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mes-2013-08

Jueves 1 de agosto

Alfonso María de Ligorio, fundador (a. 1787)


Éx 40,16-21.34-38: La nube cubrió la tienda y la gloria del Señor llenó el santuario
Salmo responsorial 83: ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mt 13,47-53: Reúnen los peces buenos en cestos y los malos los tiran



Con la parábola de la red termina el tercero de los cinco discursos que contiene el evangelio de Mateo. El Reino de Dios es una oferta para todos. El mar es de todos, y desde éste, todos podemos ser atrapados o invitados a formar parte de la familia de Dios. La red llena representa a todo el pueblo de Dios. Evocando la imagen del juicio final, estar entre los peces elegidos o los expulsados, dependerá de la forma como hayamos vivido nuestro cristianismo. De esta manera, cada cristiano es en el juicio su propio abogado y su propio juez, pues todo dependerá de pasar la película de nuestra vida delante de los ojos de Dios, y mostrar en ella su coherencia con el proyecto de Jesús. No hay duda de que la parábola encierra una preocupación de Mateo por lo que sucede en su comunidad. Parece que son muchos los que dicen “¡Señor, Señor!”, pero muy pocos los que cumplen y viven la Palabra de Dios. El evangelista pretende que su comunidad y los cristianos de hoy, respondamos con el corazón a una pregunta simple: ¿Estamos poniendo en práctica las enseñanzas de Jesús? De la respuesta dependerá el veredicto en nuestro juicio final. 
 

Viernes 2 de agosto

Nuestra Señora de los Ángeles (Costa Rica)
Eusebio de Vercelli, obispo (a. 371) 
Pedro Julián Eymard, sacerdote (a. 1868)


Lv 23,1.4-11.15-16.27.34b-37: En las festividades del Señor se reunirán en asamblea litúrgica
Salmo responsorial 80: Aclamen a Dios, nuestra fuerza
Mt 13,54-58: ¿No es el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?



Jesús no fue el primer profeta en ser rechazado por sus compatriotas. Jeremías experimentó el rechazo de su pueblo natal y aun de su propia familia. Los residentes del pueblo donde Jesús creció lo conocían desde niño y habían estado relacionados con su familia. No podían creer su mensaje, no era posible que la salvación viniera desde un hombre con las manos encallecidas por su trabajo. Estaban ciegos. Jesús había ido a ellos como profeta, pero los profetas demandaban una respuesta a una verdad impopular. No prestaron atención al mensaje eterno porque no podían ver más allá del hombre demasiado familiar. Seguían preguntando por el hijo del carpintero porque su desconfianza nos les daba para comprender que Jesús era el Hijo de Dios. La actitud de los nazarenos simboliza la incredulidad de Israel frente a Jesús, y la sinagoga representa su ceguera religiosa. La incredulidad ciega a las personas a la verdad y hurta sus esperanzas. Este pueblo perdió al Mesías. – Bien vale preguntarnos: ¿Cuál es la medida de nuestra fe? ¿Estamos dejando de vivir los valores del Reino por culpa de nuestra incredulidad? Fortalezcamos nuestra fe. Dios podrá obrar en nuestras vidas si abrimos las puertas de nuestro corazón. 
 

Sábado 3 de agosto

Juana de Chantal, fundadora (a. 1641)


Lv 25,1.8-17: En el año jubilar cada uno recobrará su propiedad
Salmo responsorial 66: ¡Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben!
Mt 14,1-12: Herodes mandó decapitar a Juan, y sus discípulos se lo contaron a Jesús



Felipe era uno de los cuatro gobernadores de Palestina. Su esposa Herodías lo abandonó para vivir con su hermano Herodes Antipas. La voz del Bautista sonó repetidas veces denunciando aquel adulterio. Herodías no desaprovechó la oportunidad de pedir la cabeza del profeta. El adulterio de Herodes simboliza el adulterio de Israel para con Dios. La instigación de Herodías es igual a la que ejercerán las autoridades religiosas para acusar a Jesús ante Pilatos. Y la muerte del Bautista anticipa la de Jesús a manos de las autoridades religiosas y políticas de Roma e Israel. – ¡Cuán fácil nos resulta a veces ceder a la presión de la gente y dejarnos arrastrar a hacer lo que no es correcto! No permitamos nunca que, por “quedar bien”, actuemos mal. Hagamos lo que es correcto sin importar cuán vergonzoso o doloroso sea, aunque nos cueste la vida. Por nuestro bautismo somos llamados a ser profetas. Anunciemos el proyecto de Jesús, pero también denunciemos todas las situaciones que se apartan de ese camino. Juan, como hombre fiel, no empleó categorías falsas para decir la verdad; nadie pudo acallar sus denuncias contra todo aquello que violara la ética de la vida y de la justicia. 
 

Domingo 4 de agosto

18º domingo del Tiempo Ordinario
Juan María Vianney, sacerdote (a. 1859)

Ecl 1, 2; 2, 21-23: ¿Qué saca el hombre de todos los trabajos? 
Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. 
Col 3, 1-5. 9-11: Busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo 
Lc 12, 13-21: Lo que has preparado, ¿para quién será?



La 1ª lectura nos enfrenta con preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez.
El Eclesiastés pertenece a un grupo de libros que llamamos sapienciales. La “sabiduría” es un amplio concepto que puede englobar desde la habilidad manual de un artesano hasta el arte para desenvolverse en la sociedad, la madurez intelectual... representa una actitud de personas y pueblos cuyo finalidad es encontrar respuestas a los grandes interrogantes y misterios de la existencia humana.
Podemos calificar de contestatario al autor del Eclesiastés. Es una voz escéptica y crítica, disidente frente a la tradición sapiencial que confía ilimitadamente en las posibilidades de la razón y sabiduría humanas. El sabio Qohélet es un autor, por lo menos, desconcertante. La pregunta que mueve toda la reflexión de su libro es ésta: “¿Qué provecho saca el hombre de todos los afanes que persigue bajo el sol?” (1,3) y su respuesta: vanidad de vanidades (se puede traducir también por vaciedad, sin sentido...) todo es vanidad (1,2.17; 2,1.11. 17. 20. 23. 26; 12,8) 
Éste parece un libro muy poco religioso. ¿Cómo se nos propone a los cristianos este libro, como Palabra de Dios, con esa respuesta tan materialista, tan poco optimista...? O esta otra conclusión: “la felicidad consiste en comer, beber y disfrutar de todo el trabajo que se hace bajo el sol, durante los días que Dios da al hombre, pues esa es su recompensa” (5,17) es como decir vulgarmente “comamos y bebamos, que mañana moriremos...” 
El autor recorre a lo largo de su libro todas las esferas del ámbito humano: trabajo, riqueza, dolor, alegría, decepciones, religión, justicia, sabiduría, ignorancia, el tiempo, la muerte... buscando respuesta a su pregunta. Hagamos lo que hagamos en nuestra vida, al final el destino es el mismo para todos los hombres: la muerte, ¿la nada? Es una pregunta seria ¿qué pintamos aquí, en la tierra? ¿para qué vivir, trabajar, luchar, amar, pensar, esforzarnos en la ecología, la educación, la política, los derechos humanos...? Breve es nuestra vida sobre la tierra (Sab 2,1), la mayor parte de nuestra vida es fatiga inútil, que pasa aprisa y vuela (Salmo 89, 10). La experiencia humana es como “atrapar vientos” una tarea inútil y decepcionante. Viene a nuestra mente aquella otra frase evangélica: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero...?”. 
Con el autor, el lector sigue con fruición ese recorrido por la existencia humana, por el devenir Por mucho que nos afanemos, nada nos vamos a llevar... 
En la época del destierro se empezó a desarrollar la teoría de la retribución personal y del destino individual: el pueblo elegido profesaba una doctrina de retribución colectivista: la bondad o maldad de un individuo tenía repercusiones en el grupo y en los descendientes. En el contexto del exilio estas ideas van cambiando: cada persona recibía en vida la recompensa adecuada a su conducta (2Re 14, 5-6; Jer 31, 29-30; Ez 18, 2-3. 26-27). Sin embargo, la experiencia desmentía este principio. Después del destierro este problema ocupa un puesto primordial en la reflexión sapiencial, y no resulta fácil encontrar una respuesta adecuada. El libro de Job refleja vivamente este drama, apuntando distintas soluciones, pero ninguna definitiva ni convincente: Job es invitado a entrar en el misterio de Dios y desde ahí poder relativizar su dolor, su desesperación y pretensiones. Qohelet se hace eco del mismo escándalo y lo amplía: aún suponiendo que el justo siempre recibiera bienes, tal recompensa no es proporcional al esfuerzo que pone el hombre en conseguirla, pues no da plena satisfacción a los anhelos del ser humano. Tanto Job como Qohelet se mueven en el ámbito de retribución intramundana, no atisban nada más allá de la muerte. 
No está mal que Qohélet nos recuerde el sabor de las cosas sencillas, el disfrute de las cosas ordinarias, que también son don de Dios. En esto conectaría muy bien con la mentalidad de la postmodernidad: presentista, del carpe diem (Aprovecha el día)... No hace falta que hagamos un esfuerzo grandísimo en salir de esta realidad temporal para encontrar a Dios. Él es compañero cercano de todo lo que vivimos. Nos lo dice la fe. La vida tiene sentido porque somos personas humanas, no animalitos, y en nuestros genes llevamos escrita esa búsqueda de sentido, porque estamos hechos “a imagen y semejanza de Dios”, un Dios creador, que se mueve, que sale de sí, que inventa, que busca. 

Evangelio: la vida no depende de los bienes
Va en la misma línea sapiencial que la 1ª lectura: el ser humano busca sin descanso la alegría y la felicidad, pero en torno a esta búsqueda planean serios peligros. Uno de ellos: poner la felicidad en la acumulación insaciable de bienes, la codicia.
A Jesús, como Maestro, se le acercan dos hermanos en litigio y le suplican que ponga orden, que haga justicia. Jesús sabe ponerse en su sitio: él no ha venido al mundo como juez jurídico, legal. Va más allá de lo externo: “Él sacará a la luz los pensamientos íntimos de los hombres” (Lc 2, 35b), va a la raíz de los problemas, que está en el corazón del ser humano. Para Él es más importante desenmascarar la codicia que nos domina, que hacer valer los derechos de cada uno. Con lo primero, se conseguirá lo segundo.
Sus palabras son magistrales: “eviten toda clase de codicia, porque aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida”. Jesús no invita al conformismo. Lo primero es la justicia, querida por Dios, predicada por Jesús: que todos tengan pan, educación, techo... fruto de la comunión, de la solidaridad, nuevo nombre de la justicia, eso es el Reino, la Nueva Humanidad. Pero puede ocurrir que cuando tengamos lo justo, lo que nos corresponde como hijos y hermanos, ambicionemos más. Este codicia nunca nos permitirá ya descansar. Es muy difícil ya decirse a uno mismo: “Hombre, tienes muchas cosas guardadas para muchos años, descansa, come, bebe, pásalo bien...” normalmente, no hay quien detenga ya el dinamismo de la codicia. Hay que estar alerta. ¿Hasta dónde llegar en la acumulación de bienes?
La codicia de unos pocos o de unos muchos impide el desarrollo de los pueblos. Y llama la atención la medida actual de la codicia en el mundo: el economista Branko Milanovic, del Banco Mundial, da a conocer que «el 1% más rico de la población del planeta posee casi la mitad de todos los activos personales. Este selecto grupo, especifica el economista, está integrado en un 12% por estadounidenses, y entre un 3% y un 6% por británicos, japoneses, alemanes y franceses». Milanovic aclaró también que «el 1% de las personas más ricas del mundo vieron aumentar sus ingresos reales en más de un 60% en dos décadas (de 1988 a 2008). El 8% de las personas que disponen de mayores fondos en el mundo obtiene hasta el 50% de todos los ingresos del planeta». 
Según un informe de la OCDE (mayo 2013), el 10% más rico de las sociedades de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tenían 9,5 veces más ingresos que el 10% más pobre en el 2010 respecto al 2007, cuando los ingresos de los ricos eran 9 veces superiores a los de los pobres. Más: la crisis ha acelerado la brecha entre ricos y pobres en los países que integran esa organización. Las desigualdades aumentaron más entre 2007 y 2010 que en los 12 años precedentes.
La palabra de Jesús en el Evangelio de hoy no puede quedar reducida a una consideración de la necesidad personal individual de «no ser avaro o codicioso»... Hoy ha de ser aplicada también a la situación planetaria, de la estructura económica mundial, de un mundo que sigue y sigue acentuando sus diferencias, la desigualdad, la brecha entre pobres y ricos. Todavía hay quienes alimentan recelos respecto al concepto de «pecado estructural»... En definitiva, no hay que discutir de literatura, o de «cuestión de nombres». La teología de la liberación tiene muy claro que el pecado -¡y las virtudes!– pueden ser no sólo personales/individuales, sino también sociales, estructurales. Ya sabemos que las estructuras «no son personas que cometan pecados», nadie es tan ingenuo que confunda eso. Lo que queremos decir es que el mal, el pecado, con frecuencia se corporifica, toma cuerpo, en las estructuras sociales, de modo que impone la posibilidad y la facilidad para un tipo de actitudes y de actos perversos, pecaminosos, más allá de las voluntades y las buenas intenciones personales. La Utopía, el Mundo nuevo, el Sumak Kawsay –¡el Reino de Dios!, como la llamaba Jesús–, no estará realizado cuando esté en todos los corazones (personales, individuales), sino cuando tome cuerpo también en estructuras que lo hagan posible, realizable, verificable. 

