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mes-2013-06


Sábado 1 de junio

8ª semana del Tiempo Ordinario
Justino, mártir (a. 165)


Eclo 51,17-27: Daré gracias a quien me enseñó
Salmo responsorial 18: Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón
Mc 11,27-33: ¿Con qué autoridad haces esto?



De regreso al Templo, comienza la confrontación directa de Jesús con las autoridades religiosas. Primero los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y en seguida, los fariseos, herodianos y saduceos. En esta confrontación queda claro tanto el proyecto de Jesús como el de los hombres del poder. Después de la expulsión de los vendedores en el templo, quieren saber con qué autoridad hace Jesús esas cosas. No preguntan por los motivos que lo llevaron a expulsar a los vendedores y compradores; sólo preguntan por su autoridad, pues piensan que Jesús debe rendirles cuenta. Jesús no se niega a responder, pero los interpela con otra pregunta: “El bautismo de Juan, ¿procedía del cielo o de los hombres?” Es evidente que para Jesús el bautismo de Juan viene del cielo, pues venía de Dios. Los hombres de poder se quedan sin respuesta porque fueron ellos los que habían tramado la muerte de Juan; por tanto consideraban su bautismo como cosa de los hombres y no de Dios. Los sacerdotes y ancianos perciben el alcance de la pregunta; por eso responden con malicia: “No sabemos!” Respuesta hipócrita que no merece respuesta de Jesús. 
 

 

Domingo 2 de junio

Festividad del Cuerpo de Cristo
Marcelino y Pedro, mártires (a. 304)

Gn 14, 18-20: Melquisedec sacó pan y vino 
Salmo:109, 1. 2. 3. 4: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. 
11, 23-26: Cada vez que comen y beben, proclaman la muerte del Señor 
Lc 9, 11b-17: Multiplicación de los panes.



La primera lectura de hoy constituye una especie de prefiguración sacerdotal-eucarística en la misteriosa persona de Melquisedec; la segunda lectura nos hace pasar de la imagen a la realidad, a través de la catequesis eucarística de Pablo a la comunidad de Corinto; finalmente, el evangelio nos recuerda que la eucaristía es y debe ser siempre expresión y fuente de caridad: nace del amor de Cristo y se vuelve fundamento del amor entre los fieles reunidos en torno al Pan donado por Jesús y distribuido por sus discípulos entre los hermanos.
La eucaristía sostiene toda la vida de la comunidad creyente. Mientras hacemos presente el “amor hasta el extremo” por el que Jesús ofreció su vida en la cruz (pasado), nos comprometemos a formar un sólo cuerpo animado por la fe y la caridad solidaria (presente), “mientras esperamos su venida gloriosa” (1 Cor 11,26) (futuro). 
La primera lectura (Gen 14,18-20) es un antiguo texto, originalmente quizás de naturaleza política-militar, en el que el misterioso personaje Melquisedec rey de Salem ofrece a Abraham un poco de pan y vino. Se trata de un gesto de solidaridad: a través de aquel alimento, Abraham y sus hombres pueden reponerse después de volver de la batalla contra cuatro reyes (Gen 14,17). El pasaje, sin embargo, parece contener una escena de carácter religioso, siendo Melquisedec un sacerdote según la praxis teológica oriental. 
El gesto podría contener un matiz de sacrificio o de rito de acción de gracias por la victoria. El v. 19, en efecto, conserva las palabras de una bendición. Las palabras de Melquisedec y su gesto ofrecen una nueva luz sobre la vida de Abraham: sus enemigos han sido derrotados y su nombre es ensalzado por un rey-sacerdote. El capítulo 7 de la Carta a los Hebreos ha construido una reflexión en torno a Cristo Sacerdote a la luz de este misterioso texto del Génesis, según la línea teológica ya presente en las palabras que el Sal 110,4 dirige al rey-mesías: “Tú eres sacerdote para siempre al modo de Melquisedec”. 
La segunda lectura (1Cor 11,23-26) pertenece a la catequesis que Pablo dirige a la comunidad de Corinto en relación con la celebración de las asambleas cristianas, donde los más poderosos y ricos humillaban y despreciaban a los más pobres. Pablo aprovecha la oportunidad para recordar una antigua tradición que ha recibido sobre la cena eucarística, ya que el desprecio, la humillación y la falta de atención a los pobres en las asambleas estaban destruyendo de raíz el sentido más profundo de la Cena del Señor. 
Se coloca así en sintonía con los profetas del Antiguo Testamento que habían condenado con fuerza el culto hipócrita que no iba acompañado de una vida de caridad y de justicia (cf. Am 5,21-25; Is 1,10-20), como también lo hizo Jesús (cf. Mt 5,23-24; Mc 7,9-13). La Eucaristía, memorial de la entrega de amor de Jesús, debe ser vivida por los creyentes con el mismo espíritu de donación y de caridad con que el Señor “entregó” su cuerpo y su sangre en la cruz por “vosotros”. 
La lectura paulina nos recuerda las palabras de Jesús en la última cena, con las que cuales el Señor interpretó su futura pasión y muerte como “alianza sellada con su sangre” (1 Cor 11,25) y “cuerpo entregado por vosotros” (1 Cor 11,24), misterio de amor que se actualiza y se hace presente “cada vez que coman de este pan y beban de este cáliz” (1 Cor 11,26). La fórmula del cáliz eucarístico, semejante a la fórmula de la última cena en Lucas (Mateo y Marcos reflejan una tradición diversa), está centrada en el tema de la nueva alianza, que recuerda el célebre paso de Jer 31,31-33. Cristo establece una verdadera alianza que se realiza no a través de la sangre de animales derramada sobre el pueblo (Ex 24), sino con su propia sangre, instrumento perfecto de comunión entre Dios y los hombres. 
La celebración eucarística abraza y llena toda la historia dándole un nuevo sentido: hace presente realmente a Jesús en su misterio de amor y de donación en la cruz (pasado); la comunidad, obediente al mandato de su Señor, deberá repetir el gesto de la cena continuamente mientras dure la historia “en memoria mía” (1Cor 11,24) (presente); y lo hará siempre con la expectativa de su regreso glorioso, “hasta que él venga” (1 Cor 11,26) (futuro). El misterio de la institución de la Eucaristía nace del amor de Cristo que se entrega por nosotros y, por tanto, deberá siempre ser vivido y celebrado en el amor y la entrega generosa, a imagen del Señor, sin divisiones ni hipocresías. 
El evangelio (Lucas 9,10-17) relata el episodio de la multiplicación de los panes, que aparece con diversos matices también en los otros evangelios (¡dos veces en Marcos!), lo que demuestra no sólo que el evento posee un alto grado de historicidad, sino que también es fundamental para comprender la misión de Jesús. 
Jesús está cerca de Betsaida y tiene delante a una gran muchedumbre de gente pobre, enferma, hambrienta. Es a este pueblo marginado y oprimido al que Jesús se dirige, “hablándoles del reino de Dios y sanando a los que lo necesitaban” (v. 11). A continuación Lucas añade un dato importante con el que se introduce el diálogo entre Jesús y los Doce: comienza a atardecer (v. 12). El momento recuerda la invitación de los dos peregrinos que caminaban hacia Emaús precisamente al caer de la tarde: “Quédate con nosotros porque es tarde y está anocheciendo” (Lc 24,29). En los dos episodios la bendición del pan acaece al caer el día. 
El diálogo entre Jesús y los Doce pone en evidencia dos perspectivas. Por una parte los apóstoles que quieren enviar a la gente a los pueblos vecinos para que se compren comida, proponen una solución “realista”. En el fondo piensan que está bien dar gratis la predicación pero que es justo que cada cual se preocupe de lo material. La perspectiva de Jesús, en cambio, representa la iniciativa del amor, la gratuidad total y la prueba incuestionable de que el anuncio del reino abarca también la solución a las necesidades materiales de la gente. 
Al final del v. 12 nos damos cuenta que todo está ocurriendo en un lugar desértico. Esto recuerda sin duda el camino del pueblo elegido a través del desierto desde Egipto hacia la tierra prometida, época en la que Israel experimentó la misericordia de Dios a través de grandes prodigios, como por ejemplo el don del maná. La actitud de los discípulos recuerda las resistencias y la incredulidad de Israel delante del poder de Dios que se concretiza a través de obras salvadoras en favor del pueblo (Ex 16,3-4). 
La respuesta de Jesús: “dadles vosotros de comer” (v. 13) no sólo es provocativa dada la poca cantidad de alimento, sino que sobre todo intenta poner de manifiesto la misión de los discípulos al interior del gesto misericordioso que realizará Jesús. Los discípulos, aquella tarde cerca de Betsaida y a lo largo de toda la historia de la Iglesia, están llamados a colaborar con Jesús preocupándose por conseguir el pan para sus hermanos. Después de que los discípulos acomodan a la gente, Jesús “tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y se los iba dando a los discípulos para los distribuyeran entre la gente” (v. 16). 
El gesto de “levantar los ojos al cielo” pone en evidencia la actitud orante de Jesús que vive en permanente comunión con el Dios del reino; la bendición (la berajá hebrea) es una oración que al mismo tiempo expresa gratitud y alabanza por el don que se ha recibido o se está por recibir. Es digno de notar que Jesús no bendice los alimentos, pues para él “todos los alimentos son puros” (Mc 7,19), sino que bendice a Dios por ellos reconociéndolo como la fuente de todos los dones y de todos los bienes. El gesto de partir el pan y distribuirlo indiscutiblemente recuerda la última cena de Jesús, en donde el Señor llena de nuevo sentido el pan y el vino de la comida pascual, haciéndolos signo sacramental de su vida y su muerte como dinamismo de amor hasta el extremo por los suyos. 
Al final todos quedan saciados y sobran doce canastas (v. 17). El tema de la “saciedad” es típico del tiempo mesiánico. La saciedad es la consecuencia de la acción poderosa de Dios en el tiempo mesiánico (Ex 16,12; Sal 22,27; 78,29; Jer 31,14). Jesús es el gran profeta de los últimos tiempos, que recapitula en sí las grandes acciones de Dios que alimentó a su pueblo en el pasado (Ex 16; 2Re 4,42-44). Los doce canastos que sobran no sólo subraya el exceso del don, sino que también pone en evidencia el papel de “los Doce” como mediadores en la obra de la salvación. Los Doce representan el fundamento de la Iglesia, son como la síntesis y la raíz de la comunidad cristiana, llamada a colaborar activamente a fin de que el don de Jesús pueda alcanzar a todos los seres humanos. 
En el texto, como hemos visto, se sobreponen diversos niveles de significado. El milagro realizado por Jesús lo presenta como el profeta de los últimos tiempos. Al mismo tiempo el evento anticipa el gesto realizado por Jesús en la última cena, cuando el Señor dona a la comunidad en el pan y el vino el signo sacramental de su presencia. 
Por otra parte, el don del pan en el desierto inaugura el tiempo nuevo de la fraternidad, que prefigura la plenitud de la comunión escatológica en plenitud. Además se pone en evidencia, como hemos señalado antes, el papel esencial de los discípulos de Jesús como mediadores del reino. A través de aquellos que creemos en el Señor debería llegar a todos los hombres el pan que del bienestar material que permite una vida digna de hijos de Dios, el pan de la esperanza y de la gratuidad del amor, y sobre todo el pan de la Palabra y de la Eucaristía, sacramento de la presencia de Jesús y de su amor misericordioso en favor de todos los hombres. 

Para la revisión de vida
¿En mi vida cristiana el misterio eucarístico se manifiesta como fuente de unidad y de caridad?
¿Cómo podría comprometerme concretamente en favor de las personas que viven en la pobreza y sufren hambre de pan y de justicia?

