1 Juan 2, 12-17
"Mensajes de Amor y Advertencia: No Amar lo que Procede del Mundo"
12 Hijos míos, les escribo porque sus pecados han sido perdonados por el Nombre de Jesús. 13 Padres, les escribo porque han conocido al que existe desde el principio. Jóvenes, les escribo porque han vencido al Maligno. 14 Hijos míos, les he escrito porque han conocido al Padre. Padres, les he escrito porque han conocido al que existe desde el principio. Jóvenes, les he escrito porque son fuertes, y la Palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al Maligno. 15 No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo –la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de la vida– no procede del Padre, sino del mundo. 17 El mundo pasa, y también sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Contexto
Esta sección de la Primera Carta de Juan es una serie de exhortaciones dirigidas a diferentes grupos dentro de la comunidad cristiana (hijos, padres, jóvenes), destacando sus experiencias y logros espirituales. El apóstol les recuerda las bendiciones de su fe (perdón de los pecados, conocimiento de Dios, victoria sobre el Maligno). Inmediatamente después, y basándose en estas bendiciones, Juan introduce una fuerte advertencia contra "amar al mundo" y las "concupiscencias" que provienen de él, contrastando la transitoriedad del mundo con la permanencia de quien hace la voluntad de Dios.
Tema Central
El tema central es una exhortación a la comunidad cristiana, en sus diferentes etapas (hijos, padres, jóvenes), a vivir en la gracia del perdón de los pecados, el conocimiento de Dios y la victoria sobre el Maligno. Se incluye una fuerte advertencia a "no amar al mundo ni lo que hay en el mundo", identificando sus peligros (concupiscencia de la carne, de los ojos y jactancia de la vida), y contrastando la transitoriedad del mundo con la permanencia eterna de quien hace la voluntad de Dios.
Aplicación a nuestra actualidad
Juan comienza con palabras de aliento y reconocimiento: "Hijos míos, les escribo porque sus pecados han sido perdonados por el Nombre de Jesús. Padres, les escribo porque han conocido al que existe desde el principio. Jóvenes, les escribo porque han vencido al Maligno." Nos recuerda las profundas bendiciones de nuestra fe en Cristo, independientemente de nuestra edad o etapa de la vida. Nos interpela: ¿soy consciente del perdón que he recibido? ¿Valoro el "conocimiento del que existe desde el principio"? ¿Reconozco las victorias que Dios me ha dado sobre las fuerzas del mal en mi vida? Este es un llamado a la gratitud y a la afirmación de nuestra identidad en Cristo.
Sin embargo, a este aliento le sigue una advertencia contundente: "No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él." Juan no se refiere al mundo como creación de Dios o a las personas que lo habitan, sino al "sistema" de valores, deseos y ambiciones que se oponen a Dios. Nos invita a una profunda introspección: ¿dónde está mi corazón? ¿Amo el éxito, la fama, el poder, el placer, la comodidad más que a Dios? ¿Estoy tan apegado a las cosas de este mundo que mi corazón se ha enfriado para el Padre?
La descripción de lo que "hay en el mundo" es muy actual: "la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de la vida".
La concupiscencia de la carne: se refiere a los deseos desordenados de placer, la búsqueda de la gratificación inmediata sin límites.
La concupiscencia de los ojos: se refiere a la codicia, el deseo de poseer lo que vemos, la envidia, la ostentación y el materialismo.
La jactancia de la vida: se refiere al orgullo, la vanidad, la arrogancia, la búsqueda de reconocimiento y el autoengrandecimiento.
Nos interpela: ¿en cuál de estas "concupiscencias" caigo más fácilmente? ¿Cómo el mundo me seduce con estas promesas vacías?
Finalmente, la comparación entre la transitoriedad del mundo y la permanencia de quien hace la voluntad de Dios: "El mundo pasa, y también sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre", es una poderosa invitación a reorientar nuestras vidas. Nos desafía a invertir nuestra energía y nuestro amor en lo que es eterno, en lugar de lo que es pasajero. Nos invita a buscar la voluntad de Dios en todo momento, porque solo allí encontramos la verdadera plenitud y la vida que perdura.
Preguntas para la reflexión
¿Cómo he experimentado el perdón de mis pecados, el conocimiento de Dios y la victoria sobre el Maligno en mi vida, y cómo valoro estas bendiciones?
¿De qué manera el "mundo" (el sistema de valores contrario a Dios) me seduce y me tienta a amarlo más que al Padre?
¿Cuál de las "concupiscencias de la carne, de los ojos o la jactancia de la vida" es mi mayor debilidad, y cómo puedo resistirla?
¿Qué pasos concretos puedo dar para desapegarme de las cosas pasajeras del mundo y amar más al Padre?
¿Cómo puedo hacer que mi vida sea un testimonio de que "el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre"?
Oración
Padre amado, te damos gracias por el perdón de nuestros pecados, por el don de conocerte y por la victoria que nos das sobre el Maligno. Ayúdanos a no amar al mundo ni sus concupiscencias, que nos alejan de ti. Líbranos de la concupiscencia de la carne, de los ojos y de la jactancia de la vida. Que nuestro corazón permanezca en ti, buscando siempre tu voluntad, para que permanezcamos para siempre en tu amor