Salmo 122 (121), 1-2. 4-9
"La Alegría del Peregrino: Jerusalén, Centro de Paz y Unidad"
1 ¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la Casa del Señor"! 2 Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. 4 Porque allá suben las tribus, las tribus del Señor, conforme a la Ley de Israel, para alabar el Nombre del Señor. 5 Porque allí están los tronos de la justicia, los tronos de la casa de David. 6 Pidan la paz para Jerusalén: ¡Que vivan seguros los que te aman! 7 ¡Que haya paz dentro de tus muros y seguridad en tus palacios! 8 Por mis hermanos y mis compañeros, diré: "La paz esté contigo". 9 Por la Casa del Señor, nuestro Dios, pediré tu prosperidad.
Contexto
Este salmo es uno de los "Cantos de Peregrinación" o "Cánticos graduales" (Salmos 120-134), entonados por los peregrinos mientras subían a Jerusalén para las grandes fiestas. Expresa la profunda alegría y el entusiasmo del peregrino al acercarse a la Ciudad Santa. Jerusalén es alabada no solo como un centro religioso (la Casa del Señor, el lugar para alabar el Nombre del Señor), sino también como un centro político (tronos de la justicia, casa de David) y, sobre todo, como un símbolo de paz y unidad para el pueblo de Israel. El salmista concluye con una ferviente oración por la paz y la prosperidad de la ciudad.
Tema Central
El tema central es la profunda alegría del salmista al ir a Jerusalén, la Ciudad Santa, vista como el centro de la alabanza al Señor, la justicia y la unidad para las tribus de Israel. El salmo culmina con una ferviente oración por la paz ("shalom") y la seguridad de Jerusalén, extendiendo este deseo a hermanos y compañeros, y a la Casa del Señor, nuestro Dios.
Aplicación a nuestra actualidad
La expresión "¡Qué alegría cuando me dijeron: 'Vamos a la Casa del Señor'!" nos interpela a examinar nuestra propia actitud hacia los lugares sagrados, la comunidad de fe y el encuentro con Dios. En un tiempo donde a menudo la asistencia a la iglesia o a reuniones espirituales puede ser vista como una obligación o una costumbre, este salmo nos invita a recuperar la alegría, la emoción y el anhelo del peregrino. ¿Con qué disposición me acerco a los espacios de fe y a la comunidad? ¿Siento esa "alegría" en mi corazón?
Jerusalén es presentada como el lugar donde "suben las tribus del Señor" para "alabar el Nombre del Señor" y donde están "los tronos de la justicia". Esto nos recuerda la doble dimensión de nuestra fe: la adoración y la justicia social. Nuestra fe no es solo una experiencia individual, sino que se vive en comunidad, buscando la alabanza a Dios y trabajando por la justicia. Nos desafía a ver nuestra comunidad de fe como un lugar donde ambas dimensiones se encuentran y se nutren mutuamente.
La exhortación "Pidan la paz para Jerusalén: ¡Que vivan seguros los que te aman! ¡Que haya paz dentro de tus muros y seguridad en tus palacios!" es una oración por la "shalom" (paz integral, bienestar, plenitud) que trasciende las fronteras. Jerusalén, en este contexto, no es solo una ciudad geográfica, sino un símbolo de la paz para todo el mundo. Nos llama a ser intercesores por la paz en el mundo, en nuestras ciudades, en nuestras familias y en nuestros propios corazones. "Por mis hermanos y mis compañeros, diré: 'La paz esté contigo'", nos impulsa a desear y a construir la paz en nuestras relaciones más cercanas. Y "Por la Casa del Señor, nuestro Dios, pediré tu prosperidad", nos recuerda que el bienestar de la comunidad de fe es esencial para la prosperidad espiritual de todos. Es una invitación a una espiritualidad que se alegra en la fe, ora por la paz y trabaja por la justicia.
Preguntas para la reflexión
¿Siento la misma "alegría" que el salmista cuando me invitan a participar en actividades de mi comunidad de fe o a un encuentro con Dios?
¿Cómo contribuyo a que mi comunidad de fe sea un lugar donde se alabe el Nombre del Señor y se busquen los "tronos de la justicia"?
¿Qué significa para mí "pedir la paz para Jerusalén" en el contexto actual del mundo, y cómo esto se traduce en mis oraciones y acciones?
¿Cómo puedo ser un agente de "paz" en mi familia, con mis amigos y en mi entorno laboral o social?
¿De qué manera esta oración por la "prosperidad" de la Casa del Señor, nuestro Dios, me impulsa a un mayor compromiso con mi comunidad de fe?
Oración
Dios de paz y alegría, te damos gracias por la Casa del Señor y por la comunidad de fe donde nos reunimos. Que nuestros corazones se llenen de alegría al ir a tu presencia. Te pedimos la paz para nuestras ciudades, para nuestras familias y para el mundo entero. Que haya seguridad en nuestros hogares y armonía en nuestras relaciones. Por nuestros hermanos y compañeros, y por tu Iglesia, pedimos tu prosperidad y bendición, para que juntos alabemos tu Nombre por siempre. Amén.