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¿QUÉ BUSCÁIS?

Juan 1, 35 – 39

    35 Al día siguiente, Juan se encontraba en aquel mismo lugar con dos de sus discípulos. 36 De pronto vio a Jesús que pasaba por allí, y dijo:
    - Éste es el Cordero de Dios.
    37 Los dos discípulos le oyeron decir esto, y siguieron a Jesús. 38Jesús se volvió y, viendo que lo seguían, les preguntó:
    - ¿Qué buscáis?
    Ellos contestaron:
    - Rabí (que quiere decir Maestro), ¿dónde vives?
    39 Él les respondió:
    - Venid y lo veréis.
Se fueron con él, vieron dónde vivía y pasaron aquel día con él. Eran como las cuatro de la tarde.

   


1.    GUÍA DE LECTURA


Estamos dando los primeros pasos para seguir a Jesús con más fe y más verdad. Queremos ser un grupo creyente de seguidores convencidos de Jesús. Somos buscadores. Pero, ¿qué buscamos exactamente? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué esperamos de Jesús? Esto es lo que nos planteamos en este momento.



2.    ACERCAMIENTO AL TEXTO EVANGÉLICO


•    El paso de Jesús. ¿Por qué se deciden los discípulos de Juan a seguir a Jesús?, ¿Basta que alguien nos diga grandes cosas sobre Jesús para tomar la decisión de seguirlo? ¿Nos  dice algo  a nosotros oír que Jesús es «el Cordero de Dios»?

•    La pregunta de Jesús. ¿Qué es lo primero que les dice Jesús cuando ve que comienzan a seguirlo? ¿Se le puede seguir a Jesús sin buscar nada? ¿Qué se puede buscar equivocadamente en Jesús?

•    La respuesta de los discípulos. Curiosamente, le responden con otra pregunta. ¿Es normal su pregunta? ¿No es más importante preguntar a un maestro qué enseña, cuál es su mensaje, para qué pueden servir sus doctrinas…? ¿Qué se encierra detrás de su pregunta? ¿Qué quieren saber exactamente? 

•    «Venid y lo veréis». ¿Para conocer a Jesús, ¿ es importante escuchar a Jesús y tratar con él?   ¿Se puede seguir a Jesús sin
•    conocer su mundo, lo que vive, cómo vive o para qué?




3.    COMENTARIO


VER DÓNDE VIVE JESÚS

    El evangelista Juan no nos dice nada de la infancia de Jesús. Después de un prólogo extraordinario donde presenta a Jesús como «la Palabra de Dios que se ha hecho carne para habitar entre nosotros», nos describe los primeros días de Jesús ya adulto en el entorno del Bautista. ¿Qué sucede precisamente en el día tercero?

    El Bautista está acompañado de dos de sus discípulos. Sin duda, han escuchado su predicación y han recibido su bautismo en las aguas del Jordán, en aquel mismo lugar. Viven a la expectativa de alguien que está a punto de llegar y es «más grande que Juan». Él mismo les ha dicho: «En medio de vosotros hay uno a quien no conocéis». Hay que estar atentos y abrir bien los ojos del corazón.

    De pronto el Bautista ve a Jesús que «está pasando por allí», e inmediatamente lo comunica a los discípulos: «Éste es el Cordero de Dios». Seguramente, los discípulos no pueden entender gran cosa. Tal vez piensan en el «cordero pascual» cuya sangre había liberado al pueblo de la muerte, al escapar de Egipto. Pero lo que ellos están esperando ahora es un liberador definitivo que pueda «quitar el pecado del mundo», limpiar la vida e introducir en los corazones un Espíritu nuevo.

    Jesús sigue siendo para ellos un desconocido, pero, al oír al Bautista, algo se despierta en su interior. Abandonan al que hasta ahora ha sido su profeta y maestro y «siguen a Jesús». Se apartan del Bautista y comienzan un camino nuevo. Todavía no saben a dónde los puede llevar este desconocido, pero ya están tras sus pasos. Así comienza casi siempre el seguimiento a Jesús. De alguna manera, así estamos empezando también nosotros este camino.

    Durante un cierto tiempo caminan en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto con Jesús. Sólo expectación. Jesús rompe el silencio y les hace una pregunta, no muy fácil de contestar: «¿Qué buscáis»?, ¿Qué esperáis de mí? ¿Por qué me seguís precisamente a mí? Hay cosas que conviene aclarar desde el comienzo: ¿Qué buscamos al orientar nuestra vida en  dirección a Jesús?

    Los dos discípulos le responden con otra pregunta: «Maestro, ¿dónde vives?»,  ¿Cuál es el secreto de tu vida?, ¿Qué es vivir para ti? Jesús no se queda en el desierto junto al Bautista. Los está encaminando hacia un lugar nuevo: ¿Dónde vive? Al parecer, no andan buscando en Jesús nuevas doctrinas. Quieren aprender un modo diferente de vivir. Aprender a vivir como él.

