Isaías 10, 5-7. 13-16
"La ilusión de la autosuficiencia: el instrumento que se cree autor"
5 ¡Ay de Asiria, vara de mi ira, garrote en cuyo poder está mi furor! 6 Lo envío contra una nación impía, le doy órdenes contra el pueblo que me irrita, para que saque despojos y arrebate botín, y lo pisotee como barro en las calles. 7 Pero él no lo entiende así, su corazón no piensa así, sino que su intención es destruir y exterminar no pocas naciones.
13 Porque él dice: «Con la fuerza de mi mano lo hice, con mi sabiduría, pues soy inteligente; cambié las fronteras de los pueblos, sus tesoros saqueé, y derribé como un héroe a los que estaban sentados. 14 Mi mano alcanzó como un nido la riqueza de los pueblos; como se recogen huevos abandonados, recogí yo toda la tierra, y no hubo quien moviera un ala, ni abriera el pico, ni piara». 15 ¿Se gloría el hacha contra el que corta con ella? ¿Se engrandece la sierra contra el que la maneja? Como si el hacha manejara al que la levanta, como si el garrote levantara al que no es de madera. 16 Por eso el Señor, el Dueño de los ejércitos, enviará la flaqueza contra sus hombres robustos, y debajo de su gloria arderá una hoguera como fuego que consume.
Este pasaje es una lección tajante sobre el narcisismo del éxito. Asiria ha sido utilizada por Dios como un instrumento para ejecutar su justicia sobre otros pueblos, pero Asiria, en su ceguera, se atribuye el mérito. El texto distingue entre ser instrumento de una voluntad mayor y creerse el autor de la propia grandeza. La arrogancia de Asiria no es solo un error moral; es un error de perspectiva fundamental.
La ilusión del "yo lo hice": Es la tentación suprema del líder o del estratega exitoso: creer que los resultados, el poder y la expansión de sus proyectos son producto exclusivo de su "fuerza" y "sabiduría".
La metáfora de la herramienta: ¿Puede el hacha decir que ella es la que corta? El hacha es solo un medio. Isaías nos recuerda que, en el gran esquema de la existencia, nuestra capacidad, inteligencia y recursos son herramientas. La soberbia nace cuando la herramienta olvida quién la maneja.
El juicio sobre la gloria humana: La "gloria" que se basa únicamente en la autoafirmación está destinada a ser consumida por una "hoguera". Todo lo que construimos desde el ego (la "flaqueza" detrás de los "hombres robustos") es intrínsecamente inestable.
La humildad estratégica: En tu rol de consultor y autor de "El Líder Potenciado", te mueves en un entorno donde se premia la autoafirmación. ¿Cómo mantienes viva la conciencia de que tus talentos y tus éxitos son "dones" que te han sido confiados, y no solo méritos de tu propia mano?
Cuidado con el éxito desmedido: Cuando tus proyectos de consultoría o tus lanzamientos tengan un éxito rotundo, ¿será tu primera reacción una auto-glorificación ("soy inteligente", "mi mano alcanzó la riqueza"), o una actitud de servicio y reconocimiento del propósito que te trasciende?
El instrumento vs. el autor: Considera tus herramientas (tu capacidad analítica, tu dominio de la tecnología, tu influencia). ¿Estás usando esas herramientas para construir algo que sirva al bien común, o te estás convirtiendo en una "sierra" que se ha vuelto loca creyendo que ella dirige al carpintero?
¿Qué áreas de tu vida profesional han crecido tanto que te han hecho caer en la tentación de pensar que todo es fruto de tu exclusiva inteligencia o fuerza?
¿Cómo puedes practicar el reconocimiento de que tus mayores éxitos son, en realidad, el resultado de una red de factores, talentos y circunstancias que te fueron dados, y no solo de tu esfuerzo personal?
Si hoy tuvieras que renunciar al reconocimiento personal por un logro, ¿qué sentirías? ¿Hay allí un indicio de que tu ego se ha inflado como el del rey de Asiria?
Señor, líbrame de la ceguera de creer que mi éxito es obra exclusiva de mi mano.
Ayúdame a ver mis capacidades como las herramientas que Tú pones en mis manos para una misión que me trasciende.
No permitas que mi intelecto o mis logros se conviertan en ídolos que me alejen de tu voluntad.
Dame la humildad de reconocer que, sin el carpintero, el hacha no corta; sin tu aliento, mi estrategia no tiene verdadera vida.
Que mi gloria sea siempre reconocer que todo lo que soy y lo que alcanzo es por tu gracia y para tu servicio.
Amén.