, siguiendo los diversos pasos de la reunión.

•    La iniciativa de los laicos

Sin duda, los curas y las religionas pueden tener un papel muy importante para impulsar estos Grupos de Jesús, sobre todo, en los inicios. Pero en el futuro serán los laicos y laicas los que encontrarán en estos grupos un espacio nuevo de compromiso evangelizador. Serán hombres y mujeres del Pueblo de Dios los que se movilizarán para constituir y animar los Grupos de Jesús. No hemos de pensar en grupos grandes y complejos, sino, sobre todo, en pequeñas celulas de seis a doce personas que aman a Jesús. En estos momentos están en marcha grupos de vecinos practicantes, matrimonios cristianos, parejas en situación irregular, antiguos alumnos de un Colegio, religiosas y madres,...
   
•    Doble compromiso

Iniciar el recorrido en un Grupo de Jesús supone un doble compromiso en el que todos nos hemos de sentir solidarios. En primer lugar, nos comprometemos a preparar lo mejor posible la reunión: la buena marcha del grupo va a depender, en buena parte, del trabajo personal que hagamos cada uno/a en casa, antes de venir al encuentro. En segundo lugar, nos comprometemos a tomar parte activa en la reunión; no todos tenemos la misma facilidad para hablar y dialogar, pero todos venimos al grupo a aportar con toda sencillez, no solo a recibir.

•    Creatividad del grupo

Al grupo se le propone un recorrido que tiene siete etapas (ver el Indice). En cada tema  se trata un texto evangélico. A los participantes se les ofrece diferentes ayudas: para  descubrir entre todos el mensaje del Evangelio; para motivar la conversión personal; para estimular el compromiso del grupo en el proyecto de Jesús. Es conveniente que se haga correctamente el recorrido, pero es el grupo el que ha de tener su propia creatividad para decidir la periodicidad y ritmo de los encuentros, así como el lugar más adecuado para las reuniones y su duración. Al grupo se le proponen también sugerencias para la oración, pero, como es natural, conviene que el grupo desarrolle su propia creatividad (cantos, símbolos, gestos, música de ambiente...).

3. Dinámica de las reuniones

A cada tema le dedicaremos dos reuniones. En la primera, tenemos como objetivo acercarnos al texto evangélico. Es lo primero. Captar lo mejor posible el mensaje del Evangelio. En la segunda reunión, nos proponemos trabajar nuestra conversión personal y el compromiso del grupo en el proyecto de Jesús. Si el grupo lo ve necesario puede añadir otra reunión.

Empezamos todas las reuniones escuchando la proclamación del Evangelio en un clima de silencio y escucha atenta. Las concluimos orando juntos el Padrenuestro, puestos de pie y con las manos unidas formando un círculo. Al terminar nos damos el abrazo de paz.



Primera reunión (acercamiento al Evangelio)

•    En casa

Lo primero que hacemos siempre es leer el evangelio. Pero antes, cerramos los ojos y en silencio tomamos conciencia de lo que vamos a hacer: "Voy a escuchar a Jesús, Dios me va a hablar, ¿qué escucharé en estos momentos de mi vida? Esta breve pausa para disponer nuestro corazón puede cambiar profundamente nuestra manera de leer el Evangelio.

Luego, leemos el texto evangélico señalado. Lo hacemos muy despacio. No tenemos ninguna prisa. Lo importante es captar lo que el texto quiere comunicar. Si leemos despacio, muchas palabras de Jesús, que hemos escuchado tantas veces de forma rutinaria, empezarán a tocar nuestro corazón.

En esta lectura nos podemos fijar sobre todo en Jesús. Tenemos que captar bien qué es lo que dice y qué es lo qué hace. Hemos de grabar en nosotros sus palabras y su estilo de vida. De él iremos aprendiendo a vivir.

Una vez terminada la lectura, nos ponemos a profundizar en el texto evangélico siguiendo las preguntas o sugerencias del guión. Así escucharemos el mensaje y nos preparamos para hacer al grupo nuestra pequeña aportación.

•    En el encuentro

Empezamos siempre creando un clima de siencio y recogimiento para escuchar la proclamación del Evangelio de Jesús, leido pr la persona señalada.

Después, ahondamos entre todos en el texto evangélico. Seguimos las preguntas y sugerencias del guión. El diálogo ha de ser abierto, espontáneo, pero también ordenado. El moderador puede ir leyendo las preguntas o recoger otras que sugieren los miembros del grupo. No se trata de discutir, sino de exponer el eco que el Evangelio encuentra en nuestro corazón.
Al terminar el diálogo, leemos entre todos el comentario, y lo vamos comentando despacio. Lo importante es que el mensaje evangélico vaya penetrando en nuestro corazón. Por razones pedagógicas, conviene que no leamos este comentario, antes de haber trabajado nosotros mismos buscando el mensaje del texto evangélico.
Terminamos el encuentro en oración siguiendo las sugerencias del guión o la creatividad del grupo.
Oración del Padrenuestro y abrazo de paz.



Segunda reunión (acercamiento a la vida)

•    En casa

Antes que nada, nos recogemos, recordamos lo vivido en el último encuentro, y leemos de nuevo el evangelio. Ahora, lo conocemos mejor.
Después, reflexionamos sobre nuestra conversión personal. Las preguntas del guión solo son un punto de partida. Cada uno/a nos dejamos guiar por el Espíritu de Jesús. Para muchos será una experiencia de comunicación muy íntima con Jesús.
Por último, reflexionamos sobre el posible compromiso de todo el grupo en el proyecto de Jesús. Si nos ayuda, podemos tomar algunas notas para llevar nuestra aportación al grupo.

•    En el encuentro


Clomenzamos como siempre haciendo silencio para escuchar la proclamación del Evangelio de Jesús.
Luego, compartimos nuestra reflexión sobre la llamada que hemos escuchado a la conversión personal. Lo hacemos con respeto mutuo grande. Cada uno comunica al grupo lo que cree conveniente. Todos vamos perfilando mejor nuestros pasos para seguir a Jesús.
Después, pasamos a dialogar sobre nuestro compromiso en el proyecto de Jesús. Aquí, seguramente, el diálogo será más vivo y variado. Cada uno/a hablamos desde nuestro propio contexto familiar, el ambiente en el que nos movemos en la vecindad, trabajo, parroquia... Seguimos las sugerencias del guión o nos detenemos en otras cuestiones de  interés para el grupo. Entre todos, vamos concretando nuestro compromiso con realismo, humildad y gran confianza en Jesús. Él nos sostiene y acompaña.
Terminamos el encuentro en oración en un clima de alegría y acción de gracias.
Oración del Padrenuestro y abrazo de paz.