1 Juan 5, 5-13
"El Testimonio de la Vida Eterna: Creer en el Hijo"
(5) ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (6) Él es el que vino por medio del agua y de la sangre: Jesucristo; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. (7) Son tres los que dan testimonio: (8) el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo. (9) Si aceptamos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios vale mucho más. Este es el testimonio que Dios ha dado de su Hijo. (10) El que cree en el Hijo de Dios tiene ese testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, lo hace mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo. (11) Y el testimonio es este: Dios nos ha dado la vida eterna, y esa vida está en su Hijo. (12) El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. (13) Les he escrito estas cosas a ustedes, los que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen la vida eterna.
En esta sección final de su carta, Juan se dirige a una comunidad que enfrenta dudas sobre la identidad de Jesús. Algunos grupos (influenciados por el gnosticismo) sugerían que Jesús solo parecía humano o que el "Espíritu" de Dios solo estuvo en él durante su bautismo pero no en su muerte. Juan responde con la teología del "agua y la sangre": el agua del Bautismo y la sangre de la Cruz. Dios dio testimonio de Jesús tanto en su inicio ministerial como en su sacrificio final. Para el autor, la fe no es una opinión, sino la aceptación de un hecho histórico y espiritual que transforma al creyente.
La certeza de la vida eterna a través de la fe en Jesucristo. El texto destaca que Dios ha puesto un "testimonio" dentro de nosotros. La vida cristiana no es una búsqueda de algo que vendrá, sino la posesión de algo que ya ha comenzado: la vida misma de Dios en el corazón de quien cree.
Este pasaje nos invita a pasar de una "fe de oídas" a una fe de experiencia.
Vencer al mundo con la fe: "Vencer al mundo" no significa conquistar países o tener éxito material. Significa no dejar que los criterios del mundo (la envidia, el odio, el vacío existencial) nos dominen. Nuestra victoria es la convicción de que somos hijos de Dios y que nuestra vida tiene un propósito eterno.
El testimonio interior: Juan dice que el que cree "tiene ese testimonio en sí mismo". Es esa paz profunda o esa fuerza interior que sentimos en los momentos difíciles, recordándonos que no estamos solos. Es aprender a escuchar la voz del Espíritu por encima del ruido de nuestras preocupaciones.
La vida es hoy: La vida eterna no comienza después de la muerte; según Juan, "el que tiene al Hijo tiene la vida" (en presente). Esto significa vivir cada día con una calidad distinta, con esperanza y sentido, sabiendo que estamos conectados a la fuente de la vida que nunca se acaba.
¿Qué aspectos del "mundo" (ansiedad, comparación, materialismo) siento que me están venciendo hoy, y cómo mi fe podría ayudarme a afrontarlos?
¿He experimentado alguna vez ese "testimonio interior", esa certeza silenciosa de que Dios está presente en mi historia?
Si supiera con total seguridad que ya tengo la "vida eterna" en mi interior, ¿qué cambiaría en mi forma de tratar a los demás o de enfrentar mis miedos esta semana?
Señor Jesús, gracias por venir a nosotros a través del agua y de la sangre, asumiendo nuestra vida y nuestra entrega. Te pedimos que fortalezcas nuestra fe para que podamos vencer las tentaciones del desánimo y del egoísmo. Danos la gracia de reconocer el testimonio de tu Espíritu en nuestro interior, para que vivamos con la alegría y la seguridad de quienes ya poseen la vida eterna en Ti. Amén.