"Cerca de los que lo Invocan: El Himno a la Bondad de Dios"
Este salmo es un acróstico alfabético en hebreo, diseñado para alabar a Dios de la "A" a la "Z". El pasaje seleccionado nos revela el rostro más amable de la divinidad: un Dios que, siendo Rey del universo, decide inclinar su majestad para sostener al que tropieza y estar cerca de quien le habla con sinceridad.
El salmista utiliza palabras que resuenan con la revelación de Dios a Moisés en el Sinaí:
"Clemente y misericordioso": Dios no es un juez distante, sino alguien cuya naturaleza es la compasión (rachamim, que alude a las entrañas maternas).
"Lento a la cólera y rico en piedad": Dios prefiere esperar y perdonar antes que castigar. Su paciencia es un espacio de oportunidad para nosotros.
Bondad Universal: "El Señor es bueno con todos, su ternura alcanza a todas sus criaturas". La misericordia de Dios no tiene fronteras de religión, raza o condición; abraza todo lo que Él ha creado.
Aquí el salmo describe la estabilidad del Reino de Dios frente a la fragilidad humana:
Palabras y Obras: "El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones". En Dios no hay divorcio entre lo que dice y lo que hace. Su fidelidad es la roca sobre la que podemos construir.
El Sostén del Caído: "El Señor sostiene a los que van a caer y endereza a los que ya se doblan". Dios tiene una atención especial por la debilidad. No espera a que seamos fuertes para amarnos; Su fuerza se manifiesta precisamente cuando nuestras fuerzas fallan.
El pasaje concluye uniendo dos conceptos que parecen opuestos: la trascendencia y la proximidad.
Justicia y Santidad: "El Señor es justo en todos sus caminos, es santo en todas sus acciones". Sus caminos son perfectos, incluso cuando no los comprendemos.
La Proximidad de Dios: "El Señor está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente". Esta es la promesa central. La única "condición" para experimentar la cercanía de Dios es la sinceridad. Él no busca oraciones perfectas, sino corazones honestos que le hablen con la verdad de su vida.
La medicina de la ternura: En un mundo que a veces parece frío e indiferente, este salmo nos recuerda que somos amados con "ternura". Tratar a los demás con esa misma clemencia y lentitud para la cólera es la mejor forma de reflejar a Dios.
Confiar en el tropiezo: Si hoy sientes que te vas a caer, o que la vida ya te ha "doblado", no te escondas de Dios. Precisamente en ese estado es cuando Él está más listo para sostenerte. Su especialidad es levantar a los abatidos.
La potencia de la sinceridad: No necesitamos fórmulas complicadas para hablar con Dios. Basta con invocarlo "de verdad". Ser sinceros sobre nuestras dudas, miedos y alegrías es lo que nos abre a Su presencia constante.
¿Siento que mi mirada hacia los demás es "lenta a la cólera" como la de Dios, o suelo ser rápido para juzgar?
¿Qué situación en mi vida me tiene hoy "doblado" y necesita del apoyo del Señor?
¿Le hablo a Dios con total sinceridad, o trato de ocultarle mis debilidades bajo una apariencia de piedad?
Señor, Dios nuestro, Rey clemente y misericordioso, gracias por tu ternura que alcanza cada rincón de nuestra existencia. Gracias por sostenernos cuando tropezamos y por estar siempre cerca de nosotros. Ayúdanos a invocarte con sinceridad de corazón y a ser reflejos de tu bondad con todas tus criaturas. Amén.