Marcos 8, 11-13
"La Ceguera que Exige Señales: El Lamento de Jesús"
(11) Entonces salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo para ponerlo a prueba. (12) Jesús, suspirando profundamente en su espíritu, dijo: «¿Por qué esta generación pide una señal? Les aseguro que no se le dará ninguna señal a esta generación». (13) Y dejándolos, subió de nuevo a la barca y se fue a la otra orilla.
Este encuentro sucede inmediatamente después de que Jesús alimentara a cuatro mil personas (la segunda multiplicación de los panes). Resulta irónico y doloroso: los fariseos ignoran el milagro tangible que acaba de ocurrir y exigen una "señal del cielo" (un fenómeno cósmico, algo espectacular al estilo de las plagas de Egipto o que el sol se detenga).
No piden para creer, sino para "ponerlo a prueba". Buscan un motivo para atraparlo o desacreditarlo. La respuesta de Jesús no es de ira, sino de una profunda tristeza interna: el texto dice que "suspiró profundamente en su espíritu". Es el suspiro de quien ve la dureza voluntaria de un corazón que ha decidido no ver.
La insuficiencia de las pruebas ante la falta de fe. Jesús denuncia la actitud de quienes condicionan su confianza en Dios a que ocurra un evento extraordinario, ignorando la presencia de Dios en lo cotidiano y en Su propia persona.
Este breve pero tenso pasaje nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con lo milagroso:
La trampa del "si tan solo": A veces decimos: "Señor, si tan solo hicieras este milagro económico o sanaras esta situación de forma espectacular, entonces confiaría plenamente". Jesús nos enseña que la fe que depende de señales externas es frágil. La verdadera fe es la que reconoce a Dios en el "pan compartido" y en Su Palabra.
El peligro de discutir sin escuchar (v. 11): Los fariseos salieron a "discutir", no a dialogar. Cuando nos acercamos a la espiritualidad solo con el intelecto crítico o para defender nuestra postura, nos volvemos sordos a la "señal" que ya tenemos delante.
El suspiro de Jesús (v. 12): Jesús se duele por la ceguera humana. Nos recuerda que Dios tiene sentimientos frente a nuestra incredulidad. No es un juez distante, sino un Maestro que se entristece cuando sus alumnos rechazan la evidencia del amor.
El silencio como respuesta (v. 13): Es una de las advertencias más fuertes del Evangelio. Jesús "los dejó", subió a la barca y se fue. Cuando insistimos en pedir pruebas desde la soberbia, corremos el riesgo de que el Maestro guarde silencio y se retire a "la otra orilla". Dios no se somete a nuestros caprichos ni a nuestros exámenes.
¿Estoy buscando a Dios por quién es Él, o solo por las "señales" y beneficios que me puede dar?
¿Qué milagros cotidianos (salud, familia, provisión, paz) estoy ignorando por estar esperando algo "espectacular"?
¿Hay alguna discusión o actitud en mi vida que esté haciendo que Jesús "suspire" con tristeza?
Señor Jesús, te pedimos perdón por nuestra dureza de corazón y por las veces en que te hemos exigido pruebas para confiar en Ti. Abre nuestros ojos para reconocer tu presencia en los pequeños milagros de cada día. Danos una fe sencilla y profunda que no necesite de señales externas para saber que Tú estás con nosotros. No te apartes de nuestra orilla, Señor; quédate con nosotros. Amén.