1 Juan 4, 7-10
"El Amor: La Naturaleza de Dios y Su Manifestación Suprema"
(7) Queridos míos, amémonos unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. (8) El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. (9) Así se manifestó el amor de Dios en nosotros: Dios envió a su Hijo único al mundo para que tuviéramos vida por medio de él. (10) Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima1 de expiación por nuestros pecados.
Contexto
Este pasaje es uno de los puntos culminantes de todo el Nuevo Testamento. El autor escribe a comunidades que están buscando comprender qué significa realmente ser "hijo de Dios". Juan desea alejarlos de una espiritualidad puramente intelectual o mística que se olvida del prójimo. En el contexto de la época, había corrientes que pensaban que el conocimiento de Dios era algo reservado para una élite intelectual; Juan rompe con esto y establece que la única forma de "conocer" verdaderamente a Dios es a través de la experiencia práctica del amor, porque el amor es la esencia misma de la divinidad.
Tema Central
La definición de Dios como Amor y la prioridad de su iniciativa sobre la nuestra. El amor no es solo un sentimiento humano, sino una corriente que nace en Dios, se manifiesta en la entrega de Jesús y debe fluir a través de nosotros hacia los demás.
Aplicación a nuestra actualidad
Este texto revoluciona nuestra forma de entender la religión y la vida corriente. Nos dice que el amor no es un premio que le damos a Dios por ser bueno, ni algo que nosotros inventamos.
Dios nos "primerea": Como diría el Papa Francisco, Dios siempre llega antes. Muchas veces nos agobiamos intentando "amar mucho a Dios" para que Él nos quiera. Juan nos libera de esa carga: la fe consiste en dejarse amar primero. El amor es una respuesta a un regalo que ya recibimos.
El amor como prueba de ADN espiritual: Si Dios es amor, entonces amar es la única manera de demostrar que somos sus hijos. No importa cuántos rezos sepamos o a cuántos ritos asistamos; si en nuestra vida cotidiana (con la familia, en el tráfico, con el colega difícil) no hay amor, entonces no hemos "conocido" a Dios. El conocimiento de Dios no es un concepto en la cabeza, es un movimiento del corazón.
Un amor con pies y manos: El amor de Dios no se quedó en las nubes; se hizo "carne" enviando a su Hijo. Esto nos invita a aterrizar nuestro amor: que no sea solo de palabras, sino de gestos que den vida a los demás.
Preguntas para la reflexión
¿En qué momentos de mi vida he sentido que Dios "me amó primero", sin que yo hiciera nada para merecerlo?
¿A quién me resulta más difícil amar hoy, y qué pasaría si intentara mirar a esa persona como alguien que también es amado por Dios antes que por mí?
Si "Dios es amor", ¿cómo cambiaría mi relación con Él si dejara de verlo como un juez que vigila mis errores y empezara a verlo como la fuente de afecto que me sostiene?
Oración
Dios Padre, Tú que eres la fuente de todo amor verdadero, gracias por amarme antes de que yo supiera siquiera pronunciar tu nombre. Te pido que me ayudes a descansar en tu amor, para que, sintiéndome profundamente amado por Ti, pueda convertirme en un canal de tu ternura para los que me rodean. Que mi vida no se base en el esfuerzo por alcanzarte, sino en la alegría de dejarme encontrar por Ti. Amén.