1 Samuel 2, 1. 4-8
"El Cántico de Ana: La Revolución de la Humildad"
(1) Mi corazón se regocija en el Señor, mi fuerza se exalta en mi Dios. Mi boca se ríe de mis enemigos, porque me alegro en tu salvación. (4) El arco de los fuertes se ha quebrado, mientras los débiles se ciñen de vigor. (5) Los que estaban hartos se contratan por un pedazo de pan, y los hambrientos dejan de trabajar. La mujer estéril da a luz siete veces, y la madre de muchos hijos se marchita. (6) El Señor da la muerte y la vida, hace bajar al abismo y hace subir. (7) El Señor da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece. (8) Levanta del polvo al desvalido, alza al pobre del estiércol, para hacerlos sentar con los nobles y darles en herencia un trono de gloria.
Este pasaje es la respuesta de Ana tras haber entregado a su hijo Samuel al servicio del Señor en el templo de Siló. Lo que comenzó como un llanto de amargura (capítulo 1) se transforma aquí en un himno profético. Ana ya no habla solo de su caso personal (la esterilidad), sino que descubre un patrón en el actuar de Dios: Él es el Dios de las sorpresas que invierte el orden del mundo. Este cántico es tan fundamental que siglos después, la Virgen María lo tomará como base para su propio canto, el Magníficat (Lucas 1, 46-55).
La justicia de Dios que trastoca las jerarquías humanas. El texto celebra que el poder, la riqueza y el éxito no tienen la última palabra, sino que Dios interviene en favor de los humildes y los que no tienen voz.
El cántico de Ana nos invita a cambiar nuestra perspectiva sobre quién es realmente "fuerte" y quién es "débil":
La fuerza viene del Señor: Ana dice: "mi fuerza se exalta en mi Dios". A veces ponemos nuestra seguridad en nuestra inteligencia, nuestro dinero o nuestra posición social. Ana nos recuerda que esas cosas son frágiles ("el arco de los fuertes se quiebra"). La verdadera fortaleza es la que Dios da a los que reconocen que lo necesitan.
Dios invierte las situaciones: El texto es un mensaje de esperanza para quien se siente "en el polvo" o "en el estiércol" (situaciones de desprecio, fracaso o marginación). El mundo puede descartarnos, pero Dios nos tiene reservados un "trono de gloria". Esto nos anima a no desesperar en los momentos de humillación, porque Dios está preparando una restauración.
No jactarse de la abundancia: Así como el débil es alentado, el que se siente "harto" o "fuerte" es advertido. El cántico nos llama a la humildad: nada de lo que tenemos es por mérito propio absoluto; todo es don de Dios que "da la pobreza y la riqueza". Nos invita a vivir con las manos abiertas, listos para compartir.
¿En qué "fuerzas" humanas estoy confiando hoy más que en Dios?
¿Me siento hoy como el "desvalido en el polvo" en algún área de mi vida? ¿Puedo creer que Dios tiene el poder de levantarme de ahí?
¿Cómo resuena en mí la idea de que Dios prefiere a los humildes? ¿Trato con esa misma dignidad a las personas que el mundo considera "pequeñas"?
Señor Dios, hoy uno mi voz a la de Ana para alabarte. Gracias porque Tú no miras como mira el hombre; Tú ves el corazón y te inclinas hacia el que sufre. Rompe los arcos de mi orgullo y cíñeme con tu vigor. Ayúdame a confiar en que, aunque hoy me sienta débil o estéril en mis proyectos, Tú estás trabajando para darme vida y alegría. Que mi