La respuesta cristiana es «vivir como Jesús»: vivir confiados en las manos del Padre/Madre Dios, buscando el Reino-Utopía como lo más principal. «Lo demás vendrá por añadidura». El verdadero enriquecerse es amasar una única fortuna: la del amor, el favorecimiento de la vida, el descentramiento de sí mismo en favor del centramiento en el amor, las buenas obras con los más pequeños y desfavorecidos (Mt 6,19).

En torno a la segunda lectura
La intención de la carta a los cristianos de Colosas es afirmar la supremacía de Jesucristo por encima de toda realidad cósmica, terrena o supraterrena. Algunos pretendían introducir en la comunidad ideas filosóficas sobre el mundo de los poderes angélicos, y unas prácticas ascéticas inspiradas en ritos mágicos y mistéricos que confundían y amenazaban con destruir el misterio de Cristo entre los creyentes. Por eso, en el Himno Cristológico de 1,15-20 se presenta a Jesús como Señor de toda la creación y único salvador del mundo, revelación perfecta de la sabiduría divina, escondida durante siglos, pero revelada ahora en el Hijo, fuente de vida espiritual para el ser humano, de quien recibimos la plenitud. Es un himno, una poesía, poesía religiosa, una «reflexión» libre, un ejercicio creativo de belleza, que da rienda suelta y expresión a una vivencia «religiosa» y, por tanto, afectiva, estética, fruitiva... como tantas otras experiencias humanas. No hay que equivocarse y confundir el género literario con un tratado ontológico-metafísico-dogmático. 
En ese contexto de pensamiento, el bautismo introduce al cristiano en la posesión ya presente de la salvación, no como algo conseguido de manera estática, sino en movimiento, en progreso, dinámico, en combate. El bautismo nos une a Cristo y nos hace participar de sus riquezas: “fuimos sepultados con Cristo y luego resucitados por haber creído en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos” (2,12)
Muertos y resucitados con Cristo debemos buscar lo que Cristo buscó, las cosas de arriba, las cosas de dentro donde está nuestra verdadera riqueza, la del corazón, pero también las malas intenciones (Mt 15,19). Hay que hacer morir lo terrenal, despojarse del “hombre viejo”. Esta renovación es espiritual (Ef 4,23), es decir, bajo la acción del Espíritu, el mismo que movió a Jesús en su existencia terrena. El “hombre viejo” es egoísta, mentiroso, esclavo de sus apetencias... el “hombre nuevo” es bondadoso y compasivo, volcado y preocupado por los demás, comunitario, misericordioso, comprensivo, hace del amor la norma de su vida... para con los demás actúa de la misma manera que Cristo ha actuado en él. Ese es el ser humano nuevo (Ef 5,1-2). La fuente de toda moral humana es la unión con Cristo, a la que se llega por el bautismo. Sin este fundamento, la vida será un conjunto de recetas y normas que hay que cumplir. La nueva condición de personas nuevas se va renovando cada día según la imagen del creador. 
Dicho esto sobre esta segunda lectura, hay que añadir una nota crítica para los fieles y los predicadores más críticos. Este fragmento de la carta de Pablo deja un especial de boca agridulce, pues junto a la atracción espiritual que producen en conjunto sus palabras, sus imágenes dejan una profunda insatisfacción: arriba/abajo, los bienes de arriba/los bienes de abajo, aspirar a los bienes de arriba y no a los de la tierra... Ese claro dualismo de fondo, esa esquizofrenia espiritual que quiere hacernos creer que estamos en esta tierra (abajo) desterrados, caídos de nuestro verdadero mundo, el mundo de arriba, al que tenemos que aspirar a volver, en el que seremos de nuevo manifestados en gloria tras nuestra muerte... es una visión de fondo, un supuesto que se cuela en las palabras de Pablo como «de rondón», sin siquiera ser mencionado, como una evidencia de fondo que ni siquiera hay que tematizar y discutir... Muchas personas con mentalidad realmente «de hoy», se sienten mal ante estos textos, y muchas veces ni siquiera pueden reaccionar en el nivel consciente, porque no descubren contra qué palabras explícitas podrían reaccionar, pero siguen sintiéndose mal. 
Textos que ya van para dos milenios de antigüedad, y que llevan dentro -como una droga escondida no declarada- el platonismo del ambiente helenista en el que fueran concebidos y expresados, no son buenos para vehicular un mensaje que ha de ser entregado en la rapidez de una liturgia que no permite mayores esclarecimientos hermenéuticos. Tal vez mejor sería no abordarlos cuando no van a ser bien abordados. Pero en todo caso, los oyentes actuales tienen derecho a que los predicadores inteligentes digan una breve palabra que les tranquilice ante posibles malestares interiores. El mismo Pablo, misionero apasionado, sería el primero que hoy se quejaría de sus palabras no sean purificadas del dualismo platónico que él mismo respiró en su ambiente helenista pero que hoy es absolutamente inaceptable en nuestra visión moderna y ecocéntrica. 

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 73 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «La muerte del viejo avaro». El guión y su guión y su comentario puede ser tomado de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1400073 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap73b.mp3  

Para la revisión de vida
Te produce satisfacción tu trabajo? ¿Encuentras sentido en lo que haces y vives? ¿Cómo vives tus afanes en el trabajo, en todo lo que realizas a lo largo del día?
¿Qué haces para despojarte del hombre viejo: el egoísmo, la envidia, la mentira... y revestirte de las actitudes de Jesús: bondad, amor, misericordia, comprensión...? ¿Cómo vas renovando en ti la imagen de tu creador día a día?
¿Te sientes apegado a tus bienes, pocos o muchos, los que tengas...? ¿Qué quieres hacer con ellos? ¿Cómo puedes hacerte rico en Dios?

Para la reunión de grupo
- Leer no sólo el texto propuesto en la Liturgia para este Domingo, procurar leer algo más del libro de Qohélet y compartir las respuestas personales al problema que se plantea el autor: ¿qué saca el hombre de todo su trabajo, de los afanes con que trabaja bajo el sol? ¿Pensamos que la vida es vaciedad sin sentido? ¿Qué sentido damos a nuestra vida?
- El dualismo platónico (un mundo de arriba y otro de abajo, uno espiritual y otro terrenal, esa aspiración hacia el mundo de arriba espiritual huyendo del mundo de abajo material...), ¿forma parte del cristianismo, o es sólo un elemento cultural helenista en el que nos viene envuelto el mensaje de Pablo? ¿Se puede ser cristiano y no ser platónico ni dualista? ¿Se puede expresar el mismo mensaje con otras imágenes, y con negación explícita del dualismo?

Para la oración de los fieles
- Para que todos los que formamos la Iglesia, vivamos con fuerza nuestro bautismo, lo renovemos cada día y vayamos despojándonos de la vieja condición humana y sus actitudes, roguemos...
- Movidos por el Espíritu de Jesús pidamos fuerza para no dejarnos llevar por la codicia, antes bien promovamos la justicia, el compartir. Que sepamos afanarnos por acumular los bienes que merecen la pena y que nos hacen más felices a nosotros y a los que nos rodean. Roguemos...
- Que el Señor nos conceda un corazón dócil a su Palabra, como el de María nuestra Madre, que pone por obra aquello que escucha, roguemos...
- Por los que más sufren entre nosotros, por cualquier motivo: hambre, persecución, enfermedad, mentira... que puedan contar con nuestro apoyo y ayuda desinteresada, roguemos...
- Siempre es necesario pedir a nuestro Dios nos regale el don de la paz: a cada persona, a cada grupo, familia, a las naciones. Que sea posible la superación de las guerras, los odios, divisiones entre los humanos, por medio del diálogo, el entendimiento, la mansedumbre y la práctica de la justicia, roguemos...

Oración comunitaria
Líbranos Señor de toda codicia.Concédenos Señor un corazón sencillo, que no ambicione más allá de lo que necesitamos que sepa agradecer lo que ya tenemos, lo que cada día nos regalas Tú y nuestros hermanos. Confesamos que sólo Tú eres nuestro verdadero tesoro, Y en tus manos amorosas queremos vivir confiados. Que no nos cansemos de vivir así, buscando primero y ante todo el Reino. Padre, que tu Espíritu nos haga cada vez más amantes de la Vida y del Amor que la favorece.
 

Lunes 5 de agosto

18ª semana del Tiempo Ordinario
Nuestra Señora de Copacabana (Bolivia)
Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor

Nm 11,4b-15: Yo solo no puedo cargar con este pueblo
Salmo responsorial 80: Aclamen a Dios, nuestra fuerza
Mt 14,13-21: Denles ustedes de comer



Luego de recibir la noticia de que Juan había muerto, Jesús buscó la soledad. La oración, el silencio y la soledad son una buena compañía para los momentos de catarsis o de grandes decisiones. El evangelio deja claro que cuando compartimos, poniendo al servicio de los demás lo poco o mucho que tenemos, finalmente alcanza para todos, y sobra. Si los líderes de nuestro planeta entendieran a Jesús, no habría hambre ni exclusión sobre la tierra, porque las palabras “acumular y acaparar” serían eliminadas del diccionario social, para ser remplazadas por “solidaridad y redistribución equitativa”. – Lo que al principio se ofrecía parecía no alcanzar, pero en manos de Jesús fue más que suficiente. Con frecuencia sentimos que nuestra contribución a Jesús es muy pequeña, pero él puede multiplicar y usar lo que podamos darle, sea en talentos, tiempo o bienes materiales. Con Jesús siempre sumamos nunca restamos. Mucha gente está hoy necesitada del pan de la esperanza, del consuelo, de la compañía, de la escucha y de un largo etcétera. – Seamos nosotros instrumentos dóciles de Dios para que en esas personas se multiplique la fe y la esperanza, y para que el mundo pueda tener sus necesidades básicas satisfechas. 
 