Para la reunión de grupo
- ¿En nuestra comunidad la celebración eucarística genera mayor amor y compromiso en favor de los más pobres o se limita a ser un simple rito religioso?
- ¿Con cuáles iniciativas concretas podríamos hacer que nuestra participación comunitaria en la Eucaristía sea más activa y dinámica?
- ¿Cómo podríamos como comunidad comprometernos más para llevar a los demás el pan del bienestar material, el pan del amor y de la esperanza, y el pan del evangelio del Reino?
- El capítulo 64 de la serie «Otro Dios es posible» se titula «¿Cuerpo y Sangre de Cristo?». Su guión y su audio pueden ser tomados de aquí:
- http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=160064

Para la oración de los fieles
- Señor Jesús, que en el misterio eucarístico has dejado para tus discípulos un memorial vivo de tu vida, tu muerte y tu resurrección, haz que participando con fe de tu Cuerpo y de tu Sangre seamos testigos fieles del evangelio de la liberación en medio del mundo. Roguemos al Señor...
- Señor Jesús, que congregas a tu Iglesia en torno al misterio de tu Cuerpo y de tu Sangre, haz que nuestra comunidad viva el misterio de la comunión en la diversidad, superando la intolerancia y el sectarismo, y así sea signo e instrumento de tu reino. Roguemos al Señor...
- Señor Jesús, que alimentaste a la multitud en el desierto con el pan material y el pan de la Palabra, haz que la comunidad cristiana viva atenta a los signos de los tiempos, a través de una misión de evangelización liberadora e integral, llevando a todos el anuncio del Reino y comprometiéndose activamente en la promoción humana. Roguemos al Señor...

Oración comunitaria
Señor Jesús, Pan Vivo de esperanza y de amor,
concede a cuantos participamos en la cena eucarística,
vivir el misterio de la comunión en el amor
y ser testigos de tu reino en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.
 

Lunes 3 de junio

9ª semana del Tiempo Ordinario
Carlos Lwanga y mártires de Uganda (a. 1886)

Tob 1,1a.2; 2,1-9: Tobías procedía con sinceridad
Salmo responsorial 111: Dichoso quien teme al Señor
Mc 12,1-12: Agarraron al hijo querido, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña



Esta parábola, que es un resumen de la historia de Israel tomada del profeta Isaías (Is 5,1-7), es también la forma como responde Jesús a quienes cuestionan su autoridad. ¿Quién es el dueño de la viña? ¿Quiénes los agricultores? ¿Quiénes son los empleados y el patrón? ¿Quién es el heredero? ¿Cuál es el mensaje? Con la parábola Jesús revela el origen de su autoridad, él es el hijo, el heredero. Denuncia además el abuso de autoridad de los viñadores, es decir, de los sacerdotes, los escribas y los ancianos que no cuidan adecuadamente al pueblo de Dios. Defiende la autoridad de los mensajeros o profetas enviados por Dios, pero rechazados y asesinados por los hombres y las estructuras de poder. Denuncia también a las autoridades que matan al hijo porque no quieren perder la cuota de poder que han acumulado a lo largo de los años a costa del sufrimiento y la pobreza de sus compatriotas. Las autoridades religiosas de Israel comprendieron muy bien el mensaje dado por Jesús, pero no mostraron señas de conversión. Prefieren eliminar a Jesús antes que perder su poder y sus privilegios. – Y, en la viña de nuestra familia y de nuestra comunidad, ¿qué papel juega Jesús? 
 

Martes 4 de junio

9ª semana del Tiempo Ordinario
Francisco Caracciolo, fundador (a. 1608)


Tob 2,10-23: Tobías no se abatió a causa de la ceguera
Salmo responsorial 111: El corazón del justo está firme en el Señor
Mc 12,13-17: Lo que es del César al César; y lo que es de Dios, a Dios



Continúa la confrontación directa entre Jesús y las autoridades religiosas de Israel. Los fariseos y herodianos, por petición de los sacerdotes y ancianos, planean una coartada contra Jesús para poder encontrar los argumentos necesarios para su rápida condena. Los fariseos y los herodianos, antiguos adversarios, están ahora unidos con el único propósito de eliminar a Jesús. – También hoy encontramos muchos grupos enemigos que se unen entre sí para defender sus privilegios contra aquellos que critican los poderes hegemónicos y anuncian la justicia. – La pregunta sobre el pago o no del tributo al César está cargada de malicia, pues el objetivo es acusarlo ante las autoridades romanas como subversivo. Jesús, consciente de la hipocresía de sus adversarios, en vez de responder pide una moneda y les pregunta a quién pertenece la imagen de la inscripción. Ellos dicen que al César. Jesús, con su respuesta “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, no quiere entrar en discusiones inútiles. Para Jesús está claro que Dios no se identifica con ningún proyecto político en particular, sino con todo proyecto que se construya comunitariamente y opte por la vida, la justicia y la honestidad. – ¿Formamos nosotros parte de algún proyecto de vida?  
 

Miércoles 5 de junio

9ª semana del Tiempo Ordinario
Bonifacio, obispo y misionero (a. 754)


Tob 3,1-10a.16-17a: El Dios de la gloria escuchó la oración de los dos
Salmo responsorial 24: A ti, Señor, levanto mi alma
Mc 12,18-27: No es Dios de muertos, sino de vivos



Los saduceos pertenecían a una élite de aristócratas que no creían en la resurrección, pues pensaban que el reino mesiánico ya estaba presente en la situación de bienestar que ellos estaban viviendo. Ellos seguían la llamada “teología de la retribución”, según la cual, Dios los retribuyó con riquezas y bienestar por ser fieles observantes de la ley y castigó a los que obraban mal con la pobreza. De ahí que el objetivo de su pregunta es ridiculizar la fe en la resurrección. El ejemplo que ponen es un caso ficticio que pretende ver la resurrección como algo absurdo. Jesús les responde duramente: “ustedes no conocen la Escritura ni el poder de Dios”, y les explica que la condición después de la muerte es totalmente nueva, ya que no habrá casamientos, pues todos serán como ángeles en el cielo. Y concluye exhortando que nuestro Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. – Los cristianos hemos heredado desde antiguo la fe en un Dios creador permanente de la vida. ¿Por qué será que en sociedades mayoritariamente cristianas la vida humana y ecológica sigue amenazada? ¿Qué estamos haciendo para que el mundo, en especial los pobres, tengan vida en abundancia? 
 

Jueves 6 de Junio

9ª semana del Tiempo 0rdinario
Marcelino Champagnat, fundador (a. 1840)


Tob 6,10-11; 7,1.9-17; 8,4-10: Me caso con Sara para formar una familia que bendiga al Señor
Salmo responsorial 127: ¡Dichosos los que temen al Señor!
Mc 12,28-34: No hay mandamiento mayor que éstos



El debate anterior con los saduceos fue en torno a la fe en la resurrección. Esta vez, un doctor de la ley, responsable de la enseñanza religiosa en Israel, quiere saber cuál es el mayor de los mandamientos. En aquella época los fariseos tenían muchas normas que reglamentaban el cumplimiento de los diez mandamientos. Muchos pensaban que todos estos preceptos venían de Dios. Por esto el doctor quiere saber la opinión de Jesús. Jesús responde citando y uniendo dos trozos de las Escrituras. El mandamiento de “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas” (Dt 6,4-5) queda unido indisolublemente con el mandamiento de “Amarás al prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18). Los dos mandamientos, convertidos en uno solo, quedan propuestos para la humanidad como el mandamiento mayor y principal. El letrado está de acuerdo con Jesús y además concluye con algo de suma importancia en el proyecto de Jesús: amar a Dios y amar al prójimo es mucho más importante que todos los holocaustos y sacrificios juntos. – La práctica del amor, a todos los niveles, en todos los lugares y momentos, es la cédula de identidad que debe identificar a todo cristiano. En el amor está la clave del cristianismo. 
 

Viernes 07 de Junio

Corazón de Jesús
Venerable Mateo Talbot, obrero (a. 1925)


Ez 34,11-16: Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré sestear
Salmo responsorial 22: El Señor es mi pastor, nada me falta
Rom 5,5b-11: Dios nos da pruebas de su amor
Lc 15,3-7: ¡Felicítenme, he encontrado la oveja que se me había perdido!



La fiesta litúrgica del Sagrado Corazón de Jesús se inspira en uno de los símbolos más ricos de la Biblia: el corazón, que en la mentalidad bíblica es la parte más interior de la persona, la sede de las decisiones, sentimientos y proyectos. El corazón indica lo inexplorable y lo profundamente oculto de alguien, su ser más íntimo y personal. En la narración de la unción de David (1 Sam 16,7) se dice, por ejemplo, que Yahvé advierte a Samuel, cuando vio al primero de los hijos de Jesé: “No te fijes en su aspecto ni en su estatura elevada. El ser humano mira lo que está  a los ojos, la apariencia, mientras que Yahvé mira el corazón”.
Por eso cuando hablamos del “corazón” de Jesús estamos hablando de aquello que representa lo más íntimo y personal de Jesús, el centro interior desde el cual brotan su palabra y sus acciones. En este sentido “el corazón de Jesús” es una expresión que indica la misericordia y el amor infinito de Dios tal como se ha manifestado en la persona de Jesús.
La Biblia habla también, siempre en sentido metafórico, del “corazón” de Dios. Oseas, por ejemplo, habla del corazón de Dios como el lugar de las decisiones últimas y decisivas de Dios. Cuando ni las pruebas de amor ni los castigos de Yahvé han conseguido mover a su pueblo a una conversión duradera (Os 11,1-7), parece insoslayable el juicio definitivo de Dios. Precisamente en esa situación el profeta pone en boca de Dios una de las más formidables palabras del Antiguo Testamento: “¿Cómo te trataré, Efraín? ¿Acaso puedo abandonarte Israel?... El corazón se ha volcado en mí, todas mis entrañas se estremecen. No me dejaré llevar por mi gran ira, no volveré a destruir a Efraín, porque yo soy Dios, no un ser humano” (Os 11,8-9).
En el texto anterior asistimos a una especie de lucha interior en Dios mismo. Dios dice: “¿Cómo te trataré...? ¿Acaso puedo abandonarte...?”. La ley de Moisés mandaba entregar a un hijo que era rebelde a los ancianos de la ciudad para que fuera apedreado (Dt 21,18-21). Efraín-Israel es hijo primogénito de Yahvé (Os 11,1). ¿Deberá Dios tratar a su hijo rebelde según la ley? ¿Deberá destruirlo? La lucha interior en Dios se expresa con la bella expresión: “El corazón se ha volcado en mí, todas mis entrañas se estremecen”. El verbo “volcarse”, en hebreo hapak, indica la acción de algo que se revuelve y se da vuelta en forma inquieta. Es el corazón de Dios que se resiste a actuar con dureza frente al pueblo.
La lucha interior en Dios acaba con una decisión en la cual prevalece el perdón y la misericordia. El corazón de Dios renuncia al castigo. En lugar de la destrucción merecida por el pueblo, ocurre un vuelco en el corazón de Dios. La incondicional misericordia de Dios se vuelve contra la resolución judicial que establecía el castigo y la muerte. El corazón de Dios, o sea, su libre decisión por el amor, se vuelve contra su resolución encolerizada. Aquella determinación divina en favor de Israel se expresa con esta frase: “No me dejaré llevar por mi gran ira, no volveré a destruir a Efraín, porque yo soy Dios, no un ser humano” (Os 11,9). El corazón de Dios es, por tanto, misericordia y vida en favor de su pueblo. Y así se ha manifestado plenamente en su Hijo Jesucristo que “ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia” (Jn 10,10).
El evangelio nos coloca delante del misterio insondable de la misericordia de Dios, a través de dos parábolas contadas por Jesús. En ellas se narra la experiencia de la reconciliación del ser humano con un Dios que “no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva” (Ez 18,23). Jesús ha contado estas parábolas para explicar su propio comportamiento en relación con los pecadores y perdidos. En estas parábolas se expresa lo más íntimo y decisivo del corazón de Jesús: la misericordia y la gratuidad en favor del ser humano pecador.
Mientras los fariseos y maestros de la ley se mantienen a distancia de los pecadores por fidelidad a la Ley (véase, por ejemplo, lo que dice Ex 23,1, Sal 1,1; 26,5), Jesús anda con ellos, come y bebe y hace fiesta con ellos (Lc 15,1-3). Lo que choca a los maestros de la ley no es que Jesús hable del perdón que se ofrece al pecador arrepentido. Muchos textos del Antiguo Testamento hablaban del perdón divino. Lo que sorprende radicalmente es la forma en que Jesús actúa, el cual en lugar de condenar como Jonás o Juan Bautista, o exigir sacrificios rituales para la purificación como los sacerdotes, come y bebe con los pecadores, los acoge y les abre gratuitamente un horizonte nuevo de vida y de esperanza.
Esto es lo que las parábolas quieren ilustrar; su objetivo primario es mostrar hasta dónde llega la misericordia de ese Dios que Jesús llama “Padre”, una misericordia que se refleja y se hace concreta en el corazón de Jesús, o sea en el principio que orienta y determina la conducta de Jesús frente a los pecadores.
Con toda probabilidad la parábola se inspira en la imagen del “pastor” tan presente en muchos textos del Antiguo Testamento: “Escuchen, naciones, la palabra del Señor; anúncienla en las islas lejanas; digan: El que dispersó a Israel, lo reunirá y lo guardará como un pastor a su rebaño” (Jer 31,10). En la Biblia la imagen del pastor es usada para hablar del cuidado que tiene Dios por su pueblo, mientras las ovejas descarriadas representan a todos aquellos que se han alejado de Dios: “Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a su redil, oráculo del Señor. Buscaré a la oveja perdida y traeré a la descarriada; vendaré a la herida, robusteceré a la débil...” (Ez 34,15-16).
En las dos parábolas se desarrolla el tema de la conversión de los pecadores, que tiene lugar en el encuentro con el mensaje y la persona de Jesús que busca a todos los que se han alejado de Dios. El “pecador convertido” del que se habla representa a los publicanos y pecadores que han venido a escuchar a Jesús, a diferencia de los fariseos y escribas que murmuran de él y se quedan lejos (Lc 15,1-2).
Las dos parábolas insisten en la alegría que Dios siente cuando un pecador se convierte. En la primera parábola, la oveja descarriada se pierde “fuera” de casa; en la segunda, la moneda se pierde “dentro” de casa. Los cercanos y los lejanos tienen necesidad de ser buscados y encontrados por Dios. “Todos hemos pecado” (Rom 3,23), dirá San Pablo. Jesús proclama el gozo de un Dios que busca al ser humano para devolverle la vida. Aquella oveja y aquella moneda tienen en común una sola cosa por la cual son objeto del amor misericordioso de Dios: ¡oveja y moneda estaban perdidas! 
 

