Jeremías 2, 1-3. 7-8. 12-13
"La memoria del primer amor y el peligro de las cisternas rotas"
1 El Señor me dirigió la palabra: 2 «Anda, grita a los oídos de Jerusalén: Así dice el Señor: "Recuerdo tu cariño de juventud, tu amor de novia, cuando me seguías por el desierto, por tierra no sembrada. 3 Consagrado era Israel al Señor, primicias de su cosecha: cuantos lo devoraban lo pagaban, la desgracia caía sobre ellos —oráculo del Señor"—.
7 «Los conduje a una tierra fértil para que comieran de sus frutos y de sus bienes; pero entraron y mancharon mi tierra, hicieron de mi heredad una abominación. 8 Los sacerdotes no preguntaban: '¿Dónde está el Señor?'; los administradores de la ley no me conocían, los pastores se rebelaban contra mí, los profetas profetizaban por Baal y seguían a dioses que no sirven para nada».
12 «Espantáos de esto, cielos, temblad y horrorizáos —oráculo del Señor—: 13 porque dos maldades ha cometido mi pueblo: me han abandonado a mí, manantial de agua viva, y se han cavado cisternas, cisternas agrietadas, que no retienen el agua».
Este pasaje presenta una de las metáforas más lúcidas y punzantes de los profetas. Dios recuerda con nostalgia la frescura de los primeros tiempos —la relación de confianza cuando Israel caminaba por el desierto sin garantías materiales, sostenido únicamente por el vínculo vivo—. Sin embargo, al llegar a la estabilidad y la abundancia, el pueblo cambia ese "manantial" por "cisternas agrietadas" que no pueden retener nada. La crisis no es de recursos, sino de fuente: se cambia lo vivo por lo estéril y artificial.
La memoria del primer amor: Dios apela a la frescura original, al momento en que la relación con Él era el motor principal y no una mera rutina o un trámite religioso.
El peligro de la comodidad y el olvido: La abundancia de la "tierra fértil" a menudo adormece la conciencia. Quienes debían guiar (sacerdotes, administradores, pastores) se olvidan de preguntar por la fuente y se pierden en estructuras vacías ("dioses que no sirven para nada").
Las dos maldades: No se trata solo de un abandono pasivo, sino de una sustitución activa: cambiar el "manantial de agua viva" (la fuente inagotable de sentido, propósito y gracia) por "cisternas agrietadas" (sistemas rígidos, autoimpuestos o puramente técnicos que se secan y no sacian el alma).
Revisar tus fuentes de energía profesional: Como estratega, autor y creador inmerso en proyectos complejos, es fácil caer en la trampa de construir "cisternas agrietadas" —métricas estrictas, exceso de control técnico, búsqueda implacable de resultados o validaciones externas— mientras se abandona el "manantial de agua viva" que dio origen a tu vocación y a tus proyectos con propósito humano.
El riesgo del piloto automático: Los administradores y guías del texto no buscaban activamente el mal, simplemente dejaron de preguntar: "¿Dónde está el Señor?". En tu día a día, ¿estás operando en piloto automático, confiando en tus propias estructuras y métodos, o mantienes viva la conexión con el sentido profundo de tu labor?
Volver al desierto del propósito: A veces, las etapas de incertidumbre o "desierto" son necesarias para recordar que la verdadera seguridad no reside en las cisternas que construimos, sino en la fidelidad de Aquel que nos llamó desde el principio.
¿Qué "cisternas agrietadas" (esfuerzos estériles, exigencias excesivas de control o métodos que ya no dan vida) estás intentando mantener llenas en tu trabajo actual?
¿En qué medida recuerdas la frescura y la ilusión de tus primeros proyectos, y cómo puedes reconectar hoy con esa fuente original de sentido?
¿Qué significa para ti, en este momento de tu carrera, dejar de lado las cisternas vacías y volver a beber del manantial vivo?
Señor, líbrame de la tentación de abandonarte a ti, manantial de agua viva, para malgastar mis energías construyendo cisternas agrietadas que no retienen nada.
Perdóname cuando confío más en mis propios sistemas, en el control o en el éxito técnico que en la frescura de tu presencia.
Ayúdame a recordar aquel primer amor y el propósito original que pusiste en mi corazón.
Devuélveme la sencillez y la confianza de caminar contigo, sabiendo que en Ti tengo toda la fuente de vida, inspiración y sabiduría que mis proyectos necesitan.
Amén.