sem-2013-04-08



A los seis meses, Dios mandó al ángel Gabriel a un pueblo  de Galilea llamado Nazaret, donde vivía una joven llamada María; era virgen, pero estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo:
—¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo.
María se sorprendió de estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo:
—María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por  nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo,  y Dios el Señor lo hará Rey, como a su antepasado David, para que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin.
María preguntó al ángel:
—¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?
El ángel le contestó:
—El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo  se posará sobre ti. Por eso, el niño que va a nacer será  llamado Santo e Hijo de Dios. También tu parienta Isabel va a tener un hijo, a pesar de que es anciana; la que decían que no podía tener hijos, está encinta  desde hace seis meses. Para Dios no hay nada imposible.
Entonces María dijo:
—Yo soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho.
Con esto, el ángel se fue.
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Contemplo la escena… María escuchando al ángel… su rostro… su sorpresa… su miedo… Escucho lo que el ángel le anuncia… sus dudas… su pregunta… su disponibilidad… Le pido hoy al Señor que yo tenga la disponibilidad de María para decir con la misma convicción “que Dios haga conmigo su voluntad”. ¿qué me puede estar pidiendo Dios que haga? … ¿qué querrá el Señor de mi vida? … Hágase lo que tú quieres, Señor. 



9 - Abril - 2013  (Martes)  Juan 3. 7b-15. 


No te extrañes de que te diga: ‘Todos tienen que nacer de nuevo.’ El viento sopla por donde quiere, y aunque oyes su ruido, no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así son también todos los que nacen del Espíritu.
Nicodemo volvió a preguntarle:
—¿Cómo puede ser esto?
Jesús le contestó:
—¿Tú, que eres el maestro de Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos, y somos testigos de lo que hemos visto; pero ustedes no creen lo que les decimos. Si no me creen cuando les hablo de las cosas de este mundo, ¿cómo me van a creer si les hablo de las cosas del cielo?
“Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo; es decir, el Hijo del hombre. Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre tiene que ser levantado, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
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La resurrección  va contra la lógica humana. ... No se entiende desde la biología o la física… la resurrección es la experiencia misma de Cristo vivo en mi vida… no se entiende… se siente.  Los apóstoles fueron testigos del Cristo resucitado mismo.  ... ¿Qué testimonio de Cristo resucitado puedo dar yo?... ¿dónde he visto a Cristo resucitado en mi entorno? ... ¿En qué personas? ... ¿En qué situaciones?  … ¿qué siento al percatarme que es Cristo mismo entre nosotros nuevamente?


10 – Abril - 2013  (Miércoles)  Juan 3. 16-21.


“Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
“El que cree en el Hijo de Dios, no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios. Los que no creen, ya han sido condenados, pues, como hacían cosas malas, cuando la luz vino al mundo prefirieron la oscuridad a la luz. Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se acercan a ella para que no se descubra lo que están haciendo. Pero los que viven de acuerdo con la verdad, se acercan a la luz para que se vea que todo lo hacen de acuerdo con la voluntad de Dios.”
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Medito sobre este texto. ¿Qué siento ante el amor de un Padre que nos quiere tanto que nos envía a Jesús para que creamos en la vida eterna?
Medito sobre esta imagen de Jesús que es más abogado nuestro que juez. ... ¿qué siento? … Repaso mis obras, las buenas y las malas. Las que son luminosas y las que son tenebrosas. Le presento al Señor mis obras, ... mi vida dedicada a extender el Reino. Le pido ser parte de su equipo.... le pido poder identificarlas como hechas por Dios. …  Las repaso nuevamente… ¿cómo están iluminadas por el evangelio?




11 – Abril - 2013  (Jueves)  Juan 3, 31-36. 


Un día se fue a su pueblo y enseñó a la gente en su sinagoga. Todos quedaban maravillados y se preguntaban: «¿De dónde le viene esa sabiduría? ¿Y de dónde esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¡Pero si su madre es María, y sus hermanos son Santiago, y José, y Simón, y Judas! Sus hermanas también están todas entre nosotros, ¿no es cierto? ¿De dónde, entonces, le viene todo eso?» Ellos se escandalizaban y no lo reconocían. Entonces Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su patria y en su propia familia». Y como no creían en él, no hizo allí muchos milagros..
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Contemplo la escena. Observo la expresión de desprecio de quienes hacían tales preguntas. ... “Nadie es profeta en su tierra”. ... ¿Me ha pasado?
Recuerdo aquellas personas que en nuestra comunidad no han sido reconocidas, ... pero afuera si. ...  Hago una oración por ellos.
Recuerdo aquellas personas humildes, sin mayores estudios, a quienes he escuchado decir cosas tan sabias. ... Recuerdo a los hijos de carpinteros que se han cruzado por mi vida.


12 - Abril - 2013  (Viernes) Juan 6. 1-15.