Sábado 8 de junio

Inmaculado Corazón de María
Medardo, obispo (a. 560)


Is 61,9-11: Desbordo de gozo con el Señor
Interleccional: 1 Sm 2,1.4-8: Mi corazón se regocija en el Señor, mi Salvador
Lc 2,41-51: Conservaba todo esto en su corazón 



El evangelio nos presenta el conocido episodio de Jesús perdido y hallado en el Templo a la edad de doce años. El relato es una joya de reflexión teológica sobre el misterio de Jesús. Es la primera vez que en el evangelio de Lucas el joven Jesús manifiesta la propia personalidad teológica bajo dos aspectos: su extraordinaria y precoz sabiduría y su relación filial única con el Padre del cielo.
En la lectura del texto hay que evitar una interpretación psicológica que ve en el drama narrado, en la preocupación de la Madre y en la respuesta de Jesús una anticipación de la crisis generacional de la familia moderna. No se trata de un relato biográfico, ni de una relato edificante (leyenda), sino de una narración “teológica” centrada sobre la primera palabra que escuchamos de Jesús en el evangelio, una palabra que revela la relación única que él tiene con Dios y su obediencia filial al Padre.
Lucas no se detiene en los detalles narrativos (pérdida del Niño, los tres días de búsqueda, etc.), pues son sólo artificios literarios al servicio del mensaje religioso del texto. El centro de interés de la narración inicia en el v. 46, en donde Jesús aparece “en el Templo, sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles”, según el estilo de “pregunta-respuesta” que era propio en la enseñanza religiosa del judaísmo. Jesús aparece como alguien asiduo e interesado en escuchar las cosas de Dios. En el v. 47 la óptica narrativa cambia. Ahora Jesús no sólo escucha, sino que como maestro expone y responde, “y todos los que le oían estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas”. Lucas ve en la escena una anticipación del futuro ministerio de Jesús, cuando su enseñanza “con autoridad” causará estupor en la muchedumbre (Lc 4,32).
El diálogo del joven Jesús con María su madre es de un gran espesor teológico. Es necesario evitar una explicación del estupor y de la sucesiva “reprensión” de María desde el punto de vista psicológico. La “incomprensión” de María y José representan la reacción natural de quien se encuentra frente a un hecho que supera las expectativas y la comprensión humana. La fe de María y de José, como la fe de todo creyente auténtico, se ve siempre superada por la realidad insondable del misterio de Dios.
No hay que olvidar lo que Jesús afirmará más tarde: “Ninguno conoce quién es el Hijo, sino el Padre” (Lc 10,22). En la reprensión de María (v. 48) se intuye ciertamente la angustia normal de unos padres frente al hijo perdido; pero la respuesta de Jesús (v. 49a: “Y, ¿por qué me buscabais?”) obliga a sus padres (y a los lectores del evangelio) a superar el problema de las relaciones naturales de sangre, para entrar en la lógica del misterio y los caminos de Dios.
La frase central de todo el relato es la pronunciada por Jesús en el v. 49b: “¿No sabíais que yo debía estar en la Casa de mi Padre?” (o según otra posible traducción del texto griego: “¿No sabíais que yo debía ocuparme de las cosas de mi Padre?”). Es preferible la primera opción que habla de la “Casa de mi Padre”, pues subraya la cercanía entre Jesús y Dios. El templo era, en efecto, el espacio de la presencia de Dios y el lugar en donde se enseñaba la Palabra de Dios.
Para Lucas, la sabiduría de Jesús en medio de los doctores y su enseñanza admirable encuentran su fundamento en su origen divino, en su relación filial única con Dios. La escena concluye con la incomprensión de los padres de Jesús (v. 50). La afirmación tiene una función literaria, más que histórica. Es una invitación a la meditación y a la aceptación en la fe del misterio de Jesús de Nazaret que la escena del Templo ha dejado entrever.
A los doce años, que según la ley judía era la edad en que todo joven hebreo adquiere la responsabilidad frente a la Ley y la religión (el momento de la bar-mitzvah, expresión que significa: “hijo del precepto”), Jesús revela su auténtica realidad de Maestro y de Hijo, tomando distancia frente a la realidad limitada y cotidiana de su condición humana. Es la primera revelación que Jesús hace de su persona y de su destino, y el creyente auténtico, como María su madre, aun no comprendiendo todo, “conserva cuidadosamente todas las cosas en su corazón” meditándolas (Lc 2,51, Lc 2,19). María entiende que también para ella comienza el fatigoso camino de la fe. Una fe que le hará descubrir el misterio escondido en aquel joven hijo suyo y que le hará ir perdiendo a su hijo como posesión para recibirlo como don salvador de Dios a los pies de la cruz. 
La experiencia de María es la experiencia de cada padre de familia, que debe aceptar en el hijo un proyecto que no le pertenece, el proyecto nuevo y libre de una persona distinta, que no se puede poseer totalmente y a la cual los padres no le podrán imponer un destino establecido previamente. Pero la experiencia de María es sobre todo la experiencia del creyente que sabe encontrar a Jesús “en la Casa del Padre”, es decir, como Sacramento de la sabiduría y de la presencia de Dios entre nosotros. Una experiencia que cada familia está llamada a vivir, convirtiéndose en pequeña “iglesia doméstica”, en donde cada hijo, educado en la fe y en los grandes valores de la solidaridad humana, pueda crecer “en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52), a imagen del adolescente Jesús de Nazaret. 
 

Domingo 9 de junio

10ª domingo del Tiempo Ordinario
Efrén, poeta y doctor (a. 373)

1 Re 17,17-24: Elías resucita al hijo de una viuda. 
Salmo responsorial 29: Te alabaré, Señor, me has rescatado
Gál 1,11-19: Dios me reveló a su Hijo para que proclamara la Buena Nueva a los paganos
Lc 7,11-17: Resurrección del hijo de la viuda de Naim



La historia de la viuda de Sarepta y del profeta Elías, según la primera lectura, marcará profundamente la fe de Israel. La generosidad de una mujer, que comparte desde su pobreza lo poco que tiene, conmueve al profeta Elías y al mismo corazón de Dios, hasta el punto de compensarla con el regalo de la vida. Elías por su parte, es recordado como un gran profeta y, como vemos, su misión va más allá de las fronteras del judaísmo. Muchos creyeron que Juan Bautista, e incluso Jesús, eran el nuevo Elías. La historia de este milagro nos invita a confiar profundamente en Dios, pues la confianza traducida en fe posibilitará siempre el cumplimiento de las promesas.
El texto de Gálatas nos advierte que la Buena Nueva anunciada por Pablo viene del propio Jesús. Pablo reconoce sus errores cuando fue perseguidor de la Iglesia cristiana primitiva, pero también agradece el favor de Dios al revelarle a su Hijo Jesús para el anuncio del evangelio en medio de los gentiles. La misión se abre a nuevas fronteras, no hay excusas para seguir cerrados creyendo que la salvación es propiedad exclusiva de los judíos. Jesús insiste en abrir el Reino más allá de las fronteras del judaísmo. 

El evangelio de Lucas nos narra hoy un milagro de resurrección por parte de Jesús. Naín era, y continúa siendo, una pequeña aldea cerca de Nazaret. Jesús iba con sus discípulos cuando se cruzaron con el entierro del hijo único de una viuda. Las viudas, según la tradición bíblica, eran vulnerables, y más aún si no tenían en la familia un hijo varón que les garantizara seguridad y dignidad. Sólo el hombre garantizaba para ellas un status dentro de la sociedad, pues eran consideradas objetos de propiedad, primero del padre y luego de su marido. Eran valoradas especialmente por su condición de procreadoras. La viuda de Naín está pasando por una dura prueba. La pérdida de su hijo suponía también la pérdida de dignidad y consideración en la sociedad donde vivía, máxime cuando ya había sufrido la pérdida de su marido, que le aseguraba estabilidad y respeto. El llanto de la viuda es el grito silencioso de una mujer que siente no sólo pérdida de su hijo sino también su destino de vulnerabilidad, exclusión y desigualdad. Es el llanto que denuncia el machismo y la discriminación social. 
Jesús se conmueve por la suerte de esta mujer, se solidariza, la mira y la toma en cuenta, le pide que no llore, se acerca al féretro... y ordena al muchacho difunto que se levante. Finalmente, Jesús coloca al muchacho con vida en brazos de su madre. Jesús transgrede de nuevo las reglas excluyentes de aquella sociedad, devolviendo la vida y la dignidad a la mujer. 

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 38, titulado «Sucedió en Naim», que puede ser escuchado aquí (http://untaljesus.net/audios/cap38b.mp3)  y cuyo guión –con un comentario bíblico-teológico incluido- puede ser recogido aquí (http://untaljesus.net/texesp.php?id=1200038).  Merece la pena dar un vistazo a este punto de la red (http://www.untaljesus.net) por lo que de recurso pastoral –o para la reflexión personal- significa.  
- La serie Otro Dios es posible, de los mismos autores, tiene dos capítulos, el 29 «¿Curó enfermos?», y el 31 «¿Dios hace milagros?», que pueden ser trabajados en en relación con el evangelio de hoy. Su texto y audio pueden ser recogidos en: http://emisoraslatinas.net/entrevistas.php?id=100&lang=es  

Para la revisión de vida
¿Qué puesto ocupa la «compasión» en mi vida interior, en mi vida espiritual, en mi compromiso diario, en el sentido de mi vida?

