Salmo 71 (70), 8-9. 14-15b. 16-17. 22
"La fidelidad de Dios en el otoño de la vida: una confianza que no envejece"
8 Mi boca está llena de tu alabanza, todo el día de tu gloria. 9 No me rechaces en el tiempo de la vejez, no me abandones cuando mis fuerzas decaen. 14 Yo, en cambio, esperaré siempre, y añadiré cada vez más a tu alabanza. 15b Mi boca anunciará tu justicia, todo el día tu salvación. 16 Vendré a contar las proezas del Señor, recordaré tu justicia, la tuya sola. 17 Oh Dios, tú me has enseñado desde mi juventud, y hasta hoy anuncio tus maravillas. 22 Te alabaré con el salterio, por tu verdad, Dios mío; te cantaré al son de la cítara, el Santo de Israel.
Este salmo es la oración de alguien que, habiendo recorrido un largo camino en la vida, mira hacia atrás con gratitud y hacia adelante con confianza. El salmista no pide dinero ni poder; pide la presencia de Dios. Reconoce que, aunque el cuerpo pueda debilitarse ("mis fuerzas decaen"), su espíritu tiene la capacidad de seguir creciendo en alabanza. Es una oración profundamente humana que abraza tanto la fragilidad como la esperanza.
La continuidad de la fe. La relación con Dios no es algo que se agota con el paso de los años; al contrario, es una amistad que madura. El salmista comprende que, si Dios lo acompañó en la fuerza de la juventud, no lo abandonará en la fragilidad de la vejez.
La alabanza como medicina: El salmista decide llenar su boca de alabanza "todo el día" (versículos 8 y 15b). En tiempos donde solemos llenar nuestro discurso de quejas, preocupaciones o críticas, decidir enfocarse en la "justicia" y la "salvación" de Dios es un acto de rebeldía espiritual que nos devuelve la paz.
Aceptar la fragilidad: El verso 9 es un ruego conmovedor. Nos recuerda que no pasa nada por admitir que nos sentimos vulnerables o cansados. La oración nos permite entregarle a Dios no solo nuestras victorias, sino también nuestros miedos al declive y a la soledad.
Contar la historia: "Vendré a contar las proezas del Señor". Esta es una invitación a hacer memoria. ¿Cuáles han sido las "proezas" de Dios en tu historia? Recordarlas no es solo nostalgia; es el combustible que necesitamos hoy para seguir confiando en el futuro.
Cuando miras hacia el futuro, ¿qué te genera más inquietud? ¿Puedes entregar ese miedo a Dios con la misma confianza del salmista?
¿Qué "proezas" o pequeños milagros de Dios podrías contar hoy para animar a alguien que está pasando por un momento difícil?
A medida que avanzas en tu propia historia, ¿estás cultivando una vida interior que se vuelva más profunda, o te estás dejando llevar solo por la rutina?
Señor, tú has sido mi apoyo desde mi juventud, mi refugio desde que comencé a caminar.
Hoy te pido que no me abandones, especialmente cuando me sienta frágil, cansado o temeroso por el paso del tiempo.
Que mi boca no se cierre a la queja, sino que se abra siempre a tu alabanza.
Enséñame a ver las proezas que has hecho en mi vida, para que cada día tenga una razón nueva para confiar en ti.
Que mi vejez, o simplemente mi caminar diario, sea una oportunidad para cantar tu verdad con alegría.
Tú eres mi roca y mi salvación, ayer, hoy y siempre.
Amén.