Salmo 29 (28), 1-4. 9-10
"La Voz del Señor sobre las Aguas: Poder y Paz"
(1) ¡Rindan al Señor, hijos de Dios, rindan al Señor gloria y poder! (2) ¡Rindan al Señor la gloria de su Nombre, adoren al Señor en su resplandor sagrado! (3) La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria hizo oír su trueno, el Señor, sobre las aguas inmensas. (4) La voz del Señor es poderosa, la voz del Señor es majestuosa. (9) La voz del Señor sacude los robles y deja los bosques despojados, mientras en su Templo todos dicen: «¡Gloria!». (10) El Señor se sienta sobre el océano, el Señor se sienta como Rey eterno.
Este es uno de los salmos más antiguos y espectaculares del Salterio. Originalmente, parece ser una respuesta a los pueblos vecinos que adoraban a los dioses de la tormenta (como Baal). El salmista toma las imágenes del trueno, el rayo y el rugido de la tempestad para declarar que no es la naturaleza la que tiene el poder, sino el Dios de Israel.
El poema describe una tormenta que nace en el Mediterráneo ("las aguas inmensas"), recorre el Líbano y termina en el desierto. Sin embargo, mientras afuera la naturaleza es sacudida por la potencia divina, dentro del Templo la comunidad contempla ese poder con asombro y adoración. No es un Dios que infunde terror, sino un Dios cuya fuerza es motivo de alabanza porque Él es el Rey eterno que controla el caos.
La soberanía absoluta de Dios manifestada en su "Voz" (el trueno). El texto nos recuerda que el Señor es el dueño de la historia y de la creación, y que su poder, aunque imponente, es el fundamento de la seguridad de su pueblo.
Este salmo nos ayuda a reenfocar nuestra mirada en momentos de crisis o de "tormentas" personales:
Reconocer quién tiene el control: En un mundo donde muchas veces nos sentimos a merced de fuerzas que no podemos controlar (economía, política, salud), el salmo nos dice que el Señor "se sienta sobre el océano". El océano representa el caos y la incertidumbre. Saber que Dios está por encima de lo que nos asusta nos devuelve la paz.
La "Voz" en medio del ruido: Estamos rodeados de voces estrepitosas: noticias, redes sociales, críticas, miedos internos. El salmo nos invita a identificar la "Voz del Señor". Es una voz que "despoja los bosques", es decir, que quita lo superfluo para dejarnos con lo esencial. Escuchar a Dios es aprender a ver Su gloria incluso en los eventos que sacuden nuestra vida.
De la tormenta al "Gloria": Lo más impactante del texto es el contraste entre la agitación externa y el "¡Gloria!" del templo. Nuestra fe nos permite estar en paz en medio de la tempestad. Adorar a Dios no es ignorar la tormenta, sino reconocer que el Dueño de la tormenta es nuestro Padre.
¿Qué "aguas inmensas" o "tormentas" están rugiendo hoy en mi vida personal o familiar?
¿Me detengo a escuchar la "Voz del Señor" en medio de mi caos cotidiano, o solo escucho el ruido de mis preocupaciones?
¿Cómo puedo transformar mi miedo en un "¡Gloria!", confiando en que Dios es Rey eterno sobre cualquier circunstancia?
Señor de la gloria, ante tu voz poderosa reconocemos nuestra pequeñez. Gracias por recordarnos que Tú reinas sobre el caos y que las tormentas de nuestra vida están bajo tu mando. Danos la gracia de adorarte en el resplandor de tu santidad, para que nuestro corazón encuentre calma mientras Tú nos fortaleces con tu poder. Amén.