Para la reunión de grupo
- El evangelio de este domingo es uno de los típicos que nos hablan de los sentimientos de compasión, de misericordia de Jesús. Se «conmovía» Jesus ante el sufrimiento de los pobres, de los enfermos, de las viudas... El capitulo segundo del libro de Albert NOLAN, «Quién es este hombre» (está en la red), estudia muy bien el tema. También el libro de Pagola «Jesús. Aproximación histórica». Decidirse por uno de ellos y organizar un estudio sobre el tema, en grupo. 
- Recordar la situación de marginación y opresión de la mujer en la sociedad del tiempo de Jesús. Hacer un elenco de rasgos y situaciones concretas de opresión a los que se veía sometida la mujere. Joaquín JEREMÍAS, en «Jerusalén en tiempos de Jesús» tiene muy buena información. En caso alternativo buscarla en materiales de teología feminista. Organizar una reunión de estudio bíblico sobre este tema. 
- La misericordia, la compasión es una de las estrellas principales del universo espiritual budista. Estudiar el tema de la compasión en Buda. Que alguna persona del grupo busque información, estudie el tema, y lo presente al grupo, que podrá hacer comparación entre la misericordia en Jesús y en Buda.

Para la oración de los fieles
- Para que nos hagas comprender que el ser humano necesita amor para vivir, y un amor profundo, roguemos al Señor...
- Para que nos dés entrañas de misericordia y compasión para con todos los seres humanos, y también para con toda la comunidad de la vida, la comunidad de los seres vivientes de este planeta, rogiemos al Señor...
- Por la Iglesia, para que recupere su ser «Iglesia pobre y para los pobres», roguemos al Señor...
- Para que la compasión pastoral sea puesta en la Iglesia por encima de los criterios rigoristas, dogmáticos, inflexibles, roguemos al Señor...

Oración comunitaria
O Misterio infinito, a quien creemos presente en el proceso de la vida y en la historia del cosmos... Haz que seamos capaces de comprender que la fuerza que todo lo sostiene es el Amor, y que nosotros mismos sólo alcanzaremos la felicidad en el Amor, cuando nos llenamos de entrañas de misericordia para con todos nuestros hermanos y hermanas sufrientes. Nosotros te lo pedimos apoyados en el ejemplo de Jesús, unidos a todos los hombres y mujeres que te buscan «por los muchos caminos». Amén.
 

Lunes 10 de Junio

10ª semana del Tiempo Ordinario
Beata Ana María Taigi, madre de familia (a. 1867)

2 Cor 1,1-7: Dios nos alienta y nosotros podemos alentar a los demás
Salmo responsorial 33: ¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
Mt 5,1-12: Dichosos los pobres en el espíritu



Las Bienaventuranzas, haciendo memoria de Moisés en el monte Sinaí, son la nueva versión de los mandamientos, proclamadas en perspectiva de Reino de Dios. El monte era en Israel el lugar privilegiado para las teofanías y revelaciones de Dios. Revelación que se manifiesta no sólo a los discípulos, sino a toda la multitud que lo sigue y, en general, a todo el pueblo de Dios que acoge sus enseñanzas. Jesús presenta a un Dios cercano y en comunión con la comunidad, rompiendo así con las barreras que las autoridades religiosas habían colocado entre Dios y el pueblo. Las Bienaventuranzas son el rostro alegre y esperanzador que el Reino tiene para los pobres y los que sufren por causa del evangelio. Mateo presenta ocho bienaventuranzas, de las que la primera resume todas las demás. Llama felices a los “pobres de corazón”, que podría referirse a los “humildes y afligidos” que tienen una actitud religiosa de desprendimiento. Dichosos porque aman y dan su vida por los hermanos; por eso les pertenece el Reino de los cielos. Las bienaventuranzas siguientes son consecuencia de la opción de compartir los bienes con los necesitados, con los afligidos y los desposeídos. Son felices porque trabajan por la justicia y por la paz. 
 

Martes 11 de Junio

Bernabé, apóstol (siglo I)


Hch 11,21b-26; 13,1-3: Era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe
Salmo responsorial 97: El Señor revela a las naciones su justicia
Mt 10,7-13: Anuncien que el reino de de los cielos está cerca



La misión para los discípulos de ayer y de hoy es clara: proclamar el Reino de Dios. Un Reino que estaba cerca y que ahora, por Jesús, está en medio de nosotros. Jesús llama a los Doce y los envía con instrucciones precisas. El verdadero discípulo es quien se siente enviado por Jesús y sigue siempre sus instrucciones. Con este envío misionero comienza una nueva etapa en el aprendizaje de la escuela discipular que siempre está abierta para todos. Ahora no es sólo Jesús, es todo el grupo el que va a anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios. Si la predicación de Jesús ya causaba conflicto, éste se intensificará con la predicación de todo el grupo. La novedad introducida por Jesús y su movimiento con relación a otros grupos de su tiempo, que también predicaban sus doctrinas, es que, mientras aquellos llevaban dinero para comprar su propio alimento, por desconfiar de la comida impura del pueblo, los discípulos de Jesús están llamados desde la sencillez, la humildad y la confianza, a solucionar problemas concretos de la comunidad. – Una buena lectura de la realidad, con respuestas humildes y concretas, traerá ríos de paz a nuestras comunidades. 
 

Miércoles 12 de Junio

Juan de Sahagún, predicador (a. 1479)


2 Cor 3,4-11: Nos ha hecho ministros de una alianza nueva
Salmo responsorial 98: Santo es el Señor, nuestro Dios
Mt 5,17-19: No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud



Queda claro que la ley de Dios hay que cumplirla. Esta es la respuesta para aquellos que acusan a Jesús de desconocer la ley de Moisés. La comunidad de Mateo enfrentaba problemas en su interior. Unos pensaban que no era necesario seguir la ley heredada del Antiguo Testamento, porque bastaba la fe en Jesús. Otros se aferraban a la ley hasta el punto de ponerla por encima de las enseñanzas de Jesús. Pero Jesús no vino a abolir la ley original, aquella que servía de guía y orientación al pueblo de Israel para encontrar el camino de la salvación. Esa ley, marcada por el amor, no sólo hay que cumplirla sino que hay que predicarla y practicarla en medio de los hermanos. El problema es que la ley original, la del amor, fue pervertida por las autoridades religiosas hasta convertirla en una pesada carga para la gente. Una ley que no liberaba, sino que esclavizaba. De esta versión de la ley, Jesús fue su mayor crítico, hasta el punto de recordar sutilmente a los escribas y fariseos que ellos serán considerados los más pequeños en el Reino de los cielos por quebrantarla y enseñarla equivocadamente a los demás. 
 

Jueves 13 de junio

Antonio de Padua, religioso y predicador (a. 1231)


2 Cor 3,15–4,1.3-6: Dios ha brillado en nuestros corazones para que nosotros iluminemos
Salmo responsorial 84: La gloria del Señor habitará en nuestra tierra
Mt 5,20-26:Todo el que esté peleado con su hermano será procesado



Este episodio se sitúa en un contexto mayor que comprende Mateo 5,20-48. En esta sección tenemos una introducción y seis antítesis, todas con la misma estructura. Se cita un mandamiento de la Ley, seguido por la respectiva enseñanza de Jesús. Hay una fase de conexión entre las partes:“han oído que se dijo a los antepasados”. La intencionalidad es mostrar la ruptura y continuidad de la Ley en el proyecto de Jesús, que tiene su mayor novedad en la práctica del amor, como símbolo de justicia plena. Y la clave de todo amor y de toda justicia es el hermano. El amor a Dios sólo es creíble cuando es amor al otro. ¿Cómo poder decir que se ama a Dios a quien no vemos, si no somos capaces de amar al hermano a quien vemos? (1 Jn 4,20). Jesús cita textualmente uno de los mandamientos del decálogo, “no matarás” (Éx 20,23). Mateo va a la fuente y no a la interpretación rabínica, para demostrar que la justicia no viene de lo que hago por Dios observando la Ley, sino de lo que Dios hace por mí acogiéndome, de la misma forma que yo acojo a mi hermano.
 

Viernes 14 de junio

Juan Francisco Regis, predicador (a. 1640)


2 Cor 4,7-15: Quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros
Salmo responsorial 115: Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza
Mt 5,27-32: Quien mira a una mujer casada deseándola ya ha cometido adulterio



El evangelio continúa con las antítesis, una manera particular de Jesús para interpretar y explicar la Ley de Dios. En este trecho tenemos la segunda y tercera antítesis, que se refieren al adulterio y al divorcio. El v. 27 cita al pie de la letra el sexto mandamiento (Éx 20,14; Dt 5,17) acrecentando la mirada con malos deseos. Según la mentalidad rabínica, para que haya adulterio lo que importa es si la mujer es casada. El adulterio es una falta contra un matrimonio ajeno, es lesionar los derechos del hombre casado. Según esta visión, el hombre casado no comete adulterio con una mujer soltera. Mientras que la mujer casada comete adulterio con cualquier otro hombre que no sea su esposo. El lenguaje utilizado por Jesús no debe entenderse como expresiones legalistas, sino como hipérboles literarias para expresar la exigencia cristiana de respetar el compromiso que se adquiere con una pareja como expresión concreta de la voluntad de Dios. La tercera antítesis v. 32 se relaciona con la anterior, destacando la inclinación de Jesús por rescatar la dignidad de la mujer, en una clara denuncia de una ley que cargaba sobre la mujer todas las culpas en la relación y estabilidad matrimonial. 
 

Sábado 15 de junio

Micaela del Smo. Sacramento, fundadora (a. 1865)


2 Cor 5,14-21: Al que no había pecado Dios le hizo expiar nuestros pecados
Salmo responsorial 102: El Señor es compasivo y misericordioso
Mt 5,33-37: Yo les digo que no juren en absoluto



La cuarta antítesis es “no jurar”. La fórmula es la misma, cita del mandamiento y enseñanza antitética de Jesús, primero en forma general “no jurar” y luego en casos específicos: por el cielo, por la tierra, por Jerusalén, por tu propia cabeza. Estamos ante una crítica a los frecuentes juramentos que se hacían y no se cumplían. Fueron muchos los hombres y mujeres, generalmente los más humildes, condenados injustamente por juramentos falsos. La posición de Jesús es radical: no jurar. La palabra humana debe ser creíble sin necesidad de poner a Dios como testigo. Basta con decir sí o no. No hay por qué apelar a Dios para garantizar la veracidad de lo que decimos. La credibilidad se debe ganar día a día, por medio de acciones que así lo demuestren. Aunque es de humanos errar, también es humano tener el valor de rectificar nuestros errores cumpliendo nuestros compromisos. Así recobramos el valor de nuestras palabras, dichas y no dichas. La condena que hace Jesús a la casuística judía sobre el juramento no se refiere al hecho mismo de jurar, sino a la creencia de que, usando a Dios como sustituto por la palabra, el ser humano se liberaría de cualquier obligación. 
 

