Salmo 68 (67), 29-30. 33-36c
«Reyes de la tierra, canten a Dios»
29 Oh Dios, despliega tu poder, aquel poder con que actuaste en favor nuestro, 30 desde tu templo en Jerusalén, a donde los reyes te traen regalos. 33 Reyes de la tierra, canten a Dios, toquen en honor del Señor; 34 para el que cabalga por el cielo, el cielo antiquísimo, el que hace oír su voz, su voz poderosa. 35 Reconozcan el poder de Dios: su majestad brilla sobre Israel, su poder está en las nubes. 36c Dios es temible desde su santuario; el Dios de Israel da fuerza y poder a su pueblo. ¡Bendito sea Dios!
Llegamos a la majestuosa conclusión del Salmo 68. Tras recordar las victorias del pasado en el desierto y celebrar el cuidado de los más pobres, el salmista eleva su mirada hacia un escenario grandioso e internacional. Visualiza el Templo de Jerusalén no solo como un centro religioso local, sino como el eje del universo hacia el cual se dirigen los soberanos paganos para rendir homenaje. En el contexto de la liturgia de Pascua y Ascensión, este tramo final celebra que Cristo resucitado ha sido revestido con el "cielo antiquísimo" y que su señorío cósmico es la fuente inagotable de vitalidad para toda la comunidad de creyentes.
La aclamación del poder universal de Dios y la fortaleza del creyente. El tema principal es el reconocimiento público de que toda la soberanía del universo le pertenece al Señor. Lejos de ser un poder abstracto o amenazante, la grandeza infinita de Dios se traduce en un regalo muy concreto: Él transfiere esa "fuerza y poder a su pueblo" para sostenerlo en el caminar diario.
Activar el poder del pasado en el presente: El salmista reza: «despliega tu poder, aquel poder con que actuaste en favor nuestro». Cuando sintamos que el miedo, la parálisis espiritual o los problemas nos superan, la mejor medicina es hacer memoria. Recordar los momentos de tu historia donde Dios te abrió una puerta, te sanó o te dio paz en una crisis es la garantía de que lo volverá a hacer hoy. ¿Le pides a Dios que active Su poder en tus problemas actuales basándote en lo que ya ha hecho por ti?
La voz poderosa frente al ruido del mundo: El texto describe a Dios como el que «hace oír su voz, su voz poderosa» por encima de los cielos. Nuestra sociedad actual está saturada de ruidos: opiniones en redes sociales, noticias trágicas, pronósticos económicos alarmantes y voces internas de culpa o ansiedad. El salmo te invita a sintonizar la frecuencia del Señor. Su voz potente no grita para aturdir, sino que habla al corazón con la verdad que libera. ¿A qué voces les estás prestando más atención esta semana?
Un Dios que comparte su fuerza: El v. 36 contiene una de las promesas más hermosas del Salterio: «el Dios de Israel da fuerza y poder a su pueblo». Esto significa que el cansancio que a veces experimentas (físico, mental o espiritual) no tiene por qué ser la última palabra. Dios no guarda su energía de manera egoísta; la inyecta directamente en tus debilidades cuando se la pides con humildad. ¿Estás desgastándote intentando resolverlo todo con tus limitadas fuerzas humanas?
Una alabanza que rompe fronteras: El llamado es directo: «Reyes de la tierra, canten a Dios». Frente al orgullo del poder político, económico o intelectual, el salmista nos recuerda que ante Dios todos los títulos se desvanecen. Reconocer la majestad de Dios nos da una tremenda libertad interior: ya no tenemos que endiosar a ningún líder de este mundo ni temer a las estructuras humanas, porque sabemos que por encima de ellas "brilla Su poder en las nubes".
¿En qué situación específica de tu vida familiar, laboral o de salud necesitas hoy que Dios "despliegue el poder con el que actuó en el pasado"?
¿De qué manera puedes tú, en tu día a día, "reconocer el poder de Dios" frente a las personas que te rodean?
Cuando te sientes completamente sin energía, ¿recurres de inmediato al "santuario" de la oración para recibir la fuerza que el Señor promete a su pueblo?
¿Terminas tus jornadas con el mismo grito de victoria del salmista: «¡Bendito sea Dios!», incluso cuando las cosas no salieron exactamente como planeabas?
Señor Dios del universo, Tú que cabalgas sobre los cielos antiquísimos y haces oír tu voz poderosa, hoy reconocemos tu inmensa majestad. Despliega en nuestras vidas, en nuestras familias y en nuestra sociedad ese mismo poder con el que tantas veces nos has rescatado en el pasado. Te pedimos humildemente que mires nuestro cansancio y nuestra fragilidad; cumple en nosotros tu promesa y derrama tu fuerza y poder sobre tu pueblo. Que frente a cualquier temor terrenal podamos levantar la mirada al cielo y exclamar con alegría profunda de corazón: ¡Bendito sea Dios! Amén.