1 Juan 2, 3-11
"Conocimiento de Dios y la Prueba del Amor Fraterno"
3 En esto sabemos que lo conocemos: si guardamos sus mandamientos. 4 El que dice: "Yo lo conozco", y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. 5 Pero el que guarda su palabra, en este el amor de Dios ha llegado verdaderamente a su plenitud. En esto sabemos que estamos en él. 6 El que dice que permanece en él, debe vivir como él vivió. 7 Queridos míos, no les escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tuvieron desde el principio. Ese mandamiento antiguo es la palabra que ustedes oyeron. 8 Sin embargo, les escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en ustedes, porque las tinieblas pasan y ya brilla la luz verdadera. 9 El que dice que está en la luz y odia a su hermano, está todavía en las tinieblas. 10 El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay en él ocasión de tropiezo. 11 Pero el que odia a su hermano, está en las tinieblas y camina en las tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.
Contexto
Esta sección de la Primera Carta de Juan se dirige a la comunidad cristiana para fortalecer su fe y discernir la verdadera pertenencia a Cristo frente a falsas enseñanzas o actitudes. Juan establece criterios claros para distinguir a quienes realmente conocen a Dios y permanecen en Él. Los dos criterios fundamentales son guardar sus mandamientos (especialmente el amor) y vivir como Cristo vivió. El apóstol enfatiza que el amor fraterno no es un mandamiento nuevo, sino la esencia del evangelio desde el principio, y que la ausencia de este amor significa permanecer en la oscuridad espiritual.
Tema Central
El tema central es la prueba del verdadero conocimiento de Dios y la permanencia en Cristo, que se manifiesta en la obediencia a sus mandamientos y, de manera crucial, en el amor al prójimo. Juan afirma que la ausencia de este amor fraterno es señal de estar en las tinieblas, mientras que amar al hermano es permanecer en la luz.
Aplicación a nuestra actualidad
La afirmación "En esto sabemos que lo conocemos: si guardamos sus mandamientos. El que dice: 'Yo lo conozco', y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él" es una sacudida para nuestra conciencia. A menudo, reducimos el conocimiento de Dios a un saber intelectual, a ideas teológicas o a pertenecer a una tradición. Pero Juan nos recuerda que el verdadero conocimiento se demuestra en la vida, en la obediencia. Nos interpela: ¿mi vida cotidiana, mis decisiones, mis relaciones, reflejan que realmente "conozco" a Dios y guardo sus mandamientos? ¿O me conformo con una fe de palabras, dejando la "verdad" fuera de mi acción?
La frase "El que dice que permanece en él, debe vivir como él vivió" es un llamado radical a la coherencia. Si nos identificamos como seguidores de Jesús, estamos llamados a imitar su estilo de vida, sus valores, su amor. Nos invita a una profunda introspección: ¿cómo se parece mi vida a la de Jesús? ¿Estoy dispuesto a que su vida sea el modelo para la mía, incluso en los detalles más pequeños? Este es un desafío constante a la conversión.
Pero el corazón de este pasaje es el "mandamiento nuevo" (que es a la vez antiguo): el amor fraterno. "El que dice que está en la luz y odia a su hermano, está todavía en las tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay en él ocasión de tropiezo." Juan es tajante. No hay neutralidad en el amor. La ausencia de amor es odio, y el odio es oscuridad. En un mundo donde la división, la polarización y la exclusión son moneda corriente, este texto es una luz que nos guía. Nos interpela: ¿hay hermanos o hermanas en mi vida a quienes "odio" o hacia quienes siento indiferencia, resentimiento o desprecio? ¿Reconozco que eso me mantiene en las "tinieblas" y me ciega? Nos desafía a salir de la oscuridad del juicio y la crítica, y a entrar en la luz del amor, porque el amor al hermano es la prueba más clara de que "conocemos" a Dios y permanecemos en Él. La luz verdadera es el amor, y es lo que disipa las tinieblas.
Preguntas para la reflexión
¿Qué mandamientos de Dios me cuesta más guardar, y cómo puedo hacer que mi obediencia sea un reflejo de mi verdadero conocimiento de Él?
¿Cómo "vivo como él vivió" Jesús en mi vida diaria, en mis decisiones y en mis relaciones?
¿Hay alguna persona en mi vida a la que "odio" o hacia la que siento resentimiento, y cómo esta verdad me llama a la conversión y al amor fraterno?
¿Qué significa para mí que "las tinieblas pasan y ya brilla la luz verdadera" en el contexto de mi amor (o falta de amor) hacia mi prójimo?
¿Cómo puedo ser un testimonio de que "el que ama a su hermano, permanece en la luz" en mi comunidad y en el mundo?
Oración
Señor, Dios de amor, concédenos la gracia de conocerte verdaderamente, no solo con la mente, sino con el corazón y con nuestras obras. Que guardemos tus mandamientos y vivamos como tu Hijo Jesús vivió. Ilumínanos para que amemos a nuestros hermanos y hermanas con un amor sincero, y que así permanezcamos en tu luz, disipando toda tiniebla de odio y resentimiento. Que la verdad de tu amor se manifieste plenamente en nosotros