Salmo 40 (39), 2. 5. 7-10
"Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad"
(2) Esperé confiadamente en el Señor: él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. (5) ¡Feliz el que pone su confianza en el Señor, y no se vuelve hacia los rebeldes que se extravían tras la mentira! (7) Tú no quisiste sacrificio ni oblación, pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios por el pecado. (8) Entonces dije: «Aquí estoy. En el libro de la Ley está escrito lo que debo hacer: (9) Dios mío, quiero hacer tu voluntad, y tu Ley está en lo más profundo de mi corazón». (10) Anuncié tu justicia en la gran asamblea; no cerré mis labios: tú lo sabes, Señor.
Este salmo es un "himno de acción de gracias" que da un paso revolucionario en la espiritualidad de Israel. El autor ha pasado por un "foso de perdición" (v. 3) y ha sido rescatado. Sin embargo, al preguntarse cómo agradecer a Dios, llega a una conclusión profunda: Dios no quiere animales sacrificados ni ritos externos vacíos. Lo que Dios desea es la disponibilidad del corazón. El versículo 7 dice literalmente "me has abierto los oídos" (o "perforado los oídos"), una expresión que en la antigüedad indicaba la pertenencia de un servidor a su señor por amor. Es la respuesta perfecta a la llamada de Samuel que leímos anteriormente.
La obediencia amorosa como el verdadero culto a Dios. El pasaje destaca que la fe no consiste en cumplir normas externas, sino en interiorizar la voluntad de Dios hasta que se convierta en el motor de nuestros deseos y acciones.
Este salmo nos invita a revisar la autenticidad de nuestra fe y nuestra relación con los compromisos diarios:
Saber esperar: El salmo comienza con "Esperé confiadamente". En un mundo que nos exige inmediatez, la fe nos enseña a cultivar la paciencia. Dios no siempre responde al ritmo de nuestro reloj, pero el salmista asegura que Él siempre "se inclina" para escuchar el clamor sincero.
Del rito al corazón: A veces caemos en una "religiosidad de intercambio": rezamos o hacemos buenas obras para que Dios nos dé algo a cambio. El salmo nos dice que a Dios no se le compra con ritos. El mayor "sacrificio" es decirle: «Aquí estoy» en medio de nuestro trabajo, de nuestras crisis y de nuestras alegrías.
La Ley en el interior: "Tu ley está en lo más profundo de mi corazón". Esto significa que actuar bien ya no es una obligación impuesta desde fuera, sino algo que nos nace porque amamos a Dios. Cuando amamos a alguien, hacer su voluntad no es una carga, es un placer.
No callar la justicia: El v. 10 nos motiva a compartir las maravillas que Dios ha hecho. Nuestra gratitud se completa cuando hablamos de la esperanza a otros, cuando no cerramos los labios ante la injusticia y cuando somos testigos de la luz en ambientes oscuros.
¿Siento que mi fe es una lista de obligaciones o es un "Aquí estoy" nacido del amor?
¿En qué área de mi vida me está costando más aceptar la voluntad de Dios y decir "quiero hacer lo que Tú quieras"?
¿He "cerrado mis labios" últimamente cuando he tenido la oportunidad de dar testimonio de algo bueno o de defender la verdad?
Señor, gracias porque siempre te inclinas para escuchar mi voz. Hoy no quiero ofrecerte solo palabras o ritos externos, sino mi propia vida. Abre mis oídos para que pueda escuchar tus inspiraciones en lo cotidiano. Pon tu Ley en mi corazón para que desear lo que Tú deseas sea mi mayor alegría. Aquí estoy, Señor, cuenta conmigo para anunciar tu justicia y tu amor a quienes me rodean. Amén.