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¡ÁNIMO! SOY YO. NO TEMÁIS


Mateo 14, 24 – 33

24 La barca, que estaba ya muy lejos de la orilla, era sacudida por las olas, porque el viento era contrario. 25 Al final ya de la noche, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. 26 Los discípulos, al verlo caminar sobre el lago, se asustaron y decían:
-    Es un fantasma.
Y se pusieron a gritar de miedo. 27 Pero Jesús les dijo en seguida:
-    ¡Ánimo! Soy yo, no temáis.
28 Pedro le respondió:
- Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre las aguas.
29 Jesús le dijo:
- Ven.
Pedro saltó de la barca y, andando sobre las aguas, iba hacia Jesús. 30 Pero al ver la violencia del viento se asustó y, como empezaba a hundirse, gritó:
-    ¡Señor, sálvame!
31 Jesús le tendió la mano, lo agarró y le dijo:
-    ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?
32 Subieron a la barca, y el viento se calmó. 33 Y los que estaban en ella se postraron ante Jesús, diciendo:
-    Verdaderamente eres Hijo de Dios



1.    GUÍA DE LECTURA


En este primer encuentro nos planteamos cómo vivir nuestra fe y nuestro seguimiento a Jesús, sin hundirnos ante las dificultades que podemos encontrar en el momento actual. Necesitamos, antes que nada, sentir la cercanía de Jesús. Él nos llama y nos sostiene desde el comienzo de nuestro recorrido.



2.    ACERCAMIENTO AL TEXTO EVANGÉLICO

•    Situación de la barca de los discípulos. El evangelista la describe con tres rasgos. ¿Los podemos señalar?, ¿Te  recuerda esa «barca de los discípulos» a la Iglesia actual?, ¿por qué?

•    La crisis de los discípulos. ¿Por qué se turban exactamente?, ¿Te impresiona su grito: «Es un fantasma»?, ¿hemos pensado alguna vez que todo esto de la fe podría ser un engaño?, ¿conocemos a personas que sienten algo parecido?

•    Las palabras de Jesús. Les dice tres cosas. ¿Las podemos comentar?, ¿has experimentado alguna vez a Jesús infundiéndote ánimo y liberándote del miedo y la angustia?

•    La fe de Pedro. ¿Qué piensas de su oración?, ¿se puede hablar a Jesús sin saber si te está escuchando realmente alguien?, ¿has rezado así alguna vez? Contemplamos a Pedro entre las olas: ¿Siento que la fe es muchas veces caminar «sobre las aguas», apoyándome sólo en la llamada de Jesús?

•    La crisis de Pedro. ¿Por qué comienza a hundirse?, ¿qué hace antes de hundirse del todo?, ¿qué piensas de su grito?, ¿le entendemos a Pedro?

•    La reacción de Jesús. ¿Cómo reacciona? ¿Qué es lo que más nos conmueve? ¿Jesús es para mí una mano tendida que me agarra en los momentos de crisis? ¿Podemos explicar nuestra experiencia?




3.    COMENTARIO

CREER EN MEDIO DE LA CRISIS

    Eran tiempos difíciles para la joven comunidad cristiana en la que Mateo escribía su evangelio. Se había enfriado el entusiasmo de los primeros tiempos. Los conflictos y tensiones con los judíos eran fuertes. ¿Se hundiría la fe de aquellos creyentes? Lo primero que necesitaban era descubrir la presencia de Jesús en medio de la crisis.

    Recogiendo un relato que encontró en Marcos y algunos recuerdos que se conservaban entre los cristianos sobre una tempestad a la que tuvieron que enfrentarse en alguna ocasión los discípulos de Jesús en el mar de Galilea, Mateo escribió una bella catequesis de Jesús con un objetivo concreto: ayudar a los seguidores de Jesús a reafirmarse en su fe, sin dejarse hundir por las dificultades. Lo hizo con tal fuerza que todavía hoy nos puede reavivar por dentro.

    Los discípulos están solos. Esta vez no los acompaña Jesús. Se ha quedado a solas en un monte cercano hablando con su Padre en el silencio de la noche. Mateo describe con rasgos certeros la situación: los discípulos se encuentran solos, «muy lejos de la orilla», en medio de la inseguridad del mar; la barca está «sacudida por las olas», desbordada por fuerzas adversas; «el viento es contrario», todo se vuelve en contra. Además, se ha hecho de noche y las tinieblas lo envuelven todo.

    Los cristianos que escuchan este relato lo entienden enseguida. Conocen el lenguaje de los salmos y saben que «las aguas profundas», «la tempestad», «las tinieblas de la noche»… son símbolo de inseguridad, angustia e incertidumbre. ¿No es ésta la situación de aquellas comunidades, amenazadas desde fuera por el rechazo y la hostilidad, y tentadas desde dentro por el miedo y la poca fe? ¿No es ésta nuestra situación?

    Entre las tres y las seis de la mañana, se les acerca Jesús andando sobre las aguas. Nunca ha dejado de pensar en ellos. Pero los discípulos no son capaces de reconocerlo en medio de la tempestad y las tinieblas. Jesús les parece «un fantasma», algo no real, una ilusión falsa… Los miedos en la comunidad cristiana son uno de los mayores obstáculos para reconocer a Jesús y seguirle con fe como «Hijo de Dios» que nos acompaña y nos salva en las crisis.

