Salmo 22 (21), 8-9. 17-20. 23-24
"El grito del justo que pasa del abandono a la victoria de la fe"
8 Los que me ven se burlan de mí, hacen muecas y mueven la cabeza: 9 «Se confió al Señor, que él lo libre; que lo salve si tanto lo quiere». 17 Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; han taladrado mis manos y mis pies. 18a Puedo contar todos mis huesos. 19 Se reparten mi ropa y sortean mi túnica. 20 Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú, que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. 23 Anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: 24 «Los que temen al Señor, alábenlo; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel».
Este salmo es el lamento individual más impactante de todo el Salterio. Es un salmo de "pasión" y "resurrección". Los detalles descritos (la burla de los que pasan, el sorteo de la ropa, las manos y pies taladrados) son tan precisos que los evangelistas los usaron para narrar la crucifixión de Jesús. El salmista se siente acosado no solo por el dolor físico, sino por el insulto espiritual: los enemigos se burlan de su confianza en Dios. Sin embargo, en el versículo 23 ocurre un cambio radical: el lamento se transforma en un himno de alabanza pública, indicando que Dios ha escuchado el grito del afligido.
La confianza que prevalece sobre el sufrimiento y el aislamiento. El tema es la fidelidad probada: el justo no deja de llamar a Dios "mi fuerza" (v. 20) a pesar de sentirse rodeado por la maldad ("jauría de perros"). La meta final del sufrimiento del justo no es la muerte, sino la proclamación de la gloria de Dios ante toda la comunidad.
Hoy, muchas personas experimentan el "sentimiento de abandono" de Dios ante tragedias personales o colectivas. Este salmo nos enseña que quejarse ante Dios es una forma de orar. No es falta de fe gritar nuestra angustia; al contrario, es reconocer que solo Él puede socorrernos.
En un mundo donde a menudo se ridiculiza al que tiene fe o al que intenta vivir con valores ("que lo salve Dios si tanto lo quiere"), el salmista nos invita a la perseverancia. La "jauría de perros" puede representar hoy las presiones sociales, las críticas feroces en entornos digitales o las voces internas que nos dicen que estamos solos. El paso del v. 20 al v. 23 nos recuerda que nuestra historia no termina en la "cañada oscura", sino en la "asamblea" de los hermanos. Nuestra superación personal y espiritual no es solo para nosotros, sino para dar testimonio a otros de que Dios es fiel.
¿En qué momentos de tu vida te has sentido "rodeado" por problemas que parecen no tener salida, como el salmista?
¿Cómo reaccionas cuando otros cuestionan tu fe o tu confianza en que las cosas saldrán bien por la ayuda de Dios?
¿Qué significa para ti llamar a Dios "mi fuerza" (v. 20) cuando sientes que tus propias fuerzas se han agotado?
¿A quién podrías "anunciar el nombre del Señor" hoy, compartiendo cómo Él te ha ayudado en tus momentos difíciles?
Señor Dios, fuerza mía, no te quedes lejos de mi vida. Cuando sienta que mis manos y mis pies están atados por la angustia y que las voces del mundo intentan hundir mi esperanza, ven pronto a socorrerme. Dame la valentía de Jesús para confiar en Ti hasta el final, y permíteme ver pronto el día en que pueda alabar tu nombre junto a mis hermanos, celebrando tu victoria en mi historia. Amén.