Domingo 16 de Junio

11º domingo del Tiempo Ordinario
Eliseo, profeta (a. 850 aC)

2 Sm 12,7-10.13: El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás
Salmo Responsorial: 31: Perdona, Señor, mi culpa
Gál 2,16.19-21: No soy yo, es Cristo quien vive en mí
Lc 7,36–8,3: Se le han perdonado muchos pecados, por su amor



En la primera lectura, David, el rey elegido por Dios, ha pecado gravemente. No sólo ha cometido adulterio con Betsabé, esposa de uno de sus generales más leales, sino que además hizo matar al esposo engañado. Se ha mofado así del mismo Dios, al arrogarse un derecho abusivo sobre la vida y la muerte en beneficio de sus deseos depravados, poniendo en entredicho la absolutez de la realeza divina, única fuente del auténtico derecho. Esto merece un castigo. Pero el rey reconoce su delito y se manifiesta humildemente arrepentido. Muestra así la profundidad de su fe, real a pesar de su pecado. Por eso Dios lo perdona. David quedará para siempre como el ejemplo vivo del hombre que, sobrepasando sus miserias, se ha situado en la dinámica divina que, sin desatender la justicia, aplica la misericordia y el perdón a quien se arrepiente, incluso por delitos enormes.
En la segunda lectura, Pablo no cesa de combatir la mentalidad que empuja al hombre a pensar que gracias a sus buenas acciones tiene derechos ante Dios. La religión fundada sobre la obediencia a la ley y sobre un contrato “te he dado y tienes que darme” falsea la verdadera relación con el Señor. Este tipo de religión condujo al judaísmo a rechazar el mensaje de misericordia de Jesús, para cerrarse en su frío esquema de la legalidad vacía. La fe transforma radicalmente esta mentalidad y nos hace abrirnos al amor divino tal como se ha mostrado en Jesús.
En el evangelio, una mujer -¡y qué mujer!- se atreve a estropear una sobremesa cuidadosamente preparada. La arrogante entrometida no sólo quebranta las leyes de la buena educación, sino que, además, comete una infracción de tipo religioso: un ser impuro no debe manchar la casa de un hombre socialmente puro (un fariseo).
Por un momento Cristo pierde su dignidad de profeta a los ojos de su anfitrión: “Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que le está tocando, y lo que es: una pecadora”.
Ante la situación que se ha presentado, Jesús utiliza el recurso de los sabios: el método socrático de inducir la conclusión correcta a partir de argumentos correctos. En vez de corregir a su anfitrión, lo invita a salir de su ignorancia y a reconocer que el verdadero pecador es él; el fariseo que se cree puro.
La mujer, a nadie ha engañado: ha repetido los gestos de su oficio; la misma actitud sensual  que ha tenido con todos sus amantes. Pero esta tarde sus gestos no tienen el mismo sentido. Ahora expresan su respeto y el cambio de su corazón. El perfume lo ha comprado con sus ahorros, que son el precio de su “pecado”. Y sin dudarlo rompe el vaso (cf. Mc 14,3), para que nadie pueda recuperar ni un gramo del precioso perfume. Una vez más, el gesto fino y elegante . 
Salen aquí a la luz dos dimensiones de la salvación. Por una parte, estalla la libertad propia del amor. En esta comida el fariseo tenía todo previsto y preparado. Pero basta con que una mujer empujada por su corazón entre sin haber sido invitada, y la sobremesa cambia del todo. Por otra parte, el episodio revela la liberación ofrecida por Jesús. El Mesías proclama con sus actos y palabras que el hombre ya no está condenado a la esclavitud de la ley y de una religión alienante. El cristiano es un ser liberado sobre la base de esa fe hecha amor práctico que predica Jesús: “tu fe te ha salvado”.
En la antigüedad las prostitutas eran consideradas esclavas; socialmente no existían. Sin embargo, esta tarde una prostituta escucha las palabras de absolución y de canonización, porque ha hecho el gesto sacramental, ha expresado su decisión de cambiar de vida. Así se coloca a la cabeza del Evangelio. ¿Qué otra cosa pueden significar las palabras de Cristo “tus pecados están perdonados”? Es lo mismo que decir: “María, eres una santa”. 


El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, pero en su lugar podría escucharse, por ejemplo, el episodio del lavatorio de los pies, que es su contexto histórico; está en el capítulo 041 de la serie, que puede ser escuchado aquí (http://untaljesus.net/audios/cap41b.mp3), y cuyo guión –con un comentario bíblico-teológico incluido- puede ser recogido aquí (http://untaljesus.net/texesp.php?id=1200041).  

Para la revisión de vida
¿Qué puesto ocupa el amor en mi vida interior, en mi vida espiritual, en el sentido de mi vida?

Para la reunión de grupo
- ¿Qué significa que «sus muchos pecados están perdonados porque tiene mucho amor»?
- ¿Qué pensar de aquella expresión de san Agustín, que dice que «ama y haz lo que quieras»?
- Si el perdón de los pecados lo consigue el amor, ¿cuál es el papel del sacramento de la confesión? 
- ¿A qué se debe que el sacramento de la confesión parezca que hoy se encuentra «colapsado»? 
- ¿Qué reformas propondría nuestra comunidad cristiana si se le pidiera elaborar un plan pastoral para reformar la administración del sacramento de la confesión de forma que se convirtiera en un gesto creíble, no controlador, amable, comunitario, gozoso?

Para la oración de los fieles
- Para que nos hagas comprender que el ser humano necesita amor para vivir, y un amor profundo, roguemos al Señor...
- Por la Iglesia, para que supere su actual situación interir de crispación que hace que tantos millones de personas se hayan apartado de ella en el primer mundo...
- Para que el amor pastoral sea puesto en la Iglesia por encima de todo...

Oración comunitaria
O Misterio infinito, a quien creemos presente en el proceso de la vida y en la historia del cosmos... Haz que seamos capaces de comprender que la fuerza que todo lo sostiene es el Amor, y que nosotros mismos sólo alcanzaremos la felicidad en el Amor. Nosotros te lo pedimos apoyados en el ejemplo de Jesús, unidos a todos losshombres y mujeres que te buscan por los muchos caminos. Amén.
 

Lunes 17 de junio

11ª semana del Tiempo Ordinario
Gregorio Barbarigo, obispo (a. 1687)

2 Cor 6,1-10: Damos prueba de que somos servidores de Dios
Salmo responsorial 97: El Señor da a conocer su victoria
Mt 5,38-42: Yo les digo: No hagan frente a quien les agravia



La quinta antítesis sigue la misma secuencia de las anteriores, una cita del Antiguo Testamento “la ley del talión” (Éx 21,24-25; Lv 24,19-20), una enseñanza de Jesús, en forma general: “no opongan resistencia al que les hace el mal”, seguido de tres ejemplos concretos: el golpe en la mejilla, el pleito por la túnica, los mil pasos. La ley del talión consiste en aplicar un castigo de acuerdo al daño causado, para limitar la venganza personal y para desanimar al posible criminal. La bofetada era un acto ofensivo y en la mejilla derecha era especialmente injurioso. El pleito por la túnica supone el caso de una persona que no puede pagar una deuda y deja como prenda una túnica. El obligar a andar una milla se refiere a la costumbre que tenían las autoridades civiles o militares, de imponer por la fuerza a la gente a llevar una carga o a acompañar a alguien en el camino. – La exhortación general nos invita a renunciar a cualquier tipo de violencia y de venganza. No se trata de una táctica para lograr un objetivo, sino de una actitud basada en la estrategia del amor y la solidaridad. 
 

Martes 18 de junio

Juliana de Falconieri, fundadora (a. 1341)


2 Cor 8,1-9: Cristo se hizo pobre por ustedes
Salmo responsorial 145:¡Alaba, alma mía, al Señor!
Mt 5,43-48: Amen a sus enemigos



“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18) es la última de las antítesis. El mandato de odiar al enemigo no aparece en el Levítico, pero Mateo lo emplea tal vez para ver los límites de la ley antigua, donde el mandato del amor se refiere solamente a los miembros del pueblo de Israel. ¿Qué pasa entonces con los hermanos de otros pueblos? ¿Es el amor un acto exclusivo de Israel y excluyente de los demás pueblos? ¿Acaso el amor tiene una nacionalidad o una cultura particular y privilegiada? En la antítesis, odiar/amar, la fuerza recae en el amor, no sólo por los de mi familia, los de mi comunidad, los de mi región o los de mi cultura, sino también por los enemigos. Si sólo se ama a los amigos ¿qué mérito tiene esto? Hay que “amar a los enemigos y orar por los perseguidores”. Esto quiere decir, que el amor no tiene límites, ni puede ser mezquino. El modelo de conducta es Dios mismo: “sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes”. La medida de la perfección no es la mediocridad, sino el amor al hermano y a la vida en todas sus expresiones.  
 

Miércoles 19 de junio

Romualdo, fundador (a. 1027)


2 Cor 9,6-11: Al que da de buena gana lo ama Dios
Salmo responsorial111: Dichoso quien teme al Señor
Mt 6,1-6.16-18: Tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará



La limosna, la oración y el ayuno son tres obras de piedad muy propias de la religiosidad judía. La preocupación de Jesús no es por su cumplimiento, sino por la forma en que se realizan las prácticas religiosas. El ejercicio de la justicia y de la piedad no debe hacerse sólo por el aplauso, la autopromoción o la alabanza popular. Jesús advierte que la limosna debe ser una muestra de generosidad, de solidaridad y de amor gratuito, y como tal no debe hacerse pensando en la “foto” del héroe, sino en el hermano necesitado. Los judíos acostumbraban hacer oración tres veces al día. Podía hacerse incluso en la calle. La crítica de Jesús no es a la oración, sino a la manipulación de Dios para quedar bien ante la gente. Jesús lo llama hipocresía. Finalmente Jesús critica la manera de ayunar con el mismo argumento; hacerlo para mostrarse ante la gente y no ante Dios. La experiencia de Dios no puede tener su fuerza en la fachada exterior, sino sobre todo en la fortaleza interior. Dios ve en lo profundo la bondad del corazón y, sólo cuando hay bondad en nuestro corazón, las acciones externas van impregnadas del amor de Dios. 
 

Jueves 20 de Junio

Juan Fisher, cardenal y mártir
Tomás Moro, escritor y mártir (a. 1535)


2 Cor 11,1-11: Les anuncié de balde el Evangelio de Dios
Salmo responsorial 110: Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor
Mt 6,7-15: Ustedes oren así



El evangelio de hoy continúa la instrucción sobre la oración y es una especie de catequesis para los judíos que se han convertido al cristianismo. Mateo quiere corregir los vacíos en la forma de orar de los judíos. Ante una oración hipócrita, que manipula a Dios para quedar bien ante los demás, se propone como modelo la oración del Padrenuestro, que se compone de una invocación y siete peticiones. Las primeras tres peticiones hablan de la relación con Dios a través de tres palabras claves: Nombre, Reino y Voluntad. Las cuatro siguientes hablan de la relación con los hermanos a través de cuatro palabras claves: Pan, perdón, victoria y libertad. La invocación “¡Padre nuestro que estás en el cielo!” indica la conciencia que tiene Jesús de su relación especial y familiar con Dios. El añadir “nuestro” denota el carácter comunitario de la oración y la nueva manera de establecer la comunicación personal y comunitaria con Dios. Se santifica el nombre de Dios y se pide por la venida del Reino, un Reino de justicia en armonía con toda la creación. Las últimas peticiones invitan a transformar la comunidad y la sociedad, para que primen la igualdad y la reconciliación. 
 

Viernes 21 de junio

Luis Gonzaga, religioso (a. 1591)


2 Cor 11,18.21b-30: Aparte todo lo demás, la preocupación por todas las comunidades
Salmo responsorial 33: El Señor libra a los justos de todas sus angustias
Mt 6,19-23: Donde está tu tesoro, allí está tu corazón



El Sermón de la Montaña presenta dos recomendaciones: no acumular bienes y cuidar la lámpara del cuerpo humano. La primera recomendación cuestiona la fe depositada en los bienes materiales. Son tan perecederos que no resisten ni las polillas. Hoy día creemos en Jesucristo y en el dinero, pero no en el prójimo. Practicamos una religión sin amor, sin compasión, pues nuestra medida es el placer y la satisfacción individual, pero no atendemos al dolor de nuestros semejantes y mucho menos a los gemidos de la creación. No estamos dispuestos a dejar las seguridades que el capital nos ofrece por el mandato del amor. Si el fundamento de nuestra existencia son los bienes materiales, corremos el peligro de perder lo acumulado; pero si nuestro fundamento es la fe en Dios, nadie podrá destruirnos, y tendremos el deseo interior de compartir con nuestro prójimo todo lo que tenemos. La lámpara del cuerpo es la coherencia de vida que da salud a toda nuestra vida. Un cuerpo sano a través de una vida sana es el mejor testimonio de la luz de Dios ante los hermanos. – ¿Cuáles son los verdaderos tesoros en nuestra vida? ¿Es nuestra vida luz u oscuridad para los demás? 
 

