Efesios 3, 2-3. 5-6
"El Misterio de la Inclusión: Todos Llamados a la Misma Herencia"
(2) Seguramente habrán oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en favor de ustedes. (3) Por una revelación, se me dio a conocer este misterio. (5) Este misterio no fue dado a conocer a los hombres en tiempos pasados, como ahora ha sido revelado por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: (6) que los paganos participan de la misma herencia, forman un mismo Cuerpo y comparten la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.
Contexto
La carta a los Efesios fue escrita (atribuida a San Pablo) para comunidades que vivían en un mundo profundamente dividido entre judíos y "paganos" (gentiles). Los judíos se consideraban los únicos herederos de las promesas de Dios. En este pasaje, el autor explica que su misión principal no es solo predicar, sino administrar un "misterio" que ha sido revelado: el plan secreto de Dios que finalmente ha salido a la luz. Este plan rompe las barreras religiosas y culturales más antiguas de la época, revelando que el amor de Dios no tiene dueños exclusivos ni fronteras nacionales.
Tema Central
La universalidad de la salvación y la unidad profunda de la humanidad en Cristo. El "misterio" es que Dios no hace acepción de personas; todos, sin importar su origen o pasado, están llamados a ser parte de la misma familia y a recibir las mismas promesas.
Aplicación a nuestra actualidad
Este texto nos confronta con nuestras propias "fronteras" mentales y espirituales. A menudo, de forma inconsciente, dividimos el mundo entre "nosotros" y "ellos", entre los que creemos que están "dentro" del favor de Dios y los que están "fuera". El mensaje de hoy es un llamado a la inclusión radical.
En nuestra vida corriente, esto significa reconocer que el otro —aquel que piensa distinto, el que viene de otra cultura, o incluso el que no comparte nuestra fe— es, según el plan de Dios, un coheredero de su amor. Estamos llamados a construir puentes en lugar de muros. Si formamos "un mismo Cuerpo", lo que le duele al otro me duele a mí, y su bienestar es también el mío. Es una invitación a dejar de mirar con sospecha a los que son diferentes y empezar a verlos con la mirada del "misterio": como hermanos que comparten la misma promesa y la misma dignidad.
Preguntas para la reflexión
¿Quiénes son hoy, en mi entorno, aquellos a los que considero "paganos" o extraños, y cómo cambiaría mi trato hacia ellos si los viera como "coherederos" del amor de Dios?
¿Qué prejuicios o barreras personales me impiden sentir que formo "un mismo cuerpo" con personas de diferentes estratos sociales, ideas políticas o nacionalidades?
¿De qué manera puedo ser hoy un instrumento para que alguien que se siente excluido o "lejos" de Dios descubra que también para él o ella es la promesa del Evangelio?
Oración
Espíritu Santo, Tú que revelas los misterios de Dios, abre los ojos de mi corazón para que pueda ver a cada persona como un hermano y una hermana. Ayúdame a derribar los muros del prejuicio y la indiferencia que he construido en mi interior. Haz que mi vida sea un reflejo de tu acogida universal, para que juntos, como un solo cuerpo, podamos compartir la alegría de tu promesa en Cristo Jesús. Amén.