Salmo 19 (18), 8-10. 15
"La Ley del Señor: Luz, Dulzura y Alimento para el Alma"
Este salmo es un himno a la revelación. Comienza alabando la gloria de Dios en la naturaleza (la creación) y luego, en estos versículos, se centra en la revelación a través de la Torá (la Palabra). El salmista describe la Ley no como una carga pesada, sino como un regalo que restaura y guía.
El salmista utiliza cuatro sinónimos para referirse a la voluntad de Dios, cada uno con un efecto transformador:
La Ley (instrucción): Es perfecta y reconforta el alma. Es el descanso para el que está fatigado.
El Testimonio (promesa): Es veraz y da sabiduría al sencillo. No se necesita ser un intelectual, sino tener un corazón abierto.
Los Preceptos (mandatos): Son rectos y alegran el corazón. La obediencia a Dios no produce tristeza, sino una alegría profunda y estable.
El Mandamiento (orden): Es claro e ilumina los ojos. Nos permite ver la realidad tal como es, sin las nieblas del egoísmo o el error.
El "temor del Señor" (que es el respeto amoroso a Su presencia) es calificado como puro. A diferencia de los sentimientos humanos que cambian, este respeto permanece para siempre. Los juicios de Dios son descritos como justos y verdaderos, poseyendo una coherencia absoluta.
El salmo termina con una de las jaculatorias más bellas de la Biblia: "Que te agraden las palabras de mi boca y el susurro de mi corazón".
Aquí se reconoce que Dios no solo escucha lo que decimos en voz alta, sino también nuestros pensamientos más íntimos. El salmista desea que toda su interioridad sea una ofrenda digna para Dios, a quien llama "Roca mía y Redentor mío".
La Palabra como "GPS" espiritual: En un mundo con exceso de información y opiniones contradictorias, el Salmo 19 nos invita a volver a la Palabra de Dios como la única guía capaz de "iluminar los ojos" y darnos claridad en las decisiones.
La alegría de los límites: Solemos pensar que la libertad es no tener reglas. El salmista nos dice que los mandatos de Dios "alegran el corazón". Los límites de Dios son como los muros de un puente: no están para impedirnos caminar, sino para evitar que caigamos al abismo.
Higiene del pensamiento: Si el "susurro de mi corazón" debe agradar a Dios, ¿qué tipo de pensamientos estoy cultivando? La meditación de la Palabra ayuda a limpiar nuestra mente de rencores, envidias o miedos.
¿Siento que la Palabra de Dios es una carga o un alivio para mi alma?
¿Qué "juicio" o enseñanza de Dios me ha dado más "sabiduría" en los últimos tiempos?
¿Si mis pensamientos fueran audibles hoy, le agradarían al Señor?
Señor, tu Palabra es perfecta y llena de luz. Gracias por no dejarnos a oscuras en este mundo, sino por darnos tus mandamientos que alegran el corazón. Purifica mis pensamientos y mis palabras, para que todo lo que diga y piense hoy sea una ofrenda que te agrade. Sé tú mi Roca en medio de las tormentas y mi Redentor en mis debilidades. Amén.