Martes 6 de agosto

Transfiguración del Señor


Dn 7,9-10.13-14: Su vestido era blanco como nieve
Salmo responsorial 96: El Señor reina, altísimo sobre la tierra
2 Pe 1,16-19: Esta voz del cielo la oímos nosotros
Mt 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol



Moisés representa a la ley y Elías a los profetas. La propuesta de Pedro de hacer tres chozas refleja el temor de los discípulos de bajar a Jerusalén, donde les espera el sufrimiento a causa de la Palabra de Jesús. Por eso prefieren la tranquilidad de la montaña. Con la Transfiguración, símbolo de resurrección, Jesús intenta tranquilizarlos confirmando que la vida finalmente triunfará frente a los proyectos de muerte. Jesús dice a sus discípulos que se levanten y no tengan miedo: “acercándose los toca y les alienta”, que es exactamente lo que hace a diario con nosotros cuando estamos angustiados y agobiados. Al final del relato desaparecen Moisés y Elías. Sólo ha quedado Jesús, el Hijo amado y predilecto, a quien hay que escuchar. El evangelista quiere dejar claro en las comunidades cristianas que el Antiguo Testamento, la realidad que nos rodea, nuestras actuaciones y relaciones, toda nuestra vida debemos leerla y vivirla desde Jesús. Él es nuestro punto de referencia. La experiencia de Jesús, a pesar de las dificultades, debe ser una experiencia extraordinaria que transfigure nuestro miedo en gozo y que nos anime a bajar de la montaña para enfrentar la realidad con la Palabra y con el testimonio.  
 

Miércoles 7 de agosto

Sixto II, papa y mártir y compañeros (año 258) 
Cayetano, fundador (a. 1547)


Nm 13,1-2.25; 14,1.26-30.34-35: Despreciaron una tierra envidiable
Salmo responsorial 105: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo
Mt 15,21-28: ¡Mujer, qué grande es tu fe!



Mateo identifica la mujer como cananea porque quiere insistir en la apertura geográfica, social y de género que caracteriza el mensaje de Jesús. La Palabra de Dios es siempre incluyente. Estamos en presencia del amor de una “madre” que suplica por su hija. Ella sabe que Jesús la puede sanar, por esto se enfrenta sin temores a los discípulos que no aguantan sus gritos y a la poca acogida del mismo Jesús. La mujer se acerca, se postra y grita con toda humildad y fe: ¡Señor, ayúdame! A pesar de la carga social que la excluye como mujer, es capaz de replicar las palabras de Jesús. Como siempre, las necesidades fueron escuchadas y la fe fue el vehículo para la sanación. Esta vez es la mujer quien hace posible que el pan de la mesa y el que cae de ésta, se multiplique y alcance para todos los pueblos, incluso para los “perritos”, que era como llamaban coloquialmente los judíos a los paganos. – La fe debe convocar a los cristianos a unir esfuerzos para sanar en el mundo las heridas que dejan la discriminación cultural, racial, religiosa, política y económica. La fe es el pan del amor, capaz de sanar los males del mundo. 
 

Jueves 8 de agosto

Domingo de Guzmán, fundador (a. 1221)


Nm 20,1-13: Brotó agua abundante
Salmo responsorial 94: Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: "No endurezcan el corazón"
Mt 16,13-23: Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos



Antes de emprender el camino hacia Jerusalén Jesús quiere evaluar el tiempo misionero en Galilea. Por las respuestas de la gente, que le identifica como uno de los profetas, el mensaje no ha sido entendido en su totalidad. Jesús es más que un profeta. Los discípulos han entendido claramente que Jesús, además de profeta, es el Mesías esperado. Sin embargo, por la actitud de Pedro ante el anuncio que hace Jesús de su pasión, podemos concluir que los discípulos tampoco habían entendido bien la misión de Jesús. Ellos lo asumían como Mesías, pero un Mesías al estilo de David, revestido de poder político, religioso, económico y militar. Un mesías rey más parecido al imperio romano que al Reino de Dios. – A los discípulos, y a nosotros, nos cuesta hoy entender que el poder de Jesús se basa en el amor, la misericordia y la solidaridad. Un poder para servir y no para esclavizar. Satanás significa adversario, acusador, tentador. Pedro, a pesar de las “buenas intenciones”, termina tentando a Jesús y convirtiéndose en adversario del proyecto de Dios. No es difícil identificar, a nuestro alrededor, a los innumerables “satanás” que se pasan la vida poniendo obstáculos en el camino de los hermanos.
 

Viernes 9 de agosto

Otilia, religiosa (a. 720) 
Teresa Benedicta de la Cruz, mártir (a. 1942)


Dt 4,32-40: Amó a tus padres y después eligió a su descendencia
Salmo responsorial 76: Recuerdo las proezas del Señor
Mt 16,24-28: ¿Qué precio pagará un hombre por su vida?



Cuando Jesús habló de cargar su cruz y de seguirle, los discípulos sabían lo que significaba. La crucifixión era un método romano común de ejecución y los criminales condenados tenían que llevar su cruz por las calles rumbo al sitio donde cumplían su sentencia. Seguir a Jesús implica una entrega de vida, a pesar de los riesgos de cruz y de muerte. La vida que se entrega por la causa del Reino no se pierde, sino que se multiplica en la vida de los hermanos. Lograr esto sólo es posible cuando ponemos como prioridad a Dios y al prójimo. De lo contrario, caemos en la tentación de llenar nuestra vida y nuestro tiempo de consumo, de lujos, de poder, de riqueza, que sólo pueden satisfacer la superficialidad de nuestro ego, pero nunca lo profundo del corazón. ¿De qué puede servirnos ganar el mundo entero, si en ese intento perdemos la vida? – Es importante volver a definir cuáles son realmente las prioridades en nuestra vida, de manera que podamos construir el futuro de nuestras familias y nuestros pueblos sobre la firmeza de la roca, y no sobre la fragilidad de la arena. Ganemos el mundo con la Palabra de Dios. 
 

Sábado 10 de agosto

Lorenzo, diácono y mártir (a. 258)


Dt 6,4-13: Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón
Salmo responsorial 17: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Mt 17,14-20: Si tuvieran fe, nada sería imposible



La frustración de Jesús iba dirigida a la generación incrédula e indiferente. Sus discípulos, en esta instancia, eran fiel reflejo de esa actitud. El problema es de fe. Sin ésta es imposible ser discípulo y misionero. La fe, en primer lugar, tiene una dosis alta de compasión, una compasión que no es pesar del otro, sino respuesta comprometida ante sus necesidades. El hombre reclama un poco de compasión y Jesús responde satisfaciendo su necesidad. Jesús lo hace con la fuerza de Dios, nosotros lo haremos con la fuerza de la fe. Sin embargo, la incredulidad del mundo permite que el demonio del egoísmo, de la injusticia y de la violencia domine a su antojo la sociedad. Y demonios de este tipo sólo es posible dominarlos y expulsarlos con la fuerza de la fe. En segundo lugar, la fe requiere del mayor cuidado para procurar su crecimiento. La fe más pequeña puede mover montañas; pero seguramente la más grande podrá mover y ganar el mundo entero para la causa del Reino. – Pidamos a Dios una fe fuerte, capaz de mover las montañas de nuestro corazón, de nuestras familias y de nuestras comunidades, para sanar los males que aparentemente no tienen remedio.
 

Domingo 11 de agosto

19º domingo del Tiempo Ordinario
Clara de Asís, virgen (a. 1253)

Sab 18,6-9: Castigabas a los enemigos y nos honrabas llamándonos a ti
Salmo Responsorial 32: ¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor!
Heb 11,1-2.8-19: La fe, seguridad de lo que se espera
Lc 12,32-48: Dichoso el sirviente que se encuentre preparado



Primera Lectura
Los israelitas, oprimidos en Egipto, experimentaron que el Señor era su salvador la noche en que murieron los primogénitos de los egipcios. Por eso aquella noche tuvo una significación trascendental para la historia de los hebreos. Les recordaba las promesas que Dios había hecho a sus padres; que desde entonces Israel fue un pueblo libre y consagrado al Señor. La primera cena del cordero pascual sirve de modelo a lo que había de ser centro de la vida religiosa y cultural.
La participación en un mismo sacrificio simbolizaba la unión solidaria de un pueblo en un destino común. La celebración pascual recuerda que Dios no cesa de elegir a su pueblo entre los justos y de castigar a los impíos.
Hoy, toda esta imagen de Dios, por más que la hayamos estado escuchando y venerando durante milenios, desde siempre, aparece como profundamente inadecuada, inaceptable. ¿Qué clase de Dios es ése que opta por un pueblo, lo elige, le regala una tierra que está ya ocupada por otros pueblos da poder a su pueblo elegido para que los expulse y los destruya? ¿Es verosímil esta imagen de Dios? ¿No es propia de los tiempos «tribales», donde cada tribu se imagina que tiene su Dios protector que la defenderá contra las demás? (Recomendamos leer al respecto, por ejemplo, de John Shelby SPONG, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, Abya Yala, Quito, Ecuador, www.tiempoaxial.org;  también se puede mirar en google y en youtube sobre este autor). 

Segunda Lectura
La fe de Abraham y de los patriarcas sirve de ejemplo. Para estimular la perseverancia en la fe que lleva a la salvación, la carta a los Hebreos aduce una serie de testigos. Abraham, lo mismo que los hebreos del siglo I, conoció la emigración, la ruptura respecto al medio familiar y nacional y la inseguridad de las personas desplazadas. Pero en esas pruebas encontró Abraham motivo para ejercer un acto de fe en la promesa de Dios.
La fe enseña a no darnos por satisfechos con los bienes tangibles ni con esperanzas inmediatas. Abraham creyó por encima de la amenaza de la muerte. Sufrió los efectos de esterilidad de Sara y la falta de descendencia. Esta prueba fue para él la más angustiosa porque el patriarca se acercaba a la muerte sin haber recibido la prenda de la promesa. Aquí se hace realidad la última calidad de la fe: aceptar la muerte sabiendo que no podrá hacer fracasar el designio de Dios.
Más que el sufrimiento, es la muerte el signo por excelencia de la fe y de la entrega de uno mismo a Dios. Abraham creyó en un “más allá de la muerte”, creyó le sería concedida una posteridad incluso en un cuerpo ya apagado, porque le había sido prometida. Esta fe constituye lo esencial de la actitud de Cristo ante la cruz. También se entregó a su Padre y a la realización del designio divino, pero tuvo que medir el fracaso total de su empresa: para congregar a toda la humanidad, se encuentra aislado pero confiado en un por encima de la muerte que su resurrección iba a poner de manifiesto.

