Salmo 94 (93), 5-10. 14-15
"La pedagogía de la adversidad: el Dios que corrige y sostiene"
5 Aplastan, Señor, a tu pueblo, humillan a tu heredad; 6 asesinan a la viuda y al forastero, matan al huérfano, 7 y dicen: «El Señor no ve, el Dios de Jacob no se entera». 8 ¡Entiendan, insensatos del pueblo! ¡Necios, cuándo comprenderán! 9 El que plantó el oído, ¿no va a oír? El que formó el ojo, ¿no va a ver? 10 El que instruye a las naciones, ¿no va a castigar? El que enseña al hombre la ciencia, ¿no va a saber? 14 Porque el Señor no abandona a su pueblo, ni desampara a su heredad: 15 el juicio volverá a ser justo, y lo seguirán todos los de corazón recto.
Este salmo es un grito de protesta ante la injusticia y la soberbia de quienes creen que Dios es indiferente o que "no se entera". El salmista confronta a los opresores recordándoles que el Creador, siendo el autor de nuestras facultades (el oído, el ojo, el intelecto), es el observador último de la realidad. Es un recordatorio de que la justicia no es un concepto abstracto, sino algo que Dios supervisa activamente, especialmente cuando el sistema parece favorecer a los arrogantes.
La falacia de la invisibilidad de Dios: Los "necios" del salmo creen que pueden actuar con impunidad. Es la tentación de pensar que, en el ámbito profesional o público, nuestras decisiones secretas o nuestras faltas de ética no tienen testigo. El salmista responde: el que diseñó tu capacidad de percibir el mundo, ¿cómo no habría de percibir tu conducta?
Dios como Instructor: Es fascinante la pregunta: "El que enseña al hombre la ciencia, ¿no va a saber?". La inteligencia, la estrategia y el conocimiento (la "ciencia") no son solo herramientas para acumular poder, sino capacidades que Dios ha puesto en nosotros. El conocimiento verdadero incluye conocer los límites éticos.
La fidelidad inquebrantable: "El Señor no abandona a su pueblo". Aunque el juicio parezca tardar o la injusticia parezca reinar, la promesa es que el equilibrio se restablecerá ("el juicio volverá a ser justo"). Es un salmo de esperanza para quien se siente desamparado por los sistemas humanos.
Integridad en la oscuridad: En el mundo corporativo y de la consultoría, a menudo se presentan oportunidades donde uno podría actuar bajo la premisa de que "nadie se entera". Este salmo es una invitación a la transparencia radical: actuar sabiendo que el observador último de tu estrategia no es solo el cliente o el mercado, sino Aquel que formó tu mente y tu conciencia.
El uso de la "ciencia": Como alguien dedicado a la consultoría y al uso de la inteligencia artificial, tienes un acceso privilegiado al "conocimiento". El salmo te desafía: ¿estás usando tu capacidad analítica para buscar justicia y rectitud, o simplemente para optimizar tus propios intereses? El conocimiento que no se guía por la rectitud es una necedad ante los ojos de Dios.
Confianza en el desenlace: Si hoy sientes que te enfrentas a situaciones donde la injusticia o la arrogancia predominan en tu entorno profesional, este pasaje es un ancla. Mantén el "corazón recto" y confía en que los procesos de justicia, aunque lentos, son supervisados por quien es el Dueño de la verdad.
¿En qué situaciones de tu vida profesional has caído en la tentación de pensar que "el Señor no ve" (o que tus acciones no tienen consecuencias éticas ante una mirada superior)?
¿Cómo puedes alinear el uso de tu inteligencia y tus estrategias ("la ciencia") con los valores de justicia que Dios espera de ti?
¿Qué te ayuda a mantener la esperanza y un "corazón recto" cuando sientes que los sistemas a tu alrededor no funcionan con justicia?
Señor, líbrame de la necedad de creer que mis actos están ocultos.
Ayúdame a actuar con la transparencia de quien sabe que Tú, que me diste la capacidad de aprender y de crear, estás presente en cada una de mis decisiones.
No permitas que la arrogancia o la búsqueda de éxito me lleven a desamparar a otros o a ignorar la justicia.
Confío en que Tú no abandonas a quienes buscan el bien y que, a pesar de las injusticias del mundo, tu justicia siempre encuentra su camino.
Que mi intelecto y mi trabajo sean siempre instrumentos al servicio de tu rectitud.
Amén.