Hechos de los Apóstoles 4, 32-37
"La comunidad ideal: Un solo corazón y una sola alma"
32 La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba que sus bienes fueran propios, sino que todo lo tenían en común. 33 Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder, y todos gozaban de gran favor. 34 No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el dinero de lo vendido 35 y lo ponían a los pies de los apóstoles. Luego se distribuía a cada uno según su necesidad. 36 Así lo hizo José, un levita nacido en Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que significa: «Hijo del Consuelo»). 37 Este vendió un campo que poseía, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.
Este pasaje es el segundo "sumario" o resumen que Lucas hace de la vida de la primera comunidad cristiana en Jerusalén. Después de haber pedido valentía para predicar (en el texto anterior), aquí vemos el fruto interno de esa oración. La Resurrección de Jesús no solo se anunciaba con palabras, sino que se demostraba con un estilo de vida revolucionario. El amor no era un sentimiento abstracto, sino una solidaridad concreta que eliminaba la pobreza entre ellos.
La comunión de bienes y la unidad espiritual. El tema principal es la Koinonía (comunión). Lucas destaca que la unidad del corazón y del alma se manifestaba en el bolsillo: el desprendimiento de lo material era la prueba de la riqueza espiritual. Se introduce también la figura de Bernabé, quien se convierte en el modelo del creyente que pone su seguridad en la comunidad y en Dios, y no en sus posesiones.
Este texto es un desafío constante a nuestro individualismo y a nuestra forma de gestionar lo que "tenemos".
Un solo corazón y una sola alma: No significa que todos pensaran igual o no tuvieran diferencias, sino que tenían el mismo propósito. En un mundo polarizado, este ideal nos llama a buscar lo que nos une en Cristo por encima de lo que nos divide.
Nadie decía que fuera suyo lo que poseía: Es una medicina contra el egoísmo. Aplicar esto hoy no es necesariamente vender todo, sino vivir con la conciencia de que somos "administradores" y no "dueños". ¿Qué parte de tu tiempo, talento o dinero estás poniendo hoy "a los pies" de las necesidades de los demás?
No había entre ellos ningún necesitado: Este es el objetivo social del Evangelio. La fe debe tener un impacto en la economía del prójimo. Una comunidad donde hay gente que sobra y gente que falta todavía no ha entendido plenamente la Resurrección.
Bernabé, el "Hijo del Consuelo": Bernabé no solo dio dinero, dio consuelo. A veces nuestra mayor "posesión" es nuestro orgullo o nuestra comodidad, y "venderla" significa salir a consolar a quien está solo.
¿Sientes que en tu comunidad (familia, parroquia, grupo) existe ese "un solo corazón", o cada uno vela principalmente por sus propios intereses?
¿Cuál es el "campo" o la posesión (material o emocional) que más te cuesta poner a disposición de los demás?
El texto dice que los apóstoles daban testimonio "con gran poder". ¿Crees que tu desprendimiento y generosidad hoy podrían dar poder al mensaje de Jesús ante los que no creen?
Al igual que Bernabé, ¿cómo podrías ser tú hoy un "hijo del consuelo" para alguien que esté pasando necesidad?
Señor Jesús, que por tu Resurrección nos has hecho hermanos, danos la gracia de tener un solo corazón y una sola alma. Líbranos del egoísmo que nos hace acumular y de la ceguera que nos impide ver la necesidad del prójimo. Que aprendamos de la primera comunidad a compartir con alegría lo que somos y tenemos, para que nuestro testimonio sea poderoso y nadie entre nosotros carezca de lo necesario. Amén.