Salmo 145 (144), 10-13b. 17-18
"El reino de la fidelidad y la cercanía del Dios que sostiene: cuando la alabanza reconoce la justicia y la mano abierta que socorre"
10 Te alaben, oh Señor, todas tus obras, y tus santos te bendigan. 11 La gloria de tu reino digan, y hablen de tu poder, 12 para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosas obras, y la gloria de la magnificencia de su reino. 13 Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones... 17 Justo es el Señor en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras. 18 Cercano está el Señor a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras.
Este salmo es un gran himno acróstico de alabanza y reconocimiento de la soberanía divina, compuesto para exaltar la grandeza, la bondad y la fidelidad de Dios en el gobierno del mundo. El texto establece una conexión armónica y profunda: por un lado, la creación entera («todas tus obras») y quienes siguen sus caminos («tus santos») proclaman la dignidad, el poder y la magnificencia de un reino que trasciende todas las épocas; por el otro, esa majestuosidad inmensa no se traduce en distancia fría, sino en una cercanía operativa y entrañable. Los versículos finales subrayan los dos pilares que sostienen esta gobernanza: la justicia equitativa en todos sus caminos y la misericordia en cada una de sus acciones. El punto culminante es una promesa de absoluta accesibilidad: Dios no está lejos ni abstraído de las dificultades humanas; al contrario, permanece «cercano a todos los que le invocan de veras».
La proclamación de un propósito trascendente: El reconocimiento de que los proyectos, la labor y la influencia profesional no se limitan al éxito temporal, sino que forman parte de una obra mayor orientada a aportar valor y orden duradero.
El equilibrio entre la justicia y la misericordia: La verdadera autoridad directiva no oscila entre el autoritarismo rígido y la permisividad; se funda en la equidad justa y en la generosidad compasiva.
La accesibilidad y la autenticidad en la relación: La cercanía de lo divino (y, por extensión, la efectividad de un liderazgo maduro) no responde a formalismos vacíos, sino a quienes invocan y actúan «de veras», con absoluta sinceridad y profundidad de propósito.
Gobernar tus iniciativas con justicia, orden y misericordia: Como estratega, autor y formador que impulsa proyectos de alto nivel intelectual y humano («El Líder Potenciado»), este texto te recuerda que el éxito de tu labor radica en mantener un equilibrio perfecto entre el rigor ético (la justicia) y la empatía generosa (la misericordia) hacia tu equipo y tu audiencia.
Reconocer que tu trabajo es parte de una obra de largo aliento: Al igual que el reino que permanece por todas las generaciones, haz que tus escritos, mentorías y estrategias posean la solidez necesaria para trascender el presente y dejar un legado de valor real.
Actuar y liderar con autenticidad («de veras»): Evita la simulación o las fachadas superficiales en tu ejercicio profesional. La autoridad más genuina brota de la coherencia interior y de una cercanía real con las necesidades y desafíos de quienes te rodean.
¿Cómo equilibras el rigor estratégico y la justicia operativa con la empatía y la generosidad en la gestión de tus proyectos?
¿De qué manera aseguras que tu labor, tus escritos y tu liderazgo dejen una huella sólida y perdurable para las futuras generaciones?
¿Qué significa hoy para ti habitar esa cercanía auténtica, liderando «de veras» y con una coherencia absoluta en tu propósito profesional y personal?
Señor, Dios de justicia, de misericordia y de rebaño eterno, te alabo y bendigo reconociendo la magnificencia de tus obras.
Líbrame de la rigidez injusta, de la simulación y de la distancia fría en mi trato con los demás.
Haz que mi labor, mis escritos y mi liderazgo se fundamenten en una justicia recta y en una generosidad compasiva, manteniéndome siempre cercano, auténtico y dispuesto a aportar un valor verdadero a todos los que confían en mi camino.
Amén.