"La Fe de Abraham: Creer contra toda Esperanza"
En este pasaje, San Pablo realiza una disección teológica de la figura de Abraham para explicar cómo nos relacionamos con Dios. El argumento es revolucionario: la herencia de las promesas de Dios no se obtiene por el cumplimiento perfecto de una ley (mérito), sino por la fe (confianza). Abraham se convierte así en el "padre de todos los creyentes".
La Herencia del Mundo: Dios prometió a Abraham y a su descendencia que heredarían el mundo.
El Medio: Pablo aclara que esto no ocurrió porque Abraham fuera un observador perfecto de leyes (que aún no existían en su forma mosaica), sino por la "justicia que viene de la fe". La relación con Dios es un regalo recibido, no un salario ganado.
Por Gracia: Al ser por fe, la promesa es un don gratuito (charis). Esto garantiza que la promesa sea firme para todos.
Universalidad: No solo es para los que viven bajo la ley (el pueblo judío), sino para todos los que comparten la fe de Abraham. Él es el antepasado espiritual de una familia humana sin fronteras.
Pablo define al Dios en quien Abraham creyó con dos características asombrosas:
El que da vida a los muertos: Refiriéndose a la capacidad reproductiva de Abraham y Sara, que estaba "muerta" por la vejez.
El que llama a la existencia lo que no existe: Dios crea de la nada. Su palabra tiene el poder de generar realidades donde solo hay vacío.
Este es el núcleo del heroísmo de Abraham:
La Paradoja: "Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza". Cuando todas las circunstancias humanas decían "no" (biología, tiempo, lógica), Abraham decidió decir "sí" a la palabra de Dios.
La Recompensa: Por esa confianza absoluta, Dios "se lo acreditó como justicia". Creerle a Dios es lo que nos pone en la sintonía correcta con Él.
Fe en tiempos de "muerte": A veces sentimos que un proyecto, una relación o nuestra propia esperanza han muerto. San Pablo nos recuerda que servimos a un Dios que se especializa en resucitar lo que parece perdido.
Soltar el perfeccionismo legalista: Muchos viven angustiados tratando de "ser perfectos" para que Dios los quiera. La fe de Abraham nos libera: Dios nos acepta cuando confiamos en Él, incluso en nuestra fragilidad.
Llamar a lo que no existe: Nuestra oración puede ser un eco de la voz de Dios. En lugar de solo describir nuestros problemas (lo que existe), podemos empezar a proclamar la paz y la vida que Dios promete (lo que aún no existe).
¿En qué área de mi vida me cuesta hoy "creer contra toda esperanza"?
¿Me relaciono con Dios por miedo a la ley o por la confianza en su promesa gratuita?
¿Confío en que Dios puede sacar vida de mis situaciones más "estériles" o secas?
Dios de Abraham, Padre de todos los creyentes, aumenta nuestra fe. Enséñanos a confiar en tus promesas cuando las circunstancias parezcan contrarias y a creer que Tú puedes dar vida a lo que en nosotros está muerto. Que no busquemos justificarnos por nuestros propios méritos, sino que descansemos en la justicia que viene de creer en Ti. Amén.
La fe de Abraham abrió el camino para el cumplimiento de las promesas de Dios. ¿Te gustaría que viéramos cómo esta fe se personifica en el Evangelio de Mateo (1, 16. 18-21. 24), donde José, el "hijo de David", cree en la palabra del ángel y acepta el misterio de la encarnación de Jesús?