Sábado 22 de junio

Paulino de Nola, obispo (a. 431)


2 Cor 12,1-10: Muy a gusto presumo de mis debilidades
Salmo responsorial 33: Gusten y vean qué bueno es el Señor
Evangelio: Mt 6,24-34:No se agobien por el mañana



¿Cómo entender hoy la afirmación no servir a Dios y al dinero? La crítica de Jesús no se dirige a los que lo han perdido todo, sino a los que manifiestan una excesiva preocupación por la comida y el vestido. La radicalidad de Jesús en la expresión “No pueden estar al servicio de Dios y del dinero”, causa espanto hasta hoy, pues toda nuestra lógica sistémica rinde culto al mercado, al dinero, al aumento de las exportaciones, al rigor fiscal, sin que la preocupación primera sea hacer visible el Reino de Dios para los sin-tierra, sin-techo, sin-escuela, sin-salud, sin-agua y sin-identidad. No es fácil elegir entre lo que es bueno para todos y lo que es bueno para el bolsillo y los intereses personales de pocos. Antes que el Reino de Dios están las “añadiduras” del tener, el poder, el imponer y el dominar. Para explicar mejor su exigencia, Jesús acude a la parábola de las aves, que no siembran ni almacenan; sin embargo siempre tienen que comer. La crítica se dirige sobre todo a aquellos que, por preocuparse por los bienes materiales, no experimentan la gratuidad, la fraternidad y el sueño de un mundo con los valores del Reino. 
 

Domingo 23 de junio

12º domingo del Tiempo Ordinario
José Cafasso, confesor (a. 1860)

Zac 12,10-11; 13,1: Mirarán al que atravesaron
Salmo Responsorial 62: Mi alma tiene sed de ti, oh Dios
Gál 3,26-29: Los que han sido bautizados se han revestido de Cristo
Lc 9,18-24: Tú eres el Mesías de Dios



La primera lectura hace referencia a los tiempos mesiánicos. “Derramaré sobre la casa de David un espíritu de gracia y oración. Y mirarán al que traspasaron” y llorarán como quien llora a un primogénito. El “traspasado” recuerda al Siervo de Yahveh, figura de Cristo en su Pasión. San Juan concluye la crucifixión de Jesús diciendo: “para que se cumplan las Escrituras: mirarán al que traspasaron”. Dios concede la conversión del corazón por medio de una víctima que es Cristo, el Siervo paciente; su cuerpo traspasado se mirará con la mirada salvadora de la fe.
En la segunda lectura de hoy, el tema de la ley mosaica como innecesaria y abolida después de la venida de Cristo, pues la fe en él es lo que nos justifica ante Dios, es el problema básico de la carta a los Gálatas, en que Pablo responde a los judeocristianos que no acertaban a desprenderse de las formas judaizantes y que veían con recelo la doctrina y la praxis del apóstol.
Por eso, después de afirmar la función transitoria y pedagógica de la ley, afirma Pablo el paso a la realización actual de las promesas en la venida de Cristo y en la fe del Evangelio. Cristo es el acontecimiento decisivo de la historia de salvación; por la fe en él y por el bautismo somos constituidos todos en hijo de Dios, somos justificados. Al decir todos acentúa Pablo que no solamente los judíos, sino también las demás razas y pueblos.

En cuanto al Evangelio, tres partes componen la lectura: 1). La confesión mesiánica de Pedro (vv. 18-21); 2). El primer anuncio de la Pasión (v. 22); Lucas ha omitido la reprimenda que Jesús dirige a Pedro, cuando éste, ante el anuncio de la Pasión, se opone a ello; 3). Las condiciones para el seguimiento de Cristo (vv. 23-24)
Lucas es el único que nota significativamente la oración de Jesús que precede la confesión de mesianidad y al anuncio de la Pasión (v. 18). Como la figura del Mesías en la mente de los apóstoles estaba teñida de triunfalismos terrenos, Jesús les educa en ese gran misterio del Reino: su propia Pasión y Muerte (v. 22). Sigue finalmente un pasaje que nos recuerda el discurso apostólico de Mt. 10: condiciones que Jesús pide a sus seguidores: abnegación, disponibilidad absoluta y sufrimiento efectivo (vv. 23-24).

Si queremos ir con Jesús tenemos que aceptar sus condiciones y entenderlas como él las entiende. Negarse a sí mismo equivale a “no tener nada que ver” con la persona de la que se reniega. Negarse a sí mismo es descentrarse, no ser ya el centro de su propio proyecto. Es poner la vida entera al servicio del otro, en este caso el proyecto de Jesús. A esto Jesús le llama perder la vida por él. Y quien lo haga así “ganará”, salvará su vida. La condición que pone Jesús para seguirle no pretende quitarnos valor sino orientar nuestras energías y valores a la construcción del Reino que él inició negándose, también Él, a sí mismo, para cumplir en todo la voluntad del Padre. 
¿En qué consiste cargar con la cruz? ¿Es acaso soportarlo toso sin chistar como si toda contrariedad nos la mandara Dios mismo? ¿Es someterse al dolor por el dolor, como si el dolor fuera un valor en sí mismo? Algo o demasiado de esto lo hemos entendido así y no tiene nada que ver con la condición que pone Jesús para que sigamos sus pasos. Jesucristo quiere decir que todos los discípulos tienen que estar dispuestos a vivir de la misma manera que él vivió, aun sabiendo que este estilo de vida les va a acarrear la persecución y quizá la muerte. Esa es la cruz de Jesús y también debe ser la nuestra. No nos inventemos cruces a la medida, no las busquemos ni nos preocupemos demasiado por ellas. Sigamos los pasos de Jesús y otros nos las pondrán encima antes de lo que pensamos.
Negarse a sí mismo y cargar con la cruz equivale a hacer suyo, cada uno de nosotros, el camino de Jesús. El se negó a tomar el poder y la fuerza y la fama como medios para servir y salvar a los hombres. Jesús escogió el único camino que conduce al corazón del hombre: la solidaridad con todos los desgraciados de la tierra. Este fue el camino de Jesús y éste tiene que ser nuestro camino si queremos estar con él, seguirle. Intentar seguir a Jesús desde la instalación, la falta de compromiso, el pacto con los poderosos, aunque pueda parecer muy razonable, es un camino falso. Es “pensar como los hombres y no como Dios”  

Para la revisión de vida
¿Quién es Jesús para mí? 
- ¿Qué es lo último que leí-estudié sobre Jesús? ¿Alimento mi fe en Jesús, la renuevo, la pongo al día?

Para la reunión de grupo
- ¿Significa algo para nosotros hoy día el concepto de Mesías? ¿Jesús es Mesías? ¿Y qué significa eso?
- Estudiar en comunidad el artículo de Jon Sobrino “Mesías y mesianismos” (RELaT 069: servicioskoinonia.org/relat/069.htm
- Tomar la decisión de renovar nuestra formación cristiana estudiando de nuevo la figura de Jesús, con alguno de los últimos libros, como el de José Antonio Pagola (es fácil encontrarlo en la red).

Para la oración de los fieles
- Por todos los pueblos y culturas que celebran, en su cultura y en su tradición religiosa, el solsticio del hemisferio norte (mañana día 21). Para que nos abramos cada vez más a una visión comprensiva y abierta de la acción de Dios en todos los pueblos... roguemos al Señor.
- Por todos los que tienen el mismo deber profético enfrentarse a la corrupción de las autoridades, para que sean fuertes y firmes en el cumplimiento de su misión, aunque en ello les vaya la vida... roguemos al Señor.
- Por los hombres y mujeres de toda la tierra, para que crezca cada día en nuestro corazón la nostalgia de una humanidad fraterna y unida... roguemos al Señor.
- Por el cristianismo y todas las religiones de la tierra, para que dialoguen y se reconcilien, como condición previa para la reconciliación y la paz en el mundo... roguemos al Señor.

Oración comunitaria
T Dios, Padre misericordioso, que quisiste preparar los caminos de tu Hijo con el envío de Juan Bautista como su “precursor”; haznos a todos nosotros “precursores” de tu Hijo, para que allanemos los caminos y eliminemos los obstáculos al crecimiento del Amor y de la Unidad, por J.N.S.
 

Lunes 24 de junio

Natividad de San Juan Bautista

Is 49,1-6: Te hago luz de las naciones
Salmo responsorial 138: Te doy gracias porque me has escogido portentosamente
Hch 13,22-26: Antes de que llegara Cristo, Juan predicó
Lc 1,57-66.80: Se va a llamar Juan



