Salmo 72 (71), 1-2. 10. 12-13
"Justicia para los Humildes: El Corazón del Verdadero Liderazgo"
(1) Dios mío, comunica tu juicio al rey y tu justicia al hijo del rey, (2) para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus pobres con rectitud. (10) Que los reyes de Tarsis y de las costas le paguen tributo; que los reyes de Sabá y de Sebá le lleven regalos; (12) Porque él librará al pobre que suplica y al humilde que no tiene quien lo ayude; (13) tendrá compasión del débil y del pobre, y salvará la vida de los indigentes.
Contexto
Este Salmo es una oración por el rey en el día de su coronación o en un aniversario real. En el antiguo Israel, el rey no era un gobernante absoluto que podía hacer lo que quisiera; era el representante de Dios y debía rendir cuentas ante Su Ley. Lo que hace especial a este poema es que el éxito del monarca no se mide por sus victorias militares o por la extensión de su territorio, sino por su capacidad de cuidar a los más vulnerables. Los "reyes de las costas" y de lugares lejanos (como Tarsis o Sabá) traen tributos no por temor a un ejército, sino como reconocimiento a un reinado que refleja la justicia divina en la tierra.
Tema Central
La autoridad entendida como servicio y protección. El texto nos revela que, a los ojos de Dios, el verdadero poder tiene una sola finalidad: ser la voz de los que no tienen voz y el refugio de los que han sido olvidados por el sistema o por la sociedad.
Aplicación a nuestra actualidad
Este pasaje nos invita a hacer un ejercicio de discernimiento sobre nuestra propia autoridad. Todos, en algún ámbito, somos "reyes" o líderes: en nuestra familia, en el equipo de trabajo, en un grupo de amigos o en la comunidad.
A menudo caemos en la tentación de usar nuestra influencia para sentirnos importantes o para obtener beneficios. El Salmo nos propone un camino distinto: ¿Qué tan "justo" es mi liderazgo? La espiritualidad nos enseña que Dios tiene una predilección por los pequeños, y este texto nos pide que nosotros también la tengamos. Aplicar esto hoy significa detenerse a escuchar a quien nadie escucha, ayudar al compañero que está en desventaja y asegurarnos de que nuestras decisiones diarias busquen el bien de los que tienen menos recursos o fuerza. El verdadero éxito de nuestra vida no se verá en los "regalos" o honores que recibamos, sino en cuánta esperanza hayamos devuelto a quien estaba a punto de rendirse.
Preguntas para la reflexión
¿En qué áreas de mi vida tengo hoy alguna cuota de poder o influencia sobre otros y cómo la estoy ejerciendo?
¿Quién es hoy en mi entorno esa persona "que no tiene quien la ayude" y qué pequeño gesto de justicia podría tener yo con ella?
Al tomar decisiones importantes, ¿cuánto peso tiene el bienestar de los más débiles en comparación con mi propio interés o comodidad?
Oración
Señor, Dios de justicia, Tú que escuchas el clamor del humilde, te pedimos que nos concedas un corazón sensible y atento. Danos la sabiduría para ejercer nuestras responsabilidades con rectitud, buscando siempre proteger la vida y la dignidad de los que sufren. Que nuestro pequeño "reino" cotidiano sea un lugar donde los pobres encuentren consuelo y los débiles encuentren fuerza. Amén.