Salmo 119 (118), 67-68. 71-72. 75-76
"El Valor del Sufrimiento: La Escuela de la Palabra"
(67) Antes de ser humillado, yo me extraviaba; pero ahora cumplo tu palabra. (68) Tú eres bueno y haces el bien: enséñame tus preceptos. (71) Me hizo bien ser humillado, para que aprendiera tus preceptos. (72) Vale más para mí la ley de tu boca que miles de monedas de oro y plata. (75) Yo sé, Señor, que tus juicios son justos y que me has humillado con toda razón. (76) Que tu misericordia me consuele, según la promesa que hiciste a tu servidor.
Estas estrofas del Salmo 119 (las secciones Tet y Yod) presentan una de las reflexiones más valientes de la Biblia: el reconocimiento de que el dolor puede ser un maestro. El salmista no habla desde una teoría fría, sino desde una experiencia personal de "humillación" o aflicción.
El autor admite que, en tiempos de prosperidad y facilidad, tendía a "extraviarse" (v. 67). Fue la dificultad la que lo obligó a detenerse, a recalibrar su brújula moral y a buscar refugio en la voluntad de Dios.
La pedagogía divina a través de la aflicción. El salmista llega a una conclusión asombrosa: "Me hizo bien ser humillado" (v. 71). No es que Dios disfrute del sufrimiento, sino que Dios utiliza las grietas que abre el dolor para introducir Su sabiduría y Su consuelo.
La prosperidad que ciega (v. 67): A menudo, cuando todo sale bien, nos volvemos autosuficientes y olvidamos lo esencial. El extravío suele comenzar en la comodidad. ¿He notado si mis momentos de mayor alejamiento de Dios coincidieron con mis épocas de mayor distracción material?
El tesoro de la experiencia (v. 72): Para el salmista, la sabiduría adquirida en la prueba vale más que "miles de monedas". En un mundo que valora el éxito económico por encima de todo, este verso nos invita a valorar nuestro crecimiento interior. Lo que aprendiste en tu noche más oscura es un activo que el dinero no puede comprar.
La confianza en la bondad de Dios (v. 68 y 75): Es fácil alabar a Dios cuando nos bendice; es un grado superior de fe reconocer que Él es bueno incluso cuando permite que seamos humillados. Confiar en que Sus juicios son "justos" significa creer que Dios tiene un plan de restauración incluso detrás de lo que hoy no entendemos.
El consuelo de la promesa (v. 76): El salmista no es un estoico que aguanta el dolor sin sentir nada. Él pide consuelo. La fe no elimina el sentimiento de tristeza, pero lo sostiene con la esperanza basada en la promesa de Dios.
Mirando hacia atrás en mi vida, ¿qué lecciones importantes aprendí en mis momentos de "humillación" o fracaso que nunca hubiera aprendido en el éxito?
¿Siento que mi escala de valores hoy se parece más a la del mundo (oro y plata) o a la del salmista (la ley de Dios)?
¿Soy capaz de pedirle a Dios que Su misericordia me consuele en lugar de solo pedirle que me quite el problema?
Señor, Tú que eres bueno y haces el bien, enséñanos a leer tu voluntad incluso en medio de las pruebas. Gracias por las veces en que la dificultad nos ha devuelto al camino correcto. Que tu misericordia sea nuestro consuelo en los días de humillación, y que valoremos tu Palabra por encima de todas las riquezas del mundo. Ayúdanos a ser alumnos dóciles en tu escuela de vida. Amén.