Celebramos la fiesta de San Juan Bautista, el precursor, como todos lo conocemos, por su vida y misión y por anunciar y preparar la llegada de los tiempos mesiánicos, que ven su cumplimiento en Jesús.
En el Evangelio de hoy, Lucas vuelve a las narraciones que tienen que ver con Juan Bautista, que van a ocupar los vv. 57-80 del primer capítulo. La narración se centra en cuatro momentos importantes de su vida: El relato de su nacimiento (vv. 57-58), la circuncisión, la imposición del nombre y la manifestación a toda su parentela e incluso a los vecinos de la comarca (vv. 59-66).
En el nacimiento de Juan se cumple lo anunciado a Zacarías y se hace realidad la promesa. La esterilidad de unos padres, vencida por el nacimiento de un hijo, es fuente de alegría, jubilo y regocijo que envuelve y contagia a vecinos y parientes, como ya lo había predicho el mensajero de Dios. 
En la narración del nacimiento, Lucas matiza dos aspectos muy importantes: el de la misericordia de Dios que se manifiesta en favor del pueblo, al quitarle la afrenta de la esterilidad que pesaba sobre Isabel, precisamente sobre la esposa de un sacerdote encargado del servicio litúrgico en el templo de Jerusalén, y por otra parte, el significado del nombre de Juan (“Dios ha mostrado su favor”), con el cual se subraya la presencia de la misericordia Divina, que recae no sólo sobre una persona en particular, Isabel en este caso, sino que alcanza a la totalidad del pueblo.
Al relato de nacimiento de Juan sigue el de su circuncisión, imposición del nombre, y su manifestación pública. Por la circuncisión, Juan queda indeleblemente marcado con la “señal de la alianza”, signo visible de la incorporación al pueblo de Israel. Esa marca en la propia carne hace de Juan partícipe de la bendición prometida por el Señor a su pueblo elegido, le capacita para celebrar la Pascua como fiesta de la comunidad y confirma sus esperanzas de compartir con todos sus antepasados la restauración futura y definitiva. El rito de la circuncisión comportaba igualmente la obligación de una escrupulosa observancia de la ley de Moisés. La incorporación del precursor del Mesías al pueblo de Israel es muy importante para Lucas, no sólo porque prefigura la incorporación del propio Jesús a ese mismo pueblo, sino también porque Lucas se esfuerza por demostrar que el cristianismo es una derivación lógica del judaísmo. Por eso tiene que quedar bien claro que los pilares de ese nuevo modo de vida, son de raíces profundamente judías.
La imposición de un nombre como el de “Juan” rompe radicalmente con la tradición familiar. Como era costumbre, los vecinos y parientes dan por hecho que el niño se llamaría como el padre. El acuerdo entre la madre y el padre en un nombre que no era familiar aparece como un signo donde se refleja el favor de Dios. La Misericordia divina no sólo se manifiesta a un matrimonio anciano, de vida intachable, sino que alcanza a la totalidad de Israel. De ahí que al recuperar Zacarías el habla, todos los vecinos se interroguen sobre el futuro de ese niño.
Por último nos encontramos con la manifestación pública de Juan, la cual pretende dejar bien clara la efusión de la misericordia de Dios. La alegría que causa la noticia de su nacimiento es fruto de una primera manifestación en el entorno de la familia y en la vecindad; pero inmediatamente empieza a correr el rumor de ese acontecimiento por todas las montañas de Judea, el júbilo es experiencia de todos. Queda así preparado, narrativamente, el futuro del protagonista, que se resume en un versículo (1, 80) que casi podemos considerar un estribillo: “Vivió en el desierto hasta el día en que se presentó a Israel”. De esta manera el desierto nos prepara para la próxima aparición de Juan en el evangelio, treinta años después (Lc 3, 1-3). 
La primera lectura, de Isaías, habla también del ministerio profético delante de las naciones, preparando los caminos de Dios. La lectura de los Hechos que hoy leemos es el fragmento más explícito y a la vez sumario sobre Juan Bautista en ese libro. 
La figura de Juan ha calado hondamente en el imaginario cristiano y en la simpatía del pueblo de Dios: pariente de Jesús, asceta y místico, profeta valiente y denunciador, predicador ardiente de la conversión... Juan ha conquistado un lugar privilegiado en el universo cristiano. Quizá por eso su fiesta fue puesta en el solsticio del verano boreal, la "noche más corta del año" en el hemisferio norte (noche de san Juan, noche del fuego y de vigilia en torno a las fogatas), o la más larga del año en el hemisferio sur, o un día insignificante en la zona ecuato-tropical. Ese acontecimiento astronómico ya era conocido y celebrado en la antigüedad antes del cristianismo. Tal vez el establecimiento de la celebración de Juan en esta fiesta obedezca al intento de cristianizar una fiesta pagana (como con la ubicación del nacimiento de Jesús se pretendió cristianizar la fecha astronómica del solsticio de invierno boreal, fecha también de celebraciones paganas a la llegada del cristianismo). 
El Evangelio de Lucas nos invita a reflexionar sobre la misericordia, la compasión y la generosidad divina, que caracterizan este nuevo período de la historia de la salvación que comienza a manifestarse con el nacimiento de Juan Bautista. Misericordia sin límites y sin medida, que engrandece y libera, que es signo de vida porque rescata a unos ancianos de la muerte por causa de la esterilidad. 
Además, el Evangelio nos interpela sobre nuestra experiencia de la misericordia de Dios, sobre la manera como la estamos haciendo explicita en gestos y actitudes: acogida, solidaridad con los rechazados, invitación a todos aquellos que desean un mundo nuevo “según el corazón de Dios” a comprometerse en la construcción del mismo. 
 

Martes 25 de junio

12ª semana del Tiempo Ordinario
Guillermo, abad (a. 1142)


Gn 13,2.5-18: No haya disputas entre nosotros dos, pues somos hermanos
Salmo responsorial 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Mt 7,6.12-14: Traten a los demás como ustedes quieren que ellos los traten



El evangelio de hoy introduce un dicho que a primera vista resulta extraño: “No tiren las cosas santas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos”. En tiempos de Jesús, la palabra “perro” tiene dos significados: uno se refiere al animal semi-salvaje y callejero que no gozaba de aprecio; y otro se usa para señalar a los paganos o gentiles. Los cerdos eran animales impuros y por tanto rechazados. Las cosas santas y las perlas son lo más precioso; por tanto, la advertencia apunta a desarrollar para todo tiempo y lugar metodologías de evangelización que respondan a la realidad, la historia y la cultura de cada pueblo. Una estrategia que, como dice Mateo, requiere la astucia de la serpiente y la sencillez de la paloma, para que la perla santa del evangelio sea bien recibida y asimilada. El objetivo de Lucas es animar a la comunidad para que no pierda la fe en medio de las dificultadas que comporta la misión. En el camino de la vida, la puerta ancha es siempre más atractiva, pero al mismo tiempo llena de tentaciones y espejismos. La puerta estrecha, a pesar de las dificultades, es más segura para vivir la experiencia de Dios.  
 

Miércoles 26 de junio

Juan y Pablo, hermanos y mártires (siglo IV)


Gn 15,1-12.17-18: Abrán creyó a Dios y el Señor hizo alianza con él
Salmo responsorial 104: El Señor se acuerda de su alianza eternamente
Mt 7,15-20: Por sus frutos los conocerán



El evangelio de hoy forma parte de las recomendaciones finales del Sermón de la Montaña. Los conflictos con los falsos profetas vienen desde el Antiguo Testamento, pero en tiempos de Jesús había profetas de todo tipo, debido a la cantidad de movimientos existentes: fariseos, esenios, zelotes, saduceos y otros. Y en los tiempos de Mateo, estos grupos se multiplican aún más. Por tanto, la misión de llevar la Buena Nueva del evangelio no era tarea fácil. Los discípulos serán mansos corderos en medio de lobos rapaces. De ahí viene la advertencia al discernimiento. Deben estar alerta, pues también ellos van a ser tildados de falsos profetas, puesto que la verdad incomoda a los grupos religiosos dominantes. La comparación del árbol y sus frutos ayuda al discernimiento sobre el papel de la religión y el de sus misioneros en el mundo de hoy. – ¿Somos nosotros, nuestras familias, nuestras comunidades, nuestra parroquia, nuestras iglesias, árboles sanos dispuestos a dar los frutos buenos del amor, la solidaridad, la justicia, la paz? Lo que hacemos, ¿es coherente con nuestra fe cristiana? ¿Cuáles son los árboles enfermos y los frutos podridos de nuestra sociedad hoy? 
 

Jueves 27 de junio

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro 
Cirilo de Alejandría, papa (a. 444)


Gn 16,1-12.15-16: Hagar dio un hijo a Abrán, y Abrán lo llamó Ismael
Salmo responsorial 105: Den gracias al Señor porque es bueno
Mt 7,21-29: La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena



Los primeros versículos del evangelio hacen referencia al día del juicio, cuando se tomará cuenta de nuestras obras. No es suficiente orar, hablar bonito, conocer las Escrituras para alcanzar el Reino; hay que mostrar con obras lo que hemos edificado sólidamente bajo el mandamiento del amor. En la comunidad de Mateo había personas con diferentes dones: unos tenían el poder de hacer exorcismos, otros el don de la profecía, otros el de la sanación, pero usaban estos dones para sus propios beneficios. La advertencia que hace Jesús es bastante radical: “Nunca los conocí; apártense de mí, ustedes que hacen el mal”. El mal se opone a la justicia. De nada sirve ser buenos profetas si no reparto con los pobres lo que poseo. – La parábola de la casa sobre la roca y sobre la arena, nos enseña que la base sobre la cual se construye una verdadera vida cristiana es la Palabra de Dios traducida en obras de amor. Un amor que viene de Dios, porque él nos amó primero; y un amor que se concreta en el prójimo, porque es con el otro como se construye la casa segura de la familia y de la comunidad. 
 

Viernes 28 de junio

Ireneo, obispo y mártir (a. 203)


Gn 17,1.9-10.15-22: Circunciden a todos los varones en señal de mi pacto
Salmo responsorial 127: Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor
Mt 8,1-4: Si quieres, puedes limpiarme



Una vez proclamadas las palabras de la nueva Ley por Jesús en el sermón de la montaña, Mateo se propone mostrar la manera cómo Jesús pone en práctica aquello que proclamaba. Un leproso se acerca y se postra ante Jesús; por ser leproso, era un excluido, debía apartarse de los demás para evitar hacer impuros a quienes entrasen en contacto con él. Este leproso transgredió las normas legalistas de su religión. No le dice a Jesús que lo toque, pues cree que con la sola voluntad del “Señor” es suficiente para alcanzar la sanación. Una actitud que revela la fe que el hombre tiene en las obras de Jesús. El hombre padece dos enfermedades: la lepra, que lo convierte en impuro, y la enfermedad de la exclusión a la que era condenado por la sociedad. Jesús se compadece, lo toca y lo sana de su segunda enfermedad, la exclusión. En seguida lo cura de la lepra. Si el leproso transgrede la ley al aproximarse a Jesús, Jesús también la transgrede al tocarle para poder ayudarlo. De esta manera se revela un nuevo rostro de Dios, un Dios que va mucho más allá de los falsos legalismos sociales y religiosos. Un Dios que sana nuestras heridas y humillaciones. 
 

Sábado 29 de junio

Pedro y Pablo, apóstoles (s. I)


Hch 12,1-11: El Señor me ha librado de las manos de Herodes
Salmo responsorial 33: El ángel del Señor librará a los que temen a Dios
2 Tim 4,6-8.17-18: Ahora me aguarda la corona merecida
Mt 16,13-19: Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos



En la primera y segunda lectura se refleja claramente la idea de adhesión y fidelidad a Jesús, como también la urgencia de la misión, sin duda pueden quedar resumidas en las palabras expresadas por Pablo a Timoteo: “El Señor estuvo a mi lado y me fortaleció, para que el mensaje fuera plenamente anunciado por mí y lo escucharan todos los paganos” (17). En la lectura del evangelio, Jesús, alaba a Pedro que ha visto en él algo más que un profeta a quien seguir, le aclara que lo que ha dicho no se lo ha revelado ningún sacerdote del templo, ni ningún doctor de la ley, sino Dios, y le pide, con todas la limitaciones y debilidades que  Pedro tiene, construir junto a los otros discípulos, la asamblea o comunidad (ekklesía) que es el anticipo del Reino, también le entrega el cuidado de las llaves del nuevo reino, del nuevo tiempo. Y es la nueva comunidad encomendada y encabezada por a este laico, pobre, casado, con dudas, la que deberá dar testimonio de común-unión donde Dios es centro y todas las personas formarán una nueva familia  que no está unida por los lazos de sangre sino por  lazos de  Fe. 

Para la revisión de vida
Si no queremos matar su significado, la fiesta de hoy no es la celebración de la superioridad de unos apóstoles sobre otros, ni la justificación de la autoridad eclesiástica de nuestra iglesia. Desde este punto de vista ¿qué sentido tiene para mí la celebración de la fiesta de San Pedro y San Pablo? ¿Veo en ellos a dos santos como predestinados por Dios con cuyas vidas la mía nunca se podrá asemejar? ¿Cómo debería comprender el testimonio de sus vidas y cómo debería afectar en mí?
En los textos de hoy se da mucha importancia al sufrimiento y la persecución ejercida sobre las comunidades o los personajes más importantes, ¿se dan situaciones de dolor en mi vida por causa de mi fe? ¿Cómo las comprendo? 
El testimonio de vida es, junto con el punto anterior, otro de los aspectos importantes, ¿hasta dónde apoyo en mi comunidad a las personas que, aunque no tengan autoridad visible, tienen la autoridad que se les debería conceder por el testimonio de sus vidas? ¿De qué modo me siento agradecido/a por la presencia de estas personas?
¿Qué actitudes deberían tener los que están al frente de nuestras comunidades? ¿Me conformo con lo que siempre he visto y se me ha dicho? ¿Qué debo cambiar en mi forma de ver las cosas?

