Salmo 113 (112), 1-8
«El Señor levanta del polvo al desvalido»
1 ¡Aleluya! Alaben, servidores del Señor, alaben el Nombre del Señor. 2 ¡Bendito sea el Nombre del Señor, ahora y siempre! 3 Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el Nombre del Señor. 4 El Señor está sobre todas las naciones, su gloria está por encima del cielo. 5 ¿Quién es como el Señor, nuestro Dios, que tiene su morada en las alturas, 6 y se inclina para mirar el cielo y la tierra? 7 Él levanta del polvo al desvalido, alza al pobre de su miseria, 8 para hacerlo sentar entre los nobles, entre los nobles de su pueblo.
Este salmo es el primero del "Hallel" (cantos de alabanza), que los judíos recitaban en las grandes fiestas, especialmente en la Pascua. Es un himno que celebra la trascendencia y la condescendencia de Dios. Presenta un contraste maravilloso: Dios es tan grande que debe "inclinarse" para ver el universo, pero es tan cercano que se agacha hasta el polvo para recoger al que sufre.
La grandeza de Dios manifestada en su misericordia hacia los humildes. El tema principal es que la gloria de Dios no lo hace distante o indiferente; al contrario, su verdadera majestad se revela en su capacidad de restaurar la dignidad de los pobres y marginados, elevándolos a una condición de honor.
Una alabanza sin fronteras ni horarios: El salmo invita a alabar "desde la salida del sol hasta su ocaso". Esto significa que la gratitud no debe ser un evento aislado, sino un estilo de vida. En un mundo lleno de quejas y noticias negativas, la alabanza constante protege nuestro corazón. ¿Cómo ha sido el tono de tus palabras hoy: de queja o de bendición?
El Dios que se inclina: A diferencia de los poderosos de este mundo, que a menudo miran desde arriba con arrogancia, nuestro Dios se inclina. Nos enseña que la verdadera grandeza consiste en abajarse para servir. ¿Te inclinas tú para escuchar y ayudar a quienes otros ignoran?
Del polvo a la nobleza: El v. 7 es una promesa de esperanza para quienes se sienten derrotados o "en el polvo" por sus fracasos, deudas o tristezas. Dios no solo nos perdona, sino que nos devuelve la dignidad de hijos, sentándonos a su mesa. ¿Crees realmente que Dios puede sacarte de tu miseria actual y darte un nuevo comienzo?
¿Quién es como el Señor?: Esta pregunta nos invita a desterrar los ídolos modernos (dinero, imagen, poder). Nada ni nadie puede compararse con un Dios que combina un poder infinito con una ternura tan personal. ¿En qué o en quién estás poniendo tu seguridad hoy?
¿Qué situaciones de tu vida hoy te hacen sentir "en el polvo", y cómo puedes entregárselas al Señor para que Él te levante?
¿De qué manera puedes alabar el Nombre del Señor en tu trabajo o estudio, haciendo que otros sientan Su presencia?
¿A quién conoces que esté pasando por una "miseria" (emocional o material) y cómo podrías ser tú la mano de Dios que lo ayude a levantarse?
¿Eres consciente de que, por el Bautismo, ya has sido "sentado entre los nobles" del pueblo de Dios?
Señor, Dios nuestro, que tienes tu morada en las alturas pero te inclinas con amor para mirarnos, ¡bendito sea tu Nombre por siempre! Te damos gracias porque no nos dejas tirados en nuestro pecado ni en nuestras angustias, sino que nos levantas del polvo y nos devuelves la esperanza. Enséñanos a ser humildes como Tú, para que sepamos inclinarnos ante los hermanos que sufren. Que nuestra vida entera, desde que amanece hasta que oscurece, sea un canto de alabanza a tu infinita bondad. Amén.