Evangelio
El evangelio de hoy nos presenta unas recomendaciones que tienen relación con la parábola del domingo anterior del rico necio. Los exegetas se diversifican en cuanto a la estructura que presente el texto y no determinan las unidades de las que se compone. La actitud de confianza con el que inicia el texto no debería de omitirse “no temas, rebañito mío, porque su Padre ha tenido a bien darles el reino”. Esta exhortación a la confianza, al estilo veterotestamentario y que gusta a Lucas, expresa la ternura y protección que Dios ofrece a su pueblo, pero expresa también la autocomprensión de las primeras comunidades: conscientes de su pequeñez e impotencia, vivían, sin embargo, la seguridad de la victoria. La bondad de Dios, en su amor desmedido, nos ha regalado el Reino. Desde aquí tenemos que entender las exhortaciones siguientes. Si el Reino es regalo, lo demás es superfluo (bienes materiales). Recordemos los sumarios de Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Lucas invita a la vigilancia, consciente de la ausencia de su Señor, a una comunidad que espera su regreso, pero no de manera inminente como sucedía en las comunidades de Pablo (cf. 1Tes.4-5). La Iglesia de Lucas sabe que vive en los últimos días en los que el hombre acoge o rechaza de forma definitiva la salvación que se regala. Cristo ha venido, ha de venir; está fuera de la historia, pero actúa en ella. La historia presente, de hecho, es el tiempo de la iglesia, tiempo de vigilancia. 
Fitzmyer, ilustra esta afinada concepción de la historia, aparecen varias recomendaciones en lo que puede considerarse como los “retazos de una hipotética parábola”. Lo importante será descubrir en cuál de esas recomendaciones centramos la llegada que hay que esperar de manera vigilante. La predicación histórica de Jesús tienen estas máximas sobre la vigilancia y la confianza. Ahora, en este texto se les reviste de carácter escatológico. El punto clave reside en la invitación “estén preparados”; o lo que es lo mismo, lo importante es el hoy. A la luz de una certeza sobre el futuro, queda determinado el presente. Esta es la comprensión de la historia de Lucas: “se ha cumplido hoy” (4,21), “está entre ustedes” (17,20-21) y “ha de venir” (17,20). 
El Reino es, al mismo tiempo, presente y algo todavía por venir. De aquí la doble actitud que se exige al cristiano: desprendimiento y vigilancia. Es necesario desprenderse de los cuidados y de los bienes de este mundo, dando así testimonio de que se buscan las cosas del cielo. 
La vigilancia cristiana es inculcada constantemente por Cristo (Mc 14,38; Mt 25,13). La vida del cristiano debe ser toda ella una preparación para el encuentro con el Señor. La muerte que provoca tanto miedo en el que no cree, para el cristiano es una meditación: marca el fin de la prueba, el nacimiento a la vida inmortal, el encuentro con Cristo que le conduce a la Casa del Padre.
La intervención de Pedro, demuestra que la exhortación de Jesús sobre el significado de actuar y perseverar en vigilancia es en primer lugar referido a aquellos que son “la cabeza” de la comunidad, o mejor dicho para los que “están al servicio” de la comunidad. La resurrección a la vida depende del modo como ejercitaron ese servicio. 

Parte del evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 105 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «Un cielo nuevo y una nueva tierra». El guión y su guión y su comentario puede ser tomado de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500105 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap105b.mp3  

Para la revisión de vida
¿Cuál es tu tesoro, lo que valoras más, lo que te mueve desde lo profundo...?
¿Cómo está de activa nuestra esperanza? ¿Somos personas apasionadas por el futuro, por un «sueño loco», por una Utopía? 
¿Reconocemos al Dios-Misterio que viene en cada momento, y sobre todo en los desafíos del amor, en los más necesitados?

Para la reunión de grupo
- Esta palabra escuchada, ¿qué dice de importante y a qué nos alienta?
- ¿Cuál es la intención de Lucas al insistir en este tema escatológico? ¿Qué es «estar preparados»? «Preparados»... ¿para qué, frente a qué, cómo...?
- En http://www.servicioskoinonia.org/martirologio/hb11.htm hay una paráfrasis latinoamericana de Heb 11. Leerla y comentarla. 
- Estudiar el artículo de Karl Rahner, que propugna un "concepto ampliado y actualizado de martirio" (http://servicioskoinonia.org/relat/142.htm). Comentarlo. Y preguntarse: ¿Ya no es tiempo de martirio? ¿En qué sentido?
- Sobre el tema de la fe: ¿puede ser que lo más importante que Dios puede querer de nosotros sea que «creamos»? ¿Puede ser que el sentido de la vida humana sea que «Dios lo ha creado para ponerle una prueba, y le pide que confíen en Él y crea lo que no se ve? Ése fue el esquema central de la explicación religiosa clásica, que hemos mantenido durante dos mil años. ¿Puede seguir en pie? Dificultades actuales para seguir pensando que la fe es la actitud central de la religiosidad.

Para la oración de los fieles
- Ilumina nuestros ojos para que podamos reconocerte en los acontecimientos y sobre todo en los necesitados, roguemos al Señor...
- Fortalece nuestra esperanza en el futuro de la humanidad para que no muera nuestra fe y amor, roguemos al Señor...
- Que nuestra vida se apoye en valores permanentes y no en los bienes materiales, roguemos al Señor...

Oración comunitaria
Dios Padre Nuestro: danos un corazón grande y potente, capaz de ver con claridad que, más allá de las apetencias y tentaciones de la vida, los valores verdaderos son los valores de tu Reino, y que dar la vida por ellos es lo que más puede alegrar y pacificar nuestro corazón, tal como nos enseñó Jesús, nuestro hermano mayor...
 

Lunes 12 de agosto

19ª semana del Tiempo Ordinario
Eleazar, mártir (siglo II aC)

Dt 10,12-22: Circunciden su corazón. Amen al forastero, porque forasteros fueron ustedes
Salmo responsorial 147: Glorifica al Señor, Jerusalén
Mt 17,22-27: Lo matarán, pero resucitará. Los hijos están exentos de impuestos



Jesús hace el segundo anuncio de su pasión. La tristeza de los discípulos nos indica que van tomando conciencia del tipo de mesianismo que encarna Jesús. Un mesianismo cuyo estadio último de poder está en la capacidad generosa y solidaria de ofrecer hasta la propia vida por la salvación de la humanidad. La Jerusalén del poder que mata se enfrentará con el poder de Jesús que sólo produce vida y vida en abundancia. El Templo, que debía ser lugar de oración y de vivencia de comunidad, se convierte en un instrumento de poder que agobia con los impuestos al pueblo de Israel. Jesús tiene claro que hay que destruir, no el edificio material del templo, sino la teología, el culto y la organización institucional sobre la que está construido, y que son contrarios a la voluntad de Dios. Pero, aunque Jesús se opone, decide finalmente pagar el impuesto, pero a través del dinero obtenido milagrosamente. Los “reyes de este mundo” siguen imponiendo duras y pesadas cargas sobre el pueblo para mantener modelos de sociedad que favorece sus intereses particulares. – ¡Que el impuesto que paguemos nosotros sea nuestra propia vida, ofrecida por hacer visible el Reino de Dios a los más necesitados.
 

Martes 13 de agosto

Estanislao de Kostka, seminarista (a. 1568) 
Beatos Mártires Claretianos de Barbastro (a. 1936)


Dt 31,1-8: Sé valiente, Josué, porque has de introducir al pueblo en la tierra prometida
Interleccional Dt 32,3-12: La porción del Señor fue su pueblo
Mt 18,1-5.10.12-14: Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños



El que esté libre de la tentación de querer ser el más grande y poderoso “que tire la primera piedra”. Es probable que, en la comunidad de Mateo, quienes han sido llamados para prestar servicios eclesiales se creen ahora los más importantes. A la pregunta sobre el más grande en el reino de los cielos, Jesús responde con una acción simbólica. Llama a un niño y lo coloca en el medio. Los niños en la sociedad judía, si bien eran extremadamente amados, eran considerados de bajísima categoría social. No contaban casi para nada. De esta manera, el que quiera ser el más grande tiene que identificarse con los que no cuentan, ni tienen delirios de grandeza. Pero también debe ser como un pastor preocupado de sus ovejas, especialmente de las descarriadas. El más grande en el Reino de los cielos debe por tanto priorizar su acción misionera entre los más necesitados, y debe alegrarse por cada oveja que vuelve a su redil. – Hoy son muchas las ovejas descarriadas que consideran que una vida vivida desde lo pequeño, con actitudes de humildad, sencillez, compromiso y servicio, es una auténtica tontería. Demostrar lo contrario es un reto para todo cristiano.  
 

Miércoles 14 de agosto

Maximiliano Kolbe, mártir (a. 1941)


Dt 34,1-12: Murió Moisés y ya no surgió otro profeta como él
Salmo responsorial 65: Bendito sea Dios, que me ha devuelto la vida
Mt 18,15-20: Si te hace caso, has salvado a tu hermano



¿Tenemos clara la importancia que tiene la comunidad en nuestras vidas y en el mundo que nos rodea? Jesús cuestiona la forma de solucionar los problemas que tenemos en nuestras comunidades. Se da con frecuencia que los rumores y comentarios prevalecen sobre la verdad y el respeto que debemos a los demás. Jesús nos llama a dialogar, escuchar y enfrentar los problemas con los hermanos de forma directa y sin rodeos. Pero, si los problemas persisten, debemos pasar al ámbito de la comunidad, ya que es en ella donde compartimos nuestras alegrías y penas, nuestros altos y bajos; en la comunidad encontramos personas que nos acompañan, nos conocen y nos aman; la comunidad es, por tanto, el mejor espacio para discutir los problemas y buscar las mejores soluciones. Jesús recalca la importancia de la oración, pero en comunidad. Cuando compartimos nuestras vidas y sentimientos con nuestras comunidades, uno va creciendo en la perspectiva del Reino de Dios. El compartir la Palabra a la luz del trabajo comunitario, permite compartir otras experiencias de vida que lleva a enriquecer el mensaje y nos impulsa a combatir el individualismo reinante en la sociedad. La comunidad es la casa predilecta de Jesús. 
 

Jueves 15 de agosto

Asunción de María


Ap 11,19a; 12,1.3-6a.10ab: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal
Salmo responsorial 44: De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir
1 Cor 15,20-27a: Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo
Lc 1,39-56: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes



