Isaías 42, 1-4. 6-7
"El Primer Canto del Siervo: La Fuerza de la Mansedumbre"
(1) «Aquí está mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. He puesto mi Espíritu sobre él: él manifestará la justicia a las naciones. (2) No gritará, no levantará la voz, no se hará oír en la calle. (3) No quebrará la caña quebrada, ni apagará la mecha que todavía humea. Manifestará la justicia con verdad. (4) No se desanimará ni se abatirá hasta establecer la justicia en la tierra; las costas lejanas esperan su ley. (6) Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te tomé de la mano, te formé y te constituí alianza del pueblo y luz de las naciones, (7) para abrir los ojos de los ciegos, para sacar de la cárcel a los presos y de la prisión a los que habitan en las tinieblas».
Este pasaje es el primero de los cuatro "Cánticos del Siervo de Yahvé" en el libro de Isaías. Fue escrito durante el exilio en Babilonia, un tiempo de profunda desesperanza para el pueblo de Israel. Dios presenta a una figura misteriosa, el Siervo, que no es un guerrero conquistador, sino alguien que actúa con una ternura asombrosa. A diferencia de los imperios que aplastan, este Siervo viene a restaurar lo que está a punto de romperse. Para los cristianos, este texto describe perfectamente la identidad de Jesús, especialmente en el momento de su Bautismo.
La misión del Ungido como fuente de esperanza y sanación. El texto subraya que el poder de Dios no se manifiesta en la violencia o el ruido, sino en el cuidado delicado de la fragilidad humana y en la liberación de toda ceguera y opresión.
En un mundo que a menudo valora la fuerza bruta, el éxito ruidoso y la autoafirmación agresiva, el Siervo de Isaías nos propone un modelo de vida revolucionario:
El respeto por la fragilidad: Todos conocemos a alguien (o somos nosotros mismos) que se siente como una "caña quebrada" por los problemas, o una "mecha que humea" por el agotamiento o la falta de fe. Dios nos dice que Él no viene a terminarnos de romper o a apagarnos, sino a sostenernos con delicadeza. Estamos llamados a tener esa misma paciencia con los errores y debilidades de los demás.
La justicia del silencio: El Siervo "no grita en la calle". Esto nos invita a revisar cómo defendemos nuestras verdades. A veces pensamos que por gritar más tenemos más razón. La verdadera justicia se establece con la perseverancia tranquila y el testimonio coherente, no con la imposición.
Luz en las prisiones cotidianas: Hoy existen cárceles que no son de piedra: la depresión, las adicciones, el odio o el aislamiento. Como seguidores de este Siervo, nuestra misión es "abrir ojos" y ayudar a otros a salir de esas oscuridades, recordándoles que Dios los lleva de la mano.
¿Quién es hoy en mi vida esa "caña quebrada" a la que necesito tratar con más ternura y menos juicio?
¿Suelo "gritar" para imponer mis ideas, o confío en que la verdad y la justicia tienen su propia fuerza silenciosa?
¿De qué "prisión" interior siento que el Señor me está sacando en este tiempo?
Señor Dios, gracias por enviarnos a tu Siervo Jesús, que no vino a aplastarnos sino a sanarnos. Te pedimos que pongas tu Espíritu sobre nosotros para que seamos luz en medio de las tinieblas de nuestro entorno. Danos la paciencia para no apagar la esperanza de los que sufren y la fortaleza para no desanimarnos en el camino de la justicia. Tómanos de la mano y guíanos hoy. Amén.