Después de esto, Jesús se fue al otro lado del Lago de Galilea, que es el mismo Lago de Tiberias. Mucha gente lo seguía, porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos. Entonces Jesús subió a un monte, y se sentó con sus discípulos. Ya estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Cuando Jesús miró y vio la mucha gente que lo seguía, le dijo a Felipe:
—¿Dónde vamos a comprar pan para toda esta gente?
Pero lo dijo por ver qué contestaría Felipe, porque Jesús mismo sabía bien lo que había de hacer. Felipe le respondió:
—Ni siquiera el salario de doscientos días bastaría para comprar el pan suficiente para que cada uno recibiera un poco.
Entonces Andrés, que era otro de sus discípulos y hermano de Simón Pedro, le dijo:
—Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es esto para tanta gente?
Jesús respondió:
—Díganles a todos que se sienten.
Había mucha hierba en aquel lugar, y se sentaron. Eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó en sus manos los panes y, después de dar gracias a Dios, los repartió entre los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los pescados, dándoles todo lo que querían. Cuando ya estuvieron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos:
—Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicie nada.
Ellos los recogieron, y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. La gente, al ver esta señal milagrosa hecha por Jesús, decía:
—De veras este es el profeta que había de venir al mundo.
Pero como Jesús se dio cuenta de que querían llevárselo a la fuerza para hacerlo rey, se retiró otra vez a lo alto del cerro, para estar solo..

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Contemplo la escena... tanta gente siguiendo a Jesús. ... Tienen hambre. ... Jesús le pide a los apóstoles superar la carencia con la solidaridad. Compartir lo poco que tengo... con fe, ... pedir al Padre y confiar ... como lo hizo Jesús. 
Recuerdo aquellos momentos en mi vida en que el Señor me ha pedido compartir algo... ¿qué hice? … ¿Qué siento  al respecto?
Recuerdo aquellas personas con carencias que no piden nada, pero que necesitan mucho. ... ¿Cómo poder acogerlos solidariamente? ... Las matemáticas suelen ser distintas en la economía de la solidaridad. 
Recuerdo aquellos momentos en que pude ser testigo de cómo muchos  se alimentaban de sólo cinco panes y dos pescados. ... ¡y al final sobraba!
Recuerdo aquellos momentos vividos en que la solidaridad permitió resolver grandes problemas de muchos, con el esfuerzo y el amor de otros tantos.


13 - Abril-2013  (Sábado)  Juan 6. 16-21   


Al llegar la noche, los discípulos de Jesús bajaron al lago, subieron a una barca y comenzaron a cruzar el lago para llegar a Cafarnaúm. Ya estaba completamente oscuro, y Jesús no había regresado todavía. En esto, el lago se alborotó a causa de un fuerte viento que se había levantado. Cuando ya habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús, que se acercaba a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. Él les dijo:
—¡Soy yo, no tengan miedo!
Con gusto lo recibieron en la barca, y en un momento llegaron a la tierra adonde iban.  
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Recuerdo los momentos difíciles que me ha tocado vivir. Esa pena, … esa incertidumbre, … cuando la barca de mi vida se estremece.  Allí en medio de mis miedos Jesús me invita a la paz … ¿Me ha pasado? … ¿Me está ocurriendo? … Jesús me calma … me pacifica … ¿qué le digo? … ¿qué siento?

 

14-Abril - 2013  (Domingo)   Juan 21, 1-19                                          . .


Después de esto, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos, a orillas del Lago de Tiberias. Sucedió de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, al que llamaban el Gemelo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos de Jesús. Simón Pedro les dijo:
—Voy a pescar.
Ellos contestaron:
—Nosotros también vamos contigo.
Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada. Cuando comenzaba a amanecer, Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les preguntó:
—Muchachos, ¿no tienen pescado?
Ellos le contestaron:
—No.
Jesús les dijo:
—Echen la red a la derecha de la barca, y pescarán.
Así lo hicieron, y después no podían sacar la red por los muchos pescados que tenía. Entonces el discípulo a quien Jesús quería mucho, le dijo a Pedro:
—¡Es el Señor!
Apenas oyó Simón Pedro que era el Señor, se vistió, porque estaba sin ropa, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron a la playa con la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban a cien metros escasos de la orilla. Al bajar a tierra, encontraron un fuego encendido, con un pescado encima, y pan. Jesús les dijo:
—Traigan algunos pescados de los que acaban de sacar.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de grandes pescados, ciento cincuenta y tres; y aunque eran tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo:
—Vengan a desayunarse.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor. Luego Jesús se acercó, tomó en sus manos el pan y se lo dio a ellos; y lo mismo hizo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado.
Terminado el desayuno, Jesús le preguntó a Simón Pedro:
—Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?
Pedro le contestó:
—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
—Cuida de mis corderos.
Volvió a preguntarle:
—Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Pedro le contestó:
—Sí, Señor, tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
—Cuida de mis ovejas.
Por tercera vez le preguntó:
—Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?
Pedro, triste porque le había preguntado por tercera vez si lo quería, le contestó:
—Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero.
Jesús le dijo:
—Cuida de mis ovejas. Te aseguro que cuando eras más joven, te vestías para ir a donde querías; pero cuando ya seas viejo, extenderás los brazos y otro te vestirá, y te llevará a donde no quieras ir.
Al decir esto, Jesús estaba dando a entender de qué manera Pedro iba a morir y a glorificar con su muerte a Dios. Después le dijo:
—¡Sígueme!
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Contemplo la escena ... A Jesús preguntando ... a Pedro contestando ...
¿Qué ovejas me ha encargado el Señor?. ¿Quiénes están a mi cuidado?. Contemplo sus rostros ... Observo sus vidas ... El Señor me vuelve a preguntar si yo lo amo ... y vuelven las imágenes de esas personas más débiles que dependen de mi.  … ¿Qué siento?
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