A la mitad del mes de agosto, estalla la alegría en la liturgia de la Iglesia. En el hemisferio norte, coincide -o se le ha hecho coincidir- con las fiestas ancestrales de la canícula del verano boreal. La alegría de la plenitud de las cosechas llega a su plenitud ahora al celebrar la Asunción de la Virgen María. Ella, la madre de Jesús, es la «primera cristiana», debería ser también la primera en llegar hasta Jesús. La fe de la iglesia ha querido ver en ella la confirmación definitiva de que nuestra esperanza tiene sentido. De que esta vida, aunque nos parezca que está enferma de muerte, está en realidad preñada de vida, de una vida que se manifiesta ya en nosotros y que debemos celebrar ya aquí y ahora. Y en primer lugar, en María, Madre de Jesús y Madre nuestra.
En la primera lectura encontramos un combate frontal entre la debilidad de una mujer a punto de dar a luz y la crueldad de un monstruo perverso y poderoso que se ha apropiado de una buena parte del mundo y quiere arrebatarle el hijo a la mujer. El Apocalipsis, hace un relato rico en simbología en el cual las comunidades cristianas pueden estar representadas en la mujer, reconociendo que un sector del cristianismo de los primeros días tuvo un alto influjo de la persona de María y de la presencia femenina en medio de ellas, como sostenedoras de la fe y la radicalidad. Por otra parte el monstruo, es un sinónimo del aparato imperial. Con sus respectivas cabezas y cuernos representa los tentáculos del poder civil, militar, cultural, económico y religioso, que está empeñado en eliminar al cristianismo, por su talante profético, ya que se ha tornado incómodo para los poderosos de la tierra.
La segunda lectura, abre bellamente con una metáfora de la resurrección de Cristo como primer fruto de la cosecha, y luego clarifica cómo todos lo que en Cristo viven, en Cristo mueren, también en Cristo resucitarán. Se trata de una afirmación de la vida plena para los que asumen el proyecto de Jesús como propio y en ese sentido se hacen partícipes de la Gloria de la resurrección.
En el evangelio, el canto de alegría de María que se proclama en el Evangelio se hace nuestro canto. Tenemos pocos datos sobre María en los evangelios. Los estudiosos nos dirán que, casi seguro, este cántico, el Magnificat, no fue pronunciado por María, sino que es una composición del autor del Evangelio de Lucas. Pero no hay duda de que, aun sin ser histórico, recoge el auténtico sentir de María, sus sentimientos más profundos ante la presencia salvadora de Dios en su vida. Es un cántico de alabanza. Esa es la respuesta de María ante la acción de Dios. Alabar y dar gracias. No se siente grande ni importante por ella misma, sino por lo que Dios está haciendo a través de ella. 
"Proclama mi alma la grandeza del Señor". María goza de esa vida en plenitud. Su fe la hizo vivir ya en su vida la vida nueva de Dios. Hay un detalle importante. Lo que nos cuenta el evangelio no sucede en los últimos días de la vida de María, cuando ya suponemos que había experimentado la resurrección de Jesús, sino antes del nacimiento de su Hijo. Ya entonces María estaba tan llena de fe que confiaba totalmente en la promesa de Dios. María tenía la certeza de que algo nuevo estaba naciendo. La vida que ella llevaba en su seno, aún en embrión, era el signo de que Dios se había puesto en marcha y había empezado actuar en favor de su pueblo. 
Más de una vez, en alguna dictadura, este canto de María se ha considerado como revolucionario y subversivo, y ha sido censurado. Ciertamente es revolucionario, y su mensaje tiende a poner patas arriba el orden establecido, el orden que los poderosos intentan mantener a toda costa. María, llena de confianza en Dios, anuncia que Él se ha puesto a favor de los pobres y desheredados de este mundo. La acción de Dios cambia totalmente el orden social de nuestro mundo: derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. No es eso lo que estamos acostumbrados a ver en nuestra sociedad. Tampoco en tiempos de María. La vida de Dios se ofrece a todos, pero sólo los humildes, los que saben que la salvación sólo viene de Dios, están dispuestos a acogerla. Los que se sienten seguros con lo que tienen, esos lo pierden todo. María supo confiar y estar abierta a la promesa de Dios, confiando y creyendo más allá de toda esperanza. 
Hoy María anima nuestra esperanza y nuestro compromiso para transformar este mundo, para hacerlo más como Dios quiere: un lugar de fraternidad, donde todos tengamos un puesto en la mesa que nos ha preparado Dios. Pero en este día María anima sobre todo nuestra alabanza y acción de gracias. María nos invita a mirar a la realidad con ojos nuevos y descubrir la presencia de Dios, quizá en embrión, pero ya presente, a nuestro alrededor. María nos invita a cantar con gozo y proclamar, con ella, las grandezas del Señor.
Nota crítica. A estas alturas, es importante no hablar de la Asunción de María sencillamente como quien da por supuesto un viaje cuasi-sideral de María al cielo... No es necesario detenerse una vez más en el análisis del tema de los «dos pisos» de la cosmovisión religiosa clásica... Pero sí es necesario, aunque sea con un simple leve inciso, recordar a los oyentes que no estamos describiendo un asunción literal, un traslado físico, sino una expresión metafórica, para que no se entienda mal todo lo que con una bella estética bíblico-litúrgica podamos decir al respecto. 
Ciertamente no lo entendía así Pío XII, que en noviembre de 1950 proclamó «ex cathedra» este «dogma», primero proclamado por un «Pontífice romano» después de que en 1870 el inconcluso Vaticano II proclamara su infalibilidad. Con un tono humorado, el recordado José María Díez Alegría decía que Pío XII no resistió la tentación de apretar el botón de la infalibilidad pontificia, que hasta entonces estaba sin estrenar. La verdad es que no se ha vuelto a apretar el botón por parte de ninguno de los papas posteriores, y que el mismo Concilio Vaticano II renunció muy sensatamente a declarar ningún dogma. 
Lo que en este sentido se podría decir explícitamente sobre el tema de la «asunción» es lo mismo (y aún con más motivo) que respecto de la «ascensión». Recomendamos este excelente texto de Boff respecto a la ascensión: http://www.servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm

La serie «Otro Dios es posible» de los hermanos López Vigil, tiene un capítulo, el 57, titulado «¿Ascensión y Asunción?», que puede resultar útil para una sesión de estudio sobre el tema. El guión y el audio puede ser recogido aquí: http://www.emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=150057 No olvidar pulsar el enlace a «Más información sobre el tema». 

Para la revisión de vida
Celebramos hoy una fiesta en honor de la Virgen, lo cual es una buena ocasión para reflexionar sobre nuestra manera de honrarla. Alguien dijo que Dios la llenó de gracia y nosotros de joyas. ¿Acaso pretendemos enmendarle la plana a Dios? ¿No es mejor tratar de parecernos a ella en su fe, su esperanza, su amor y su disponibilidad, que llenarla de joyas, mantos y folclores que más ocultan que revelan su verdadera imagen?

Para la reunión de grupo
- Solemos ver, en la figura de la mujer del relato del Apocalipsis, a la Madre de Jesús, que lo engendra y lo da a luz, pero que también está rodeada en su vida de penalidades del mismo tipo que las de su Hijo y en conexión con Él. ¿Tengo esta visión realista de la vida de María o soy de los que piensan que los pajaritos y los ángeles estaban todo el día poniendo música de fondo a su vida?
- La resurrección de Cristo no es sólo un final feliz para su vida de entrega y fidelidad, sino el adelanto del destino que a todos nos espera; primicia de este triunfo final que a todos nos aguarda es María, que también sigue a su Hijo en este destino. ¿Es ésta mi esperanza, estoy convencido de que también a mí y a todos nos espera este final? 
- Esta María que entona el Magníficat, que proclama que Dios colma de bienes a los hambrientos mientras despide vacíos a los ricos, es la Virgen Madre que vivió en Nazaret; pero ¿es la Virgen Madre de nuestra fe, de nuestro culto a María, de nuestras "vírgenes", de nuestros usos y costumbres marianos"?

Para la oración de los fieles
- Por la Iglesia, para que proclame la Asunción de María con un compromiso cada día mayor y más eficaz con los pobres y oprimidos. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros, para que la proclamación del Magníficat nos lleve a ser solidarios con los que sufren. Roguemos...
- Por los ricos y los poderosos, para que no pongan su corazón en sus riquezas, sino que sirvan con ellas a los pobres. Roguemos...
- Por los enfermos y los moribundos, para que hagan frente a su dolor con la esperanza de quienes se saben llamados a la vida. Roguemos...
- Por todos nuestros seres queridos difuntos, para que gocen ya de la plenitud de la vida de la resurrección, junto con María y Jesucristo. Roguemos...
- Por todos nosotros, para que confiemos plenamente en el amor de Dios y cumplamos en todo su voluntad. Roguemos...

Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que has llevado a María a alcanzar ya junto a ti la misma plenitud de vida de Jesucristo; te pedimos que nos conceda que, siendo, como ella, fieles en el cumplimiento de tu voluntad, lleguemos a participar también nosotros de la gloria de la resurrección. Por Jesucristo.
 

Viernes 16 de agosto

Esteban de Hungría, rey (a. 1038)


Jos 24,1-13: Tomé a su padre del otro lado del río; los saqué de Egipto; les di una tierra
Salmo responsorial 135: Porque es eterna su misericordia
Mt 19,3-12: Por lo tercos que son permitió Moisés que divorcien de sus mujeres



La ley judía le permitía al hombre repudiar a su mujer, si encontraba en ella “algo vergonzoso” (Dt 24,1). En tiempos de Jesús existía una fuerte controversia entre la escuela rabínica de Hillel, que interpretaba que el hombre podía repudiar a la mujer por cosas triviales, y la escuela de Gamaliel, que consideraba que sólo por infidelidad de la mujer. Los fariseos quieren saber la opinión de Jesús, quien, pasando por alto el texto del Deuteronomio, responde desde el Génesis, que proclama el principio creador e igualitario entre el hombre y la mujer. Dios quiere que el hombre y la mujer vivan unidos y se respeten por siempre. El texto de hoy refleja una legislación y una práctica machista. Jesús toma partido por la unidad, y también por la mujer, excluida en la toma de cualquier decisión. Sólo el hombre tenía el derecho a repudiar. – La lucha no es entre el hombre y la mujer. El llamado de Jesús es a la unidad creadora e igualitaria en el compromiso de construir como pareja un proyecto de vida respetuoso y duradero. – Todavía hoy son muchas las prácticas machistas que discriminan a la mujer en la familia, en la Iglesia y en la sociedad. 
 

Sábado 17 de agosto

Roque, enfermero (a. 1378)


Jos 24,14-29: Escoge hoy a quién quieres servir
Salmo responsorial 15: Tú, Señor, eres el lote de mi heredad
Mt 19,13-15: De los que son como niños es el Reino de los cielos



Los niños vuelven a ser presentados por Jesús como modelo para sus discípulos. Presentar, imponer las manos y orar eran símbolo de acogida en la comunidad cristiana. Los discípulos vuelven a tomar el papel de satanás, excluyendo a los niños por su condición social, y poniendo obstáculos entre Jesús y los niños. Jesús insiste de nuevo en que el Reino de los cielos es para los que no cuentan, para los humildes y sencillos. – Pero, ¿cómo podemos construir este Reino? Muchas veces negamos la presencia de Dios en nuestras vidas y se la negamos a otras personas; ponemos nuestros proyectos por encima del proyecto de Dios. Debemos reconocer que, al igual que los discípulos, los cristianos, con nuestro testimonio, somos quienes más barreras ponemos para que muchos hombres y mujeres se enamoren de la persona y del proyecto de Jesús. Nos cuesta hacernos como niños en un mundo donde la sencillez y la humildad pasan por niveles altísimos de impopularidad, mientras contravalores como el orgullo, la codicia y la prepotencia ganan terreno cada día. Hay que trabajar con intensidad y creatividad para que el mundo conozca y viva los valores del Reino. 
 


Domingo 18 de agosto

20º domingo del Tiempo Ordinario
Alberto Hurtado (Chile, año 1952) 
Jane Frances de Chantal, religiosa (USA, a. 1641)

Jr 38,4-6.8-10: Trataron inicuamente a Jeremías, arrojándolo a un aljibe
Salmo Responsorial 39: ¡Señor, ven a ayudarme!
Heb 12,1-4: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos
Lc 12,49-53: ¿Piensan que vine a traer paz a la tierra?



