1 Crónicas 29, 10-11ab. 11d-12d
"El Himno a la Soberanía: Todo pertenece al Señor"
(10) David bendijo al Señor en presencia de toda la asamblea, diciendo: «¡Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre y para siempre! (11ab) Tuya es, Señor, la grandeza, el poder, la gloria, el esplendor y la majestad; porque todo lo que hay en el cielo y en la tierra es tuyo. (11d) Tuyo es el reino, Señor; tú te elevas soberano por encima de todo. (12) De ti proceden la riqueza y la gloria, tú lo gobiernas todo, en tu mano están el poder y la fuerza, y es tu mano la que todo lo engrandece y a todo da consistencia».
Este pasaje es una de las oraciones de alabanza más sublimes de todo el Antiguo Testamento. David está al final de su vida y acaba de presentar ante el pueblo los inmensos preparativos para la construcción del Templo que realizará su hijo Salomón.
Después de ver la generosidad del pueblo, David no se atribuye el mérito ni se jacta de sus riquezas. Al contrario, estalla en esta bendición reconociendo una verdad fundamental: nada es nuestro. David entiende que si el pueblo ha podido dar, es porque primero ha recibido de Dios. Esta oración es el fundamento teológico de lo que siglos después Jesús incluiría en el final del Padrenuestro (en la tradición litúrgica): "Tuyo es el reino, el poder y la gloria".
La soberanía absoluta de Dios. David reconoce que el poder humano es solo un préstamo y que la verdadera fuente de toda grandeza, autoridad y prosperidad es el Creador.
Este himno de David es un poderoso antídoto contra el egoísmo y la ansiedad moderna:
El desprendimiento del "mío": David dice: "todo lo que hay en el cielo y en la tierra es tuyo". Vivimos en una cultura de posesión, pero este texto nos recuerda que somos administradores, no dueños. Cuando entendemos que nuestras manos están llenas de lo que Dios nos ha dado, se vuelve mucho más fácil ser generosos.
La consistencia de la vida (v. 12): Dice que la mano de Dios "a todo da consistencia". Sin Dios, nuestros proyectos suelen ser volátiles. La verdadera solidez en una familia, en un trabajo o en un proyecto personal viene de reconocer que la fuerza proviene de lo Alto.
Humildad en el éxito: Si hoy tienes riqueza, gloria o influencia, David te invita a mirar hacia arriba. "De Ti proceden la riqueza y la gloria". El éxito no es para inflar el ego, sino para glorificar al dador y servir a los demás.
Paz en la soberanía: Saber que Dios "lo gobierna todo" nos da descanso. En medio de un mundo que parece fuera de control, esta oración nos recuerda que hay una mano soberana por encima de todo el caos, una mano que "engrandece" y sostiene.
¿Suelo agradecer a Dios por mis logros como si fueran dones suyos, o me atribuyo todo el éxito a mí mismo?
¿Qué área de mi vida (familia, finanzas, salud) necesita hoy que yo reconozca que "le pertenece al Señor"?
¿Me siento inseguro por el futuro, o confío en que la mano de Dios es la que da "consistencia" a mis días?
Señor, Dios de majestad y poder, nos unimos a la voz de David para proclamar que tuya es la gloria y el esplendor. Gracias porque todo lo que tenemos ha salido de tu mano generosa. Te pedimos que nos des un corazón humilde para administrar tus bienes con sabiduría y justicia. Que nunca olvidemos que Tú gobiernas sobre todo y que nuestra verdadera seguridad está en tu fuerza. ¡Tuyo es el reino por siempre! Amén.