Salmo 96 (95), 7-10
"Alabanza Universal al Rey: La Gloria y la Justicia del Señor que Viene a Juzgar"
7 Rindan al Señor, familias de los pueblos, rindan al Señor la gloria y el poder, 8 rindan al Señor la gloria de su Nombre. Traigan una ofrenda, entren en sus atrios, 9 adoren al Señor con ornamentos sagrados. Tiemble ante él toda la tierra; 10 digan a las naciones: "¡El Señor reina! Él afirmó el mundo, y este no vacilará; él juzgará a los pueblos con rectitud."
Contexto
Este pasaje es una continuación del Salmo 96, un himno de alabanza que invita a toda la creación y a todas las naciones a alabar al Señor. Después de proclamar la grandeza de Dios como Creador (en los versículos anteriores), esta sección se centra en la invitación a las "familias de los pueblos" a reconocer y tributar al Señor la gloria y el poder que le corresponden. El salmista describe una escena de adoración universal en el Templo y exhorta a proclamar a las naciones que "¡El Señor reina!", enfatizando su soberanía como Rey y Juez justo de toda la tierra.
Tema Central
El tema central es la invitación universal a las "familias de los pueblos" a rendir al Señor la gloria y el poder que le corresponden, adorándolo en su Santuario. Se proclama a las naciones que "¡El Señor reina!", quien afirmó el mundo y juzgará a los pueblos con rectitud.
Aplicación a nuestra actualidad
La exhortación "Rindan al Señor, familias de los pueblos, rindan al Señor la gloria y el poder, rindan al Señor la gloria de su Nombre" es una llamada poderosa a la adoración universal. En un mundo donde a menudo se rinde culto al poder, al dinero, a la fama o a ideologías humanas, este salmo nos recuerda a quién pertenece verdaderamente la gloria y el poder. Nos interpela: ¿a quién "rindo" yo mi gloria y mi poder en mi vida? ¿Reconozco que todo lo que soy y tengo proviene de Dios y le pertenece? Nos invita a una humildad profunda y a una entrega sincera de todo a Aquel cuyo Nombre es glorioso.
La invitación "Traigan una ofrenda, entren en sus atrios, adoren al Señor con ornamentos sagrados" nos habla de una adoración que no es superficial, sino que implica una preparación, una ofrenda de nosotros mismos y una actitud de reverencia. No se trata solo de ritos externos, sino de una disposición interior que busca la santidad. Nos invita a reflexionar: ¿cómo me preparo para el encuentro con Dios, en la oración, en la Eucaristía, en mi vida diaria? ¿Mi adoración es "con ornamentos sagrados", es decir, con un corazón puro y reverente, o es distraída y superficial?
Y la proclamación "digan a las naciones: '¡El Señor reina! Él afirmó el mundo, y este no vacilará; él juzgará a los pueblos con rectitud'" es el mensaje central. En medio de la inestabilidad política, social o ecológica, esta verdad es un ancla: Dios reina, Él tiene el control, y su juicio es justo. Nos interpela: ¿soy yo un proclamador de que "¡El Señor reina!" en mi entorno, especialmente cuando el caos parece dominar? ¿Confío en que Él "afirmó el mundo" y que su justicia prevalecerá? Nos desafía a vivir con una esperanza firme en el reinado de Dios y a ser instrumentos de su rectitud en un mundo que clama por justicia. La venida de Cristo y su regreso glorioso son el cumplimiento pleno de esta proclamación.
Preguntas para la reflexión
¿Cómo "rindo al Señor la gloria y el poder" en mi vida diaria, en mis decisiones y en mis prioridades?
¿Qué "ofrendas" puedo llevar al Señor al "entrar en sus atrios", y cómo puedo cultivar una actitud de adoración "con ornamentos sagrados"?
¿Soy un "proclamador" de que "¡El Señor reina!" en mi entorno, especialmente cuando las cosas parecen estar fuera de control?
¿Cómo este salmo me ayuda a confiar en que Dios "afirmó el mundo" y que "juzgará a los pueblos con rectitud", incluso ante las injusticias presentes?
¿Qué pasos concretos puedo dar para que mi vida sea un testimonio de la soberanía y la justicia de Dios ante las "familias de los pueblos"?
Oración
Señor, Rey de toda la tierra, te rendimos la gloria y el poder que te pertenecen. Que nuestro corazón te adore con reverencia y que nuestra vida sea una ofrenda agradable a ti. Te proclamamos ante las naciones: "¡El Señor reina!". Afirma nuestro mundo en tu justicia y juzga a los pueblos con rectitud. Que tu Nombre sea glorificado en toda la tierra y que todos los pueblos te adoren. Amén.