1 Reyes 3, 5-6a. 7-12
"El don del discernimiento: pedir lo esencial para guiar con rectitud"
5 En Gabaón se apareció el Señor a Salomón en un sueño de noche, y le dijo Dios: «Pide lo que quieras que yo te dé». 6a Salomón respondió: «Tú has tenido gran misericordia con tu siervo David, mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia y con rectitud de corazón para contigo... 7 Ahora pues, Señor, Dios mío, tú has hecho a tu siervo rey en lugar de David mi padre; y soy joven, y no sé cómo entrar ni salir. 8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo al que tú elegiste; un pueblo numeroso, que no se puede contar ni numerar por su multitud. 9 Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este pueblo tan grande tuyo?
10 Y agradó delante del Señor que Salomón solicitase esto. 11 Y le dijo Dios: «Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír y discernir el juicio, 12 he aquí lo he hecho conforme a tu palabras; he aquí te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú».
Este pasaje relata uno de los momentos clave al inicio del reinado de Salomón. En un sueño en Gabaón, Dios le ofrece una oportunidad excepcional: pedir lo que desee. Ante la inmensidad de la responsabilidad que se le ha confiado y reconociendo su propia limitación ("soy joven, y no sé cómo entrar ni salir"), Salomón no pide riquezas, poder político ni la derrota de sus adversarios, sino un "corazón entendido" y la capacidad de discernir entre el bien y el mal para gobernar con justicia. Esta petición descentrada de la ambición personal agrada profundamente a Dios, quien le otorga sabiduría y discernimiento.
El reconocimiento de la propia limitación: "Soy joven, y no sé cómo entrar ni salir". La verdadera sabiduría comienza por la humildad de aceptar que la magnitud de la tarea (el liderazgo, la estrategia, la creación) supera las fuerzas solitarias del individuo.
Pedir lo esencial frente a los oropeles: Salomón rechaza las tentaciones habituales del poder (riquezas, larga vida, control sobre los enemigos) para pedir aquello que verdaderamente importa: la lucidez interior, la inteligencia para escuchar (corazón entendido) y el discernimiento ético.
El agrado de Dios ante las prioridades correctas: La petición de un criterio recto para servir y guiar a otros conecta directamente con el propósito superior, atrayendo la gracia necesaria para llevar adelante la obra encomendada con excelencia.
Liderar desde el discernimiento y la escucha: Como estratega, autor y formador dedicado a impulsar un liderazgo profundamente humano y consciente ("El Líder Potenciado"), este pasaje resume la actitud fundamental que debe guiar tu labor. Ante los desafíos complejos de la consultoría, la escritura o la mentoría, el recurso más valioso no es el control absoluto ni la mera técnica, sino pedir continuamente un "corazón entendido" para discernir lo correcto.
Superar la trampa del éxito superficial: En un entorno profesional obsesionado con las métricas cuantitativas, las riquezas y el reconocimiento externo, el ejemplo de Salomón te invita a reenfocar tus peticiones y tus metas. El verdadero éxito de tu obra radica en la profundidad de la sabiduría que transmites y en la capacidad de aportar luz y dirección a quienes te leen y te siguen.
La humildad ante la gran responsabilidad: Saber que estás guiando proyectos de alto impacto no debe llevarte a la soberbia, sino a la conciencia de que necesitas una fuente superior de inspiración y claridad para no perder el rumbo en medio de las exigencias cotidianas.
¿Qué le pedirías hoy a la vida o a Dios si te dieran la oportunidad de elegir una sola cualidad para tu labor profesional y personal?
¿En qué áreas de tu liderazgo o de tus proyectos actuales necesitas dejar de lado la prisa o el control técnico para buscar un "corazón entendido" y discernir con sabiduría?
¿Cómo puedes cultivar esa humildad que reconoce los propios límites frente a las grandes responsabilidades que asumes cada día?
Señor, reconozco que muchas veces la magnitud de mis proyectos, responsabilidades y desafíos me supera, haciéndome sentir limitado frente a lo que debo guiar.
Líbrame de la tentación de buscar únicamente el éxito superficial, el control o el reconocimiento material.
Dame un corazón entendido, una mente lúcida y la capacidad de discernir siempre entre lo bueno y lo malo, para que mi trabajo, mis escritos y mis mentorías sean herramientas genuinas de servicio, justicia y sabiduría.
Guía mis pasos con tu luz y haz que mi labor refleje siempre un propósito superior.
Amén.