Estamos en camino con Jesús y sus discípulos en su último viaje a Jerusalén, donde sabe que va a morir, y así se lo va diciendo varias veces. Esta subida a Jerusalén se alarga en el evangelio de Lucas como en ningún otro, pues aprovecha para situar ahí la mayor parte del material peculiar, sobre todo los discursos, las parábolas y los relatos que conoce por otro lado distinto a Marcos. Las frases que leemos en este domingo aparecen también en el evangelio de Mateo, pero en distinto orden y contexto. Esto hace que el sentido sea algo diverso, pues el contexto forma parte del significado de las frases; pero indica a la vez que muchos dichos de Jesús, como los de cualquier persona, son polivalentes; tienen alcances diversos y aplicaciones distintas según las circunstancias de los lectores u oyentes de los mismos. Así se nos abre también a nosotros el camino y la posibilidad de leerlos, con la libertad de los hijos de Dios, desde nuestra propia situación y para nuestro propósito. No es una traición, sino una fidelidad al Espíritu que inspiró a Jesús y a los evangelistas; pues ellos también se tomaron su libertad para situarlos diversamente y sacar sentidos distintos.
La liturgia, a su vez, nos pone estas frases en otro contexto diverso, al anteponer un episodio de la vida del profeta Jeremías, que suele llamarse “la pasión de Jeremías”; porque le toca sufrir golpes, burlas, acusaciones y prisión en una cisterna llena de fango por causa de la palabra de Dios que tiene que anunciar. El salmo que se nos propone es una súplica y acción de gracias a Dios, porque libra al pobre de la fosa; y parece así reforzar la situación del profeta, y anticipar una situación semejante para las frases del evangelio. Con ello se da un sentido de anuncio de la pasión, que ciertamente parece tener, sobre todo si lo leemos junto con la frase semejante de Marcos 10, 38; pero que no está muy resaltado en Lucas; apenas en la frase del “bautismo” por el que ha de pasar. El resto apunta a las diversas posturas que los hombres toman ante el mensaje de Jesús, como ya le acontecía a Jeremías y a otros profetas. Pero la segunda lectura, que nos presenta a Jesús como modelo germinal y definitivo de nuestra fe, vuelve a insistir en su pasión y cruz, y en la posibilidad de que también los cristianos nos veamos envueltos en la persecución y muerte; y, en todo caso, en la dura lucha contra el pecado, tanto personal como social.
Parece que Jesús cambia aquí radicalmente su mensaje. La Buena Nueva nos parece tan hermosa, tan atenta a los débiles y pequeños, tan llena de amor y solicitud hasta por los pecadores y enemigos, que su mensaje no puede ser otro que el de una gran paz y armonía entre todos los hombres. Eso es lo que proclamaban ya los ángeles en el momento del Nacimiento (Lc 2, 24) y lo que vuelve a proclamar el Resucitado apenas se deja ver por los discípulos atemorizados (Lc 24,20-21). Aquí, sin embargo, Jesús parece decir todo lo contrario. Su mensaje no viene a producir paz y concordia entre todos, sino que lleva a la división incluso entre los miembros más allegados de la familia, padres e hijos, nueras y suegras. Pero no se trata de cualquier mensaje, de cualquier propuesta, sino de la presencia misma del Reino de Dios en sus palabras y sus gestos, en sus milagros y sus actuaciones. No cabe oír esa Buena Nueva del Reino y permanecer neutral o indiferente; no cabe entusiasmarse con Jesús y seguir en lo mismo de siempre. Por eso hay que optar con pasión, hay que tomar decisiones y actuaciones que implican cambios muy radicales en la vida. Por eso nos van a afectar a todos profundamente, más allá incluso de los vínculos familiares, por muy respetables que estos sean. El que no pone por delante a Jesús, incluso sobre su propia familia, no puede ser su discípulo (Lc 14, 26). 
El episodio de Jeremías nos pone un triste ejemplo de este sufrimiento que acarrea al profeta su fidelidad a la palabra de Dios, cuando el pueblo y sus líderes no la quieren escuchar. Él tenía que anunciar la destrucción del templo, de la dinastía davídica y de la ciudad de Jerusalén, por no querer someterse a Babilonia en ese momento. Era como poner punto final a las solemnes promesas hechas por Natán y otros profetas a David y a su ciudad capital, Jerusalén. Además, este descendiente de sacerdotes, debe predecir la ruina del templo salomónico. No le gustaban para nada esas desgracias que le tocaba anunciar, y sufrió enormemente por causa de esa misma palabra dura que debía predicar; pero lo que pretendía era precisamente que eso no ocurriera, porque le hacían caso, se convertían y se evitaban esas catástrofes. No logró esa conversión del pueblo, y menos aún de los líderes religiosos y políticos. Más bien logró esa división entre unos y otros, pues hasta entre el alto liderazgo político encuentra opositores y ayudantes, mientras el rey se deja llevar del viento político que sopla en cada momento. Pero la palabra de Dios y su profeta no es un viento cambiante, sino una palabra firme y segura, que exige darle fe y cambiar de mente y de conducta; que pide una opción radical de parte de los oyentes. 
Esto mismo y en grado supremo le acontece al oyente de la Palabra que es Jesús. Por eso, el radicalismo con que se expresa en esta ocasión, pues se trata de la urgencia misma del Reino presente. Mateo dice en el pasaje paralelo: “¿cómo es que no son capaces ustedes de interpretar los signos de los tiempos?” (Mt 16, 3). Ver los signos de la gracia de Dios, de la presencia del Reino en las palabras y gestos humanos, en las acciones y hasta maravillas que acontecen en la vida. También en nuestro duro y doloroso presente, pues no existen tiempos sin gracia de Dios, sin presencia y fuerza de su Espíritu en medio de la historia, por oscura que sea. Ciertamente son los santos los que más perciben esto y donde mejor podemos ver los demás esa presencia, misteriosa pero eficaz, de la gracia de Dios en medio de esta empecatada historia humana; pero no faltan mil pequeños gestos, incluso o tal vez precisamente, en pobres y pequeños, en prostitutas y pecadores, en publicanos y hasta en ricos zaqueos y centuriones extranjeros. Hay gestos de solidaridad y simpatía con los pobres y pequeños, con los marginados y despreciados, que nos muestran esa fuerza del Espíritu de Dios y de Jesús actuando ya ese fuego en la tierra.
Tal vez donde más brilla esa fuerza de la gracia de Dios es en los momentos en que los hombres se parcializan hasta el extremo, y llegan a preferir sus opciones a la misma vida. No en vano Jesús alude al “bautismo” por el que ha de pasar, refiriéndose sin duda a la hora de su pasión y cruz. Nunca la división entre los hombres, incluso dentro de una misma familia, llegan a polarizarse tanto. Por eso también es la hora de las opciones más decisivas, que pueden llevar, y han llevado de hecho a muchos cristianos a la gracia del martirio, de seguir al Maestro hasta la hora de la cruz. Hay en nuestra reciente historia eclesial, sobre todo en América Latina, mucha sangre martirial; y es una tremenda ceguera el no saber reconocer ese “signo de los tiempos”. Sin duda ellos son los que más claramente han optado por Jesús, por la verdad esperada del Reino, y por la fraternidad humana soñada y anticipada en su misma vida ordinaria o en sus mejores gestos, como ese final glorioso. Si no hay que vanagloriarse, sí que hay que captar esa señal, y tomar ejemplo de ellos para hacer la misma valiente y radical opción que ellos hicieron con su vida entregada. La parte de la carta a los Hebreos que hoy se proclama está invitando a los lectores a tener ese coraje de dar incluso la vida, en esa lucha contra el mal, en seguimiento entusiasta de ese iniciador y consumador de nuestra fe, Jesús el testigo del fuego del amor, el mártir del Reino.  

Para la revisión de vida
¿Trabajamos por una paz como la que propone Jesús? 
¿Emprendemos con ánimo la misión que nos encomienda la iglesia o caemos fácilmente en actitudes suavizantes por temor al conflicto?

Para la reunión de grupo
- Se dice que ya no es tiempo de éxodo, denuncias, de profecía, de martirio, de conflicto... sino de exilio, silencio, de sabiduría, de saber sobrevivir con astucia a este momento difícil... Después de tres fecundas décadas de mártires en América Latina, ¿será que ya las palabras de Jesús en el evangelio de hoy no encuentran en nuestro tiempo su mejor momento de aplicación?

Para la oración de los fieles
- Para que la Iglesia de Jesús sea siempre la continuadora de aquel predicador que "vino a traer fuego a la tierra", roguemos al Señor.
- Para que predique la Buena Noticia a los pobres sin temor al conflicto...
- Para que "fijos los ojos en Jesús" mantenga siempre en alto su utopía evangélica precisamente con más fuerza en estos tiempos de desánimo y de desaparición de las utopías...

Oración comunitaria
Dios Padre Nuestro, que en la muerte de Jesús nos has mostrado el destino conflictivo que el amor tiene en este mundo de pecado, y en su resurrección nos has evidenciado de qué parte te sitúas tú en el conflicto; animados por esta tu toma de posición, te rogamos nos concedas no avergonzarnos jamás de Jesús, y ponernos también nosotros como él, de tu parte: del lado de los pequeños y de todos los injusticiados de la historia, con la esperanza inclaudicable de que triunfará siempre la resurrección. Por J.N.S.
 

Lunes 19 de agosto

20ª semana del Tiempo Ordinario
Ezequiel Moreno Díaz, obispo (Colombia, a. 1906) 
Juan Eudes, fundador (a. 1680)

Jue 2,11-19: El Señor hacía surgir jueces, pero ni a los jueces hacían caso
Salmo responsorial 105: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo
Mt 19,16-22: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes



Jesús quiere instruir a sus discípulos, y el evangelista a su comunidad, sobre la actitud que debemos tener los cristianos frente a la riqueza y la pobreza. El diálogo inicial sobre lo que debemos hacer para alcanzar la salvación se mueve en la lógica de lo que todos ya saben. Cumplir los mandamientos. Algo que el joven rico ha hecho y bastante bien. Sin embargo, la pregunta clave es la que se encuentra en la mitad del relato: ¿Qué me queda por hacer? Jesús propone el paradigma de la perfección, que añade al cumplimiento, los verbos “compartir y seguir”. Se puede ser buena persona cumpliendo las normas básicas de la religión o la sociedad, pero sólo es verdadero cristiano quien comparte con los pobres su riqueza y con Jesús su vida. Pobreza y seguimiento entran en conflicto con la riqueza del joven. Para tristeza de todos, triunfa la riqueza. No comprendió el joven que en Jesús y los pobres estaba su gran tesoro, y que por éstos vale la pena dejarlo todo. – Son muchos los cristianos que nunca se preguntan “¿qué nos queda por hacer?”, erróneamente convencidos de que el bautismo y el cumplimiento ritual son suficientes. – Y a nosotros, qué nos queda por hacer? 
 

Martes 20 de agosto

Bernardo, abad y doctor (a. 1153)


Jue 6,11-24ª: ¡Gedeón, salva a Israel! Yo te envío
Salmo responsorial 84: El Señor anuncia la paz a su pueblo
Mt 19,23-30: Para Dios todo es posible



En continuidad con la parábola del joven rico, entrar en el Reino de Dios equivale en este texto a seguir a Jesús desde la pobreza. Con la hipérbole del camello y la aguja Jesús deja claro lo difícil que es para un rico renunciar a su riqueza para compartirla con los pobres y luego hacerse discípulo del Reino. Los discípulos se sorprenden de tal radicalidad, porque todavía no han comprendido que la seguridad de la comunidad no está en la riqueza, sino en el Reino de Dios. Un Reino que es para los pobres, para todos aquellos que se saben y se sienten necesitados. Los ricos, los que están satisfechos, los que tienen todo bajo control, serán siempre esclavos de sus seguridades y no estarán en condiciones ni tendrán el ánimo de ir tras la propuesta de Jesús. El Reino de Dios es para las personas libres que estén dispuestas a asumir cambios y a caminar tras otros desafíos, sin mochilas que dificulten su andar. – A los ricos les gusta cubrirse con el manto de las apariencias y las mil justificaciones, para dar la espalda a la realidad y tranquilizar su conciencia, ahogando así la posibilidad de descubrir en Jesús y en la pobreza su mayor riqueza.  
 

Miércoles 21 de agosto

Pío X, papa (a. 1914)


Jue 9,6-15: Pidieron un rey, siendo así que el Señor es su rey
Salmo responsorial 20: Señor, el rey se alegra por tu fuerza
Mt 20,1-16: ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?



La tacañería del joven rico apegado a sus riquezas contrasta con la generosidad desbordante de Dios que paga más de lo establecido. La viña simbolizaba el pueblo de Israel, ahora al nuevo pueblo de Dios que corresponde a toda la humanidad. La enseñanza es clara. No es la antigüedad, la calificación, la cantidad de horas trabajadas, los cargos que ejerzamos o la riqueza que poseamos lo que genera privilegios en el llamado de Jesús, es la gratuidad y la misericordia de un llamado que sólo espera una respuesta generosa y desinteresada. En la parábola está reflejada la posición de algunos miembros de la comunidad de Mateo, que no veían con buenos ojos que los paganos llegados a última hora tuvieran los mismos privilegios que los judíos, que trabajaron desde la primera hora. En esta lógica, la frase final, “los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”, subraya la premisa de que en el Reino de Dios y en la comunidad cristiana todos somos iguales. – La realidad en nuestras comunidades y sociedades cristianas desafortunadamente está muy lejos de este ideal de Jesús. Por su situación económica, su posición política, su credo religioso o su cultura, muchos cristianos siguen siendo discriminados, excluidos e “invisibilizados”.
 

