Salmo 116 (115), 12-14. 17-19
"La Copa de la Salvación: El Agradecimiento como Ofrenda"
(12) ¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? (13) Alzaré la copa de la salvación e invocaré el Nombre del Señor. (14) Cumpliré mis votos al Señor en presencia de todo su pueblo. (17) Te ofreceré un sacrificio de alabanza e invocaré el Nombre del Señor. (18) Cumpliré mis votos al Señor en presencia de todo su pueblo, (19) en los atrios de la Casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén. ¡Aleluya!
Este salmo es un "Himno de Acción de Gracias" individual que se convierte en colectivo. El orante ha pasado por una situación de peligro extremo o de muerte inminente y ha sido rescatado por Dios. En lugar de quedarse con la alegría para sí mismo, se pregunta cómo puede corresponder a tanta bondad. La respuesta no es un pago material (porque a Dios no se le puede "comprar"), sino un gesto ritual y público: levantar la "copa de la salvación" (una libación de vino en el Templo) y dar testimonio ante la comunidad. Para nosotros, este salmo tiene una resonancia especial, pues la Iglesia lo utiliza frecuentemente en relación con la Eucaristía.
La gratitud activa. No basta con sentir agradecimiento en el interior; el salmista nos enseña que el amor de Dios recibido debe ser celebrado públicamente y compartido con los demás a través de la alabanza y la fidelidad a los compromisos (votos).
Este salmo nos ofrece una guía para vivir desde la abundancia del corazón y no desde la queja:
La pregunta fundamental: "¿Con qué pagaré al Señor?". Es una pregunta que deberíamos hacernos cada mañana. Reconocer que todo lo bueno (la vida, la salud, la familia, el trabajo) es un don nos quita la arrogancia de creer que todo lo hemos logrado solos. La gratitud es la memoria del corazón.
Alzar la "copa" en lo cotidiano: Alzar la copa de la salvación hoy significa celebrar las pequeñas victorias diarias. Es brindar por la vida a pesar de las dificultades. En el plano espiritual, es participar en la Eucaristía (que significa "Acción de Gracias") con plena conciencia de que estamos recibiendo el mayor bien posible.
Testimonio público: El salmista insiste en cumplir sus votos "en presencia de todo su pueblo". Nuestra fe no puede ser un secreto. Dar gracias a Dios frente a los demás —con nuestras palabras y nuestra integridad— anima a otros que quizás están pasando por la misma prueba de la que nosotros ya salimos.
Si hoy hiciera una lista de "todo el bien que el Señor me ha hecho" esta semana, ¿qué cosas encabezarían esa lista?
¿Cómo puedo convertir mi gratitud en algo concreto? (Una oración de alabanza, una ayuda a alguien necesitado, un cambio de actitud).
¿Me da vergüenza reconocer públicamente la ayuda de Dios en mi vida, o soy capaz de "alzar la copa" del testimonio frente a mis amigos o familia?
Señor Dios, ¿con qué podré pagarte tanto amor y tanta paciencia que me tienes? Gracias por rescatarme en los momentos de angustia y por las bendiciones que a veces doy por sentadas. Hoy quiero ofrecerte mi sacrificio de alabanza: que mis palabras de hoy sean de gratitud y mis acciones reflejen tu bondad. Ayúdame a ser fiel a mis compromisos contigo y con mis hermanos. Amén.