"José: De la Túnica de Colores a la Cisterna de la Traición"
Este relato es el inicio de una de las historias más apasionantes de la Biblia. José, el hijo predilecto, es víctima de la envidia de sus hermanos. Sin embargo, lo que comienza como un acto de crueldad humana se convertirá, por la providencia divina, en el camino para la salvación de todo su pueblo.
Israel (Jacob) amaba a José más que a sus otros hijos porque era el hijo de su vejez.
La señal: Le hizo una túnica de mangas largas (o de muchos colores). En esa época, esta prenda indicaba que el que la usaba no estaba destinado a las faenas pesadas del campo, sino a la supervisión.
La reacción: Sus hermanos, al ver la preferencia del padre, "le cobraron odio y ni siquiera podían saludarlo amigablemente". La envidia rompe la comunicación y precede a la violencia.
José es enviado por su padre a buscar a sus hermanos que pastoreaban en Dotán.
El plan: Al verlo venir de lejos, antes de que llegara, tramaron su muerte: "Ahí viene ese soñador; vamos a matarlo y a echarlo en una cisterna".
El apodo: Lo llaman "el soñador" de forma burlona. Sus sueños de grandeza (mencionados anteriormente en el capítulo) eran lo que más les irritaba.
Dos hermanos intentan suavizar el destino de José, pero por motivos distintos:
Rubén: Propone no matarlo con sus manos sino echarlo vivo a una cisterna vacía, con la intención secreta de rescatarlo más tarde.
La humillación: Apenas llegó José, le quitaron la túnica (el símbolo de su privilegio) y lo arrojaron al pozo.
Judá: Al ver pasar una caravana de mercaderes ismaelitas, propone venderlo: "¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano?... es nuestra propia carne". Hay una mezcla de pragmatismo y un resto de piedad familiar.
Finalmente, sacan a José de la cisterna y lo venden por veinte monedas de plata.
José es llevado a Egipto como esclavo. Los hermanos creen que se han deshecho de él y de sus sueños para siempre, pero Dios usará precisamente ese viaje para cumplir sus planes.
La túnica de la discordia: A veces, nuestras propias "túnicas" (talentos, éxitos o favores) despiertan envidia en otros. El texto nos invita a ser humildes con nuestras bendiciones y a vigilar nuestro corazón para no dejar que el éxito ajeno se convierta en nuestro odio.
Dios escribe derecho en renglones torcidos: La venta de José es un pecado terrible, pero Dios lo transformará en un bien mayor. En medio de nuestras propias "cisternas" (problemas, traiciones o crisis), debemos confiar en que Dios sigue teniendo el control del final de la historia.
Prefiguración de Cristo: José es un tipo de Jesús: el hijo amado enviado por el padre a sus hermanos, rechazado, vendido por monedas de plata y cuya "humillación" se convierte en fuente de vida para el mundo.
¿Hay alguna "envidia" en mi corazón que me impide saludar amigablemente a alguien?
¿Siento que estoy en una "cisterna" en este momento de mi vida? ¿Soy capaz de confiar en que Dios está conmigo ahí dentro?
¿Cómo puedo usar mis talentos (mi túnica) para servir y no para despertar comparaciones?
Señor, líbranos de la envidia que divide a las familias y destruye la paz. Ayúdanos a comprender que cada uno de tus hijos tiene un lugar especial en tu corazón. Cuando nos sintamos traicionados o arrojados a un pozo de desesperación, recuérdanos que Tú nunca nos abandonas y que estás preparando un camino de salvación que aún no podemos ver. Amén.