Jueves 22 de agosto

Santa María Reina


Jue 11,29-39ª: El primero que salga de mi casa a recibirme, será para el Señor
Salmo responsorial 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Mt 22,1-14: A todos los que encuentren, invítenlos a la boda



La expresión “muchos son los llamados y pocos los escogidos” resume perfectamente la primera parábola del evangelio. Siguiendo las parábolas anteriores, los ricos se niegan a participar de la fiesta que ofrece Dios por la boda de su Hijo con la novia, su pueblo. Los primeros invitados consideran que son más importantes sus actividades que la invitación al banquete. ¡Cuán importante es saber definir las verdaderas prioridades en nuestra vida! Como en las ocasiones en que Jesús compartió la mesa con pecadores y publicanos, en la parábola serán los excluidos los convocados a participar del banquete, quienes sin disculpas aceptan la invitación. Los nuevos invitados simbolizan al nuevo pueblo de Dios. La escena final es inesperada. Un invitado ha entrado sin el traje apropiado. Con esta segunda parábola queda claro que no basta con ser pobre y aceptar la invitación a la fiesta para tener segura la participación en el banquete. Para sentarse a la mesa del Reino es necesario ponerse el vestido del proyecto de Jesús. – Todos estamos invitados a la fiesta, pero, sólo si nos revestimos de la Palabra de Dios y cambiamos nuestro estilo de vida, podremos disfrutar plenamente del banquete preparado por Dios. 
 

Viernes 23 de agosto

Antonio de Gerase, eremita (s. X)


Rut 1,1.3-6.14b-16.22: Noemí volvió a Belén con Rut, la moabita
Salmo responsorial 145: Alaba, alma mía, al Señor
Mt 22,34-40: Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo



Los saduceos han fracasado en su intento de desprestigiar a Jesús. Ahora son los fariseos quienes pretenden demostrar que Jesús no sabe interpretar la ley, y por tanto es un falso maestro. Le preguntan a Jesús por el mandamiento más importante en la ley. Los judíos tenían en la ley 613 mandamientos, de los cuales 365 eran prohibiciones y 248 orientaciones positivas. Por eso discutían permanentemente sobre la jerarquía de los mandamientos. Jesús no responde con uno, sino con dos, uniendo el mandamiento del amor a Dios (Dt 6,5) y el mandamiento del amor al prójimo (Lv 19,18). La originalidad de Jesús consiste en que los pone al mismo nivel y los considera como inseparables. El amor es la clave que unifica ambos mandamientos; por eso, el amor a Dios pasa necesariamente por el prójimo. Pero en otro momento Jesús complementará este mandamiento cuando proponga la nueva ley de “ámense los unos a los otros como yo los he amado”. No hay duda de que la ética cristiana tiene su base fundamental en el amor a Dios y a los hermanos. Sin amor, el cristianismo es sólo una ideología vacía y mentirosa. – ¿Cómo están de amor nuestras familias y nuestras comunidades? 
 

Sábado 24 de agosto

Bartolomé, apóstol (siglo I)


Ap 21,9b-14: Doce basamentos con los nombres de los apóstoles del Cordero
Salmo responsorial 144: ¡Que tus fieles, Señor, proclamen la gloria de tu reinado!
Jn 1,45-51: Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño



Felipe invita a Natanael, que significa “don de Dios”, a encontrar a Jesús, el verdadero Mesías anunciado por la ley y los profetas. Es difícil creerlo, sobre todo de alguien que tiene sus orígenes en Nazaret, un pueblo insignificante de Galilea. “Ven y verás” es la fórmula de Felipe para convencer a Natanael. El tiempo de Dios ya está “maduro” y Jesús es el elegido. Las primeras comunidades cristianas, sentían una presión muy fuerte para legitimar la figura de Jesús como Mesías, debido a la persecución por parte de los judíos, que no aceptaban que un hombre humilde se autoproclamara el Mesías de Dios. Natanael representa a los judíos que se sentían atraídos y seducidos por la vida y el mensaje de Jesús, pero al mismo tiempo sentían que traicionaban la tradición judía, que esperaba un mesías poderoso que dominara a los enemigos de Israel. Natanael, un hombre de verdad y sin falsedad, simboliza también la otra cara de los escribas y fariseos que pasan su tiempo construyendo mentiras para poder eliminar a Jesús. Natanael finalmente cree, lo que le permitirá ver la grandeza del proyecto del Hijo del Hombre en el cielo y en la tierra. 
 

Domingo 25 de agosto

21º domingo del Tiempo Ordinario
Luis, rey (a. 1270) 
José de Calasanz, fundador (a. 1648)

Is 66, 18-21: De todos los países traerán a todos sus hermanos
Salmo Responsorial 116: ¡Vayan por todo el mundo; proclamen la Buena Nueva!
Heb 12,5-7.11-13: El Señor reprende a los que ama
Lc 13,22-30: Vendrán de todas partes a la mesa del reino




Jesús continua su viaje a Jerusalén, pasando por pueblos y aldeas en los que enseñaba. En este contexto uno pregunta a Jesús: Señor, ¿son pocos aquellos que se salvarán? La pregunta como se ve, apunta al número: ¿Cuántos vamos a salvarnos, pocos o muchos? La respuesta de Jesús traslada la atención del "cuántos" al "cómo" nos salvamos.
Es la misma actitud que notamos a propósito de la parusía: los discípulos preguntan "cuándo" se producirá el retorno del Hijo del hombre y Jesús responde indicando "cómo" prepararse para ese retorno, qué hacer durante la espera (Mt 24,3-4). Esta forma de actuar de Jesús no es extraña ni poco cortés; es la forma de actuar de alguien que quiere educar a los discípulos y pasar del plano de la curiosidad al de la sabiduría, de las preguntas ociosas que apasionan a la gente, a los verdaderos problemas que sirven para el Reino. Entonces, en este evangelio Jesús aprovecha la oportunidad para instruir a los discípulos sobre los requisitos de la salvación. La cosa nos interesa naturalmente en sumo grado también a nosotros, discípulos de hoy que estamos frente al mismo problema. 
Pues bien, ¿qué dice Jesús respecto del modo de salvarnos? Dos cosas: una negativa, otra positiva; primero, lo que no sirve y no basta, después lo que sí sirve para salvarse. No sirve, o en todo caso no basta para salvarse el hecho de pertenecer a determinado pueblo, a determinada raza o tradición, institución, aunque fuera el pueblo elegido del que proviene el Salvador: "Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas... No sé de dónde son ustedes". En el relato de Lucas, es evidente que los que hablan y reivindican privilegios son los judíos; en el relato de Mateo, el panorama se amplía: estamos ahora en un contexto de Iglesia; aquí oímos a cristianos que presentan el mismo tipo de pretensiones: "Profetizamos en tu nombre (o sea en el nombre de Jesús), hicimos milagros... pero la respuesta de Señor es la misma: ¡no los conozco, apártense de mí! (Mt 7,22-23). Por lo tanto, para salvarse no basta ni siquiera el simple hecho de haber conocido a Jesús y pertenecer a la Iglesia; hace falta otra cosa.
Justamente esta "otra cosa" es la que Jesús pretende revelar con las palabras sobre la "puerta estrecha". Estamos en la respuesta positiva, en lo que verdaderamente asegura la salvación. Lo que pone en el camino de la salvación no es un título de propiedad (no hay títulos de propiedad para un don como es la salvación), sino una decisión personal. Esto es más claro todavía en el texto de Mateo que contrapone dos caminos y dos puertas –una estrecha y otra ancha– que conducen respectivamente una al vida y una a la muerte: esta imagen de los dos caminos Jesús la toma de Deut 30,15ss y de los profetas (Jer 21,8); fue para los primeros cristianos, una especie de código moral. Hay dos caminos –leemos en la Didaché–, uno de la vida y otro de la muerte; la diferencia entre los dos caminos es grande. Al camino de la vida le corresponden el amor a Dios y al prójimo, el bendecir a quien maldice, perdonar a quien te ofende, ser sincero, pobre; en suma, los mandamientos de Dios y las bienaventuranzas de Jesús. Al camino de la muerte le corresponden, por el contrario, la violencia la hipocresía, la opresión del pobre, la mentira; en otras palabras lo opuesto, a los mandamientos y a las bienaventuranzas.
La enseñanza sobre el camino estrecho encuentra un desarrollo muy pertinente en la segunda lectura de hoy: "El Señor corrige al que ama...". El camino estrecho no es estrecho por algún motivo incomprensible o por un capricho de Dios que se divierte haciéndolo de esa manera, sino que se puesto por medio el pecado, porque ha habido una rebelión, se salió por una puerta; el conflicto de la cruz es el medio predicado por Jesús e inaugurado por él mismo para remontar esa pendiente, revertir esa rebelión y "volver a entrar"
Pero, ¿porqué camino "ancho" y camino "estrecho"? ¿Acaso el camino del mal es siempre fácil y agradable de recorrer y el camino del bien siempre duro y cansador? Aquí es importante obrar con discernimiento para no caer en la misma tentación del autor del salmo 73. También a este creyente del primer testamento le había parecido que no hay sufrimiento para los impíos, que su cuerpo está siempre sano y satisfecho, que no se ven golpeados por los demás hombres, sino que están siempre tranquilos amasando riquezas, como si Dios tuviera, además, preferencia por ellos...; el salmista se escandalizó por esto, hasta el punto de sentirse tentado de abandonar su camino de inocencia para hacer como los demás. En este estado de agitación, entró en el templo y se puso a orar, y de repente vio con toda claridad: comprendió "cuál es su fin", o sea el fin de los impíos, empezó a albar a Dios y a darle gracias con alegría porque todavía estaba con él. La luz se hace orando y considerando las cosas desde el fin, o sea, desde su desenlace.
Volvamos al hilo del discurso; Jesús rompe el esquema y lleva el tema al plano personal y cualitativo no sólo es necesario pertenecer a una determinada "comunidad" ligada a una serie de practicas religiosas que nos dan la garantía de la salvación. Lo importante es atravesar la puerta estrecha es decir el empeño serio y personal por la búsqueda del reino de Dios, esta es la única garantía que nos da la certeza que se está en el camino que nos conduce a la luz de la salvación. Jesús ha repetido muchas veces este concepto: "no todos los que me dicen Señor, Señor entraran en el Reino de los cielos, sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que esta en los cielos".
Comer y beber el cuerpo y la sangre de Señor, escuchar su Palabra, multiplicar las oraciones... es importante pero no es suficiente para alcanzar la salvación, porque como afirma Dios por boca del profeta Isaías: "no puedo soportar falsedad y solemnidad" (1,13). Al rito se debe unir la vida, la religión debe impregnar toda la vida la oración debe orientarse a la practica de la caridad, la liturgia debe abrirse a la justicia y al bien de otra manera como han dicho los profetas el culto es hipócrita y es incapaz de llevarnos a la salvación, y escucharemos las palabras de Jesús "aléjense de mí, operarios de iniquidad". El acento está en las obras, expresión de una vida coherente con la fe que profesamos.
La imagen que Jesús usa inicialmente es aquella de la "puerta estrecha", que representa muy bien el empeño que es necesario para alcanzar la meta de la salvación, el verbo griego usado por Lucas agonizesthe es traducido por "esforzarse". Indica una lucha, una especie de "agonía"; incluye fatiga y sufrimiento, que envuelve a toda la persona en el camino de fidelidad a Dios. 
La vida Cristiana es una vida de lucha diaria por elevarse a un nivel espiritual superior; es erróneo cruzarse de brazos y relajarse después de haber hecho un compromiso personal con Cristo. No podemos quedarnos estancados en nuestra fidelidad al reino de Dios.
Creer es una actitud seria y radical y no se reduce aciertos actos de devoción. Éstos pueden ser signos de una adhesión radical; finalmente al Reino de Dios son admitidos todos los justos de la tierra que han luchado, amado y se han esforzado por su fe con sinceridad de corazón; esto significa que el cristianismo se abre a todas las razas, a todas las culturas, a todas las expresiones sociales y personales sin ninguna restricción.

