Salmo 47 (46), 2-3. 6-9
«Dios asciende entre aclamaciones»
2 Aplaudan, todos los pueblos, aclamen a Dios con gritos de alegría; 3 porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el gran Rey de toda la tierra. 6 Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas. 7 Canten, canten salmos a Dios; canten, canten salmos a nuestro Rey. 8 Porque Dios es el Rey de toda la tierra, cántenle un hermoso himno. 9 Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.
Este salmo de entronización es el himno por excelencia de la solemnidad de la Ascensión del Señor. En la liturgia del Antiguo Testamento, acompañaba el traslado del Arca de la Alianza hacia el templo de Jerusalén, un momento de inmensa fiesta. Para la Iglesia, este canto adquiere su pleno sentido con el triunfo de Jesucristo: el v. 6 («Dios asciende entre aclamaciones») profetiza el momento en que Jesús, habiendo vencido a la muerte, regresa victorioso a la gloria del Padre para tomar posesión de su trono eterno.
La glorificación de Cristo y la alegría del triunfo definitivo. El tema principal es la celebración ruidosa, festiva y universal de la victoria de Dios. No se trata de una fe tímida, sino de una explosión de alabanza (aplausos, gritos, trompetas y cantos) porque el Señor ha tomado el control absoluto de la historia y de las naciones.
Celebrar la victoria anticipada: El salmo nos invita a gritar de alegría porque Dios es Rey. A veces, al mirar el mundo en el que vivimos, parece que el mal va ganando. Este salmo reenfoca nuestra mirada: Cristo ya venció, el trono sagrado está ocupado por Él. Aunque la batalla ruede a nuestro alrededor, el cristiano vive desde la certeza de la victoria final. ¿Vives con el peso de la derrota o con la alegría de la victoria de Cristo?
Una fe con entusiasmo (En-theos): La palabra entusiasmo viene del griego y significa "llevar a Dios dentro". El salmo pide aplausos y gritos. A menudo caemos en una fe rutinaria, fría o puramente intelectual. Dios merece nuestro entusiasmo, nuestra pasión y nuestra mejor energía. ¿Cuándo fue la última vez que te emocionaste sinceramente por las cosas de Dios?
El canto como escudo contra el desánimo: El v. 7 repite con insistencia: «Canten, canten salmos...». Cuando cantamos alabanzas a Dios, las murallas del desánimo, del miedo y de la ansiedad se caen. La música litúrgica y la oración de alabanza tienen el poder de cambiar la atmósfera de un corazón deprimido. ¿Qué tipo de pensamientos dejas que "canten" en tu mente durante el día?
Saber que hay un orden superior: "Dios se sienta en su trono sagrado". Esto significa que el caos del mundo tiene un límite. Ningún poder político, económico o ideológico actual es eterno; todos están bajo la mirada del Altísimo. Esto nos da una profunda paz y libertad frente a las crisis de la sociedad. ¿Estás desgastando tu paz en lo que cambia, o te apoyas en el trono que nunca se tambalea?
¿Qué significa para ti hoy que Jesús haya "ascendido" y esté reinando en el cielo? ¿Sientes que eso lo hace lejano o, al contrario, más presente en todas partes?
¿Te permites expresar la alegría de tu fe de manera visible, o te da pena que los demás te vean entusiasmado por Dios?
Si tuvieras que componer un "hermoso himno" (v. 8) con los motivos de gratitud de esta última semana, ¿qué bendiciones incluirías?
¿En qué áreas de tu vida necesitas proclamar hoy que Dios es el Rey para que el miedo pierda su fuerza?
¡Señor Jesús, Rey de la gloria, hoy nos unimos al coro cósmico que aplaude y canta en tu honor! Te aclamamos en tu Ascensión y nos alegramos porque estás sentado en tu trono santo, intercediendo por nosotros. Que la certeza de tu victoria barra de nuestra vida toda tristeza, desánimo y temor. Enséñanos a vivir con el santo entusiasmo de tus testigos, y que nuestra alabanza diaria sea un hermoso himno que atraiga a otros hacia tu amor. ¡Amén!