Para la reunión de grupo
- Tradicionalmente la fiesta de San Pedro y San Pablo se ha venido comprendiendo como la celebración de los apóstoles más importantes de Jesús, de los que la jerarquía católica es heredera directa. Con los textos bíblicos se ha corroborado esta idea y se ha dado razón de cómo existe una continuidad indiscutible entre ellos dos y lo que el mismo Jesús tenía en mente. No es muy acertado entender de este modo la figura de Pedro y Pablo. Se pueden analizar, sin ayuda de los textos, cuál es la imagen de iglesia que se tiene desde esta perspectiva (piramidal, comunitaria, etc.). Se pueden ver otros casos en los que se mira al pasado para justificar el presente.
- ¿Qué función tiene la comunidad de creyentes que se vislumbra en cada uno de los textos? ¿Qué características tiene? ¿De qué modo los personajes más importantes que aparecen están ligados a dichas comunidades? ¿Qué imagen de Iglesia es la que se puede percibir?
- Un elemento que se repite en torno a los personajes de los textos de hoy es el sufrimiento. ¿Cuál es la relación que guarda éste con su fe? ¿Cómo podemos ver relacionada en los textos la cadena sufrimiento-acción salvadora de Dios-testimonio?
- A partir de los tres puntos anteriores se pueden detallar las nuevas características y consecuencias que tiene la celebración de San Pedro y San Pablo para nuestras comunidades, y se puede comparar con el primer ejercicio propuesto.

Para la oración de los fieles
- En la fiesta de San Pedro y San Pablo, te pedimos, Señor, por las comunidades cristianas de nuestro mundo, para que nos sintamos en comunión unas con otras por tener un mismo origen en el grupo de los apóstoles. 
- Te pedimos también por nuestro mundo, por las personas que se aprovechan de los demás, para que les ayudes a transformar sus corazones, y por quienes sufren a causa de su fe, para que el testimonio de los apóstoles les llene de fortaleza.
- Señor, que como San Pedro, sepamos reconocer al Mesías presente en las personas que comparten cotidianamente nuestras vidas.
- Que seamos, Señor una comunidad apostólica. Que a ejemplo de San Pablo llevemos el mensaje del evangelio allá donde más se necesite.
- También te pedimos, Señor, por nuestra comunidad, para que esté cerca de sus miembros que sufren por su fe y aprenda a valorar su testimonio.

Oración comunitaria
Señor, te damos gracias por poder celebrar en este día la fiesta de San Pedro y San Pablo. Te agradecemos el testimonio de sus vidas, su fe, y sus trabajos, que son un estímulo para cada uno de nosotros. Te pedimos, que nos ayudes a tener un corazón generoso, dispuesto a dar testimonio de Ti con nuestro comportamiento. Concédenos también, Señor, que seamos una comunidad que esté cerca de quienes sufren por causa de su fe.
 

Domingo 30 de junio

13º domingo del Tiempo Ordinario
Primeros Mártires de la Iglesia de Roma (a. 64 al 314)

1 Re 19,16.19-21: Eliseo se levantó y marchó tras Elías
Salmo Responsorial 15: Señor, tu eres la parte de mi herencia y de mi copa
Gál 5,1.13-18: La vocación de ustedes es la libertad
Lc 9,51-62: Te seguiré adonde vayas



Narra la vocación de un profeta, Eliseo. Es un rico campesino. Estaba arando su finca con doce yuntas de bueyes cuando lo encuentra Elías. Éste le echa encima su manto y con esto adquiere sobre él como cierto derecho. Eliseo no sabe negarse; sacrifica la pareja de bueyes con que araba, abandona su familia y se pone al servicio de Dios. Se dan en el caso de Eliseo las condiciones de una vocación especial: llamada de Dios, respuesta a la llamada, ruptura con el pasado y nuevo género de vida al servicio de su misión.
Nunca como hoy el ser humano ha sido tan sensible a la libertad; el ser humano prefiere la pobreza y la miseria antes que la falta de libertad. Pablo dice con relación a este tema: el cristiano es libre: la vocación cristiana es vocación a la libertad, esta libertad nos la conquistó Cristo; la libertad se expresa y alcanza su plenitud en el amor; ante el peligro de que muchos seres humanos caigan en el libertinaje so pretexto de libertad, Pablo les advierte que la verdadera libertad, la que viene del Espíritu, libera de la esclavitud de la carne y del egoísmo.
El tema fundamental del evangelio es la presentación de tres vocaciones. Lucas las coloca en el marco del viaje de Jesús y sus discípulos hacia Jerusalén. Jesús, al que quiere seguirle le exige: despego de los bienes y comodidades materiales, pues el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza; llamamiento de Dios; ruptura con el pasado y el presente, incluso con la propia familia, y seguimiento. Todo esto para que el discípulo quede libre y disponible para poder anunciar el Reino de Dios. 

Las lecturas de hoy tienen un tema común: las exigencias de la vocación. En ellas descubrimos cómo subyace la necesidad del desprendimiento, de la renuncia, del abandono de las cosas y personas como exigencia para seguir a Jesús. Por eso, no existe respuesta a la llamada para ponerse al servicio del Reino de Dios, en aquellos que anteponen a Jesús condiciones o intereses personales.
El Evangelio nos dice que el desprendimiento exigido por Jesús a los tres candidatos a su seguimiento, es radical e inmediato. Se tiene, incluso, la impresión de una cierta dureza de parte de Jesús. Pero todo está puesto bajo el signo de la urgencia. Jesús ha iniciado “el viaje hacia Jerusalén”. Esta “subida” interminable (que ocupa 10 capítulos en el evangelio de Lucas) no se encuadra en una dimensión estrictamente geográfica, sino teológica: Jesús se encamina decididamente hacia el cumplimiento de su misión.
El viaje de Jesús a Jerusalén no es un viaje turístico. Por eso el maestro exige a los discípulos la conciencia del riesgo que comparte esa aventura: “la entrega de la propia vida”.
Se diría que Jesús hace todo lo posible para desanimar a los tres que pretenden seguirle a lo largo del camino. Parece que su intención es más la de rechazar que la de atraer, desilusionar más que seducir. En realidad, él no apaga el entusiasmo, sino las falsas ilusiones y los triunfalismos mesiánicos. Los discípulos deben ser conscientes de la dificultad de la empresa, de los sacrificios que comporta y de la gravedad de los compromisos que se asumen con aquella decisión.
Por tanto, seguir a Jesús exige:
- Disponibilidad para vivir en la inseguridad: “No tener nada, no llevar nada”. No se pone el acento en la pobreza absoluta, sino en la itinerancia. El discípulo lo mismo que Jesús, no puede programar, organizar la propia vida según criterios de exigencias personales, de “confort” individual.
- Ruptura con el pasado, con las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que atan y generan la muerte. Es necesario que los nuevos discípulos miren adelante, que anuncien el Reino, para que desaparezca el pasado y viva el proyecto de Jesús.
- Decisión irrevocable. Nada de vacilaciones, nada de componendas, ninguna concesión a las añoranzas y recuerdos del pasado, el compromiso es total, definitivo, la elección irrevocable.
Hoy como ayer, Jesús sigue llamando a hombres y mujeres que dejándolo todo se comprometen con la causa del Evangelio y, tomando el arado sin mirar hacia atrás, entregan la propia vida en la construcción de un mundo nuevo donde reine la justicia y la igualdad entre los seres humanos.

Por otra parte, observamos una nota de tolerancia y paciencia pedagógica en el evangelio de hoy. Un celo apasionado de los discípulos es capaz de pensar en traer fuego a la tierra para consumir a todos los que no acepten a Jesús... Llevados por su celo no admiten que otros piensen de manera diversa, ni respetan el proceso personal o grupal que ellos llevan. Jesús «les reprocha» ese celo. Simplemente marcha a otra aldea, sin condenarlos y, mucho menos, sin querer enviarles fuego. 
El seguimiento de Jesús es una invitación y un don de Dios, pero al mismo tiempo exige nuestra respuesta esforzada. Es pues un don y una conquista. Una invitación de Dios, y una meta que nos debemos proponer con tesón. Pero sólo por amor, por enamoramiento de la Causa de Jesús, podremos avanzar en el seguimiento. Ni las prescripciones legales, ni los encuadramientos jurídicos, ni las prescripciones ascéticas pueden suplir el papel que el amor, el amor directo a la Causa de Jesús y a Dios mismo a través de la persona de Jesús, tiene que jugar insustituiblemente en nuestras vidas llamadas. 
Una vez que ese amor se ha instalado en nuestras vidas, todo lo legal sigue teniendo su sentido, pero es puesto en su propio lugar: relegado a un segundo plano. «Ama y haz lo que quieras», decía san Agustín; porque si amas, no vas a hacer «lo que quieras», sino lo que debes, lo que Dios amado espera de ti. Es la libertad del amor, sus dulces ataduras. 

Una homilía para la celebración de hoy también podrá enfocarse desde el núcleo de la libertad religiosa. Jesús no acepta la intolerancia de los discípulos, que quisieran imponer a fuego la aceptación a su maestro. Y Pablo nos recuerda la vocación universal (de los cristianos y de todos los humanos, y de todos los pueblos) a la libertad, a vivir sin coacción su propia identidad, su propia cultura, su propia religión... El Vaticano II tomó decisiones históricas respecto a la libertad religiosa. Las posiciones de "cristiandad", de unión con el poder político, no son conformes con el evangelio. Y todo ello exige de los cristianos unas actitudes nuevas desde el fondo de nuestro corazón. 

El evangelio de hoy es dramatizado en los capítulos 82 y 91 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y el comentario teológico correspondiente pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1400082 / http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1400091  Pueden ser escuchados aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap82b.mp3  / http://www.untaljesus.net/audios/cap91b.mp3  

Para la revisión de vida
Deja que me vaya a enterrar primero a mi padre... Permíteme que me despida de los míos... ¿Qué ataduras me impiden seguir a Jesús?
¿Soy yo de los que a veces querría “hacer bajar fuego del cielo”?

Para la reunión de grupo
- ¿Quieres que mandemos bajar fuego del cielo que los consuma? Utilización religiosa del poder. Poner a Dios y sus poderes de nuestra parte. Imponer nuestra verdad religiosa. Estar en una posición de poder... ¿Hay algo de todas estas actitudes en la actualidad de la vida de nuestra Iglesia local?
- Ver las condiciones o exigencias del discipulado que aparecen en este pasaje del evangelio y en otros pasajes. Hacer una síntesis sobre las exigencias del seguimiento en el texto del evangelio. (Algún miembro del grupo puede haber preparado el tema previamente y exponerlo en la reunión). Buscar entre todos la aplicación al contexto actual: ¿cuáles son hoy las principales exigencias del seguimiento en nuestro mundo?
- Habéis sido llamados a la libertad... ¿Cómo está la libertad hoy en la vida de los cristianos? ¿Es la fe cristiana una potenciación real de la libertad humana? ¿En qué? ¿Por qué?

Para la oración de los fieles
- Por todos los cristianos que quieren seguir a Jesús pero sólo después de haber atendido primero a otras muchas obligaciones menores, para que tomen una decisión de radicalidad, roguemos al Señor...
- Por todos los que, convencidos de su verdad religiosa, quisieran imponerla al mundo, y por todos los que han sufrido en la historia las consecuencias de un proselitismo religioso compulsivo; para que, después de las enseñanzas del Vaticano II, "nunca más" los cristianos impongamos la fe a los pueblos ni a las personas...
- Por todos los que interpretan el poder religioso como un poder mundano, de coerción y fuerza, de privilegio; para que comprendan que el poder de Jesús no es ese poder...
- Para que seamos celosos cuidadores de nuestra libertad y comprendamos que ella acaba donde empieza la libertad del otro...
- Para que los deberes familiares no dificulten la generosidad de los que quieren seguir con radicalidad a Jesús...

Oración comunitaria
Dios Padre nuestro: tu Hijo Jesús, “decidió subir resueltamente a Jerusalén”, sin importarle todo lo que aquel camino le iba a acarrear de sufrimiento y de cruz; ayúdanos, a los que queremos ser seguidores radicales suyos, a tomar también resueltamente la opción de dar nuestra vida día a día en el servicio a la Causa que él con su entrega nos mostró. Por el mismo J.N.S.
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