Jesús les dice las tres palabras que necesitan escuchar: «Ánimo. Soy yo. No tengáis miedo». Estas tres palabras las iremos escuchando en el trasfondo de todo el relato de los evangelios. «Ánimo»: Jesús viene a infundir ánimo y sembrar esperanza en el mundo. «Soy yo»: No es un fantasma, sino alguien vivo, lleno de fuerza salvadora. «No tengáis miedo»: hemos de aprender a reconocerlo junto a nosotros en medio de las crisis, peligros y dificultades. ¿No es esto lo que necesitamos escuchar hoy los cristianos?

    Animado por las palabras de Jesús, Pedro hace una petición inaudita: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». No sabe si Jesús es un fantasma o alguien vivo y real, pero quiere vivir la experiencia de caminar hacia él andando, no sobre tierra firme sino sobre el agua, no apoyado en la seguridad sino en la debilidad de la fe. Jesús le dice: «Ven».

    ¿No es ésta la llamada que nos está haciendo Jesús en estos momentos de crisis y oscuridad? En nuestro recorrido nos encontraremos más de una vez con su invitación: «Ven y sígueme». Así llamaba por los caminos de Galilea y así llama hoy a quien lo quiera escuchar. Pero la llamada a Pedro en medio de la tempestad encierra algo más: «Ven a mi encuentro caminando sobre las aguas, aunque no aciertes a reconocerme en medio de esta tempestad, y aunque estés lleno de dudas en medio de la noche».

    Pedro bajó de la barca y «se puso a caminar sobre las aguas yendo hacia Jesús». Esto es esencialmente la fe cristiana. «Caminar hacia Jesús», dar pasos día a día orientando nuestra vida hacia él. «Sobre las aguas», sin otro apoyo firme que no sea su Palabra. Sostenidos por su presencia misteriosa en nuestra vida. ¿Estamos dispuestos a hacer esta experiencia?

    No es fácil vivir esta fe desnuda. Pedro en concreto, «sintió la fuerza del viento, le entró miedo y empezó a hundirse». Es lo que nos puede pasar en estos momentos: nos fijamos sólo en la fuerza que tiene el mal, nos entra el miedo y las dudas, y empezamos a hundirnos en la desesperanza, la indiferencia o la increencia. ¿Qué podemos hacer?

    Lo primero, «gritar» a Jesús. Es lo que hace Pedro al empezar a hundirse: «Señor, sálvame». Le invoca a Jesús como «Señor» (Mateo pone intencionadamente esta palabra en sus labios, pues así invocan a Jesús resucitado en las primeras comunidades cristianas). Y sólo le pide una cosa: «Sálvame». Con esto está dicho todo. Este grito salido de lo más íntimo de nuestro corazón puede ser una forma humilde, pero muy real de vivir nuestra fe.

    Jesús, que está atento y pendiente de Pedro, no permanece indiferente a este grito. Según el relato, «le tiende su mano», «lo agarra» y «le dice: hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?». Sin saber cómo ni por qué, Pedro vive algo difícil de explicar a quien no lo ha vivido. Experimenta a Jesús como una «mano tendida»; se deja «agarrar» por él y siente que Jesús lo salva de hundirse. En el fondo de su corazón, escucha esta pregunta que puede cambiar su vida: «Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?». Tal vez, es en medio de la crisis y de la noche cuando aprendemos a creer con más verdad en la fuerza salvadora que se encierra en Jesús.

    Pedro y Jesús caminan agarrados en medio de las olas y el viento. Al subir a la barca, la tormenta se calma. Cuando Jesús está en medio del grupo, los discípulos recuperan la paz. Lo han vivido todo de cerca, llenos de miedo y angustia, pero han experimentado su fuerza salvadora. Los mismos que antes decían «es un fantasma», se postran ahora ante Jesús y le dicen desde muy dentro: «Verdaderamente, eres Hijo de Dios».


4.    CONVERSIÓN PERSONAL


1 ¿Cómo me está afectando a mí este tiempo de crisis religiosa y futuro incierto de la Iglesia? ¿Está mi fe en crisis, se va apagando o está creciendo? ¿Cómo me siento por dentro?

2  ¿Dónde y cómo puedo yo sentir a Jesús como una mano tendida que me agarra, me quita los miedos y no deja que me hunda? ¿En qué me puede ayudar este grupo?




5.    COMPROMISO EN EL PROYECTO DE JESÚS

1.    ¿Observamos en la sociedad miedo al futuro, desaliento, falta de esperanza?, ¿qué clima se respira en tu parroquia o en el entorno en que tú te mueves?, ¿cuál es la reacción más generalizada dentro de la Iglesia?

2.    ¿Qué estamos aportando a la sociedad y a la Iglesia  los que estamos aquí escuchando el Evangelio de Jesús? ¿Ánimo o desaliento? ¿Esperanza o pesimismo? ¿Palabras o compromiso?

3.    ¿Podemos concretar entre todos/as con qué espíritu y en qué actitud queremos vivir nuestro recorrido? ¿Qué desearíamos aportar desde este grupo? ¿Lo podemos resumir en tres palabras?




6.    SUGERENCIAS PARA LA ORACIÓN

•    Se puede hacer silencio para escuchar las palabras de Jesús: «Ánimo. Soy yo. No tengáis miedo». Luego, cada uno puede invocar: «Si eres Tú, sálvame y ayúdame a…».

•    Se puede crear un clima de recogimiento interior. Alguien pronuncia la pregunta de Jesús: «Hombre/mujer de poca fe, ¿por qué dudas?». Los que quieran pueden responder en voz alta a la pregunta.
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