1 Samuel 9, 1-6. 10. 17-19; 10, 1a
"La Providencia en lo Cotidiano: De buscar asnas a encontrar un Reino"
(1) Había un hombre de Benjamín, llamado Quis... (2) Tenía un hijo que se llamaba Saúl, joven y de buena presencia. No había ningún israelita más apuesto que él: sobrepasaba a todos de los hombros para arriba. (3) Al padre de Saúl se le extraviaron unas asnas, y dijo a su hijo: «Toma a uno de los muchachos y vete a buscar las asnas». (4) Atravesaron la montaña de Efraín y la región de Salisá, pero no encontraron nada... (5) Al llegar a la región de Suf, Saúl dijo a su muchacho: «Volvamos, no sea que mi padre deje de preocuparse por las asnas y empiece a inquietarse por nosotros». (6) El muchacho le respondió: «Mira, en esta ciudad hay un hombre de Dios, un hombre muy respetado... vamos allá; tal vez él nos indique el camino que debemos seguir». (10) Saúl dijo: «Está bien, vamos». (17) Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le advirtió: «Este es el hombre de quien te hablé: él gobernará a mi pueblo». (18) Saúl se acercó a Samuel en la puerta de la ciudad y le dijo: «Dime, por favor, dónde está la casa del vidente». (19) Samuel respondió: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al lugar alto; hoy comerán conmigo, y mañana te dejaré ir después de revelarte todo lo que tienes en el corazón». (10, 1a) Entonces Samuel tomó un frasco de aceite, lo derramó sobre la cabeza de Saúl y lo besó, diciendo: «El Señor te ha ungido como jefe de su herencia».
Este relato es una joya de la narrativa bíblica que muestra cómo Dios utiliza las circunstancias más banales (la pérdida de unos animales de carga) para cumplir Sus grandes planes. Saúl aparece como un joven obediente y físicamente imponente, pero totalmente ajeno a lo que el destino le depara. El encuentro con Samuel en la ciudad de Suf no es casualidad; es una cita divina. La unción con aceite (10, 1a) es el signo sagrado que lo aparta de su vida ordinaria para convertirlo en el primer rey de Israel.
La Providencia Divina. Dios guía los pasos de Saúl a través del cansancio, el fracaso en su búsqueda inicial y el consejo de un sirviente, demostrando que incluso detrás de los "problemas domésticos" puede estar gestándose una misión trascendental.
La historia de Saúl nos invita a mirar nuestra vida con "ojos espirituales":
Dios en lo ordinario: Saúl no salió de casa buscando un trono, salió buscando asnas. A veces nos quejamos de nuestras tareas rutinarias o de los pequeños contratiempos diarios, sin darnos cuenta de que Dios los usa para ponernos en el lugar donde Él nos necesita. Cada "asna perdida" (un problema inesperado, un cambio de planes) puede ser el camino hacia un encuentro decisivo.
Escuchar el consejo humilde: Fue un criado quien sugirió consultar al hombre de Dios. Saúl tuvo la humildad de escuchar. A menudo, la voz de Dios no nos llega directamente en el trueno, sino a través de personas sencillas o consejos que parecen insignificantes. ¿Estoy atento a lo que Dios me dice a través de los demás?
La unción y la responsabilidad: Ser "ungido" significa ser capacitado por Dios para una tarea. Todos nosotros, por nuestro bautismo, somos ungidos para llevar luz al mundo. Al igual que Saúl, nuestra vida no nos pertenece solo a nosotros; tenemos una "herencia" que cuidar y un servicio que prestar a los demás.
Del corazón a la acción: Samuel le dice a Saúl que le revelará "todo lo que tiene en el corazón". Dios conoce nuestros anhelos más profundos, incluso aquellos que aún no sabemos expresar. La fe consiste en confiar en que Él pondrá orden y propósito a esos deseos.
¿Qué "asnas perdidas" (problemas o tareas rutinarias) me están quitando hoy la paz? ¿Puedo ver en ellas una oportunidad para que Dios actúe?
¿Soy capaz de dejarme guiar por personas o circunstancias sencillas, o solo busco a Dios en lo extraordinario?
Si Samuel me dijera hoy que Dios tiene un plan para mí, ¿me sentiría preparado para dejar mi "rutina" y aceptar el desafío?
Señor Dios, que guías nuestros pasos incluso cuando nos sentimos perdidos en los caminos de la vida, ayúdanos a reconocer tu mano en los detalles de este día. Danos la humildad de Saúl para escuchar buenos consejos y la apertura de corazón para aceptar la misión que tengas para nosotros. Que sepamos que nada en nuestra vida es casualidad y que Tú siempre nos conduces hacia un propósito mayor. Amén.