El evangelio de hoy no está recogido en la serie «Un tal Jesús», pero en ella puede encontrarse varios episodios relacionados con el contenido de ese evangelio: www.untaljesus.net  

Para la revisión de vida
"Al final, el que se salva sabe y el que no, no sabe nada", decía el adagio clásico. Las verdades eternas pueden requerir mucha relectura y actualización, pero en su sustancia siguen siendo verdaderas. ¿Cómo voy caminando hacia el más allá de esta vida? Auscultar en mi corazón la presencia de la salvación. 
¿De qué sirve al ser humano ganar todo el mundo si al final se malogra a sí mismo?

Para la reunión de grupo
- El tema de la "salvación eterna" fue en otros tiempos el tema clave de la vida cristiana. ¿Cómo está ese tema hoy entre nosotros: un tema extraño, obsesionante, frecuente, descuidado, mágico...? Pedir la ayuda de alguien experto.
- ¿Tenemos preguntas "curiosas" sobre la salvación, o son las nuestras una preguntas vivas y existenciales". 
- "El camino ordinario [por mayoritario] de salvación son las religiones no cristianas", decía Karl Rahner. Comentar y debatir.

Para la oración de los fieles
- Para que el Señor nos dé una visión confiada y optimista en el triunfo de la salvación en el mundo, más allá de toda frontera religiosa o eclesiástica, roguemos al Señor.
- Por todos los teólogos de las diferentes religiones, para que ayuden a las comunidades religiosas universales a dialogar y a acercarse, sabiendo que el "Dios de todos los nombres" nos amó primero y sin división...
- Para que el ecumenismo se realice no sólo en las cúpulas teológicas o jerárquicas, sino en el "diálogo de vida" entre las comunidades religiosas...
- Por todos los que encaran su vida pensando simplemente en este mundo anterior a la muerte personal, para no dejen de escuchar la voz de Dios que les llama desde lo hondo de su corazón a vivir en plenitud de vida y de respeto a la vida...
- Para que cada uno de nosotros recuerde que es más importante no malograrse a sí mismo, que conquistar todo el mundo...

Oración comunitaria
Oh Dios que quieres que todos los hombres y mujeres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad, inspíranos también el convencimiento de que tu Verdad es más amplia que la nuestra, y enséñanos tu paciencia pedagógica, para que nuestro testimonio de ti sea siempre amoroso, paciente, dialogante y dispuesto a la escucha y a aprender. Por J.N.S.
 

Lunes 26 de agosto 

21ª semana del Tiempo Ordinario 
Beato Junípero Serra, misionero (México – USA, a. 1784) 
Teresa Jornet, religiosa (a. 1897)

1 Tes 1,1-5.8b-10: Se volvieron a Dios, para aguardar la vuelta de su Hijo resucitado
Salmo responsorial 149: El Señor ama a su pueblo
Mt 23,13-22: ¡Ay de ustedes, guías ciegos!



Todo el capítulo 23 de Mateo es una dura crítica de Jesús contra los escribas y los fariseos, a quienes acusa de no llevar al pueblo al conocimiento del verdadero Dios, sino de convertirlo en fanáticos del legalismo que ellos controlan. El texto de hoy tiene cuatro acusaciones concretas, todas introducidas con la misma fórmula: “¡Ay de ustedes!”. La primera es una crítica a los fariseos que cierran las puertas del Reino de los cielos a la comunidad. En la segunda, Jesús manifiesta su repudio y condena a quienes pretenden enriquecerse y sacar provecho del sufrimiento de los más indefensos de la sociedad. En la tercera, se hace una dura crítica a los misioneros que atraen partidarios sin ofertas claras de salvación, por lo que terminan perdiéndose. La cuarta acusación va dirigida a quienes con el juramento esconden la ambigüedad de la fe. – Estos “ay de ustedes” de Jesús nos invitan a meditar sobre el potencial hipócrita que hay en nosotros, en nuestras familias, en nuestra iglesia y en la sociedad. La hipocresía, la doble moral, las incoherencias de vida, los fanatismos, dejan constancia que las actitudes farisaicas siguen vivas y en pleno crecimiento. Recordemos que sólo la verdad nos hará libres. 
 

Martes 27 de agosto

Mónica, madre (a. 387)


1 Tes 2,1-8: Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras personas
Salmo responsorial 138: Señor, tú me sondeas y me conoces
Mt 23,23-26: Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello



Continúa la crítica de Jesús a los escribas y fariseos con dos nuevas acusaciones. La primera es la que denuncia la inversión de los valores, al colocar el dinero por encima de la misericordia y la lealtad. Es la eterna tentación de optar por lo secundario ante el temor de las exigencias de aquello que constituye lo fundamental de nuestra vivencia cristiana. Es una crítica oportuna para quienes pretenden eliminar de la economía la dosis necesaria de misericordia. Sólo una economía misericordiosa podrá salvar el mundo del hambre y la miseria. No podemos permitir que la ceguera de los modelos económicos dominantes sigan conduciendo los destinos de la humanidad. La segunda crítica se refiere a las prácticas de pureza legal, que limpiaban el pecado externo, cuando el interior seguía podrido y descuidado. – El cristianismo se siente fuertemente interpelado por esta acusación. Son muchas las ocasiones en las que la preocupación por lo externo, por las apariencias, por lo que dirán, se convierte en lo fundamental, descuidando el compromiso de cambiar el interior de nuestras vidas, de nuestras comunidades y de nuestras Iglesias. Sólo un cambio operado desde la conciencia puede garantizar la transformación de la realidad externa.  
 

Miércoles 28 de agosto

Agustín


1 Tes 2,9-13: Trabajando día y noche, proclamamos entre ustedes el Evangelio de Dios
Salmo responsorial 138: Señor, tú me sondeas y me conoces
Mt 23,27-32: Son hijos de los que asesinaron a los profetas



La sexta acusación identifica a los escribas y fariseos como sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, pero llenos de muerte por dentro. Jesús desenmascara una falsa piedad, alabada y aplaudida por todos, que esconde un interior lleno de corrupción y maldad. Aquí resuenan las palabras de Jesús al advertir que no todo el que diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los cielos, sino quien haga la voluntad del Padre. – Son muchos los que todavía limitan su vida cristiana a un mínimo de prácticas piadosas sin coherencia alguna con el testimonio de vida. La separación de la fe y la vida es una práctica común que le ha hecho mucho daño al cristianismo.
– La última acusación denuncia la contradicción entre lo que se hace y lo que se dice. Hacían monumentos para conservar la memoria de los profetas, diciendo que ellos no hubieran participado en el asesinato de los mismos. Sin embargo, guardaron silencio frente al asesinato de Juan el Bautista, y ahora, están confabulados para acusar, condenar y eliminar a Jesús. – Los cristianos tenemos la responsabilidad de rescatar para el mundo los valores de la sinceridad, la transparencia, la honestidad, la coherencia de vida y la misericordia. 
 

Jueves 29 de agosto

Martirio de Juan Bautista (año 30)


Jer 1,17-19: Diles que yo te mando. No les tengas miedo
Salmo responsorial 70: Mi boca contará tu auxilio
Mc 6,17-29: Quiero que me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista



Hoy celebra la Iglesia el martirio de Juan el Bautista. Nos cuenta el relato que Juan estaba en la cárcel porque sus denuncias pesaban sobre la conciencia adúltera de Herodías. Pero la cárcel resultó insuficiente. La fiesta que celebraba un año más de vida del rey fue la ocasión para quitarle la vida al profeta. El martirio de Juan el Bautista anticipa la muerte que espera a Jesús y a todos los que asumen la causa del Reino. El martirio también muestra la crueldad a la que son capaces de llegar los poderosos cuando ven amenazados sus intereses. Herodías simboliza el poder que, antes que reconocer sus errores, prefiere eliminar a sus acusadores. Herodes representa a todos los poderes que, sin juicio ni proceso alguno, condenan y asesinan arbitrariamente a sus opositores. – Con Juan el Bautista recordamos a todos los mártires que han dado y siguen dando la vida por un mundo donde la vida sea respetada y protegida por los gobernantes de turno. Es el momento de luchar contra la impunidad que se impone tras la muerte de los mártires. Es tiempo de orar para que la sangre derramada sea semilla de justicia, libertad y paz para nuestro mundo. 
 

Viernes 30 de agosto

Rosa de Lima, virgen (Perú, a. 1617)


1 Tes 4,1-8: Esto quiere Dios de ustedes: una vida sagrada
Salmo responsorial 96: Alégrense, justos, con el Señor
Mt 25,1-13: ¡Que llega el esposo, salgan recibirlo!



Es probable que en la comunidad de Mateo creciera la preocupación por la inminencia de la parusía. Las especulaciones sobre lo que ya iba a ocurrir impedían la concentración y la madurez de la comunidad. El hecho de que nadie supiera ni el día ni la hora aumentaba la incertidumbre. No queda otra opción que estar bien preparados. La parábola de las vírgenes necias y prudentes responde a esta preocupación. Ellas simbolizan las dos alternativas que tenemos de prepararnos para esperar la llegada del novio Jesús. Todas tienen las mismas posibilidades, la misma información y los mismos instrumentos. Las lámparas encendidas simbolizan la resurrección que ilumina aún las noches más largas y oscuras. Ante la llegada del novio, las prudentes están preparadas, porque desde su experiencia de vida han aprendido a mantener encendida la llama de la vida. Las necias en cambio dejan para el final lo que tuvieron que hacer desde el principio. Estar preparados significa estar despiertos y activos para escuchar y poner en práctica la Palabra de Dios. – Para los cristianos de hoy el panorama cambia, dado que el Reino de Dios ya está entre nosotros. Tenemos que estar preparados y activos para hacerlo visible y atractivo a las nuevas generaciones. 
 

Sábado 31 de agosto

Ramón Nonato, cardenal (a. 1240)


1 Tes 4,9-11: Dios mismo les ha enseñado a amarse los unos a los otros
Salmo responsorial 97: El Señor llega para regir los pueblos con rectitud
Mt 25,14-30: Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu señor



Si en la parábola anterior se subraya la necesidad de estar preparados, en la de hoy se insiste en la responsabilidad que tenemos con los dones recibidos. Éstos no se pueden dejar ociosos, hay que multiplicarlos. Aquí también nos encontramos con dos servidores prudentes y hábiles y un servidor perezoso y temeroso. Los primeros multiplican el dinero, mientras el último, por miedo a perderlo, lo entierra. La parábola nos invita a saber quiénes somos realmente, de qué somos capaces, cuáles son nuestras virtudes y cualidades, asumiendo siempre que son regalo de Dios que debemos multiplicar y compartir. Como hijos de un mismo Dios, tenemos dones y talentos que no pasan por la sola inteligencia, sino por la conciencia de las responsabilidades misioneras que esto implica. – Hay que evitar que la comodidad, la rutina, la pereza, la indiferencia o el miedo socaven las bases éticas y cristianas de nuestras familias y de nuestras comunidades. Quien ama a Dios se ama a sí mismo y valora sus dones y talentos, se involucra en su comunidad, sirve a sus hermanos, brindándoles los apoyos para activar sus propios dones, aumentando de esa manera el número de servidores para la gran misión que Dios nos ha encomendado. 

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