    Jesús les responde directamente: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis información externa de otros. Venid a vivir conmigo, y descubriréis cómo vivo, desde dónde oriento mi vida, a qué me dedico y qué es lo que me hace vivir así. Sólo conviviendo con Jesús aprenderemos a vivir como él. Este es el paso decisivo que hemos de dar. Esto es entrar en el camino de Jesús.

    Los discípulos escuchan a Jesús y toman la decisión que cambiará para siempre sus vidas: «Se fueron con él, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día». Se olvidan del Bautista, dejan otros caminos y se van con Jesús. Entran en contacto con el lugar donde vive él. Se introducen en su mundo. Están pasando a la zona de la luz, de la vida y de la libertad que irradia Jesús. Esta experiencia directa les hace «quedarse» con él.

    El evangelista Juan da mucha importancia a lo que está sucediendo. Señala incluso la hora: «eran las cuatro de la tarde». Está naciendo el pequeño grupo de Jesús. Estamos escuchando las primeras palabras que pronuncia Jesús en este evangelio: el primer diálogo que tiene con los que empiezan a seguirlo. En pocas palabras se nos dice lo esencial mejor que con muchas disquisiciones complicadas. ¿Qué es lo decisivo al tomar la decisión de seguir a Jesús?

•    Lo primero es buscar. Cuando una persona no busca nada y se conforma con «ir tirando», repitiendo siempre lo mismo, es difícil que encuentre algo grande en la vida. En una postura de indiferencia, apatía o escepticismo no es posible seguir a Jesús.

•    Lo importante no es buscar algo, sino buscar a alguien. Lo decisivo no es conocer más cosas sobre Jesús, tener más datos, penetrar con más clarividencia en la doctrina cristiana, sino encontrarnos con su persona viva. Es el contacto personal con él lo que nos atrae  a seguirlo y y lo que trasformará nuestra vida.

•    Dicho de manera más concreta, necesitamos experimentar que Jesús nos hace bien, que reaviva nuestro espíritu, que introduce en nuestra vida una alegría diferente, que nos infunde una fuerza desconocida para vivir con responsabilidad y esperanza. Si vamos haciendo esta experiencia, empezaremos a darnos cuenta de lo poco que creíamos en él y de lo mal que habíamos entendido hasta ahora muchas cosas.

•    Pero lo decisivo para seguir a Jesús es aprender a vivir como vivía él, aunque sea de manera pobre y sencilla. Creer en lo que él creyó, dar importancia a lo que daba él, interesarnos por lo que él se interesó. Mirar la vida como la mira Jesús, tratar a las personas como él las trata, acoger, escuchar y acompañar como lo hace él. Confiar en Dios como él confía, rezar como reza  él, contagiar esperanza como la contagia él.



4.    CONVERSIÓN PERSONAL

1.    ¿Qué ando buscando yo en la vida? ¿Seguridad, tranquilidad, amor, bienestar…? ¿Qué es lo primero que busco cada mañana? ¿Me parece suficiente? ¿Necesito algo más?


2.    ¿Qué he buscado durante estos años en Jesús? Y, en estos momentos, ¿qué busco en él? ¿Qué espero de él? ¿Lo tengo claro dentro de mí? ¿Puedo estos días ponerme sinceramente ante Jesús para concretar mejor mi decisión de buscarlo en este grupo?



5.    COMPROMISO EN EL PROYECTO DE JESÚS

1.    ¿Qué busca de ordinario la gente de nuestro  entorno en su vida de cada día? ¿Conocemos personas cuya vida nos parece un acierto? ¿Qué es lo que buscan?


2.    ¿Dónde aprendemos a vivir los hombres y mujeres de hoy? ¿Quiénes son los guías que inspiran el estilo de vivir en la sociedad moderna? ¿Conocemos personas que se plantean qué hacer en su vida para vivir su propia misión?

3.    Dentro de nuestros hogares, grupos, comunidades o parroquias, ¿se aprende a vivir con un estilo más parecido al de Jesús? Señala aspectos positivos o negativos. ¿Qué tenemos que cuidar en este grupo para que sea un lugar donde se pueda aprender a vivir como Jesús?



6.    SUGERENCIAS PARA LA ORACIÓN

•    Jesús está aquí en medio de nosotros viendo que lo queremos seguir. Nos pregunta a todos: «¿Qué buscáis?». Después de meditar su pregunta, vamos respondiendo en silencio o en voz  alta, concretando lo que queremos buscar en este grupo siguiendo los pasos de Jesús.

•    Meditamos en silencio estas invocaciones tomadas o inspiradas en los salmos. Después, elegimos alguna frase y la pronunciamos despacio en voz alta:

        Tu rostro buscaré, Señor,
        no me escondas tu rostro
                    (salmo 26)
        Jesús, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
        mi alma tiene sed de ti;
        mi carne tiene ansia de ti;
        como tierra reseca, agostada, sin agua…
        Tu gracia vale más que la vida
                    (salmo 62)

        No me escondas tu rostro…
        Hazme escuchar tu gracia,
        ya que confío en ti.
        Indícame el camino que he de seguir,
        pues levanto mi alma hacia ti
                    (salmo 142)

        Enséñame, Señor, tu camino,
        para que siga tu verdad
                    (salmo 85)