1 Juan 2, 22-28
"Negar al Padre y al Hijo: La Mentira del Anticristo y la Permanencia en la Verdad"
22 ¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el Anticristo: el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo el que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre. 24 Ustedes, por su parte, conserven lo que oyeron desde el principio. Si lo que oyeron desde el principio permanece en ustedes, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre. 25 Y esta es la promesa que él mismo nos hizo: la Vida eterna. 26 Les he escrito esto con motivo de los que tratan de engañarlos. 27 En cuanto a ustedes, la unción que recibieron de él permanece en ustedes, y no necesitan que nadie los instruya; pero como su unción les enseña todas las cosas –y es verdadera y no miente–, permanezcan en él, así como ella les enseñó. 28 Ahora, hijos míos, permanezcan en él para que, cuando se manifieste, tengamos confianza y no quedemos avergonzados en su Venida.
Contexto
Esta sección de la Primera Carta de Juan continúa la advertencia sobre los "anticristos" y las falsas doctrinas. Juan identifica claramente la mentira fundamental de estos anticristos: negar que Jesús es el Cristo, lo cual implica también negar al Padre. El apóstol insiste en la importancia de "conservar lo que oyeron desde el principio" (la enseñanza original sobre Jesús) como garantía de permanecer en el Hijo y en el Padre, y de recibir la promesa de la vida eterna. Recordando a la comunidad que ellos poseen la "unción del Santo" (el Espíritu Santo), Juan les exhorta a permanecer en Cristo para estar preparados para su venida.
Tema Central
El tema central es la advertencia contra la mentira fundamental de los "anticristos" que niegan que Jesús es el Cristo, lo cual implica negar tanto al Hijo como al Padre. Juan exhorta a los creyentes a "conservar lo que oyeron desde el principio" para permanecer en el Hijo y en el Padre, garantizando así la vida eterna. Se enfatiza la guía del Espíritu Santo ("la unción") para permanecer en la Verdad y tener confianza en la Venida de Cristo.
Aplicación a nuestra actualidad
La fuerte afirmación "¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el Anticristo: el que niega al Padre y al Hijo" nos invita a una profunda claridad sobre el centro de nuestra fe. Negar la divinidad de Jesús o su mesianidad es el engaño fundamental. En un mundo donde a menudo se relativiza la figura de Jesús, o se le reduce a un mero maestro moral, Juan nos llama a afirmar sin ambigüedades su identidad plena. Nos interpela: ¿mi fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, es firme e inquebrantable? ¿Estoy dispuesto a defender esta verdad fundamental frente a las ideas que la niegan o la diluyen?
La correlación "Todo el que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre" es crucial. La relación con Dios Padre pasa necesariamente por la relación con Jesús Hijo. No se puede tener uno sin el otro. Nos invita a reflexionar: ¿cómo es mi relación con Jesús? ¿A través de Él, realmente conozco y me relaciono con el Padre? Este es un llamado a la unidad de la fe en la Trinidad.
La exhortación "Ustedes, por su parte, conserven lo que oyeron desde el principio. Si lo que oyeron desde el principio permanece en ustedes, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre. Y esta es la promesa que él mismo nos hizo: la Vida eterna" nos recuerda la importancia de la Tradición y de la enseñanza original de los Apóstoles. En un tiempo de constantes novedades y revisiones de la fe, Juan nos ancla en lo fundamental. Nos interpela: ¿soy yo un "conservador" de la verdad que oí desde el principio, o me dejo llevar por las "novedades" que desdibujan el Evangelio? ¿Vivo con la esperanza y la certeza de la "Vida eterna" que nos fue prometida en Cristo?
Finalmente, la confianza en la "unción del Santo" (el Espíritu Santo): "la unción que recibieron de él permanece en ustedes, y no necesitan que nadie los instruya... permanezcan en él, así como ella les enseñó. Ahora, hijos míos, permanezcan en él para que, cuando se manifieste, tengamos confianza y no quedemos avergonzados en su Venida", es una afirmación de nuestra capacidad interior para la verdad. El Espíritu nos guía y enseña. Nos desafía a confiar en esa guía interior, a permanecer arraigados en Cristo, no para sentirnos superiores, sino para vivir con confianza y sin vergüenza ante su segunda Venida. Es un llamado a la fidelidad y a la vigilancia, sabiendo que en Él está nuestra esperanza.
Preguntas para la reflexión
¿Cómo mi vida confiesa que "Jesús es el Cristo", el Hijo de Dios, y cómo esta confesión se traduce en mis acciones y palabras?
¿Cómo este pasaje me ayuda a comprender la unidad entre el Padre y el Hijo, y cómo mi relación con Jesús me lleva al Padre?
¿Qué "verdad que oí desde el principio" necesito "conservar" y profundizar en mi vida para permanecer en el Hijo y en el Padre?
¿Confío en la "unción del Santo" (el Espíritu Santo) para discernir la verdad y para guiarme en mi camino de fe?
¿Cómo vivo mi vida para que, cuando Jesús se manifieste en su Venida, pueda tener "confianza" y no quede "avergonzado"?
Oración
Señor Jesús, te confesamos como el Cristo, el Hijo de Dios, la Verdad que procede del Padre. Te pedimos que afiances nuestra fe y nos ayudes a conservar lo que oímos desde el principio. Que tu Espíritu, nuestra unción, nos enseñe todas las cosas y nos mantenga firmes en ti. Concede que permanezcamos siempre en ti, para que cuando te manifiestes, tengamos confianza y no quedemos avergonzados en tu Venida. Amén.