Salmo 118 (117), 1. 14-16. 18-21
"Mi fuerza y mi canto es el Señor: El triunfo sobre la prueba"
1 ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! 14 El Señor es mi fuerza y mi canto, él ha sido mi salvación. 15 Clamores de alegría y de victoria resuenan en las tiendas de los justos: «La mano derecha del Señor hace proezas, 16 la mano derecha del Señor es excelsa, la mano derecha del Señor hace proezas». 18 El Señor me castigó duramente, pero no me entregó a la muerte. 19 Ábranme las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor. 20 Esta es la puerta del Señor: solo los justos entran por ella. 21 Yo te doy gracias porque me escuchaste y has sido mi salvación.
Este salmo es un canto procesional de victoria. Se cree que originalmente celebraba el regreso de un rey de la batalla o la liberación del pueblo de un gran peligro. En la liturgia de la Iglesia, estos versículos adquieren un significado cristológico y pascual: Jesús es aquel que fue "castigado duramente" en la Pasión, pero a quien Dios "no entregó a la muerte". Él es quien atraviesa las "puertas de la justicia" (las puertas del cielo y del templo) para presentarse como el vencedor definitivo.
El paso del sufrimiento a la salvación. El tema principal es el reconocimiento de que la victoria no es un logro humano, sino una "proeza" de la mano de Dios. El salmista reconoce que pasó por una prueba difícil (el castigo), pero que el límite de esa prueba fue puesto por la misericordia de Dios, quien utilizó el dolor no para destruir, sino para salvar.
Este salmo es el himno de quien ha tocado fondo y, por la gracia de Dios, se ha vuelto a levantar.
"Mi fuerza y mi canto": A menudo nuestra fuerza es nuestro dinero, nuestra salud o nuestro intelecto. Pero cuando eso falla, ¿qué queda? El salmo nos invita a que Dios sea nuestra verdadera energía. Cuando Él es nuestra fuerza, nuestra vida se convierte en un "canto", en una existencia armoniosa a pesar de las luchas.
La mano derecha del Señor: Representa el poder de Dios en acción. Aplicar esto hoy es aprender a detectar las "proezas" de Dios en nuestra vida: ese problema que se resolvió, esa paz que llegó en medio del duelo, esa fuerza para pedir perdón. No son casualidades, es Su mano.
No me entregó a la muerte: Es una declaración de esperanza radical. Puedes estar pasando por un "castigo" o una prueba durísima (económica, emocional, de salud), pero la última palabra no la tiene el problema, la tiene el Señor de la Vida.
Las puertas de la justicia: Entrar por ellas significa vivir con integridad. La gratitud verdadera no son solo palabras, sino el deseo de vivir una vida "justa", alineada con el querer de Dios, como respuesta a su salvación.
¿Puedes identificar hoy algún momento de tu pasado donde sentiste que el Señor "te castigó" (permitió una prueba) pero finalmente te libró de "la muerte" o del hundimiento total?
¿Es el Señor realmente "tu fuerza", o estás intentando cargar tus problemas tú solo/a con tus limitados recursos?
¿Qué "proeza" de la mano de Dios podrías contarle hoy a alguien para animar su fe?
¿Cómo están tus "puertas"? ¿Vives de tal manera que puedas entrar con la frente en alto a dar gracias al Señor?
¡Te damos gracias, Señor, porque eres bueno y tu amor no tiene fin! Gracias por ser nuestra fuerza en la debilidad y nuestro canto en la tristeza. Te alabamos porque tu mano derecha hace maravillas en nuestra vida, levantándonos cuando creemos que todo está perdido. Ábrenos las puertas de tu gracia para que entremos a alabarte con un corazón puro, agradecidos porque siempre nos escuchas y eres nuestra salvación. Amén.