Salmo 123 (122), 1-2
"La mirada del siervo: humildad y confianza total"
1 A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. 2 Como los ojos de los siervos están fijos en las manos de sus señores, como los ojos de la esclava en las manos de su ama, así nuestros ojos están fijos en el Señor, nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros.
Este es uno de los "Cánticos de Ascensión" (o salmos graduales), que los peregrinos entonaban mientras subían hacia Jerusalén. Es un salmo breve, intenso y profundamente humilde. La imagen de los siervos mirando las manos de su señor es muy potente: no es una mirada de terror o servidumbre ciega, sino una mirada de dependencia, expectativa y atención. El siervo observa las manos de su señor porque de ellas depende su sustento, su protección y su próxima indicación.
La dependencia absoluta y la esperanza paciente. Reconocer que todo nuestro bien viene de Dios y mantener la mirada puesta en Él, incluso —y especialmente— cuando nos sentimos necesitados o desbordados por las circunstancias.
En nuestra cultura de la autosuficiencia, donde todo lo queremos resolver por nuestra cuenta y bajo nuestro propio control, este salmo es un antídoto de paz. Nos invita a un gesto muy sencillo pero profundo: levantar los ojos.
Desviar la mirada: A menudo, nuestros ojos están fijos en nuestros problemas, en los noticieros, en las redes sociales o en nuestras propias limitaciones. Eso nos agota. El salmista nos propone una alternativa: fijar la mirada en "Aquel que habita en el cielo", es decir, en la dimensión de Dios.
La mirada del siervo: Es una mirada que no juzga, sino que espera. Es la mirada de quien sabe que Dios tiene "las manos" llenas de misericordia. Practicar esto hoy significa hacer pausas breves durante el día, levantar la vista de nuestras pantallas o tareas y simplemente decir: "Señor, mis ojos están fijos en ti. Tú tienes el control, tú tienes la salida, tú tienes la gracia que necesito".
¿En qué estás fijando tu mirada últimamente? ¿Te genera paz o te genera más ansiedad y tensión?
¿Eres capaz de esperar con confianza en las manos de Dios, o te desesperas cuando sientes que las respuestas no llegan a tu tiempo?
"Hasta que se apiade de nosotros": ¿Qué aspecto de tu vida necesita hoy un gesto de misericordia de Dios? ¿Puedes descansar hoy sabiendo que Él está atento a ti?
Señor, levanto mis ojos hacia ti, más allá de mis preocupaciones y de las confusiones del mundo.
Como un siervo que busca la guía de su dueño, busco hoy tu mirada y tu dirección.
Perdóname por las veces que me pierdo intentando resolverlo todo solo, olvidando que tú eres mi sustento y mi paz.
Mis ojos están puestos en tus manos, confiando en que tú sabes qué es lo mejor para mí.
No me sueltes, acompáñame en mi trabajo, en mi familia y en mis decisiones.
Espero tu misericordia con paciencia, sabiendo que tú eres un Padre fiel.
Amén.